Historia de Molina de Aragón

43º Riqueza de los señores, posesiones, impuestos…

Para hablar de las posesiones agrícolas del conde, sólo tenemos los datos que aparecen en los fueros.

El conde Don Manrique quiere. Entendamos la palabra en el sentido que él la dice: “quiere”, como un acto de su voluntad, la de quien dispone de algo que le pertenece es decir “pretende” y por esta voluntad el quiero se convierte en un hecho eficaz. Este “quiero”, o pretensión, equivaldría a “mando”, “ordeno”, “impongo” desde mi voluntad y con el estigma de que se cumpla. Su quiero no puede tener vuelta de hoja, se cumplirá.

El conde no depende de la voluntad del rey, actúa como el poseedor de las tierras y de cuanto en ellas hay. Como si él fuera el conquistador. Él actuaba y “quería” sin ningún consejo ni influencia[1].

Para confirmar el valor de su deseo e independencia presento la última parte del documento de los fueros, cuando para darles validez y confirmación pide a unas personalidades que los firmen y rubriquen como testigos de la autenticidad y vigencia de su autoridad. Y allí entre ellos está también el nombre del rey, como testigo, no como autor ni como quien otorga el poder de crearlos.

“Yo el conde Almerrich con mi muger Don Ermesenda que esta carta mandamos fazer et robramos et confirma­mos. Regnando Don Alfonso emperador en toda Espanna asi sobre paganos como sobre xpistianos confirmo. Don Sancho, rey de Castiella confir­mo. D. Ferrando rey de León confirmo. Don Pedro obispo de Sigüença confirmo. E yo Don Almerrich, Conde de Molina, con mi muger Don Ermesenda, esta carta firma­mos et firmar mandamos. Don Alfonso benigno emperador de Espanna esta ro­bra confirmamos et confirmar mandamos. Don Sancho, Rey, esta robra confirmamos. Don Fernando, Rey, confirmo. El robramiento[2] desta carta fué fecho en Aurelia, delante Don Alfonso piadoso emperador et de su fijo don Sancho Rey de Castiella, Onze calendas de Mayo. Miercoles feria cuar­ta, Luna quinta. Quando don Pedro en Tolosa fino. Testi­gos son desta robra don Garci Gomez, et Gutier Peret de Rinosa, et Diago Ferrandez, et Pero Cruciado, et Gutier Rodiz Mudarra, et don Pardo, et Martin Lopez de Estella, et Valdouin sennor de Almaria et Guillen Aramon sennescal et Sancho de Benayas et al-guazil Julian et Esteuan Hullan de Atiença”[3]

Si leemos con detenimiento el conde manda firmar y rubricar a “Alfonso benigno emperador de Espanna”.

En fin, los fueros o carta, propiamente hablando, no fue él quien cédula a cédula los confeccionó, sino que los mandó hacer y ahora los firma y rubrica. Busca testigos y los reúne en Aurelia para que testimoniaran que él es quien los sanciona y da valor. Los demás son meros testigos[4], el rey incluido.

Los fueros son un ejercicio de voluntad revestida de eficacia para que se conviertan en normas reales, auténticas e indiscutibles.

“Quiero que los omnes que ý poblaren que la ayan en heredat a ellos et a fijos de ellos con todo su término yermo et poblado con sus montes et con aguas et con molinos”[5]

Al entregar los territorios para que los ocupen otras personas, da a entender que son suyos propios y que tiene la voluntad generosa de que se conviertan en propiedad de quienes los poblaren. Anteriormente vimos cómo se le adjudicó, con el beneplácito de los reyes de Castilla y Aragón, el territorio de Molina y con qué derechos de posesión y dominio. Ahora él cede, de beneplácito, estas posesiones, porque él es el dueño y señor de todo, incluso de las personas que allí moraban cuando las recibió.

¿Tan desprendido es el señor que “quiere” que los tengan en heredad a cambio de nada?

La respuesta la tenemos inmediatamente, “Do a uos en fuero que el uezino que en Molina casa poblada dentro en Molina touiere sea escusado de pecho et non peche sinon en la lauor de los muros”[6] Aunque con una fórmula negativa deducimos que no los cede sin más, sino que pide unos gravámenes a quienes habitaran los territorios que quiere poblar. De momento hace distinción entre los caballeros, los vecinos de Molina y los aldeanos.

A quienes residan en Molina los libera de todo impuesto. No olvidemos que poblada la ciudad y armada, el territorio está dominado y defendido. Incluso a los de dentro de la ciudad los divide en dos estamentos, los caballeros que están exentos de todo, y los vecinos que aún exentos de sus impuestos deben mantener los muros, entre estos últimos también se encuentran los judíos.

Los que ocuparen “su término yermo et poblado con sus montes y con aguas y con molinos”[7], es decir los aldeanos, sí pagarán impuestos.

