Primavera

Las cigüeñas esperan pacientemente a que la primavera se engalane y salga a la calle.

Las cigüeñas esperan pacientemente a que la primavera se engalane y salga a la calle.

1º Los preparativos de última hora…

La primavera estaba en el cuarto de aseo. Acababa de levantarse con su camisón azul.

El despertador perseveraba en el silencio. Lo tenía arrinconado, porque el sueño abandona las cosas y las olvida.

Cuando desahogó su voz campanillera, danzó a saltitos en el tablao de la mesita de noche.

Colgado en la percha de los cielos y poniendo cortinas a la luna, se extendía un vestido que tejían las hormigas con alas de mariposas y bodoques de santanitas. Bolsitas multicolores, rellenas de semillas, lo adornaban como festones y flecos. Florecerían cuando pasease por los campos…

— ¡Los gallos cantan a la madrugada! ¡Cielos limpios y serenos! —Gritaría el sereno con su insignia reluciente de estrellas. Pasó la noche a golpe de farol y estrépito de llaves, guiñando galanteos a quienes lo requiriesen de amores.

Y el lucero se levantaría aquella mañana y abriría las puertas para que asomara principescamente la primavera…

Aunque faltaban unas horas ya volaban las cigüeñas sobre los campos:

…querían despedir a los inviernos y, para eso, tenían que hincar sus picos largos en los restos de ventisqueros y tenían que hollar con sus patas largas las acequias donde destilan las sendas y los caminos.

…tenían que modelar sus casas con palos y ramas ablandadas por la humedad para trenzarlas en forma de nido… Las primeras hierbas eran fofas y tiernas, y las hojas y ramas del otoño pasado mullidas y adaptables.

…y, sobre todo, tenían que crotorar produciendo sus ruidos matutinos de picos que golpean como almireces que majan ajos y almendras, o cualquier cosa que las amas de casa, como buenas cocineras, utilizan para componer las salsas con sabor de abuelas…

Las cigüeñas cantan canciones de amor, con ritmo crotorante sobre sus altos nidos… como novios en ronda ante novias escondidas tras rejas y balcones…

Las cigüeñas esperan pacientemente a que la primavera se engalane y salga a la calle. Ellas ya lo tienen todo preparado para contemplarla desde sus altas torres y sus larguiruchos olmos.

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