Historia de Molina de Aragón

Molina de los Caballeros

28º Molina pasa a manos de Don Manrique Pérez de Lara

¿Qué problema o qué extraña situación creaba Molina a los reinos de Aragón y Castilla? ¿Qué poder ostentaban ambos reinos sobre el territorio? ¿Qué litigio o disputa podían mantener por su dominio?

Ésta es la respuesta: “…Como Molina estaba en la cumbre entre Aragón y Castilla, sobre ella versó la disputa…”[1] Vemos el concepto de frontera o de separación entre los dos reinos, dato importante por el que los dos reyes eligen a Manrique para que arbitre a cuál de los dos correspondería el dominio. El astuto árbitro, negociador interesado, buscó el mejor acomodo sin desilusionar a ninguno de los dos reyes: con su actitud y la servicial decisión de nombrarse a sí mismo como detentador de la propiedad y dominio, falló a su favor. De esta manera daba a entender que no perdía ninguno de ellos ya que no imponía a ningún extraño sino a quien por una y otra razón habían elegido con total amistad y buen juicio, como único capaz de solventar el conflicto fronterizo. Esta táctica de los reyes indicaba la confianza, amistad y predilección o favoritismo que le tenían.

Podemos deducir de lo leído en la cita de Jerónimo Zurita que: “…era muy amigo de ambos…” y en la de Salazar y Castro que era: “…vasallo del rey de Castilla y compadre, y gran amigo del de Aragón…” Por tanto don Manrique Pérez de Lara[2] tenía una buena relación tanto con Castilla[3] como con Aragón y por esta buena relación Molina quedaba a su arbitraje y decisión. Él, para evitar discusiones y problemas, se adjudicó: “…la propiedad de la ciudad con pleno derecho, con sus leyes, campos, libertades, molinos y ciudadanos…”[4], dejando a ambos reyes fuera de litigios y disputas. Tan es así que no solo aceptaron sonrientes la sentencia: “…de este gracioso juicio…”[5] sino que se comprometieron a favorecerlo: “…y el rey de Castilla prometió que labraría a su costa la villa y el rey de Aragón que edificaría el alcázar, y así lo cumplieron…”[6] y se confirma con “…y el de Castilla fortificó y reparó la villa…”[7]

No obstante lo que Jerónimo Zurita cuenta es:

“Una de las mayores contiendas que hubo entre estos reyes[8] fue por el señorío de Molina, pretendiendo cada uno que era de su reino, y por el rey de Aragón haber sido de la conquista de sus predecesores y que fue ganado por el emperador don Alonso: y era estado que le codiciaba grandemente cada una de las partes.

“El conde don Malrique de Lara se adjudica a sí mismo el estado de Molina; y los reyes lo aprueban. (…) Porque según refiere el conde don Pedro de Portugal, habiéndose dejado esta diferencia en poder del conde don Malrique de Lara -que era vasallo del rey de Castilla y su natural y gran amigo y compadre del rey de Aragón- adjudicó para sí a Molina con su señorío; y los reyes lo tuvieron por bien; y tuvo aquel estado de allí adelante”[9].

El suertudo don Manrique se adjudica para él y para su descendencia la ciudad y tierras ante el beneplácito de ambos reyes. Y además, según uno de los comentarios, ambos reyes intervienen en adecentar y reedificar lo que se encontraba en mal estado.

La titularidad de dominio o posesión como leemos en Jerónimo Zurita es total: “… la propiedad de la ciudad con pleno derecho, con sus leyes, campos, libertades, molinos y ciudadanos…”. La ciudadanía queda relegada a su propiedad y dominio con todo lo demás, como si el ciudadano fuera un objeto más.

Cae en sus manos legislar según su criterio: “…con pleno derecho y con sus leyes…”, y proclamar e imponer unos fueros que veremos a continuación, y que no provienen de los reyes sino de su libre arbitrio.

Cuando Manrique de Lara inspecciona o recorre sus tierras, o tal vez ni siquiera hace este reconocimiento personalmente, sino por terceros, halla según dice en los fueros: “…un lugar muy antiguo desierto…”

Es lógico que los infortunados habitantes de las tierras del Señorío estén acongojados y escondidos o emigrados. Los inspectores que recorrieran el territorio para informar, indudablemente una partida de soldados destinada a defender el Castillo de Molina, no consiguen encontrar a nadie en los poblados que visitan ni ven ganados pastando. Todo aparece como despoblado y desierto, y así lo transmiten.

La inspección no solo sería para comprobar el número de habitantes, sino también para evaluar la riqueza de la tierra y de la ganadería, y para tomar nota de los enclaves defensivos que habrían de ocupar.

Por eso los escarmentados habitantes se ocultarían al comprobar su paso.

