Primavera

...está presta a ceder, a permitir que, quien quiera, coja de su mesa lo que le apetezca.

…está presta a ceder, a permitir que, quien quiera, coja de su mesa lo que le apetezca.

12º No le quita galardones…

 

No había mesas de recepción. Ni siquiera un minúsculo estrado sobre el que colgarle una medalla o una cinta o una banda con bordados y orlas para darle la importancia que merece.

La primavera, ella lo sabe, no necesita que la llenen de ínfulas.

Ella está rebosante de condecoraciones.

Con ella ocurre al revés, está presta a ceder, a permitir que, quien quiera, coja de su mesa lo que le apetezca.

Un ramujo de flores de almendro.

Unas lletas de recién nacido césped.

Un matojo de  incipiente tomillo.

Un puñado de rojas amapolas.

Un manojo de campanillas azules y amarillas

Un mazo de alhelíes…

La primavera es así de dadivosa y no es vengativa, aunque, a veces, sí que guarda algunas flores con esmero…

Las rosas vigiladas por sus espinas.

La flor de acacia, el sabroso pan y quesillo, salvaguardado de los niños trepadores por agudos pinchos.

No hay regla sin excepción. Aunque, ahora que lo pienso mejor, tal vez los reyes debieran darle el título de condesa porque ya sabemos que acompaña dando origen a la vida o mejor el de marquesa ya que pone límite señalando la marca entre el invierno y el verano.

Lástima que los gobernantes (como ocurre frecuentemente) siguieran en su despiste.

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