Historia de Molina de Aragón

24º Las tres religiones y su apuesta cultural -1º

La cultura en cuanto tal depende de tres factores: actividad, lengua y religión; aunque esta última condicionará a las otras ya que en el caso de los musulmanes la religión era el poder; en el romano el mismo César Augusto se imponía como persona para ser adorada, es decir como Dios, césar-dios. Cuando Roma encontró una institución religiosa que le hizo frente la persiguió, después iría variando esta relación hasta aceptarla, imponerla y utilizarla; al fin la institución eclesiástica (religión cristiana) quedaría separada del gobierno, aunque convivirán con gran armonía e interdependencia como hemos visto y se verá una y otra vez: no podrá darse un rey no cristiano.

En la época final del poder romano la religión estaba muy ligada al gobierno. El juego de poderes se ancló fuertemente, así lo demuestran las leyes de Justiniano[1]. Esta época romana afectó poco en Hispania, ya que cuando Teodosio la impuso como única, ya los godos comenzaban con sus irrupciones, aunque en el sur hubiera temporalmente una provincia bizantina.

Otra importante aclaración. La invasión árabe fue rápida y con poca oposición; no movilizaron sus armas obligando a convertirse, sino para dominar el territorio, no olvidemos nunca que la predicación era el acto de vencer y dominar, y si esta acción se hacía con las armas no eran necesarias las palabras. Pero además si hubieran eliminado a los no conversos habrían deshabitado toda Hispania. Fueron muy pocos los que llegaron para poblar de creyentes lo conquistado, por eso se encontraron con la necesidad de permitir sus usos y maneras a los antiguos residentes.

En cuanto a la actividad, el musulmán tenía el poder y los demás estaban supeditados a él. El dominio y el dinero dependían de su voluntad. Además de los impuestos normales, los judíos y cristianos tenían asignados otros tributos por la permisividad de vivir y ocupar sus barrios y, por supuesto, por practicar sus ritos.

El judío, centraba su actividad en el comercio, su lugar de residencia se edificaba como lugar de paso en espera del momento de retornar a Jerusalén. Esta disponibilidad les exigía una vida menos estable y una predisposición a cambiar de ciudad. Jamás se propusieron dominar, siempre estuvieron en segundo lugar, sometidos y sojuzgados aunque económicamente tuvieran poder y riquezas.

El cristiano, que se encontró atrapado, permaneció en tierras enemigas. Por tanto era el trabajador, el que se dedica al campo y al servicio: el siervo. De quien se espera lo que se exige a un esclavo.

En cuanto a la lengua, el musulmán reza aprendiendo el Corán y recitándolo de memoria, su lenguaje es el árabe, o alguno muy dependiente de él. Un buen musulmán conoce el Corán de memoria y recita sus azoras, aleya tras aleya. Esto no implicaba el conocimiento de la lectura y la escritura, aunque poco a poco las escuelas coránicas la fueron imponiendo.

El musulmán impone obligatoriamente su lenguaje, porque él es quien tiene el poder.

Los Judíos hablan el idioma impuesto, pero conocen el hebreo porque en él rezan, recitan la Thorá y conservan la tradición del talmud, en familia celebran sus fiestas litúrgicas, saben leer el hebreo. Algunos dominaron el hebreo y en él escribieron, por tanto tienen facilidad para la lectura y escritura.

Los cristianos se ven obligados a aprender el idioma impuesto. Pero algunos guardan la manera de expresarse que tuvieron en las épocas anteriores, el ladín o ladino que les sirve para relacionarse con los de allende las fronteras, con los cristianos que viven en el norte.

En el cantar del Mío Cid en el verso 2666-2667, cuando un moro oye la traición de los de Carrión y su intención de matar a Abelgalbón, se lee;

“Quando esta falsedad dizien los de Carrión – Un moro latinado bien se lo entendió;…”

Un moro latinado: algunos quieren interpretar, un moro ladino en el significado de astuto y malicioso, pero, con todo, el significado de conocedor del latín que entonces se usaba, queda evidente. Astuto y malicioso porque escucha y recela de la conversación pero también conocedor del idioma porque los entiende y comprende lo que dicen. La misma jerga por tanto era usada por alguno de los habitantes de nuestros lugares (de Molina) e interpreto que, de una manera peculiar y característica, también se mantendría entre los cristianos del resto del califato.

[1] Léase el capítulo 10º La religión.

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