Historia de Molina de Aragón

21º El Cid Campeador

Seguimos en el siglo XI, el del Cid Campeador, y para saber de él y entender su presencia tenemos los topónimos y lo que en el Cantar se revela.

Los topónimos son muchos en nuestro entorno, en Amayas un paraje llamado de Valderrodrigo donde se ubica el castro de ese nombre (Ámbito de protección arqueológica). En Labros el paraje denominado Pozo Bermúdez, hoy llamado del tejar -el pozo se rellenó de piedras para facilitar un manantial y unas balsas donde bebiera el ganado-. Hay también otro paraje llamado Barranco de Valderrodrigo. Entre Hinojosa y Labros se halla el cerro llamado de la Cabeza del Cid, de cuya cumbre ya hemos hablado con motivo de Lacóbriga, pero ahora la volvemos a recordar porque la imaginación popular ha puesto en ella una nueva leyenda:

El Cid Campeador llega con sus mesnadas, cansado y agotado de tanto guerrear y siente sed, le falta agua, se encomienda a Santa María y cuando Babieca da una patada en el suelo allí, en la mitad de la cumbre, mana una fuente. Este cerro está también entre los Ámbitos de protección arqueológica.

Mataciria (Matacidia) en Tartanedo, la Hoya del Cid en Establés, Cubillejo del Sitio (Cidio) y otros varios topónimos que se esconden en la nomenclatura de los parajes de todos estos pueblos del Señorío de Molina.

La presencia de don Rodrigo Díaz de Vivar por estas tierras está toponímicamente demostrada, incluso amparada por la leyenda[1].

El historiador de estas tierras Pedro Pérez Fuertes en el libro arriba citado nos dice que: “…cerca del pueblo molinés de Labros se hallan las ruinas de Carratos aldea ganada por el Cid sobre los años 1089-1090, en las quince semanas que estuvo en tierras molinesas,…”[2] Este Carratos en nuestra tradición hogareña siempre se mencionó como la ciudad de Canrostro, como tal la oí en mi infancia y la he mantenido hasta hoy; esta denominación está recogida por don Diego Sánchez Portocarrero (1607-1666) en su libro manuscrito que se conserva en la Biblioteca nacional de Madrid, capítulo 12, quiere esto decir que la tradición se remonta a tiempos antiguos y permanece.

La presencia de don Rodrigo Díaz, el Cid, queda patente y me atrevo a decir que incuestionable.

En otros pueblos del Señorío, en casi todos, aparecen referencias a este personaje, pero al tener éstas más a mano y conocerlas mejor, por eso las nombro.

Esto de las regiones o de los reinos era fruto de la reunión de aldeas, que el cabecilla, rey, emir, o como queramos llamarlo (después lo llamaremos conde) establecía con sus promesas de protección a cambio de impuestos, o simplemente las instituía por conquista o amenazas erigiéndose en propietario. A veces, el mismo peligro que pretendían evitar era el que los mismos protectores podían ocasionar.

Para concretar, es muy difícil señalar extensión del territorio que dependía de Molina y su castillo.

Sobre este tema de Abengalbón y del Cid Campeador se ha escrito suficiente y muy bien por los distintos historiadores molineses[3], por tanto no es necesario que nos explayemos en ello.

No obstante podemos deducir un par de cosas del Cantar del Mío Cid y su relación con Abengalbón de Molina. Una sería que, al parecer, se entretuvo no solo en el castillo de Molina con su dueño, sino que recorrió una parte importante de sus dominios (topónimos nombrados), ¿podemos deducir, por tanto, que todos estos lugares pertenecían y estaban bajo el dominio de Molina y que el Cid en sus correrías por ellos entró en contacto y amistad con él?

Segundo y esto sí es real: Molina con Abengalbón y su castillo estaban en un momento de apogeo tanto económico como bélico, para entendernos, tenía bienes y también soldados para defenderse y para proteger a quienes acudían hasta él.

Lo que hablamos anteriormente de posesiones y dominios daban de sí para esto. No obstante en el capítulo siguiente hablaremos del rendimiento del ganado lanar.

[1] Aún hay otra leyenda recogida en el imaginario labreño. Decían los de este pueblo que su nombre tenía origen en una batalla que contra el Campeador se desarrolló en las faldas de este cerro Cabeza del Cid y que después de la victoria, don Rodrigo los amenazó para evitar otro levantamiento con las palabras de: Si no os rendís Lábroos. De donde vienen a deducir el origen del nombre de Labros.

[2] página 30 “Molina. Reino Taifa. Condado. Real Señorío.” Pedro Pérez Fuertes. Premio provincia de Guadalajara “Laina Serrano” 1989. De donde vienen a deducir el origen del nombre de Labros. Leyenda que se puede unir a la citada por Pedro Fuertes, por lo que podríamos deducir que la batalla en la que venció el Cid fue la misma en que se dio nombre a Labros y en que la ciudad conquistada fue Canrostro donde ahora se ubica Labros.

[3] “Molina. Reino Taifa. Condado. Real Señorío.” Pedro Pérez Fuertes. Premio provincia de Guadalajara “Laina Serrano” 1989. (Páginas 27-38) Todos los manuales hablan de ello.

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