Historia de Molina de Aragón

7º Los poblados

El nombre de poblado puede encerrar un concepto muy variado, sea un grupo familiar, étnico o con diversidad de personas.

El grupo familiar diríamos que es el de los pastores que se movían como familias nómadas, con lo que difícilmente dejarían constancia de lugares y si dejaran, sus restos poco consolidados desaparecían en el tiempo.

El grupo étnico, sería el de iberos o el de sólo celtas (bellos, titos, arévacos…) o el de sólo lusones si vivieran endémicamente sin contagiarse de otras etnias, como ejemplo diríamos Luzón o Luzaga si al heredar su nombre quedasen aislados.

El grupo con diversidad, consideraríamos al conjunto de familias que prescindiendo de etnia, tribu y clan viven reunidas, en viviendas adosadas o cercanas, los llamados castros o aldeas celtíberas.

Todo lo que sabemos procede de los escritores romanos, que son muy parciales porque los presentan siempre como enemigos o como sometidos; también procede de las excavaciones y de restos que denotan su presencia.

Teniendo en cuenta varias cosas:

…que en el cerro Cabeza del Cid, perteneciente a Hinojosa, que se asienta en la falda sur, cuya parte norte mira a Labros, aparecieron trozos de cerámica del bajo bronce, 600-900 antes de Cristo.

…que de los escritos que mantuvo don Jerónimo Fúnez, cura de Labros, en el año 1890 con el Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 17, (julio-septiembre de 1890). Cuaderno I-III, leemos que “En el término de Labros quedan restos de dos castillos, uno de los cuales ha puesto en descubierto una moneda romana de cobre, y el otro una urna cineraria…”[1]

…que Diego Sánchez Portocarrero (1607-1666) nos comenta, en su obra manuscrita que se conserva en la Biblioteca nacional de Madrid, capítulo 12, que en la ermita de san Juan Bautista de Labros “Hallanse mas destas veneras junto a la Hermita de San Juan Baptista antiquissima en este término, y a donde concurren con gran deuocion los conuezinos, en cuya circunferencia se an descubierto varios sepulchros de piedra, acaso porque seria de los cementerios antiguos que en el circulo de las iglesias solian hacer para entierro de los fieles. Entre todas es notable una urna que se hallo según la tradición muchos años ha alargando el edificio de la Hermita, y vino a quedar su sitio dentro della. Dos piedras a manera de pilas formaban esta urna según se refiere…” -Esta ermita se hallaba edificada en el paraje llamado Las Sepulturas, aproximadamente en el lugar donde actualmente hay un pairón llamado de san Juan. Todo esto a los pies del cerro Cabeza del Cid en la cara norte-.

Ambos hablan de urna funeraria, don Jerónimo Fúnez la ubica en uno de los castillos que dice haber en Labros y don Diego Sánchez la ubica en el lugar referido que ocupaba la ermita de san Juan.

De todo ello se deduce la existencia de un poblado con cultura de urnas en la cumbre de este cerro, Cabeza del Cid, y que los celtíberos mantuvieron posteriormente, cuyos enterramientos se hacían en el paraje que aún hoy mantiene el nombre de Sepulturas[2].

Algunos párrafos de los escritos de Portocarrero los expongo como posiblemente verídicos.

El nombre de Labros viene de Lacóbriga según el ya citado don Diego Sánchez Portocarrero (en su obra “Antigüedad del noble y muy leal Señorío de Molina”, 1641, capítulo 13) que nos recuerda las escaramuzas de Sertorio según las cuenta Plutarco en las Vidas Paralelas, (Eumenes, Sertorio) y localiza la situación de Lacóbriga en este cerro del que hablamos y presenta el nombre de Labros como derivado de Lacóbriga.

Como quiera que Metelo, cuando vino a Hispania para vencer a Sertorio según indica Estrabón, todos los combates los diera en la región celtibérica entre Bílbilis y Segóbriga, encontramos un apoyo a este supuesto nuestro, en contra de lo que hasta ahora han decidido otros colocando Lacóbriga en Lagos al sur de Portugal (Algarbe) en las mismas costas del Atlántico.

