Primavera

 

Pero de su rodilla había surgido una pequeña lágrima rosa

Pero de su rodilla había surgido una pequeña lágrima rosa

35º No importan risas ni llantos…

Al niño le ha dado una sorpresa el aire, y la rama caída y la piedrezuela mal enterrada.

El niño corría con una ramita que se enredó en sus manos, se atolondró porque no quedaba derecha, enhiesta, para enseñarla a todos como una bandera.

Al enderezarla con las dos manos perdió el equilibrio y cayó al suelo de rodillas.

Una piedra sobresaliendo de la tierra le hirió.

Abstraído en su palito, se giró para apoyarse en el codo y se levantó dispuesto a correr en su manifestación particular…

¡Mira! ¡Mira!

Mostraba a su madre el estandarte desnudo de blasones. Aunque él no enseñaba un palo defectuoso, sino el mástil de una bandera que flameaba mientras corría absorto en su desfile.

Su madre lo miraba y él se complacía ante el reconocimiento de ella.

Pero de su rodilla había surgido una pequeña lágrima rosa.

Él seguía con su marcialidad cara al viento con las manos alzadas.

Ella cometió el error de todas las madres en las batallas infantiles.

Con mil aspavientos cariñosos y con su pañuelo blanco recogió la gota de dolor que manó de la herida.

El pañuelo enrojeció y, al verlo, el apuesto infante se inundó de lágrimas inconsolables.

Los niños como muchos adultos, no nos damos cuenta de los males que nos infligen, hasta que alguien nos enseña la gota del dolor surgido…

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