Historia de Molina de Aragón

14º Los Visigodos

Los romanos dominaron Europa, mas no toda, levantaron fronteras –marcas- por el Rin y el Danubio, con lo que la parte más norteña quedó fuera de su posesión.

Quienes vivían al otro lado de esa frontera, los llamados bárbaros, sintieron envidia del mundo romano. Eran descendientes de quienes resistieron y se fueron recluyendo en bosques y estepas.

Pero les llegó el momento de sufrir a otros pueblos del este que los iban empujando.

Los romanos -pensarían estos bárbaros del norte- son dueños de todo el mundo, cobran impuestos ¡y se los pagan! ¡Mientras ellos disfrutan en sus ciudades, bien organizados, sin nada que les falte, buen sol, buenos productos, teatros y sin nada que hacer, nosotros aquí donde siempre es invierno y cada cual vamos por nuestro sitio…!

Así estarían, comparando, sin ver la esclavitud, sólo pensando en los hombres libres y en los soldados -entre los que había paisanos suyos- con sueldos y con posibilidad de recibir heredades al terminar el servicio. Sintieron ¿envidia?

El caso es que se unieron, se  lanzaron y traspasaron los límites. Eran aguerridos y fuertes, actuaron como si en ello les fuera la vida y el futuro de sus hijos.

Por familias intentaron entrar en el mundo romano. Primero se dedicaron al saqueo, pero los romanos se reforzaban más y más y los rechazaban. Luego, buenamente, como quien no quiere la cosa se fueron acercando por cada curva del Rin y del Danubio. Se prestaron como soldados, ascendieron a decuriones, y al final, como Roma se deshilachaba en dos imperios y en más y más provincias a medio control, ¡ya está!, entraron abiertamente dominando como señores.

Primero las Galias (Francia), luego el norte de Italia. Algunos tomaron camino de Constantinopla aunque lo tuvieron crudo. Constantinopla[1] estaba más preparada porque tenía que defenderse de Asia y era el eje, el camino y destino, de la ruta de la seda y de las especias. Esto exigía un ejército potente.

Cuando llegaron a la Hispania, en el año quinientos cincuenta y pico, ya tenían muy bien asumido su papel y formaban un grupo (reino) muy bien constituido. Sustituyeron a los gobernantes: cónsules, decuriones y a quienes estuvieran en los puestos de mando, y a vivir. Se adueñaron de las villas rebeldes y así los poblados trabajados por colonos quedaron a su servicio.

Roma tenía muy bien organizado su sistema de gobierno, la división territorial y el cobro de tributos, por tanto, no había que discurrir, sólo suplantarlos.

Entendamos, aunque cobraban impuestos, no aportaban nada a Roma ni a otra ciudad ajena, sólo eran para ellos, o sea que el desembolso por tributos descendió.

Cada grupo de visigodos, fuerte, definido y con visión de dominio, llega, se aposenta donde cree que mejor puede dominar, y desprecia otros centros. Podemos decir que atropella a los pobladores y destruye las ciudades sobrantes como inútiles. La destrucción de lo inoportuno siempre acompaña a los invasores, y por supuesto las obras arquitectónicas y artísticas improductivas e innecesarias también.

Los visigodos no entendían de ociosidad ni teatros, su relación social era la de prepararse para guerrear y conseguir poder, por tanto aquellas maneras ociosas y de solaz poco a poco las abandonaron o quizá ni se preocuparon de vivirlas. Sí que mantuvieron las que centralizaban el poder o la riqueza. Las ciudades de Segóbrica, Ercávica, Nertóbriga, Arcóbriga perdieron su oportunidad y Bílbilis cambió de lugar. (Las nombro porque rodean nuestro ámbito y fueron grandes ciudades romanas)

Cuando llegaron a nuestra Celtiberia, Sigüenza siguió con el obispo. Los godos y visigodos querían gobernar y vivir como los dueños, no venían a imponer religiones y, si pretendieron hacerlo con el arrianismo, enseguida cambiaron. (III Concilio de Toledo, año 589)

Los siervos siguieron siendo siervos. Los esclavos de las villas y de las ciudades continuaron como tales. Los colonos dedicados al pastoreo y a la agricultura siguieron pagando su tributo cuándo y cómo exigieron los mandamases en cada momento, todo les evocaba una continuidad: igual que con Roma. Pero la exigencia de los nuevos adolecía un poco, con vivir se conformaban, eso sí bien y con comodidad, les bastaba el pan, no necesitaban diversiones ni teatro ni circo. No reformaron nada y ese desinterés se convirtió en desidia.

Los visigodos no miraron por la agricultura como los romanos, por lo que la ganadería y su movilidad volvieron a instalarse sobre la agricultura. Los montes y la agreste vegetación se volvían a imponer.

Los Gumersindo, Leovigildo, Rodrigo, Hermenegildo, etc., son nombres que nos dejaron.

Tal vez nos concedieran algo más, un lugar entre Mochales y Villel donde nos legaron una necrópolis…

La Iglesia en su tiempo tuvo una gran actividad, en Toledo se celebraron nada menos que 17 concilios entre los años 527 al 702 (el primero había sido el año 397 en época romana), sirvieron para aclarar la doctrina y las normas del derecho, sobre todo la relación de poderío entre los godos (reyes) y la iglesia…

Queda claro que los eclesiásticos seguían influyendo grandemente.

[1] Constantinopla tenía el emporio de cuanto procedente de Asia (India, Persia…,) tenía que pasar por allí para llegar a los hogares romanos, desde las especias de la India, alfombras de Persia, sedas…, etc., y producía una riqueza económica procedente de los impuestos que pagaban estas mercancías.

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