Historia de Molina de Aragón

30º El porqué del fuero, tanto el de población como el jurídico

Si había un código romano (el Código de Justiniano fue el último) que se vivió en la Hispania romana y después una adaptación en el Liber judiciorum o Lex Visigothorum que rigió en la época visigoda a pesar de una Hispania tan fragmentada en grupos y que tan rápidamente destituían las monarquías. Pero, en fin, al menos había unos principios generales en los que basarse.

La época árabe cambió estos códigos por los de su religión, el Corán y la Sharia, que presentaban una organización y un orden legislativo nuevo. Es decir que el antiguo sistema legislativo quedó truncado por el nuevo método musulmán.

La iglesia también tenía un código y unas normas de convivencia y de administración y unos criterios moralizantes para sus seguidores[1]. A pesar de eso recordaron las normas jurídicas de aquellos viejos códigos.

Entre los reinos con ansias de expansión, nacidos al norte de la península imperaba las leyes del más fuerte y del mejor estratega en la lucha. Esto dio como resultado que la conquista fue el mayor documento, no escrito naturalmente, por el que justificar la posesión de cualquier territorio, cosa o persona. Es decir el botín era la mejor, más indudable y justificante manera de poseer, estaba considerado como una adquisición comprable a una compra o una herencia.

La ciencia y el estudio quedaban para clérigos, o tampoco, sino para monjes y para algunas gentes que venían de allende los pirineos pertenecientes a órdenes monacales o militares, también para peregrinos a Santiago y para quienes acudían a colaborar en la expulsión de la morisma, porque los papas validaban con sus predicaciones la lucha de cruzadas dotándolas de bienes espirituales, y como repobladores.

Por tanto los reinos cristianos que comenzaron sus invasiones contra el reino arábigo y luego contra los reinos de Taifas, no tenían un código general que imponer, sobre todo sabiendo que eran tres reinos los que acometían en plan engrandecimiento territorial. Se iban valiendo de normativas sacadas del orden consuetudinario, por eso los reyes a cada lugar sometido lo regulaban con una legislación copiada o deducida de la ya establecida en las conquistas anteriores o con añadidos acordes al momento y al lugar.

La causa era que nacía una situación que afectaba a las normas y era la población nueva -proveniente de los reinos cristianos o desplazada desde la población árabe: los tornadizos o conversos- que iba a ocupar lo conquistado. Además señalaban un lugar, una ciudad en la que basar el dominio de un territorio, en ella se asentaba el conquistador (el señor), en ella los caballeros y soldados se adiestraban y en ella colocaban unos dirigentes que sustituirían al señor sin olvidar las aldeas que quedaban bajo su dominio.

Como el territorio a repoblar estaba en primera línea defensiva también añadía un carácter peculiar. Si la ciudad presentaba una condición de estar mejor pertrechada de milicia, las aldeas no  debían quedar ajenas a esta situación, ya que estaban más expuestas por estar menos pobladas, tener menos defensa y criar los cereales y ganados para alimento. Por eso debían darles leyes para que a pesar de  su exposición tuvieran una razón de permanencia.

Ante esta situación las normativas debían ser atractivas y a la vez imperativas, para, una vez asentados, conseguir que permanecieran.

En esta situación y con estos condicionantes se debieron establecer los fueros.

Comenzaban con una carta puebla que atrajera y diera confianza y animosidad a quienes se establecieran como defensores de la ciudad y de las aldeas que formaban el territorio. Después dando a entender a los aldeanos que estaban bien protegidos y que se debían sentir agradecimiento al señor  por la tierra y las posesiones que les eran entregadas, además de por la seguridad que se les proporcionaba.

A su vez el Señor, el conde don Manrique de Lara, se debía mostrar espléndido en la exposición de la normativa tanto poblacional como legislativa y manifestar su poder para defenderlos.

Por su categoría de conde estaba obligado a acompañar al rey constantemente, por eso debía establecer un gobierno que, sin necesitar su presencia, lo mantuviese informado y le rindiese cuentas de lealtad y economía, es decir que lo hiciera presente.

Éstas son las tres situaciones que ni él al crearlas ni nosotros al repasarlas podemos dejar de tener en cuenta:

1) Los nuevos pobladores habrían de ocuparla y habitarla, diríamos que los acepta y les oferta: posesiones; y son estimulados para la natalidad: herencias.

2) El peligro de ser frontera: soldados y armas, ciudad ante todo, ocupación de castillos, protección de caminos, etc.

3) La obligación de seguir al señor en caso de necesidad bélica: disponibilidad y movilidad.

Con todo esto no podía renunciar a su obligación básica que era la administración tanto de la justicia como de la defensa y de cobrar tributos. Y a la vez debía cumplir los compromisos para con el rey que como noble le debía: la justicia suprema, la moneda forera, la fonsadera y los “suos yantares”[2]

En nuestro caso ocurrió que, casi cien años después de estar en uso los fueros, alguno fue reformado por doña Blanca y don Alfonso a petición del mismo concejo molinés. Y unos años después la misma doña Banca creyó oportuno hacer nuevas aportaciones.

[1] La universidad de Bolonia con especialidad en derecho y humanidades fue fundada por Irnenio en 1088. Como Escuela de Bolonia, en 1317 ya tenía estatutos con titularidad de Universidad especializada en Derecho canónico y civil y en humanidades. El papa Bendicto XIII (1328-1422), el denostado papa Luna, favoreció a la universidad de Salamanca y dictó estatutos a la de Saint Andrews en Escocia.

[2] “El fuero de Molina de Aragón” Miguel Sancho Izquierdo. Madrid. 1916. Pag 173.

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