Historia de Molina de Aragón

18º Molina surge y toma renombre

Lo más destacable de esta época es el castillo que se levantó en el lugar que llamamos Molina. En el siglo XI ya estaba acabado. Por tanto su construcción se realizó a lo largo del 900, siglo X. De quién nació la idea y quién lo financió, es algo que no sabemos. Tal vez ya se sentía tierra divisoria o de frontera, no solo entre Toledo y Zaragoza sino también como reserva y retaguardia tras Medinaceli ante los reinos cristianos del norte.

En fin, físicamente aparece Molina.

Las ciudades más próximas a la frontera necesitaban defenderse, en el 900 ya estaban atacando Madrid, el Burgo de Osma, y, en el noreste, Huesca ya estaba en manos de Aragón. En este momento Molina era un bastión necesario.

La decisión de construir un castillo defensivo que albergara, en caso de asedio, a los molineses con sus ganados, sería decisión del emir establecido en aquellas tierras. Esto nos indica que los tributos pagados por los súbditos, más los beneficios de las correrías de los soldados, aportaban una riqueza suficiente.

Nuestros pueblos habían crecido en población y en fortuna, si no, no habrían podido sostener los impuestos del emir molinés. Los pastos de las ovejas se habrían hecho más extensos, por utilizar tierras de otros reinos sin pagar impuestos (trashumancia atrevida), la venta de lana y de paños dentro del reino andalusí, el comercio con los reinos cristianos, y también una más floreciente agricultura, tal vez una época de lluvias[1], además de una explotación más racional de las minas de hierro y las salinas facilitaron este resurgir.

Hay otro importante ingreso, consecuencia obligada del comercio, mínimo y regional, pero positivo: La edificación del castillo atrajo a albañiles y peones a los que había que alimentar y esto promovió la producción ganadera, agrícola, maderera, de cantería, de fragua y de todos los elementos necesarios para su construcción. Fue un momento de empuje y exigencia para una renovación en los pueblos cercanos, principalmente en el río Gallo, y aunque, un poco más lejanos, también en los del Mesa.

Si contempláramos las sesmas, veríamos de dónde salieron las maderas, el hierro, la carne y lana, y el trigo…, favoreciendo el trabajo y la producción. Como decimos la economía resurgió. El consumo interno dio un empuje a la producción y  al comercio.

En algunos lugares estratégicos levantaron torreones defensivos que a la vez pudieron servir de control de mercancías y de refugio a los caminantes, ¿el de San Gil en Tartanedo por ejemplo?

Mientras se construyó el castillo, las minas y los pinares fueron explotados buscando el hierro para las herramientas y las maderas para los encofrados, etc. La industria favoreciendo la economía.

Los ejércitos necesitarían soldados, el trabajo mano de obra. Ésta fue una época de aumento de población y por tanto mejoraría la vida. Tal vez originara nuevos asentamientos, al menos Molina como población tomó fortaleza y habitantes, se engrandeció..

Una vez el castillo edificado y la taifa en marcha, el acelerado proceso económico se detuvo y volvió a su cauce, aunque otra situación apareciera pronte, fue un largo tiempo, casi un siglo, en que disminuyeron los asedios y cabalgadas entre los reinos del sur y los del norte.

Pero en Molina se dio un empujón fuerte a su economía. Como ya hemos comentado la ganadería era de trashumancia por los lugares libres (en este siglo se estabilizaron los reinos y se detuvo el conflicto bélico dejando la franja entre el Duero y el tajo semi-libres e independientes: la llamada extremadura), y por tanto pastos sin impuestos, aunque amenazados por las correrías de soldados y abandonados por la agricultura. La cabra tomó auge, con lo que la leche y el queso añadió alimento a los lácteos del vacuno.

En el año 1000 cuando se acabó la construcción, los reinos cristianos se habían acercado mucho, el Duero era la frontera. Molina mantuvo su posición de emirato. Medinaceli estaba en primera línea y Zaragoza aun tenía fuerzas para resistir frente a los cristianos de Huesca.

[1] No puedo afirmar nada, pero el esplendor y grandeza de los muros del castillo y su extensión obligan a pensar en una época de buena producción. No obstante la agricultura hubiera decaído anteriormente.

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