Para un mejor entendimiento dejo hablar a Plutarco: “Viendo, pues, Metelo que los de Lacóbriga estaban muy de parte de Sertorio, y que sería fácil tomarlos por la sed, a causa de que dentro de la ciudad no había más que un solo pozo, y entraba en su proyecto apoderarse de las fuentes y arroyos que había de murallas afuera, marchó con este pueblo, persuadido de que el sitio sería cosa de dos días, faltándoles el agua; así, a sus soldados les dio orden de que sólo tomaran provisiones para cinco días. Mas Sertorio, acudiendo al punto en su auxilio, dispuso que se llenaran de agua dos mil odres, señalando por cada uno una gruesa cantidad de dinero; y habiéndose presentado al efecto muchos hispanos y muchos mauritanos, escogió a los más robustos y más ligeros, y los envió por la montaña, con orden de que, cuando entregaran los odres en la ciudad, sacaran a la gente inútil, para que con aquel repuesto de agua tuvieran bastante los defensores. Llegó esta disposición a oídos de Metelo, y le fue de mucho desagrado, porque ya los soldados casi habían consumido los víveres, y tuvo que enviar, para que hiciese un nuevo acopio, a Aquilio, que mandaba seis mil hombres. Entiéndelo Sertorio, y adelantándose a tomar el camino, cuando ya Aquilio volvía, hace salir contra él tres mil hombres de un barranco sombrío; y acometiendo él mismo de frente, le derrota, y da muerte a unos y toma a otros cautivos. Metelo, cuando vio que Aquilio volvía sin armas y sin caballo, tuvo que retirarse ignominiosamente, escarnecido de los españoles…”[3]

Con varias hectáreas de superficie, la cima de este otero responde a la descripción del relato, hay un manantial en ella, ahora seco. En tiempos de nevadas, durante la primavera y al principio de verano siempre hubo agua, la huella de la tierra y la vegetación señalan el lugar del venero. Las cuestas para el acceso son muy empinadas y enriscadas por la cara éste y sur, algo menos empinadas en poniente y norte. A pie de monte hay manantiales y los nombres de los parajes señalan abundancia de agua: Lagunas, Acequias, Cañuelos, etc.

La localización en la Celtiberia, origen de los soldados hispanos que se lanzaron a proveer de agua a sus paisanos queda sin duda alguna situada en este lugar. Los barrancos en dirección al río Mesa por un lado o al Piedra por otro, son abruptos y en aquella época más aún, por no haber deforestado para la agricultura. Por lo tanto a Metelo que mandó a Aquilio en busca de víveres, carne más que otra cosa, le salió el tiro por la culata o le restalló la onda y se golpeó con ella. Y su enviado Aquilio fue acometido y vencido por Sertorio.

[1] “D. Julián Herranz, cura de la parroquia de San Martín en la ciudad de Molina de Aragón, dió aviso de la voz que corría relativa al descubrimiento de una lápida celtibérica, incrustada en la pared de la única ermita que hay en Labros, pueblo poco distante de Luzaga, donde se halló la preciosa lámina de bronce, publicada en el tomo II, pág. 35 de nuestro BOLETÍN. Preguntado acerca de un indicio, que podía ser muy interesante, ha contestado el docto párroco de Labros, D. Jerónimo Fúnez, en carta del 16 de Septiembre actual, que efectivamente la piedra existe, pero que su inscripción no es lo que se dice. Contiene dos líneas en letra cursiva del siglo XVI, vueltas al revés, con lo cual, y por no —247→ entenderse lo que significaban, se levantó y esparció el rumor referido. Dicen sencillamente «[S]an Juan ba|[u]tista. 1567.» Marcan el año de la construcción de la ermita de San Juan, que fué destruída en los primeros años de este siglo. Un cuaderno del archivo parroquial, abierto en 1580, hace mérito de una heredad, cuya venta debía invertirse en reparar la citada ermita. La piedra es un pedestal, ó pairión como la llaman los del país, que se trajo de las ruinas de la ermita de San Juan á las inmediaciones de la de Nuestra Señora del Regazo, donde yace ahora y se recogerá para que figure en decoroso lugar como monumento histórico. En el término de Labros quedan restos de dos castillos, uno de los cuales ha puesto en descubierto una moneda romana de cobre, y el otro una urna cineraria.”

[2] La manera de celebrar el ritual de enterramientos: “Se sabe que el ritual funerario generalizado en la cultura celtibérica consistía en la cremación cadáver en un lugar destinado a tal efecto (ustrinium). Posteriormente los restos eran recogidos e introducidos en una urna o vasija cerámica que era enterrada en el suelo de la necrópolis, y que en numerosas ocasiones se acompañaba de un ajuar con objetos personales del difunto” Recogido de un artículo de Antonio Bueno en “Clares, apuntes de una larga Historia…”

[3] Plutarco, Vidas Paralelas, Tomo IV Sertorio (XIII).

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