Historia de Molina de Aragón

36º Sobre estas primeras normas del fuero

En este preámbulo o encabezamiento del documento aparecen las normas generales del fuero. Primero formula la profesión de fe: “En el nonbre de Dios et de la diuina piadat es a saber del Padre el del Fijo et del Spíritu Sancto, amén[1] Y después el deseo de que se pueble el territorio y en él Dios sea adorado. La voluntad de conquista queda explicada, referenciada y argumentada. Dios está sobre todo y a él dirige la finalidad de las posesiones que entrega a los pobladores.

Las dos primeras cédulas parecen dirigidas a todos los repobladores del territorio haciéndolos propietarios de las tierras.

Después parece que sólo tiene en mente Molina. La ciudad resume el territorio, lo caracteriza y constituye. El fuero presenta la visión de ciudad que quiere crear. Es una ciudad guerrera, al pie del castillo y dominando los castillos que en toda la demarcación existen

Para conseguir este propósito concede privilegios a los vecinos de la ciudad.

Aparecen otros aspectos: que la repoblación trajo consigo diversidad de gentes, pero primero veamos cómo de ocupada se encontraba nuestra tierra o si estaba despoblada totalmente.

Caemos en la cuenta de que antiguos pobladores quedaron residiendo, tal vez ocultos, en pueblos y castillos como se desprende de: “Quiero que los omnes que y poblaren que la ayan en heredat a ellos et a fijos de ellos con todo su término yermo et poblado…[2] Y en otro lugar dice algo parecido: “Después de los mis días qui Molina touiere aya Çafra et todos los otros castiellos poblados et yermos que en su término son…”[3]

Se hace distinción entre término yermo y término poblado, y entre castillo yermo y castillo poblado. Respecto al término poblado y al término yermo no cabe duda de que se refiere a que existían lugares con población que cultivaban sus campos y otros yermos. Hoy, en nuestros días, hablando de castillos, podemos hacer esta misma distinción: castillo yermo el de Molina, castillo poblado el de Santiuste, es decir con ocupantes.

Tal vez en capítulos anteriores deberíamos haber tratado de la solvencia de Molina en cuanto al pago de tributos, tributos internos o a su señor, y tributos externos o al rey. Molina tributaba al rey de Aragón Alfonso el Batallador, tributos externos. Jerónimo Zurita cuenta que en Monreal, una vez conquistado, el Batallador fundó un monasterio donde albergar a los cristianos que huyeran de los moros, y que este monasterio se mantenía con los tributos de varias ciudades, entre ellas Molina[4].

Nos aporta dos interesantes datos: Molina pagaba, luego su economía se mantenía suficientemente. Y segundo la proximidad de las tropas de Alfonso el Batallador haría que gran cantidad de molineses se refugiaran en Monreal y en otros lugares ya conquistados por similitud de creecias, y también por miedo para evitar el conflicto del asalto y conquista.

Esto nos puede señalar quiénes serían los primeros repobladores, pero en fin, sigamos con los lugares baldíos y habitados.

Está claro por tanto que no estaban totalmente despobladas las tierras que correspondían a la taifa de Molina cuando las mandó repoblar el conde don Manrique de Lara. Algunos términos estaban ocupados por alguna o algunas personas y aquí aparece el primer acto de dominio del conde Manrique: que “la ayan en heredat a ellos et a fijos de ellos con todo su término yermo et poblado con sus montes et con aguas et con molinos”, es decir que las personas que lo habitaban quedarían a merced de los nuevos pobladores con la misma sumisión o dependencia que los yermos, los montes, las aguas y los molinos. La esclavitud continúa, las personas quedan tomadas como si fueran cosas, de manera que también pueden transmitirse en herencia a los descendientes como una riqueza poseída.

Para confirmar estas ideas encontramos entre las normas que se darán para el recto uso de los cautivos en las incursiones guerreras dice: “Todo omne de Molina que traxiere moros de otra tierra de guerra et aquellos en su aldea poblare suyos sean a mandar”[5]

Los moros traídos de la guerra, “suyos sean a mandar” es decir que les pertenecen, y ellos deben obedecer y hacer lo que les manden. Don Manrique expone su voluntad como si ésta fuera el máximo tribunal legislativo y expone cómo han de pertenecer los moros que capturen y podemos pensar que igual pasaría con los que encontraron poblando las tierras. La manera de poseer era la sumisión total, la esclavitud digamos.

No puedo aclarar qué fue de aquellas personas que Alfonso el Batallador trajo de sus incursiones a Al-Ándalus[6] para recuperar creyentes, ni de las que quisieron acudir a repoblar desde los reinos del sur, ya que desde que el Batallador hizo aquellas incursiones hasta el momento de repoblación han pasado 15 años, y el testimonio de Don Manrique fue el de encontrarlo en estado desierto, de abandono.

Aunque en los derechos hereditarios se habla de: “Qui ouiere tornadizos en su heredat si fijos ouieren hereden aquellos; si fijos non ouieren herede el sennor de la heredat”[7] Parece como si los que volvieran espontáneamente de tierras andalusíes, o tal vez los conversos, (tornadizos[8] pueden tener la doble acepción: que retornen o que se conviertan) quedarían a merced de los propietarios que los acogieron como criados o como trabajadores a quienes les hubieran entregado bienes en renta[9], y estos bienes cedidos deberían volver al señor, es decir al dueño si no tuvieran descendencia.

Podemos entender, de esta cédula, que los acaparadores de las tierras, si ellos por ser caballeros o irse a vivir a Molina necesitaran quién les trabajase las tierras, las darían a renta de una manera directa o en compromiso por largo tiempo.

De esto se deduce que las gentes que la poblaron se apoderaron de tierras y personas, quien antes llegó, antes las ocupó. Y todo esto ocurrió por orden y mandato del fuero de población según legislación del conde don Manrique de Lara.

[1] Encabezamiento del documento de los Fueros.

[2] Fueros de Molina.

[3] Fueros de Molina.

[4] “Anales de la Corona de Aragón”, Jerónimo Zurita, Libro I, Capitulo XLV. “…para sustentar este convento a honra de nuestro señor Jesucristo señaló el rey ciertas rentas… y la mitad de las rentas de muchos lugares muy principales que aun estaban en poder de los moros que eran sus tributarios, adonde llevaba la mitad de sus rentas, que eran Segorbe, Buñol, Cuenca, Molina…”

[5] Fueros de Molina. Capítulo XI. Cédula 12.

[6]Anales de Aragón”, Jerónimo Zurita, Libro I, Capitulo XLV.

[7] Fueros Capítulo XI cédula 13.

[8] Léase capítulo 84.

[9] Cesión enfitéutica. Enfiteusis en el Drae “Der. Cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de un inmueble, mediante el pago anual de un canon y de laudemio por cada enajenación (cambio de dueño) de dicho dominio” Para completar la definición y entenderla, laudemio es el “Derecho que se paga al señor del dominio directo cuando se enajenan las tierras y posesiones dadas en enfiteusis”.

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