Historia de Molina de Aragón

12º Las ciudades y la iglesia

Aunque no afectan directamente al tema de nuestros pueblos de la Celtiberia, creo que es interesante conocer estos detalles.

Roma, la ínclita y eterna Roma, en el siglo primero de nuestra era aproximadamente tenía una población de 1.000.000 de habitantes, en el siglo VI, 100.000, el descenso había sido muy fuerte, y en la última época significativo.

Diocleciano en el año 284 dividió el imperio entre cuatro césares, la llamada tetrarquía, a partir de entonces comenzó a debilitarse Roma. Mientras Bizancio, en el Bósforo, iba engrandeciéndose, Roma decaía.

La iglesia. Constantino dio libertad de culto en el año 313.

En el 380 Teodosio[1] (nacido en Coca, Hispania), instalado en Constantinopla, hace del cristianismo la religión oficial del imperio. Divide el imperio entre sus dos hijos: Honorio, que se traslada a Milán (395) y posteriormente a Rávena (402) destinando a Roma un delegado; y Arcadio, que se aposentó en Constantinopla como emperador de Oriente.

Estando así las cosas, en Roma, sin emperador y sólo con un delegado, la Iglesia católica, la única y obligada religión de ambos imperios, fue tomando posiciones. El obispo de Roma ya había sido tenido muy en cuenta en diversas discusiones eclesiales y se le había dado primacía. La tumba de san Pedro y san Pablo, y la residencia de los césares lo avalaban. Por eso, dentro de la ciudad se sentía el máximo responsable, los príncipes romanos, los Patricios y los comerciantes así lo aceptaban.

Se dieron el nombre de Papa (Sirico, año 385-389), comenzaron a utilizar el plural mayestático, y lo que ratifica lo antedicho es que Roma entera, Patricios y comerciantes, acudió al papa León I, y no al delegado del emperador, para que detuviera a los Hunos con Atila a la cabeza. Cosa que consiguió en las proximidades de Mantua en el año 452. Y el mismo Papa (año 465) consiguió que los vándalos de Genserico, que saqueaban Roma, respetaran la vida de los romanos y sobre todo las tumbas de san Pedro y san Pablo.

La autoridad de la Iglesia comenzó a estar por encima de la autoridad civil y la Iglesia tomó conciencia de su soberanía.

Recordaría ahora la Pragmática Sanción (año 554) de Justiniano (léase capítulo 10) en la que delegaba en los obispos los poderes que hasta entonces habían sido ejercidos por los prefectos.

La iglesia creció en su poderío siguiendo la manera legislativa y gubernamental del imperio. El obispo ocupó su puesto en la ciudad adecuada, gobernando la diócesis, el equivalente a la provincia.

Las ciudades que Roma creó, fueron muchas, bien según los campamentos del ejército: León; o según su importancia por proximidad a un lugar de riqueza: Astorga; a un punto de comunicaciones: Bílbilis; o como capital de provincia: Tarraco; etc.

Las demás ciudades quedaban con menos de 1.000 habitantes, incluso algunas, como la que se fundó para acoger a los soldados de Marco Mario en la Celtiberia, tendrían algún ciento de habitantes. La mayoría serían de este tamaño ya que los romanos a todo núcleo un poco relevante lo llamaban “civitas”.

Las ciudades estaban ocupadas por hombres libres: los componentes de la administración, y los terratenientes que preferían la ciudad al campo donde tenían sus posesiones. Todos estos personajes vivían en casas servidas y cuidadas por esclavos. Las tierras estaban trabajadas por estos esclavos.

Las ciudades se tenían como centros sociales donde las relaciones humanas, ocio y diversión, ocupaban la atracción fundamental de sus habitantes. La industria en cualquiera de sus categorías no estaba prevista dentro de ellas. El comercio contaba con los productos que la plaza pública, el foro, exigiera para alimentarse, vestir, etc.

A partir del siglo cuarto con la división del imperio y el traslado de las capitales del imperio: Roma se deterioró ante Constantinopla y Milán (después Rávena). Con el tiempo el organigrama comenzó a deshilacharse y los prohombres o ricos hombres fueron abandonando las ciudades, y prefirieron vivir en sus fincas territoriales ahora convertidas en residenciales, en villas. (¿Villel en el río Mesa, Corduente en el río Gallo?)

Algunos señores de las villas comenzaron a pensar que los trabajos serían más productivos si los esclavos tuvieran las tierras en su haber, como propias y pagando unas rentas. Comenzaron a cedérselas; lo mismo hicieron con los ganados. Así pasaron a tratarlos como colonos con la obligación de un pago anual señalado por los dueños.

Esto conlleva el nacimiento de pequeñas colonias en las cercanías de las villas y ciudades.

[1] A propósito de Teodosio, el dominio de su latín fue excelente como ocurrió anteriormente con Trajano y con Adriano, aunque Trajano (se convertía en emperador el 27 de enero del año 98, a la edad de 45 años) en su discurso ante los romanos, se le rieron por su acento peculiar que tan poco se parecía al de Roma. “Trajano fue nombrado emperador tras la muerte de Nerva y, se cuenta, en su primer discurso ante el Senado muchos rieron su acento peculiar, claramente identificable con la zona de la que provenía, la Bética” Tomado de varias fuentes de internet.

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