Primavera

No sirve la luz porque las ventanas están cerradas, ni los aromas porque las clausuran con persianas, ni las canciones de la vida porque se acurrucan y cubren la cabeza con las mantas y las sábanas...

No sirve la luz porque las ventanas están cerradas, ni los aromas porque las clausuran con persianas, ni las canciones de la vida porque se acurrucan y cubren la cabeza con las mantas y las sábanas…

14 Y haya que desperezarse…

Las mañanas se pegan a los ojos de los madrugadores que corren a los autobuses, porque la mente les importuna con la puntualidad.

La visión luminosa con resplandores en ventanas cortinadas y colores de hojas verdes, las apenas unas gotitas de rocío son para ellos como la lágrima última del sueño que no quiere irse.

Todo se aferra a la amable noche, al sueño amoroso, a las sábanas que aún abrazan al cuerpo insatisfecho.

Los amaneceres, a veces, se muestran estridentes en los severos despertadores que no compadecen, que no permiten dilaciones. Intransigentes colaboradores del tiempo.

Afean el despertar estos gallos de quiquiriquíes metálicos. No consiguen disolver el noctambulismo, porque el sueño es un contumaz amante de la noche. Sus tercos partidarios no pierden ocasión de aferrarse a la querencia y cerrar los ojos y hundirse en la oscuridad de los sueños.

Son como lunas que intentan renovarse en el sueño de la noche.

Pero no pueden. El trabajo y su horario son intransigentes.

Por eso el sueño permanece agarrado en forma de escozor, de tedio, de agobio, contra la mañana que es un estorbo.

Es como si presentara un impedimento para que los ojos se abran. Los párpados permanecen unidos, como apegados con el adhesivo de la noche.

No sirve la luz porque las ventanas están cerradas, ni los aromas porque las clausuran con persianas, ni las canciones de la vida porque se acurrucan y cubren la cabeza con las mantas y las sábanas…

Es como si el sueño fuera un reducto, el apego que no quiere soltarse, un resto del invierno que se perpetúa en la primavera…

Y a pesar de todo, el madrugador tropieza con la exigencia del trabajo cada mañana…

No siempre es así, y entonces el sueño desaparece abatido por la desesperanza de sobrevivir.

¿Por qué habrá alguien que destruya la poesía del amanecer?

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