Historia de Molina de Aragón

3º Así fue mi primer planteamiento

 

En el año 1353 aparece el listado de beneficios que cada uno de los distintos pueblos del Señorío de Molina mantiene[1]. Cada beneficio supone rentas para sustentar un sacerdote, a veces también a un clérigo o a varios. ¿Quiere esto decir que las aldeas tienen una población que produce suficiente para alimentar a sus habitantes, y, además, para mantener a una o varias personas ajenas a las labores del campo, con rentas salidas de las fincas que aran estos lugareños?

La conquista de estas tierras fue realizada por Alfonso el Batallador en el año 1124 o 1126 según unos u otros autores. En “El fuero de Molina”, donde aparecen las cartas pueblas dadas por Manrique de Lara en 1151, se dice que “…hallé un lugar muy antiguo desierto,…”[2]

Esta descripción de desertización, presentada por el conde de Lara, en la que se nos hace ver no solo la despoblación sino también el abandono productivo, contrasta con la que tan solo doscientos años después (1353) hace la diócesis en la que aparece una habitabilidad y una producción suficiente para alimentar una población y producir una congrua cantidad que mantenga un sacerdote que, ya, tiene un templo edificado.

También deducimos que se cumple lo que don Manrique de Lara expone en el mismo párrafo de la despoblación “…el cual quiero que sea poblado y en él sea Dios adorado y fielmente rogado…”[3].

Es decir, de la desertización pasamos a la habitabilidad y cultivo de campos con beneficios sobrantes y suficientes para levantar templos, decir misas y alimentar al celebrante. La existencia de estos templos se puede confirmar visitando la ermita de Santa Catalina en el término de Hinojosa o los restos de Chilluentes en el de Concha[4]. Evidentemente en todos los pueblos se pueden ver construcciones pero parece que fueron terminadas en épocas posteriores, en Labros la torre data 1548, aunque el pórtico fuera construido en el siglo XII.

Quizás la apreciación que don Manrique de Lara tuvo de aquellas tierras fuera similar a la que, en 1750, los responsables del Catastro de las Ensenada tuvieron al describir las tierras de Galdones, que, cuando respondieron sobre la antigua población, dejaron escrito que “…todas cuantas tierras hay y existen en dicho término son de secano con año de descanso sin que se encuentre ninguna de regadío, hortaliza, bosques, matorrales ni monte bajo, sí sólo algunos escambrones, por lo que, y ser tierras rasas y desabrigadas, forman concepto fue el motivo de despoblarse…”[5]

Tal vez incitado por este concepto al ver los despoblados que quedaron tras las instigaciones y presencia de soldados en los últimos años, le produjo el efecto de desolación desértica, o tal vez por no encontrar tierras cultivadas, echara en falta a los musulmanes, que habitaran aquellas tierras.

En los poblados, tras los movimientos de tropas, sus habitantes se vieron obligados a huir y abandonar sus caseríos buscando un mejor refugio para su defensa, huyendo a otras tierras, escondiéndose en el interior de los bosques o en donde se creyeran más protegidos.

Esta situación volvió a una economía del ganado, más que de la agricultura, porque era más fácil arrear a las ovejas obturando los cencerros y escondiéndolas en las dehesas (defensas), que recoger las cosechas con la rapidez necesaria.

Los ejércitos buscaban su sustento en el camino. Fue obligación de la población por donde pasaban darles alojamiento y comida. Tal vez destruyeran, pero también sabían que a la vuelta deberían aprovisionarse en los mismos campos, y de los mismos frutos. Quiero decir que los ejércitos no siempre arrasaban poblados y cosechas.

Esta sensación de miedo y de pérdidas, que sufrían, llevó a la población a huir y esconderse. Cuando el conde, don Manrique de Lara, hiciera su recorrido, acompañado de sus soldados, naturalmente, las encontraría vacías. En este comportamiento podemos hallar la razón de la descripción: “…hallé un lugar muy antiguo desierto…”[6]

Habría que añadir el largo tiempo que las tierras de Molina y señorío vivieron en situación de frontera, límite no solo entre los países del norte y del sur, la extremadura, sino también entre las taifas poderosas de Toledo y Zaragoza.

[1] Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, Toribio Minguella.

[2] Fueros de Molina de Aragón.

[3] Fueros de Molina de Aragón.

[4] Nombro estas dos porque, al perecer, los dos poblados fueron abandonados en el siglo XIV a causa de la peste y la guerra entre Pedro I el Cruel y Pedro IV el Ceremonioso, Castilla y Aragón.

[5] Catastro e la Ensenada, Galdones, respuesta a la cuarta pregunta.

[6] Fueros de Molina de Aragón.

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