Historia de Molina de Aragón

15º Los distintos pueblos que llegaron a este país peninsular

Un pequeño repaso de los forasteros que llegaron hasta aquí.

No fueron pueblos completos los que vinieron sino personas sobrantes en su grupo, o los que, atropellados por otros que los empujaban y no cuajaron en la convivencia con ellos, no tuvieron más remedio que echarse al camino.

Los podemos dividir en dos grupos, los que venían solos y los que se hacían acompañar por la familia.

A los que venían solos, los denominaríamos a unos como comerciantes y a otros como soldados[1].

Los comerciantes, exploradores del Mediterráneo y adictos a la compraventa, eran pacíficos y amables, aunque intentaran sacar el mayor provecho en sus negocios. Con su trato dejaron además de sus productos otras cosas muy útiles, como ocurrió con los fenicios y el alfabeto. Otros fueron los griegos, y otros los judíos…

Ya he hablado del comercio en nuestros pueblos: la lana, los tejidos, las pieles, el sobrante del trigo, el hierro de la próxima sierra Menera, y la plata de la sierra de Pardos en las Parameras de Molina. Todo ello objeto de trueque.

Los soldados venían a conquistar, así cobraban su sueldo en moneda, y el botín, en especie, de lo que saqueaba; otra recompensa era la de quedarse como dueños de las tierras conquistadas o como gobernantes de alguna ciudad.

Por donde pasaban quedaba todo arrasado si no se rendían, o sea, de una u otra manera, todo quedaba  dominado. Ellos permanecían como señores. Por tanto todo era transformado por sus usos y sus leyes. Lo anterior quedaba destruido y eliminado.

Cartagineses y romanos así lo hicieron, los unos en el sector levantino, los otros en toda la península.

Los suevos, vándalos y Alanos, con sus familias, casi ni nos enteramos en nuestra Celtiberia, pasaron como cohetes hasta que tropezaron con el océano o el mar y allí se quedaron; bueno, los vándalos pasaron el estrecho y dominaron el norte de África. Ya hemos visto que, con Genserico al mando, los vándalos llegaron a Roma y pactaron con el papa León I (año 465).

De los que venían con las familias, recordaremos también a los antiguos celtas, titos, belos, lucones, etc., que poco a poco se fueron acoplando.

Los visigodos, llegaron igual, con sus familias y todo el ajuar, pero ya estaban dados a la conquista por haber atravesado media Europa y haber entrado en peleas con los soldados del emperador romano, al que ya no le quedaba ni el nombre, en esta época se le trataba como a un reyezuelo cualquiera, residente en Milán o en Rávena. Éstos con vivir cómodamente con su familia se conformaban.

Milán hasta entonces una plaza importantísima por la presencia del tercer emperador, no tardó mucho tiempo en ver cómo lo sustituyeron con reyes de origen romano, y a estos por personajes visigodos.

Entre nosotros es probable que, a pesar de los intentos de algunos reyes visigodos (el de Leovigildo sobre todo), nunca se unificará del todo la península, quedando integrada por poblaciones muy dispares en usos, costumbres y lengua. Recordemos lo hablado del latín y las deformaciones lingüísticas regionales.

Con el activismo bélico todo se relajó más de lo que estaba, me refiero a los trabajos en el campo. (En el capítulo siguiente hablaremos de las epidemias y entenderemos mejor este descenso en la producción). Los cobradores no acudían y los campesinos, siempre amenazados en esta situación belicista, se negaban a pagar tributos, produciendo lo necesario para sobrevivir. Los pastores en su vida montaraz se consideraban libres como sus ovejas que no admitían fronteras ni límites de fincas.

El miedo se expande siempre y sobre todo si se desconoce la causa o a quienes lo provocan, no hay manera de librarse de él… A pesar de todo los labriegos y pastores cuando huelen la amenaza o el riesgo se esconden, pero inmediatamente vuelven a sus actividades. El peligro pasa pero la vida sigue y hay que alimentarla.

[1] Cierto es que los ejércitos, algunas veces, se hacían acompañar por sus familiares. Tras la intendencia venía la caravana de gentes que vivían a sus expensas: sastres, zapateros y todo tipo de artesanos, además de cambistas, barraganas, etc.

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