Historia de Molina de Aragón

Reseñas para una historia

2º La aldea como sitio de agrupación humana y el comercio

 

Los cazadores vivían a la intemperie o en cuevas. Todo dependía de las estaciones o de las exigencias de la caza.

Los ganaderos en cuevas, corrales o edificaciones efímeras, hechas rápidamente para refugio de ganados y personas, según exigían los pastos donde carear a los animales.

La trashumancia, ésta es una palabra y una manera de explicar el traslado temporal de los ganados desde el lugar donde residen los dueños, donde los esquilan y pastan durante la temporada estival, hasta el lugar donde transcurren el periodo invernal. En aquella época este movimiento se daba, pero con los pastores y sus familias junto a sus ganados, sin retorno obligado al primer lugar.

Las familias acompañaban como una parte más del hato. He hablado de corrales o edificaciones que se levantarían para permanecer alguna temporada hasta que los pastos del contorno se agotaran y los cambiaran de sitio.

Los agricultores al permanecer en lugares donde sembrar y recoger su producto, levantarían viviendas más duraderas. El sedentarismo conformaría grupos de agricultores unidos, en aldeas.

La aldea es un núcleo donde varias familias se reúnen para solucionar sus necesidades y defenderse del exterior. Esta realidad implica la señalización de un entorno, es decir, establece una demarcación identificada geográficamente.

Quienes viven en ella son propietarios de fincas y ganados, además, se sienten dueños de cuanto se puede cazar dentro de ese territorio.

La aldea por tanto es una sociedad heterogénea de personas que se interrelacionan y abastecen con los productos del territorio señalado y la defiende de los intrusos.

La aldea exige una autoridad para solucionar los problemas internos; unas normas que regulen la convivencia: unos jueces; alguien que la defienda de agresiones exteriores: soldados; incluso alguien que inicie a los descendientes en la vida, en los trabajos y en los conocimientos, sean de orden material: maestros, o de orden espiritual: sacerdotes.

Por tanto cuando digamos que los agricultores son menos libres que los pastores, y estos menos que los simplemente cazadores y recolectores de frutos del campo, se puede comprobar que hay razones para ello. Igual podríamos decir de los hostigamientos entre ellos, porque yo mate la pieza y no tú, entre cazadores; después entre cazadores y recolectores, entre recolectores, entre éstos y los ganaderos, etc., riñas y hostilidades siempre previsibles.

La comunicación entre aldeas, si antes no se había manifestado entre los pastores (la lana producida no era toda consumida por ellos, ni toda la carne, ni todos los corderos), surge la necesidad de una coordinación que facilite lo que unas familias producen y los proporcione a otras que les falte.

Los productos sobrantes no se destruyen ni se regalan, se intercambian y quienes los llevan de una a otra aldea son los comerciantes. El comercio aparece como solucionador, para dar salida a lo excedente. No solo dentro de la aldea sino en relación con otras aldeas.

Como vemos el hombre para hacer estos cambios ha necesitado de su ingenio y espíritu productivo. La inteligencia se ha esforzado para solucionar las necesidades y superar las dificultades que cada etapa creaba. Las experiencias y tentativas son datos que almacena, y amplían su conocimiento[1]. Progresa incansablemente en creatividad y ciencia[2].

Con estas pequeñas anotaciones, ya tenemos al hombre, conocedor de sus actividades, reunido en aldeas, con experiencias e instrucción, por tanto comenzamos la andadura por las tierras de Molina.

Las distintas culturas o los distintos pueblos que pasaron por ella y no dejaron noticia, o apenas hay referencia concreta de su paso, que podamos reseñar como aportación concreta y significativa, las dejaremos sin nombrar. Pasaremos con rapidez y sin entretenernos.

Ya hay libros sobre estas invasiones y sus asentamientos, por lo que no me entretengo con repeticiones.

[1] “A diferencia del animal, al hombre no se le ha dado un mundo adptado a sus instintos, Instintos que no posee, sino un mundo que tiene que construir para poder habitarlo…” Galimberti Humberto, “Los mitos de nuestro tiempos”

[2] Sobre este crecimiento de las ciencias y el saber hay varias historias, la de la filosofía, de las religiones, literatura, antropología, etc.

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