La esperanza

Nadie sabe tampoco cómo comprar la esperanza. Quién tendrá dinero suficiente para hacerse al camino y buscarla.

Nadie sabe tampoco cómo comprar la esperanza. Quién tendrá dinero suficiente para hacerse al camino y buscarla.

La esperanza

Me lo han dicho los que saben.
Que nadie lo ponga en duda: los que saben son los que mandan.
Por eso se presentaron, porque son conocedores de la realidad, sabedores de cuanto ocurre y puede ocurrir.
Están capacitados para señalar los caminos. Por eso se llaman guías y gobernantes. Aún hay más: por eso los eligieron, por su gran saber.
Pero hoy me han dicho que la esperanza no nos acompaña, que se ha ido.
Que cada cual se apañe para sanar sus cuerpos, para aprender y conocer, para cuidar a sus mayores. Para que su senda no se tuerza antes de llagar a su fin.
La esperanza no acompañará a nadie y tampoco se sabe a dónde se ha ido.
Nadie sabe tampoco cómo comprar la esperanza. Quién tendrá dinero suficiente para hacerse al camino y buscarla.
Los que saben y mandan se despreocupan porque ellos no la necesitan. Dicen que ellos ya permanecen y que siguen en el mando.
Y añaden ¿Qué necesidad tenemos de ella?

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