primavera

La luna con su cara casi redonda se va recortando mientras asciende porque oculta su cansancio rotatorio

La luna con su cara casi redonda asciende porque oculta su cansancio rotatorio

50ª Hay manera de superarlas...

Hoy, el día es interminable. Se ha hecho la hora de cenar y todavía luce el sol.

Los niños corretean absortos en su trajín. No se les puede detener. El cansancio ignorado los vuelve belicosos.

Sólo la cena y el reposo los volverá dóciles, amables y en sus sueños reinará la paz.

Pero aun no ha anochecido.

Las nubes del horizonte no son nubes ni manchas algodonosas, no son nada. Forman una línea continua silueteando montes, como si todos unidos dieran fin al cielo, a la bóveda por donde transita el sol.

La luna con su cara casi redonda se asciende y oculta su cansancio rotatorio.

¿Durante cuánto tiempo tenéis encendido el fuego los días de invierno? Parece preguntar.

Todo el día. Contestan las amas de casa, los campesinos, los leñadores y los pastores esperando volver a sus hogares y ver a sus familias sonrosadas.

¿Por qué? Pregunta con su boca abierta de par en par.

Para no tener frío, contestan.

Pero las amas de casa y los cocineros añaden otras obligaciones y los herreros otros menesteres y así los distintos personajes.

Siempre hay razones para disentir o diferenciarse unos de otros

Entonces interviene el sol que ya se cubre el rostro con la sábana de los montes.

Eso hago yo con la vida: darle calor. Iluminarla.

¿Por qué en invierno no haces lo mismo? Ahora es un muchachote airado quien pregunta. Aunque estaba jugando también ha escuchado la conversación.

Si calentara en el invierno con la misma intensidad no habría rosales, ni praderas, ni brotarían los frutos de las flores. Ni los leñadores podarían los árboles, ni los ríos se llenarían de agua ni los manantiales surgirían de la entraña de la tierra…

Eso relataba el sol en el último eco de la tarde.

Y se ocultó con la colcha nocherniega y dejó a la luna con el rostro arqueado y tapado como si tuviera un dolor de muelas.

¡Ah! El dolor de muelas dijo otro muchachote que se cubría la cara con un pañuelo: Menos mal que la noche es corta que si no, no aguantaría tanto dolor.

Si de niños el alimento y el reposo nos vuelven pacíficos y amables, de adultos por qué no…

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