Historia de Molina de Aragón

4º Los pueblos que conocemos

 

Cuando don Manrique, en la carta puebla, habla de: “…quiero que sea poblado…” y “Quiero que los hombres que en él poblaren lo tengan en heredad para ellos y sus hijos, con todo su término…”[1], al no señalar dimensiones de término, parece como si a todos les correspondieran partes iguales, entonces, ¿por qué hallamos tanta diferencia de superficie entre unos y otros lugares?

Podríamos suponer que los más próximos a Molina y ella misma, la ciudad está mucho más habitada por orden expresa de don Manrique, necesitarían más extensión para poder suministrar y abastecerse de alimentación: pan, carne, etc., y las más alejadas, tal vez más reducidas, crecerían en otras ramas del comercio: lana, tejidos, pieles, calzado, etc., y para proveer a los oficios con materias primas: madera, hierro, resinas…, y esto aclararía la diferencia de superficies. Porque en la ciudad, siendo más grande y con movimiento judicial y eclesiástico, abundaban más los oficios y el comercio, y por tanto la necesidad de alimentos era mayor.

Los más próximos acudirían con sus mercancías. Pero esto no nos lleva a responder a la pregunta de las dimensiones, aunque sí al esfuerzo por producir excedentes en el rendimiento agrícola y ganadero para aportar al mercado.

Para orientar la respuesta, deberíamos remontarnos a la antigüedad, aunque los datos sean limitados, oscuros y de difícil interpretación.

Si contemplamos aquellos grupos de cazadores, recolectores, pastores y campesinos que acabaron formando las aldeas, de sus choques y encontronazos podemos deducir que los grupos más belicosos se quedaran con espacios más amplios. Pero queda tan lejano que toda esa suposición no nos aporta un argumento veraz.

Los yacimientos arqueológicos en este territorio son muy numerosos y de ellos podríamos sacar algunas conclusiones aunque no estén suficientemente estudiados.

Entre Labros, Hinojosa, Tartanedo, Concha y Amayas se pueden contar 18 “Ámbitos de protección arqueológica” y 29 “Ámbitos de prevención arqueológica”[2].

Interpreto al leer estos datos que los pobladores más antiguos se asentaron en estos lugares en algún momento de la historia y si en una extensión de unos 148 kilómetros cuadrados se dieron 18 asentamientos, -prescindo de los 29 de prevención-, hubo una gran proximidad entre ellos. (8,2 kilómetros para cada asentamiento, muy escasos).

Pero ¿estuvieron todos habitados a la vez o la población se corrió de uno en otro lugar, y esto justificaría el sustento y por tanto el ámbito ocupacional? ¿Podríamos pensar que las familias, por necesidad defensiva, durante largos y dificultosos tiempos estuvieron muy próximas, o que, en el devenir de los tiempos, ocuparon uno u otro espacio, abandonando el anterior?

Volviendo a este espacio territorial y buscando lo que nos podría aclarar las distintas dimensiones, nos planteamos si fueron caseríos de pastores, o de agricultores.

En tierras de Molina de Aragón, al igual que en el espacio declarado, los enclaves de poblados y necrópolis celtibéricas son abundantes, lo que nos lleva a deducir más que su alta habitabilidad, su fragmentación.

De la antigüedad de alguno de estos yacimientos, la Cabeza del Cid entre Hinojosa y Labros, puedo afirmar, dado que en él encontré unas cerámicas carenadas que dataron del bajo bronce, y por otro lado debido a las declaraciones de don Jerónimo Fúnez, cura de Labros, que en 1889 acredita una urna funeraria en la antigua ermita ya desaparecida de San Juan que se ubicaba en la cara norte del cerro Cabeza del Cid, del que ya hablaremos, podemos afirmar esa antigüedad.

Por tanto el asentamiento poblacional en este cerro puede datarse anterior al 900 antes de Cristo. Los de Peña Muñoz en Olmeda de Cobeta, el Ceremeño en Herrería, Castilgriegos en Checa y otros varios, aún en estudio o ni siquiera, confirman poblaciones de antiguos habitantes que estaban aposentados en estas tierras.

Las visitas a las excavaciones en estudio o abiertas a visitas culturales nos presentan una estructura de viviendas adosadas como guardándose las espaldas o los flancos. La necesidad defensiva no solo de los animales depredadores, sino también de otros clanes o grupos era muy tenida en cuenta.

Su comportamiento como humanos los reunía en grupos y como tales se aprestaban a la defensa en caso de ser atacados.

Con estos datos procedemos al recorrido histórico.

[1] Fueros. Encabezamiento.

[2] Estudio “Protección del Patrimonio Arqueológico en el planeamiento urbanístico de Tartanedo(Guadalajara) Realizado por orden de Castilla la Mancha y llegado a mis conocimientos informatizado en dvd, el año 2012. Estudio realizado por el arqueólogo don Jesús Arenas Esteban.

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