¿Cuánto debe pagar? “Todo omne que en aldea morare et vna yunta de bueyes ouiere de un cafiz de décima, fueras tirada tenpestat de fuego et de piedra el qui más ouiere, dé más[8]” Aldeano con yunta de bueyes, dé un cahiz de cada diez. De quienes no tienen esta riqueza nada dice. Pagarán siempre que no sean pasto del fuego o del pedrisco. Y lógicamente si de cada diez se da uno, quien más recoja más pagará.

Quienes vivían en los pueblos y tenían ingresos, para evitar el impuesto, se harían casa en Molina. Ese intento fue numeroso porque enseguida lo denuncia y concreta para evitar abusos “Et el aldeano que poblare en la villa por casa que tenga en pennos[9] nin por alquile non sea escusado mas por su casa propria et primero sea en la villa morador con muger et con fijos por hun anno et aquel anno peche, et dende adelante sea escusado conmo vezino de Molina”[10].

No sirve tener casa en Molina sin más, sino que no debe tenerla empeñada o alquilada.

Otra manera no directa de afirmar que mantenía su posesión por encima de quienes la poblaren, aparece en otro fuero de herencia que ya revisamos: “Despues de los mis dias qui Molina touiere aya Çafra et todos los otros castiellos poblados et yermos que en su termino son et non fagan partición los mis fijos nin nietos nin otros parientes mios de los castiellos de Molina”[11]. Podemos entender que sus hijos son copropietarios de todo y por tanto herederos, pero les prohíbe repartir el señorío entre ellos, y ni siquiera los castillos.

“Queremos que otro palacio non aya en Molina sinon el del conde”[12]. En Molina no habrá más palacio que el suyo, de momento prohíbe toda vivienda que sobresaliera por encima de las demás en volumen, grandeza y ornato. Sólo un palacio y además fuera del castillo. Es la voluntad del Conde. Este palacio estaba considerado especialmente:

“Todo omne que en Molina poblare tal fuero et tal calonna aya conmo vezino de Molina si non fuere el conde o sus fijos et su palacio”[13]. El conde, sus hijos y su palacio están por encima de los fueros, de los impuestos y de las sanciones.

Además de la vivienda lujosa, ¿Cuántas fincas pudo guardarse para él? No aparecen descritas, por tanto señalar alguna sería pura especulación.

“Todas las heredades del palacio ayan tal callonnia conmo las de los vezinos si non conmo dicho es, aquel palacio del conde.

Si ganado de los omnes de Molina se boluiere al ganado de palacio apartenlo sin calonna”[14]. De esto deducimos que poseía varias fincas, incluso ganados, y que se regían como el palacio del conde, lo que quiere decir sin callonnia, en este momento callonnia, caloña, significa impuestos o sanciones.

Ganados también tenía y su pastoreo se regía como el de cualquiera de los ganaderos de Molina. Admite que si las ovejas se mezclaran, se separan y todo solucionado. Hablaremos de la Mesta y sus leyes. Debemos recordar cuanto hemos comentado sobre el pastoreo en tierras de la extremadura o en tierras de nadie, y la facilidad de revolverse en las urgidas retiradas para esconderlas…

[1] Miguel Sancho Izquierdo, misma obra: “…Sánchez Albornoz, en sus recientes Estudios de Alta Edad Media. Allí afirma, terminantemente, que los señores poseían potestad legislativa, la que ejercían con el auxilio y consejo de su convento los abades, (…) de la curia los señores que la tenían y sin consejo de nadie, la mayoría de los magnates que por lo reducido de sus dominios, carecían de ella. Estas disposiciones eran, generalmente fueros dados a una población; pero, a veces, tenían carácter más general y eran a manera de leyes de aplicación común a todo el señorío. Tal parece sucedía en Molina con el fuero dado por Don Manrique” (página 171-172).

[2] Rúbrica.

[3] Fueros Última página donde se recoge la firma de testigos.

[4] “El fuero de Molina de Aragón” 1916 Madrid. Miguel Sancho Izquierdo:”…la firma del rey al final del Fuero de Molina, le da mayor fuerza y autoridad, pero no validez, porque ésta ya la tenía en virtud al derecho a legislar en el territorio de su behetría, que, como Señor del mismo, tenía don Manrique” (Página 172) Y dice unas líneas después en la página siguiente: “Aquí el Rey tiene el concepto jurídico de <tercero>.” (Página 173).

[5] Fueros 2ª cédula.

[6] Fueros 4ª cédula.

[7] Fueros 2ª cédula.

[8] Fueros. Capítulo 11, cédula 5ª.

[9] En prenda.

[10] Fueros 5ª cédula.

[11] Fueros de Molina.

[12] Fueros. Capítulo 3º, encabezamiento.

[13] Fueros. Capítulo 3º, 1ª cédula.

[14] Fueros. Capítulo 4º, encabezado y cédula 1ª.

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