Primavera

Los ojos redondos son tan grandes como el mundo que contempla. Porque todo entero cabe en ellos.

Los ojos redondos son tan grandes como el mundo que contempla. Porque todo entero cabe en ellos.

20º Aparecen detalles insignificantes.

Soy terco agarrándome a los hierros de la ventana. Me place tanto esta mínima imagen que presenta la ciudad.

Porque no sé si se asoma a las ventanas o si las ventanas se asoman a la primavera.

Veo que en otra florece, sin exhibirse, el rostro de un niño…

Es un niño con afán descubridor.

No está manchado ni contaminado con los humos de la vida. Como los brotes que comienzan a vivir, incautos. No saben qué les acecha al otro lado de la ventana…

La anciana que airea sus sábanas, comunica su placer como antaño cuando las recién casadas daban a conocer sus andanzas amorosas. Ella abanica su felicidad. Publica con la bandera de su alcoba la noche primaveral en la madurez de su existencia…

El niño aún no, solo pretende asomarse a la luz…

La calle es el descubrimiento primero. Debe inaugurar desde arriba los dominios que le presentará el futuro…

Se agarra al cuadradillo de hierro para auparse hasta el orificio profundo, al horizonte desconocido que ve desde dentro.

Arrastra su cuerpecito en volandas. Las manos son las grúas que lo suben. Después los codos consiguen el punto de apoyo en el alfeizar de la ventana. Casi muerde el hierro con los dientes, aplastando los labios mientras los ojos se caen con gran esfuerzo al exterior.

Otro empeño más y su barbilla se apoya en el quitamiedos, y ya sus ojos se abren… Ojazos redondos de sorpresa investigadora.

Los niños nunca se cansan… Se dormirán en sus esfuerzos… Caerán en brazos de sus padres agotados…

Pero los ojos son ventanas descubridoras, exploradoras y conquistadoras.

No sé lo que habrá alcanzado a ver con la cabeza asomando sobre sus manos enganchadas al hierro de la ventana…

No he podido contemplar el reflejo de la calle en sus pupilas…

Porque su madre lo ha abrazado al vuelo, y ha gritado la angustia del peligro de la ventana…

Pero los ojos redondos son tan grandes como el mundo que contempla. Porque todo entero cabe en ellos.

Otro día lo volverá a intentar; completará el compromiso de su investigación…

Porque él acaba de inaugurar su primavera…

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