El pueblo y la nieve

Roble. Acuarela de Manuel Macías

Roble. Acuarela de Manuel Macías

41º Intereses.

Dentro de las viviendas, junto al fuego, ante el chisporroteo de los troncos y el crepitar de las támaras que mantienen las llamas, las palabras de los mayores explican historias de viejas pasiones.

Afuera rugen los fríos que chocan y se parten contra las esquinas.

Los niños se cobijan entre las rodillas de los mayores con las manos extendidas hacia el calor. Defienden sus ojos de la luz rojiza de las llamas, absortos en las historias caídas de arriba, como bajadas por el hueco de la chimenea, oscuro y viejo como el humo y los años.

Se albergan debajo de muchas nevadas que se esconden en los cuatro pelos blancos, que apenas cubren el cogote y las orejas del abuelo, como un adorno.

Y envidiosos de tantas historias desconocidas, de amores, deseos y envidias, de trabajos, esfuerzos y hazañas, de beneficios, viajes y ferias, ahítos y cansados de tan vieja palabrería, exigen convertirse en el tema más importante.

—Y yo, ¿qué cosas hacía de pequeño?

Callan y contemplan al protagonista de la noche que se ha alzado de entre las rodillas, y mira, desafiante, a la familia, esperando que sus cosas se conviertan en lo más interesante…

—Tú, de niño, tenías la piel suave, sedosa y blanca como la nieve. El primer día que te dio el sol, te sonrosaste como una hoja de flor de manzano…

Y la niña tapó la boca de la madre porque ella también quería saber de sus cosas.

Los gritos de los dos niños acallaron el ulular del viento que penetraba por la chimenea, porque los dos quisieron, a la vez, oír y escuchar su protagonismo. Estrellas y personajes en la trasnochada.

Pacientes y tranquilos los mayores, al amor del fuego que almacenaba el olvido de las nieves, comenzaron a dividir sus palabras encendiendo la ilusión y apagando los deseos infantiles de saberse protagonistas con sus cortas historias y cercanos hechos pasados.

Aún no sabían que las leyendas salen de las bocas de los ancianos y ya las provocaban para sentirse, ellos mismos, los actores más imborrables.

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