Historia de Molina de Aragón

47º De los jueces (B)

“Qui se mudare de vna collación a otra, non aya la cauallería nin la alcaldía fasta que tenga uezindat en aquella collación por tres annos, et non eche suerte en el judgado fasta que tenga uezindat por cinco annos en aquella collación”[1] Pero si cambia de colación, es decir de vecindario, sólo cinco años después podrá entrar a sorteo, los cinco años avalan el conocimiento que adquirirá de costumbres y usos del nuevo distrito o sesma donde se haya domiciliado. El alcalde, en cambio, tres años solamente.

Por tanto si cada año ha de ser renovado y puesto “…pongades…” por el consejo, el único conocimiento y preparación es el del costumbrismo y lo que del fuero buenamente pudiera saber.

“Juez et alcaldes ayan cauallos que ualan ueynte maravedíes, et téngalos vn anno ante”[2]. Podríamos entender mejor lo anterior si atendemos esta cédula, son caballeros por tanto y además con buen caballo, ya que dice el precio, de otra manera se quedaría sin señalar valor, y para hacer valer su caballerosidad deberán poseerlo al menos un año antes de presentarse al cargo.

“Juez que saliere non aya cauallería nin alcaldía fasta tres annos nin aya judgado fasta cinco annos”[3] Siguen reforzando lo ya dicho, ahora de otra forma, como si debieran abandonar el caballo al cesar en el cargo como señal de interrupción y prohibición temporal para ejercer de alcalde y juez. Y se les impide ejercer al alcalde hasta tres años después del cese, y al juez cinco años. Dejarían de ser caballeros hasta que compren otro y se les impide por un tiempo.

Con todo esto queda claro que es una persona sin más preparación que la de ser vecino de Molina y ser caballero, o sea tener caballo de una determinada valía. Estamos en la época de los caballeros y la caballerosidad, incluso de las ordenes de caballería que tan alta estima les daban.

En la defensa que toca a los reos nos dice que: “Vezino de Molina non tenga boz si non la suya propria o de orane que comiere su pan. El juez et los alcaldes den vn omne bueno ad aquel que non sopiere tener su boz a la puerta del juez o en la camara”[4]

Cada persona llevada ante el juez deberá defenderse por sí mismo o por quien más lo conozca “orane que comiere su pan”, en caso de no saber o no tener quien lo defienda, el juez le nombrará defensor, digamos abogado.

Se nombra dos lugares donde se celebran los juicios: en casa del juez “la puerta” y en el juzgado “la camara”

Pero si encontrase quien diera su palabra por él y comprometiese su dinero y no obstante el reo quisiera eludir esta fianza, “métanlo en la prisión en casa del juez”, veamos:

“Todo omne a quien fiador de saluo demandudieren… et si se quisiere sallir de aquella fiaduria aquel que dio el fiado, metanlo en la prision en casa del juez fasta que dé otro fiador”[5]

El juez o vive en el edificio donde se imparte justicia, el juzgado, o vive en su casa donde debe adaptar un espacio para prisión. Opto por pensar en el primer supuesto, con lo que la puerta del juez es la del juzgado.

“Juez mampuesto sea alcalde et judgue et firme con vn alcalde jurado et si non lo fiziere, non vala”[6] Si el juez, por la causa que fuere es sustituido, el sustituto “mampuesto” tiene las mismas prerrogativas que él, solo que debe firmar con el alcalde para justificar esta sustitución.

Del juez se habla siempre en singular y de los alcaldes en plural… Por tanto habría más de un alcalde[7] en cada colación y aldea, mientras sólo tendrían un juez. La duplicidad de alcaldes implica un control mutuo, aunque, como en toda relación humana; pudieran amigarse o enemistarse.

A pesar de todo, no debemos olvidar que de los estamentos de Molina el más encumbrado es el de los caballeros y de éstos deben salir siempre los cargos “portiellos” esto nos indica que entre ellos se reparten concejo, alcaldías y juzgados.

[1] Fueros Capítulo 12 cédula 10ª.

[2] Fueros Capítulo 12 cédula 8ª.

[3] Fueros Capítulo 12 cédula 11ª.

[4] Fueros Capítulo 11 cédula 29ª.

[5] Fueros Capítulo 17 encabezamiento.

[6] Fueros Capítulo 20 cédula 3ª.

[7] En el Catastro de la Ensenada se nombran dos regidores en cada pueblo. El regidor era el alcalde o ejercía con las atribuciones que vimos y vemos en el alcalde. Sancho Izquierdo cita a Ubierna y dice: “Ubierna, en su obra citada, al hablar de los alcaldes, dice existían generalmente dos –aparte la tradición romana- por evitar preponderancias. <Esta duplicidad era muy frecuente… los había en las ciudades de Molina (¿solo dos?) y Guadalajara y en la villa de Brihuega, siendo muy reducidos los pueblos y aldeas en que esta autoridad era unipersonal>”.

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