Historia de Molina de Aragón

45º Del reparto de otros impuestos

Ya vimos que los impuestos eran para el conde, pero los otros, los originados por las multas, etc: “Todo vezino de Molina vaya a qual collación quisiere mas por quantos fueren en cada collación por tantos pechen en todo seruicio del conde y en todo otro pecho…”[1]

“…et la meatat de los maravedíes sean del sennor de la uilla et la otra meatat sea del conceio et de los alcaldes…”[2]

El reparto del dinero conseguido por los pagos pecuniarios o por multas se hará teniendo en cuenta siempre y ante todo al señor de la villa, al conde, y después al concejo como vimos en los portazgos y montazgos, pero aquí el del concejo se divide en dos partes, concejo y alcaldes.

Hay algo más que me parece importante porque favorece a que se denuncien los delitos:

“…Et el juez et los alcaldes coxgan aquella calonna et el querelloso aya la quarta parta…”[3] En este caso se trata del reparto de la pena monetaria impuesta en los juicios: conde, juez, alcalde y denunciante, a éste le corresponde la cuarta parte.

Se puede preguntar, ¿quién no estará dispuesto a denunciar al vecino, si sabe que recibirá una cuarta parte de la cantidad penalizada? Además, lo difícil es demostrar la inocencia –atención: la inocencia- una vez que alguien ha sido acusado. La acusación es más fiable siempre que la defensa.

Ya hemos apuntado más arriba que lo que importa es el delito, no la persona a quien se imputa. Por eso enseguida es culpable y castigado con multa o con algo peor, según se establezca en la acusación.

De esto también se legisla en los capítulos 20 y 24, donde se trata de robos, asesinatos, insultos y riñas con heridas corporales. Hay varios apartados en que se relata el papel de los defensores, si son familiares o no, si es uno o varios. Incluso se llega a exigir un número de testigos defensores para ser liberado de la acusación.

Hablando de la posesión de las fincas por quienes llegan, atendiendo a la llamada del conde:

“Todo omne que heredat touiere por anno et día et non gela demandudieren en este spacio, firme con cinco omes buenos que fue possessidor por anno et día sin arte et sin engeno (engaño) et que non sean reptados los dichos cinco omnes buenos. Et si firmare con dos buenos omes sean reptados et reptados et respondan, si non respondieren non cunplan. Et si destos cinco fueren los dos muertos, los tres biuos firmen que si aquellos dos biuos fuessen et la uerdat quisiessen decir esto otorgaríen et cunpla et non sean reptados, et en juyzio diga si firmó con cinco o con dos…”[4]

En otro caso también son necesarios al menos el juramento con cinco testigos.

Hablaba de la dificultad y los problemas para llegar, pisar y asentarse sobre una parcela y poseerla, aquí nos señalan esta dificultad pero la solucionan con que “…Todo omne que heredat touiere por anno et día…”, éste es el espacio, tiempo límite, para confirmar la posesión de una propiedad. Pero puede surgir un problema que “…gela demandudieren en este spacio…” Entonces con cinco hombres buenos debe confirmar su propiedad durante el año y día, demostrando ser “…possessidor por anno et día sin arte et sin engeno…” -sin trampa ni engaño- y todo quedará solucionado. La desconfianza que la denuncia presenta debe ser eliminada, y no quedará duda de su tenencia. La propiedad queda defendida y atendida. Da otras dos posibilidades, que presente sólo a dos testigos y cuando sean llamados a declarar, por dos veces “reptados” y no respondieren o no quisieren, no sirven. Y si de aquellos cinco testigos dos murieran los tres vivos confirmarán que los difuntos declararían lo que ellos presentan, entonces valdrá y perderá el denunciante.

“…et si el enquisidor fiziere suya la heredat et después uenciere, sea en voluntat del tenedor de darle el precio o la heredat…”[5] Si el denunciante ganase e hiciese suya la finca, queda en la voluntad de quien la trabaja entregarle la finca a un precio estipulado.

Veamos los casos en que hubo delito de sangre o lesión corporal. Estamos en un entorno de pastores y campesinos que acaban de tomar posesión de unas tierras; por eso me atrevo a aventurar que la mayoría de las peleas o riñas fueron originadas por robos de fincas, lindes de campos, herencias, posesión de terrenos, etc.

La legislación de ovejas cae más bien en la legislación de la Mesta[6], aunque tampoco sea óbice para cualquier altercado por pastar en campos sembrados.

En cédulas anteriores de este capítulo se habla de riñas en que han herido con quemaduras, con sangre y pérdida de algún miembro, ojos, pie, mano, dientes, etc.

“Et por estos sobredichos miembros si firmar non lo pudie­ren jure con doze o faga lit en canpo. Et esto sea en uoluntat del querelloso. Et desta et de todas las otras calonnas recebida primeramente la séptima parte para el juez, et fagan de lo al quatro partes, et de las quatro partes, la primera den al conde; la segunda al querelloso; la tercera a los alcaldes; la quarta al conceio.”[7]

El reparto de la pena pecuniaria es un tanto típica, la séptima parte para el juez y de lo restante dividido en cuatro partes: conde, denunciante, alcaldes y concejo. Quien denuncia tiene siempre las de ganar y en estos casos recibe la segunda de las cuatro partes en que se divide la caloña o multa. Incluso se podría dirimir el entuerto si para defenderse, el acusado, no reúne los testigos. Y aún hay otra posibilidad de defensa, hacer lucha en el campo, pero claro esto siempre si quiere el denunciante. El desafío debe ser aceptado por él.

No es fácil liberarse de las multas: “Todas calonnas que por juyzio fueren vencidas sean cogi­das según su poderío ayudando a ellos el conceio con ayuda del conde et non sean perdonadas. Et quien dixiere en conceio sean perdonadas o perdonémolas peche sesenta sueldos”[8]

Siempre caen en última instancia a manos del conde los enjuiciamientos problemáticos, “…con ayuda del conde…”, para que no sean perdonadas, aunque expiraran. Claro que esto será según su poderío, es decir según su cuantía. Si alguien se opusiese a esta última sentencia pague sesenta sueldos…

[1] Fueros. Capítulo 6º.

[2] Fueros. Capítulo 1º Cédula 2ª.

[3] Fueros. Capítulo 5º cédula 3ª.

[4] Fueros. Capítulo 11º cédula 10ª.

[5] Fueros. Capítulo 11º cédula 10ª.

[6] La Mesta, ya hemos visto era una costumbrista manera de solventar sus problemas los pastores, que después los reyes elevaron a rango nacional, Alfonso X.

[7] Fueros. Capítulo 23, cédula 10ª.

[8] Fueros. Capítulo 12 cédula 1ª.

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