Historia de Molina de Aragón

17º Los Árabes

Todos los grupos humanos, bien como comerciantes, como inmigrantes o como soldados llegaron por el Mediterráneo o atravesando los Pirineos.

Los árabes, en cambio, entraron por el sur, por el estrecho de Gibraltar.

Si Mahoma tuvo la revelación del Arcángel Gabriel en el año 610, cien años después, el 711, sus seguidores entraron en la península. Se concibe este alarde de conquista al entender que poder religioso y poder civil andaban juntos, no que se relacionaran sino que eran uno mismo, y establecer distinción era pecado.

Su propósito era doble, conquistar[1] y adoctrinar. Lo civil y lo religioso venían unidos. El califa era el máximo poder y el máximo sacerdote, dominio sobre pensar y por tanto poseer.

Un ejército de soldados, ¿12.000 o 7.000[2]? recorrió la península de ciudad en ciudad, en el año 724 ya la tenían bajo su doble dominio. Quede claro que con substituir a los cabecillas en ciudades y núcleos representativos fue suficiente. En sólo 13 años dominaron la península.

Esto indica que quedaron los antiguos pobladores, grupos de cristianos y de judíos que mantuvieron sus creencias y modos de vida, y éstos serían quienes mantendrían a los nuevos conquistadores con sus tributos[3]. Quienes conquistan son soldados ansiosos de botín, que, al ser poco estudiosos del Islam, la predicación o enseñanzas las reducirían a simples ritos y normas externas; éstas se irían introduciendo no inmediatamente, sino una vez asentados. Por consiguiente los núcleos de población siguieron con mayorías no musulmanas y por tanto ajenas a las prácticas religiosas.

Esta situación obligaría a la permisividad de los otros cultos que, poco a poco, irían disminuyendo según fueran legislando para obligarlos a convertirse. Aunque con ellos viniera algún imán, no podían crear mezquitas, donde predicar y enseñar el Corán, en cada una de las ciudades. Solucionar estos problemas llevó su tiempo, y, mientras, se permitió que siguieran en sus creencias. Como buenos conquistadores aseguraron su poder, y aunque no hubiera creyentes sí los obligaban a cotizar.

Si decimos que a la llegada de los árabes se despobló, o casi, esta nuestra tierra, no andaríamos muy desencaminados, ni en decir que se produjeron hambrunas por abandono de cultivos. Esto nos explica cómo fueron recluyéndose y nos da idea de cómo surgían las victorias de quienes se insurreccionaban por el norte, los más alejados.

Los recién llegados traían enfermedades, hemos visto que éste es un fenómeno real, y así ocurrió también en este caso. Las enfermedades normales habían creado defensas pero las nuevas afectaban duramente.

El Omeya Abderramán, procedente de Damasco, en el 756 se independizó como emir de Córdoba y comenzó a edificar la gran mezquita: su templo y su trono. No perdamos de vista que Damasco era centro de cultura y de saber y por eso a partir de Abderramán surgió una época de arte y erudición con fuerza y gran capacidad.

No podemos olvidar que la cultura sevillana de san Leandro y san Isidoro que murió en 636, dejaron una impronta intelectual en sus discípulos que cien años después seguiría influyendo y unida a la de los damascenos compatriotas de Abderramán I, pudo dar una escuela de filósofos, juristas, arquitectos, etc.

En el año 949 Abderramán III se nombró califa, elevando a califato Córdoba con todo al-Ándalus.

No todos los califas mantuvieron la misma categoría y poder, por eso algún siglo después, los emires de las distintas ciudades importantes se independizaron formando los llamados reinos de taifas; estamos llegando al año 1031.

Esta situación afectó a nuestros pueblos que quedaban aislados en un monte agreste y frío. Sus habitantes escasos, la peste y el miedo a los ejércitos los hacían huir y esconderse porque devastaban los campos y los ganados. Los pastores, como siempre, permanecieron valiéndose de su facilidad de movimiento escondidos en los bosques y lugares de difícil acceso.

Los habitantes de aldeas junto a los ríos se mantuvieron mejor. Hay muy pocos indicios de los que podamos sacar conclusiones para afirmar cómo se desenvolvió la vida, me refiero a la permanencia y actividades de los poblados que anteriormente llamé colonias en época romana, o aldeas creadas por los esclavos o siervos colonos dependiendo de las villas, y de qué ciudades romanas pudieron mantenerse tras los tiempos visigodos.

[1] Aunque no lo hemos comentado anteriormente, la propiedad, entonces, parece ser que dependía de la fortaleza y avaricia de determinadas personas que se sabían poderosas y eran seguidas de quienes esperaban lucrarse con lo que caía de sus manos…

[2] No hay acuerdo en cifras entre los historiadores.

[3] Haciendo un recuento de posibles núcleos existentes, las 50 provincias españolas, hoy, más los distritos de Portugal, si pensáramos en 1000 (20 por provincia, redondeando con las de Portugal), de los 7000 soldados tocarían a siete por regencia. La población estaba muy disminuida, la peste bubónica del 702 afectó duramente.

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