Primavera

Y una luna creciente. Señala, apuntando con el bastón, una curva brillante en el cielo...

Y una luna creciente. Señala, apuntando con el bastón, una curva brillante en el cielo…

25º Porque comparte sus bríos…

Allí están. Ven. Vamos a vacilarles un poco.

¡Abuelo! Está clara la mañana.

De primavera.

Con un sol redondo.

Y una luna creciente. Señala, apuntando con el bastón, una curva brillante en el cielo…

Es tu sonrisa. Dice él…

El arco de tu oreja. Dice ella…

Y dejan al anciano con el bastón en la mano. Corren como quien se persigue y asedia, a pequeños saltos.

Y vuelven.

Mucho júbilo en la sangre.

El qué…

Movimiento, alegría, deseo, querer…

Y se les abre la boca en el gesto de quien no comprende lo evidente…

Se golpean en otro despreocupado tú la llevas, y vuelven a perseguirse…

Tócame, Roque. ¡No me toques!… Musita a media voz el anciano que no pierde, no abandona la nostalgia, el recuerdo envidioso de su tiempo… ¡Madre! que me toca Roque. Tócame, Roque. ¡No me toques! Que me toca Roque ¡madre!…

No sabían qué querían. Comentaba a su compañero de banco. O mejor quería decir, ya no recuerdo si sabía o no sabía a quién quería cuando corríamos juntos, delante de los gaiteros, en aquellas fiestas…

Una lágrima como la gota del rocío ante una mejilla de mil caminos se quedó indecisa, agarrada a las pestañas, al no saber por dónde caer

El arco de la vida, a veces, se junta en nuestra mente como si quisiera crear un círculo que se reinicia.

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