Primavera

La primavera concede sus galas a quien quiera disfrutarlas. En montes y riberas se llena de belleza.

La primavera concede sus galas a quien quiera disfrutarlas. En montes y riberas se llena de belleza.

13º Aunque se abuse de semejanzas…

Qué cosas.

A veces nos escapamos por los cerros de Úbeda. A veces damos  primacía a reyes y a emperadores, como gentes rayanas al más sublime conocimiento y serenidad, organización y justicia, bondad y… ¡todo!

Es un abuso poético heredado de la historia donde el rey y el emperador son aclamados y coronados; propuestos siempre para recibir el  premio y el laurel; preparados ante las mujeres, para el amor platónico. ¡El príncipe con sus encantos, salvador para las doncellas…!

Y la reina y la emperatriz fueron consideradas como símbolo femenino de elegancia y belleza…

Pero la primavera no necesita ninguno de estos reconocimientos ni atributos, ni espera que le pongan títulos ni medallas.

Lo que tiene lo difunde. Aunque algo se reserve, por eso resguarda en los rincones más húmedos y más escondidos a sus primeras anunciadoras, las violetas. A los lirios los propaga en las planicies, y a las campanillas en los altos muros de piedra.

Y la flor más sencilla en las aliagas, y la mas pequeña en los tomillos…

La primavera suelta el aroma en todas ellas. Hasta los cardos abren sus ojos de color por encima de sus púas.

Y, ni reyes ni reinas, sino las abejas obreras penetran en su interior y conviven y charlan, porque en su mesa se sientan convirtiendo en butacas los pétalos y con ellas se relacionan gesticulando con sus alas. (Aunque los sonidos y el lenguaje no me han asegurado que lo entiendan. Y los traductores, que podrían ser los mieleros, se conforman con participar del fruto de su recolección.)

Y ni princesas ni príncipes, las mariposas se lucen de colores y pasean dando el bracete a las flores para alegría y armonía del campo y los jardines.

La primavera concede sus galas a quien quiera disfrutarlas. En montes y riberas se llena de belleza.

Y en los labios de pastores y labradores se muestra.

Y en las solapas de los enamorados se complace.

Y en la oreja de carpinteros, como substitutas del lápiz se sujeta.

Y en la frente de bailarinas danza…

La primavera es así. A todos favorece y con todos se acomoda.

Y reyes y reinas, príncipes y princesas, emperadores y emperatrices la añadirían a sus coronas si fuera de oro o de plata.

Pero hay oropeles que la primavera no aprecia.

Y aún así, al alcalde se le pasó por alto, y no se preparó ni salió para recibirla con una medalla de bienvenida y con las llaves de la ciudad para abrirle las puertas ¡y que entrara!

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