El pueblo y la nieve

Pueblo. Acuarela de Manuel Macías (Huesca)

Pueblo. Acuarela de Manuel Macías (Huesca)

40ª Satisfacciones.

Las trasnochadas se alargan porque comienzan a primeras horas del anochecer o a últimas horas de la tarde.

Los días son tan cortos que no se sabe si será por culpa de la nieve que evoca los fríos y que obliga a cobijarse dentro de las madrigueras a todo bicho viviente… Los ancianos y abuelos llaman bicho viviente a todo lo que hay sobre la superficie de la tierra, a veces les pregunto con osadía de nieto.

—Y cuando la tierra está llena de nieve, ¿dónde está la superficie?

—La superficie está siempre debajo de los pies, en las pisadas o, para que me entiendas mejor, debajo de las huellas de las pisadas…

— ¿Y cuando las hormigas se refugian en sus hormigueros?

—Pues entonces debajo de los pies de cada una, bueno, de las patas de las hormigas.

—Abuelo, y si están en los hoyos, en los más profundos pozos, ¿qué pasará más allá de lo más hondo?

—Siempre que no se asomen al otro lado de las estrellas, que ya sería otro tema y otra conversación, siempre debajo de ellas, está claro.

— ¿Es que las estrellas también están debajo de nosotros?

—La nieve de las noches no se acaba por aquí ni por allá, está por todos los sitios por donde miras, y las estrellas también. Y si te asomas a cualquier ventana también las ves. Si las hormigas se asoman por las ventanas de sus hormigueros verán las noches con sus estrellas en cuanto las abran y después de correr las cortinas.

—Todo bicho viviente se esconde para guarecerse de los hielos nocturnos —continúan explicando— y el sol también para no apagarse ni enfriarse, porque el calor humano y el animal se concentra en esos cobijos; y entonces, para no quedar solo y desamparado, el sol se retira temprano.

Las calles del pueblo se resguardan del frío arrastrado por los aires, refugiándose entre las paredes de las casas, amparándose con las tapias de los corrales y las bardas de los huertos.

Pero cuando arrecian los vientos, las calles lanzan sus quejidos lastimeros con silbidos de esquinas, como ambulancias transportadoras de mensajes urgentes, pronosticando enfermedad de temblores y castañeteo de dientes.

Los abuelos se arropan arrinconándose ante el fuego del hogar, o abrazados a la estufa.

Las chimeneas, apenas si arrojan humo, porque se asustan de tantos fríos, y se pierde por caminos desconocidos, acompañado por las sirenas de las ventiscas que recorren las calles en dirección a los montes, buscando caminos para visitar el mundo.

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