Historia de Molina de Aragón

31º Repoblación

Alfonso I de Aragón el Batallador hizo una incursión por Al-Ándalus para liberar mozárabes que quisieran venir a repoblar todo cuanto él conquistó. Digamos que de allí pudieron salir los primeros repobladores[1]. Ya había fundado en Monreal del Campo un convento donde se pudieran acoger quienes, desde tierras andalusíes, huyeran a lugares cristianos.

Desde entonces hasta que don Manrique se adueña de Molina pasa un tiempo largo del que no hay noticias poblacionales.

En 1152, dice Pedro Pérez Fuertes que en este año ocurrió la “…posible otorgación del fuero de Molina y fecha en que aparece el primer documento con D. Manrique y Dª Hermesenda como esposos y señores de Molina”[2].

Así se lee en el prefacio de los fueros. “Dize D. Rodrigo, Arzobispo de Toledo, que a Molina Cabo Aragón la edificó donde agora esta el Conde D. Almirique y donna Ermesenda, su mujer, en la era de Çesar de mil y çiento çincuenta que es anno de naçimiento de Nuestro Senor Jesucristo de mil y çiento doce…”[3] No me entretengo en comentarios sobre este párrafo porque lo que me interesa es confirmar la actuación de ambos, don Manrique de Lara y doña Hermesenda como señores de Molina. Y que ellos se ocuparon de la instauración y vida de Molina de los Caballeros como se conoció y nombró, y la localización: junto a Aragón “cabo Aragón”.

Miguel Sancho Izquierdo, en cambio, encabeza los fueros con este texto: “Fuero de Molina de los Cavalleros: que hizo el ylustre sennor el Conde Marrich: y edificó desde los funda­mentos a la dicha villa: y fué sennor della. Está sepultado su cuerpo en el monesterio de Santa María de Huerta del Obispado de Sigüenga que es de fraires bernardos. Este Monasterio edificó el Rey don Alonso el Octavo. Deste no­ble conde vienen y proceden los Manriques de Lara de Espanna. El cual conde fué pa­dre de donna Mafalda Manri­que muger del Rey D. Alon­so Enriquez primero Rey de Portugal. Ansí lo testifica Va­lerio de las Estorias escolás­ticas, libro 5, título 4, capítu­lo 4, folio 45.”[4]

Es un texto que en principio señala el nombre de Molina de los Caballeros y resume como en un epitafio la vida del conde, señala el lugar de enterramiento, como dándole prosapia por ser Alfonso VIII quién edificó el monasterio. Termina diciendo quién testifica lo escrito, omito los nombres por innecesarios.

Tras estas dos citas como preámbulos, comienzan los fueros.

Dice el fuero: “En el nonbre de Dios et de la diuina Piadat. Es a saber del Padre el del Fijo et del Spíritu Sancto amén. Yo el conde Almerich fallé lugar mucho antigo desierto el qual quiero que sea poblado et ay sea Dios adorado et fielmentre rogado”[5]

Primeramente quiero hacer patente el año en que se otorgó el fuero: 1152.

Y quién lo otorga: La persona que se arroga todo el poder sobre personas, animales, tierras y productos: sal, madera, etc.

Quiero resaltar que la esclavitud a partir de ahora se llamará servidumbre, (la doble servidumbre) una a las tierras, y otra al señor que se las entrega en alquiler. La vida y la muerte dependen del señor, no directamente en un acto explícito, pero con sólo expulsarlos de la tierra que trabajan, el hambre y la miseria los eliminaría. (Piense, quien hoy lea esto, que en épocas del siglo pasado, solamente hace cien años, el arraigo de los campesinos a la tierra era total, un metro de tierra suponía un reto a muerte)

No puede faltar el saludo y sometimiento a la santa Trinidad, el acto de fe y devoción.

El conde declara que halló un lugar muy antiguo, desierto…

Aunque he hablado anteriormente de la desertización no real ni exacta de los poblados, sino oculta, me interesa detenerme un poco en esta palabra según concepción del conde:

…fallé lugar… Fui el descubridor, el que lo vi primero y me pertenece y por eso otorgo estas leyes y decretos, ya hablamos del derecho de conquista. Aunque él no lo conquistara y lo recibiera de manos de los reyes, se presenta como tal.

…mucho antiguo… Con restos de habitabilidad, de cultivos, lo que demuestra que estuvo ocupado porque los vestigios, las huellas encontradas dan fe de ello, de su antiguedad.

…desierto… Es decir abandonado, sin nadie que ahora lo ocupe o lo denuncie demostrando su propiedad.

…el qual quiero que sea poblado… El dueño presenta su voluntad y los demás deben secundarla y obedecerla. De cualquier rincón pueden acudir y asentarse en estos lugares. Ésta es su voluntad. Acoger a todos.

… et ay sea Dios adorado et fielmentre rogado… Su voluntad cristiana queda claramente expresada. No solo el señor, el conde don Manrique de Lara, debe ser y obrar como creyente, sino cuantos acudan a poblar sus tierras.

Éste es el primer pensamiento típico de Señor y dueño: Sus creencias deben ser también las de sus súbditos. Después, cuando llegue el momento, en la exigencia de proveerse de gentes armadas para su séquito o hueste, él designará quién es el enemigo. Es decir que entre los mayores poderes que se atribuyen los señores, uno es el de imponer las creencias y otro, de igual o mayor importancia, señalar al enemigo.

Esta orden de adorar y orar a Dios traerá como consecuencia más impuestos para mantener a quienes les instruyan en la fe y dirijan la oración; con nuevos gastos para edificar el lugar donde hacerla. Recuérdese cómo hemos comentada el posible cambio de lugar de los poblados, cada vez que una invasión se producía.

Otra deducción es que él no se presenta como sacerdote ni representante oficial de la religión. Pero en todas las andaduras de conquista contra los mahometanos siempre andan juntos el soldado y el sacerdote. Es enemigo como poseedor de una tierra que desea el rey, y es enemigo porque profesa una creencia distinta, es un infiel.

Al frente están los señores, que son los dueños y dirigentes y que gobiernan apuntándoles a sus creencias y señalando los guías religiosos.

[1]  “Anales de Aragón”, Jerónimo Zurita, Libro I, Capitulo XLV. “Con esto considerando que desde Daroca hasta la ciudad de Valencia por las continuas entradas y guerras todos los lugares estaban deshabitados y yermos y no se labraba ni culturaba la tierra y todo se dejaba desamparado y desierto, mandó poblar aquel lugar y que se llamase la ciudad de Monreal que ahora se dice del mismo nombre, en la cual esta nueva milicia dedicada al servicio y aumento de nuestra fe tuviese su principal morada y convento, y fuese cierta guarida para todos los pueblos cristianos circunvecinos, y se asegurasen desde allí los caminos y pasos…” (El subrayado es mío)

[2] “Molina. Reino Taifa. Condado, Real Señorío” P. Pérez Fuertes. Guadalajara 1989.

[3] Fueros de Molina. Seguiré en la capitulación a Sancho Izquierdo: “El fuero de Molina de Aragón” Madrid. 1916.

[4] “El fuero de Molina de Aragón” Miguel Sancho Izquierdo. Madrid. 1916 (pág. 62)-

[5] Fueros de Molina. Comienzo de los Fueros.

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