Historia de Molina

35º Un solo señor

“Yo el conde Almerich do a uos en fuero que sienpre de mis fijos o nietos vn sennor ayades, aquel que a uos plazra et vos bien fara et non ayades sinon vn sennor”[1]

Propone y confirma “en fuero” que sea por herencia la transmisión del señorío, a sus hijos y nietos, que siempre tendrán un solo señor, y lo repite dos veces en la misma cédula: “…vn sennor ayades, …et non ayades sinon vn señor”. Un señor tendréis dicho por activa y por pasiva es una orden rotunda, sea él o sea alguno de sus descendientes.

No indica que sea precisamente el hijo mayor quien reciba la herencia, ni que las hijas sean eliminadas, aunque se podría excluir si se entendiera “estricto sensu”. Pero si seguimos el modo de expresar genéricamente, no se excluyen, es decir el modo normal de expresarnos según la herencia del latín y por tanto del incipiente castellano no quiere decir que se descarten a las hembras. En latín las palabras tienen género masculino, femenino y neutro, pero no sexo[2].

De hecho el cuarto señor de Molina no fue un varón sino una dama: doña Mofalda y, posteriormente, gobernó doña Blanca de Molina, y su hermana doña María, última señora.

Sin embargo sí aparece una cláusula un tanto sorprendente y es la posibilidad de que los habitantes del señorío tengan poder para dar el beneplácito sobre quienes hereden: “aquel que a uos plazra et vos bien fara” ¿Cómo podrían los súbditos opinar para aceptarlo? Para saber a quién elegir, primero habría que conocerlo y comprobar que agrada y hace bien las cosas, es decir juzgar su actividad y gobierno, y después decidir si cumplirá o no con su cometido y si éste será provechoso.

Dejémoslo así y digamos que todos los que continuaron, siempre herederos, en el gobierno del Señorío fueron bien acogidos y aceptados. Por adelantar algo, sólo la sexta señora, doña María de Molina fue propuesta por su marido Sancho IV para que fuese aceptada.

En el fuero siguiente habla de la obligación que atañe a sus hijos, la de mantener unido el territorio.

“Después de los mis días qui Molina touiere aya Çafra et todos los otros castiellos poblados et yermos que en su término son et non fagan particion los mis fijos nin nietos nin otros parientes mios de los castiellos de Molina”[3]

Comenzamos a vislumbrar la conformación del Señorío, quien gobernase Molina, deberíamos entender el castillo, también lo haría sobre Zafra y todos los demás castillos. Volvemos a la lectura de poblados y yermos. Considerando los dos términos como expresión de realidades distintas deducimos que algunos castillos están vacíos de gentes o sea yermos, y otros poblados, es decir ocupados. Quedaron habitantes en algunos castillos y ahora deben someterse a Molina.

“…et non fagan partición los mis fijos nin nietos nin otros parientes míos de los castiellos de Molina” Uniendo las dos cédulas, la anterior y ésta, entenderíamos mejor la orden expresa de no separar el señorío sino mantenerlo bajo un solo señor. Si se diera la posibilidad de que alguno de los descendientes se empeñara en dividirlo la partición no debería ser admitida. Esto se podría evitar por lo dicho en la cédula anterior: un solo señor para todo el territorio.

La historia nos llevará a una situación, dos siglos después, en que se hará realidad el cumplimiento de estas leyes, por la entrega del Señorío a un señor ajeno a herencia y extraño, Pedro de Aragón, pero ya llegará el momento.

Las dos siguientes normas se refieren a acogerse al fuero de Molina, o sea que quien pueble los castillos estará exento.

“Quien en Çafra poblare o en otros castiellos de Molina a fuero de Molina pueble et peche segun los otros vezinos de Molina pecharen.”[4]

Pero al igualarlos a los otros vecinos de Molina la interpretación de “segun los otros vecinos de Molina pecharen” podríamos deducir la exención de impuestos manteniendo. Pero al no morar en la ciudad no tendrán la obligación de proteger y conservar el castillo y sus muros.

“Et el alcayat que touiere a Çafra o otro castiello de término de Molina, en Molina de casa con pennos et y responda a fuero de Molina por la querella que del ouieren”[5]

Aquí apela a la responsabilidad judicial por la que el alcalde de cualquier Castillo del Señorío pueda poseer una casa en prenda, en uso y sin propiedad como responsable de castillo defensivo, pero de la que ha de responder según el fuero de la ciudad, y de ella naturalmente, las querellas que le correspondan.

Son dos normas o leyes que deben guardar los alcaldes de los castillos del Señorío, ¿también los soldados?, porque se asimilan al alcalde.

Por exclusión deducimos que los paganos serán los demás habitantes del señorío que vivan en las aldeas y que no sean alcaldes de castillos, ni tengan casa habitada dentro de Molina.

[1] Fueros de Molina. Cédula 8.

[2] En la gramática latina de Raimundo de Miguel (1930) hablando del género de los nombres nos comenta: Nombres hay que doblemente o bien al varón se aplican, o ya mujer significan con género diferente. Además en Molina se dio la descendencia heredada por Doña Mofalda, cuarta señora de Molina que es mujer y tercera en orden de hijos de don Gonzalo Pérez. Y si entramos con el género y el sexo: el castellano que procede del latín, en sus palabras ocurre lo mismo, por ejemplo montaña, es femenino y sin embargo no tiene sexo, igualmente pueblo es masculino y…

[3] Fueros de Molina. Cédula 9.

[4] Fueros de Molina. Cédula 10.

[5] Fueros de Molina. Cédula 11.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Primavera. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s