Primavera

Hoy no importan las nieblas.

Hoy no importan las nieblas.

32º Y aparece…

La juventud pasa como la vida misma. Porque las guirnaldas se convierten en fuegos de fiesta con gran ruido de relámpagos y humos.

Porque las nieblas de la mañana que ponen la gota de arco iris en los capullos de las flores, se escabullen ante las luces que caminan hacia el mediodía.

La tarde no sabe de estas riquezas. Si llueve, llueve; y si hay nieblas, se adelanta la noche.

Hoy no importan las nieblas.

El coche de lazos blancos en la antena, de cintas rosas en los parabrisas, de grandes lazadas blancas en los retrovisores, está aparcado en la calzada.

Los muchachos juguetones lo rodean. Se asoman a las ventanillas haciendo sombra con las manos. El cristal se hace transparente.

Dentro no han puesto adornos.

El asiento del chofer y el del fotógrafo. Detrás, donde los ministros y los plenipotenciarios, hoy se sentarán los novios. Él, cuidando que las puertas no atrapen el vestido de la novia, y ella con su ramo de flores, la cara sonriendo a todo el mundo porque el velo ya lo lleva echado para atrás.

El parque es un mundo distinto. Por todos los rincones aparecen parejas de novios perseguidas de fotógrafos.

Él se deja hacer. La corbata o la pajarita, los botones de la chaqueta… Los sastres siempre complican las cosas, pero no le importa, hoy no se ofende por mano que lo acicale.

A ella la acompañan, añorándola, todas las madres que transitan por el parque. Es el espejo de todas las miradas.

Las niñas la contemplan embelesadas, deseosas de acercarse a tocarle el vestido y acariciar las cintas que la ciñen…

Todos los observan y preguntan ¿porqué se casarán en primavera?

Nadie contesta porque nadie lo quiere decir.

Da igual el mes, incluso la estación del año, para ellos siempre es primavera…

El novio se agacha y arranca una margarita que asoma entre el césped. Ella la recibe y la acoge, la acomoda en el ramo que le prepararon las floristas.

Tampoco sabe por qué es primavera.

La margarita recién recolectada, subida al encopetado ramo de novia, se asoma muy acompañada por el balcón de los dedos enguantados…

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