Historia de Molina de Aragón

47º De los jueces (A)

Hemos hablado de los alcaldes y los hemos visto citados junto a los jueces, cosa que volverá a ocurrir en otras actividades en que se ven inmiscuidos por su designio y poder decisorio.

Veamos ahora qué se legisla directamente para los jueces.

“Todos aquellos que cauallos ouieren de veynt maravedíes en la collación et los touieren por vn anno ante y ternán sus casas pobladas en la uilla, echen suerte en el alcaldía et en el judgado et en la cauallería de la sierra…”[1]

Primeramente han de ser caballeros y además vecinos de la villa, ya hemos visto con los alcaldes las características de fechas y tiempos para presentarse, en san Miguel.

“El sennor de Molina o el merino que alguna cosa demandudiera al vezino, dé fiador al juez et aya el uezino juyzio con el fiador et non con su sennor”[2]

Cualquier demanda, denuncia o delito será el juez quien haya de dar solución, no el señor. El juez por tanto es quien tiene el poder de dirimir. Atenderá todas las demandas, aquí trata de las originadas por el señor o el merino contra cualquier vecino.

“Por muerte de omne fagan pesquisa el juez et los alcaldes et si non pudieren pesquerir, atiendan fasta que uenga el conde”[3] En caso de problema insalvable al juzgar un delito de asesinato, en última instancia se recurrirá al conde, es decir al señor de Molina. El juez tiene todo el poder contencioso, sólo en caso de problema imposible, en asesinato, de investigar se esperará a la presencia del señor. No es el rey, en nuestro caso de Molina, es el señor, el conde, quien tiene la última decisión[4].

“Todo omne que omne matare peche dozientos maravedíes et si negare, los parientes del muerto connombren los feridores et los matadores fasta en cinco et parense en az de cinco a uno, et por vno non caya mas de aquel aya su derecho. Et si a tuerto lo connombrare, pierda su derecho et peche el omezilio. Esto sea en pesquisa de los alcaldes et del juez. Maguera sea que pesquerir non lo pudieren, atiendan que uenga el conde et el conde faga la pesquisa”[5]

Primera conclusión, un asesinato se pena con doscientos maravedíes. Y si el acusado lo negare, se investigará.

La segunda conclusión es que: se trata de un asesinato que el acusado niega haberlo cometido, entonces los familiares del muerto acusan incluso a cinco y de entre los cinco saldrá uno como reo, pero si con engaño lo acusan pierden su derecho. Esta es una manera indirecta de presentar testigos, ya que cada uno para defenderse acusará al culpable. Esta investigación y posterior decisión de señalar uno entre los cinco caerá bajo pesquisa de los alcaldes y jueces y si fuese difícil sacar conclusiones, será el conde quien tenga la última palabra.

En estos juicios que dirime el conde como máximo responsable, incluso si es presentado por el concejo, el juez cobrará su dieta: “De aquella cosa que fuere presentada por el conceio al con­de, aya el juez el diezmo”[6] En estos casos señala el diezmo.

Pero cuánto debe cobrar normalmente el juez: “Et destas et de todas las otras calonna, prenda primero el juez su setena parte. Et de lo al fagan quatro partes de las cuales la primera seya del querellos, la segunda del conde, la tercera a los alcaldes, la quarta al conçeio”[7] Y en otro lugar dice: “Todas las calonnas que acaecieren en Molina, por mano del juez seian cogidas et aya el la setena parte”[8] El juez por tanto cobrará una séptima parte antes de dividir el cómputo general. Después se harán las particiones para repartir el resto, aunque ya lo hemos visto anteriormente, llama la atención que también el denunciante reciba una parte.

De esta ley de reparto, tiene excepción lo dicho en la cédula anterior, “…cosa que fuere presentada por el conceio al con­de…”[9] en que el juez recibe una décima parte.

“Yo, el conde Almerich, dó a uos en fuero que uos el conçeio de Molina siempre pongades juez et alcaldes en cada vn anno de cada vna collación conpeçando a la fiesta de Sant Migael fasta vn auno, acabando en aquella misma fiesta”[10]

Un poco complicada esta cédula, después de leerla nos preguntamos si el juez debe tener un conocimiento específico o preparación especial para ejercer como juez, o simplemente es elegido por el concejo indistintamente y esta elección le da el poder judicial para dirimir cuanto se le presente, y nos da contestación con esta otra: “…et ninguno non aya uerguenca de judgar derecho o decir uerdat et fazer justicia segunt su aluedrío et segunt su conseio, nin por dineros, nin por ayuda, nin por comer, nin por beuer, nin por parentesco, nin por vando…”[11] En esta cédula comentan los conocimientos y los principios que avalan al alcalde y del juez: “…facer justicia según su alvedrío y según su conseio…”. Interesante.

Se refuerza la elección de juez sin más preparación que la que su buena voluntad y sus conocimientos experimentales, calificados según criterio del concejo para hacer justicia según su albedrío y consejo.

Parece como si al elegido se le reconociera una rectitud y una capacidad de gestión que ya la hubiera demostrado en sus arbitrajes personales y esta rectitud y justas decisiones en lo privado lo avalaran en lo público. O también que fuera reconocido no por discernimiento sino por riqueza, y por eso exigen que tuviera caballo de un valor determinado desde un año antes y casa poblada en la villa, y por eso entrará en las elecciones, es decir en la “suerte” de ser elegido para juez.

Así lo dicen: “Todos aquellos que cauallos ouieren de veynt maravedíes en la collación et los touieren por vn anno ante y ternán sus casas pobladas en la uilla, echen suerte en el alcaldía et en el judgado et en la cauallería de la sierra…”[12]

El sentido de la caballerosidad en aquella época señalaba el culmen si no del conocimiento sí de la honorabilidad y por tanto de la ecuanimidad aunque se los nombrara caballeros por poseer un caballo de una determinada valía, o de una determinada riqueza rural, pero, eso sí, con un caballo en su posesión. Como si el montar en caballo fuera certificado de caballerosidad con todas las prendas que las órdenes de caballería ostentaban en la época.

[1] Fueros Capítulo 12 cédula 9ª.

[2] Fueros Capítulo 3 cédula 3ª.

[3] Fueros Capítulo 22 cédula 8ª Se repite en el Capítulo 23 cédula 11ª.

[4] Sancho Izquierdo en “El fuero de Molina…”, nos dice: “Léase el fuero, y díganos después qué casos eran los reservados al Rey, si hasta los más importantes los resuelve el conde…” y en nota de pie de página nos explica que: “Generalmente verán éstos: forzamiento de mujer, latrocinio conocido, alevosía o traición, y quebrantamiento de camino, aunque a veces se sustituía alguno de los últimos por el de homicidio. (página 174) (Sánchez Albornoz. ob. citada V).

[5] Fueros Capítulo 24 encabezamiento.

[6] Fueros Capítulo 5 Cédula 5ª.

[7] Fueros Capítulo 23 cédula 11ª.

[8] Fueros Capítulo 23 cédula 12ª.

[9] Fueros Capítulo 5 Cédula 5ª.

[10] Fueros Capítulo 12 encabezado.

[11] Fueros Capítulo 12 encabezado.

[12] Fueros Capítulo 12 cédula 9ª.

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