Esperanza

¿Es útil la esperanza?

La esperanza es engañosa, nos dicen.

Con ella no se consigue nada. Es como si un caramelo existiera en la puerta del colegio y nunca salieras por ella.

En cambio si lo compras te pertenece. Aunque otros le pongan precio. ¡Bah, bah! Eso es una minucia. Tampoco hay relación entre su valor y nuestra posibilidad, pero bueno, ¿cómo vamos a perder el tiempo en estas ridiculeces?

Por eso no es necesaria la esperanza.

¿Para qué la necesitas?

Piensas que vives mejor con ella aunque no se acueste contigo ni se despierte y te acompañe al baño para asearte.

Para qué la quieres si no llena el plato de sopa ni es el tenedor que pinche la carne que te llevas a la boca.

La esperanza se cuece en la mente del mendigo cuando estira la mano delante del alma caritativa.

Pero hoy, ya no hay almas. Las almas están dentro de los cuerpos y ya no salen a manifestarse. Y la caridad es un subterfugio para subsanar la injusticia.

Ya ves, ¿es engañosa o no?

Esta virtud la habían encerrado entre la fe y la caridad porque recibe de la primera la promesa (creencia) y de la siguiente la dádiva (limosna).

Y como podéis ver ya no podemos tener esa esperanza, o quizás sí, pero sólo esa. La esperanza en que refugiarnos.

Porque si esa actitud (esperanzadora) la llevamos al terreno de la vida, diríamos que el año próximo es el aliciente que nos promete éste, en el que vivimos.

Sanar es la esperanza del enfermo, aprender la del alumno. Alegrarse la del que está triste. Comer la del hambriento. Vestir la del desnudo…

Contar con conocimiento y medios para curar es el anhelo del médico sin que le pongan trabas ni prohibiciones.

Descubrir tras una investigación es la intención de la ciencia.

Y pregunto yo, no los que me susurran, ¿habrá poder o ignorancia revestida de ley que se atreva a poner trabas o muros a la investigación…?

A la ciencia le pueden robar la esperanza con sólo retirarle las ayudas económicas y también creando principios moralistas fanáticos. Los dioses, por ejemplo, siempre pusieron limitaciones a la ciencia, incluso condenas.

De los dirigentes y gobernantes, para qué vamos a hablar de sus censuras, y de su despreocupación.

La esperanza maltratada o anulada…

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