Primavera

Labros - Pináculos de la torre

Labros – Pináculos de la torre

36º Algunos se aprestan a juegos exigentes…

(Escrito el 24 de Marzo 2003)

Los niños juegan a lo que ven. Los sonidos de las conversaciones son fuente de inspiración. Esa es su primera escuela.

Como el lucero del alba que enseguida aprende a iluminar. Antes de que el sol salga, ya él se empeña en poner la muestra. Éste es el foco, el incipiente foco de lo que será el día.

Y ven, además de escuchar: ven. Tienen ojos de mil luceros para contemplar todo cuanto ocurre y enseguida aprenden a moverse y reproducirlo.

Yo soy de los buenos.

Decíamos, cuando no conocíamos, como hoy, los múltiples telediarios y los informativos, vistos al desgaire, como sin mirarlos…

Dirán también: Yo de los buenos…

Y elegirán el armamento que ha de predominar, de prevalecer…

¡Tú! ¡Muerto!

Y belicistas corren con los brazos extendidos arrojando bombas y exterminando malos.

O tal vez se apodarán soldados buenos e invencibles que matan a los mil terroristas que se presenten delante de ellos. Sin discriminar, a los que llevan la vestimenta y el bigote o la barba y el pelo más crecido, o el turbante, o la túnica, porque así los ven vestidos. Y curtidos y con arrugas de los mil soles y arenas de sus desiertos…

Y representan al otro…

Los uniformes, los cascos, las botas, los carros de combate… los pilotos de aviones… afeitados, aseados, con la ropa limpia… Los buenos e invencibles…

Somos nosotros…

Tú, muerto. Y se quedan tan felices con sus respiraciones profundas de lo bien que luchamos…

Y cuando salen a la calle, si el vecino es de tez más morena, o simplemente curtida. Lo temen… Y el miedo hace no querer.

Porque el otro es otro…

Hay soldados que juegan a lo mismo, pero no son niños, están en la realidad madura…

Con miedo verdadero. Pánico que les hará matar indiscriminadamente al otro.

Yo soy el bueno e invencible. Tú el malo y te mato.

¿Son odios difíciles de superar? ¿No? ¿O sí?

Sería una primavera con sólo espinas. Tal vez los rosales no podrían florecer con rosas…

Pero la primavera no entiende de otros, por eso florece y surge a la vida. Quien quiera ver, quien quiera oír, quien quiera oler…

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