Primavera. 2º Cuando los acompañantes…

Al final, parece que me oyeron y emprendieron su vuelo en un largo y continuado desfile...

Al final, parece que me oyeron y emprendieron su vuelo en un largo y continuado desfile…

2º Cuando los acompañantes…

No fueron sólo las cigüeñas las madrugadoras. A las grullas también los sonó el despertador muy temprano, porque tenían que hacer un largo viaje y no podían llegar tarde a su destino.

El horario de salida no admitía retrasos.

En escuadrilla uniformada volaban por el cielo siguiendo los caminos de dibujados con colores intuitivos y coordinadas aéreas.

Sólo cuando llegaban a las ciudades se les veía despistadas.

Porque las ciudades cambian de año en año. Porque las ciudades son como los adolescentes que siguen creciendo y no se sabe cuando madurarán ni cuando alcanzarán su tamaño definitivo.

Algunos nos cuentan las historias de las ciudades que se arruinaron y murieron, o las saquearon y las quemaron, cuyos restos esqueléticos están enterrados debajo de ellas mismas. Porque, además de en extensión, también crecieron en altura, asentándose sobre sus antepasadas.

Esto despista un poco a las grullas que son antiguas como la historia y buscan orientarse por los techos primitivos de poca altura y poco estorbo. Pero se atolondran cuando acometen la travesía por encima de cúpulas, torres y rascacielos. Cuando siguen la dirección del tranvía que llega al final de trayecto y da la vuelta.

Actúan como si las guiaran los autobuses por eso se despistan en las alturas. Las calles de la ciudad son como caminos que no acabaran nunca y se empalmaran unos y otros tropezándose y cruzándose laberínticamente…

Entonces chillan todas, y se arremolinan como una nube que sombreara la ciudad.

La última vez, cuando las vi llegar, corrí al parque que está cerca de mi casa y comencé a gritarles y a decirles con el dedo largo de mi imaginación, cuál era el camino que las llevaría al norte.

Les chillaba para que no se perdieran porque los letreros de los caminos los escriben en letra demasiado pequeña para que puedan ser vistos desde tan alto.

Al final, parece que me oyeron y emprendieron su vuelo en un largo y continuado desfile…

Cuanto más se alejaban de mí más pequeñas se volvían, como si perdieran importancia. Al final eran como la línea de un meridiano rayado en el azul…

La primavera aún no había terminado de acicalarse.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Primavera. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s