Aún seguía el recuerdo de los atropellos de los últimos años, sintiéndose impotentes ante los habitantes de los reinos vecinos que se aprovecharon de sus bienes y de sus tierras. A veces, los más cercanos son los primeros en convertirse en aves de rapiña.

Así pues: “…Cuando Manrique tuvo los poderes dio esta senten­cia: que el derecho que tenían los reyes, lo renunciaban, y lo volvían a su ser, y que desde entonces quedase Molina para siempre y para los que a él sucediesen, quedando como dueño el hijo mayor, a quien le corresponde­ría el mayorazgo…”[10] Nos dice Salazar y Castro: “…y anuló cualquier derecho que los reyes de Castilla y Aragón pretendían tener en él…”[11]

Con todo su poder decisivo concedido por los reyes nombrándole como árbitro, eliminó a los reyes de un plumazo y se adjudicó el Señorío. Incluso en los fueros no aparece ninguna concesión a los reyes como si fueran el último juez y árbitro en los casos de sangre o asesinatos que excedían a la justicia cotidiana, si no que éstos los dirimiría él mismo, como Señor de Molina.

Así explica la sucesión Jerónimo Zutita: “Sucesión de los señores de Molina. Y sucedió en él don Pedro su hijo y de Ermesenda hija de Aimerico vizconde de Narbona, y llamóse conde de Molina; y éste fue hermano de doña Mofalda que casó con el rey don Alonso el primero de Portugal.”[12] Los sucesores de Manrique de Lara se adjudicaron el título de conde como exhibió su padre.

Los reyes se quitaron unos lugares de choque y de disputa. Renunciaron a ensanchar sus territorios por aquellas tierras. Los robos, intromisiones territoriales que los aragoneses y los castellanos pudieran infligirse no distraerían a los reyes en su camino hacia el sur, sino que caerían bajo la responsabilidad y competencia del conde. El territorio defendido por castillos dependía del señor de Molina.

Molina ciudad, por supuesto, entre la resistencia al asedio de Alfonso I el Batallador y su rendición habría quedado con una población muy reducida. Si se refiere a la ciudad con lo de despoblada, algunos apuntan a que se refiere a despoblada de cristianos, pero no están acertados, ya que quienes se atreverían a permanece en ella, serían los cristianos precisamente.

Esta posesión de territorio y de residentes en él nos da a entender el dominio que sobre uno y otros tuvo el conde. Tierra y habitantes en el mismo paquete, con la misma categoría y la misma dependencia al conde soberano.

[1] Jerónimo Zurita, como se lee más arriba en cita de “Molina. Reino Taifa…” de Pedro Pérez Fuertes.

[2] Como hijo de don Pedro recibe el patronímico de Pérez, aunque siguiendo la costumbre raramente se le nombra con este apellido.

[3] En la novela de José María Pérez Peridis, “Esperando al rey” (premio Alfonso X de novela histórica, 2014) encontramos muy bien explicada la relación de Manrique de Lara con la corona de Castilla.

[4] Jerónimo Zurita, como más arriba.

[5] Salazar y Castro, como más arriba.

[6] Don Pedro de Portugal, como más arriba citado por Pedro Pérez Fuertes, en cita a pie de página 53. Aunque como comenta Sancho Izquierdo esta narración no sea digna de crédito, sí nos explica los poderes que Manrique de Lara consiguió y quiénes lo podrían avalar si alguien opusiera dudas o descrédito, y para hacernos ver que su poder era el mismo de los reyes.

[7] Salazar y Castro, como más arriba.

[8] En la conquista de Cuenca los reyes cristianos se plantearon por dónde dirigir sus tropas y a quién pertenecía lo conquistado. Naturalmente Castilla y Aragón hicieron diatriba sobre Molina según cuenta Jerónimo Zurita. Y en el capitulo XXXV del libro II dice: “…y fue concordado que cada uno de los reyes de allí adelante tuviese libremente las villas y castillos que entonces tenían para sí y sus sucesores, sin que pudiesen pedirse ni demandarse cosa alguna de ello el uno al otro por razón de las posturas y reconocimientos que hubiesen hecho, guardándose las concordias y asientos que entre sí habían acordado.”

[9] “Anales de la Corona de Aragón” Libro II capítulo XXXV.

[10] D. Pedro de Portugal, como se lee más arriba, este sentido de mayorazgo no se encontrará en los fueros, sino como una delegación a los habitantes: “aquel que a uos plazrá et vos bien fará…” Además la cuarta señora de Molina será doña Mofalda, tercera hija de don Gonzalo Pérez, es decir que es descendencia femenina, no mayorazgo masculino.

[11] Salazar y Castro, como más arriba.

[12] “Anales de la Corona de Aragón” Libro II, capítulo XXXV.

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