Historia de Molina de Aragón

51º La vida de los pobladores

Al relatar los fueros, hemos ido comprobando que las dificultades, problemas y conflictos surgieron o iban surgiendo al ocupar las propiedades, adueñarse de ellas e inscribirlas en propiedad.

Estos conflictos indican sobre todo la unión que tenían con la tierra poseída y por ende el compromiso adquirido para defenderla. En primer lugar los adversarios o enemigos eran quienes como ellos, al llegar, también querían tener su trozo; quienes se apoderaban de algún surco en la linde, problema de límites, digamos; quienes en las divisiones de terrenos se hacían más fuertes y amenazantes. Incluso estarían quienes, como era normal en la época, peleaban como soldados para apoderarse de la propiedad como una conquista al vencido.

No olvidemos que ésta era una de las razones poderosas de quienes se dedicaban a guerrear: conseguir bienes y si estos eran duraderos, tierras sobre todo, mejor. La predicación y conversión quedaba en manos de frailes. Además quienes eran conquistados debían convertirse y bautizarse, de otra manera, no pertenecían al señor y debían pagar por ser acogidos y defendidos.

La tierra era un bien que producía, no importaba cuánto, y lo hacía todos los años en los valles de los ríos o por años alternativos en secano. Esto era lo más importante, la producción. Tampoco si era mayor o menor la fertilidad, el caso era que fructificara.

El esfuerzo y el trabajo ni lo medían ni lo valoraban, sabían que debían estimular a la tierra para que rindiera.

La tierra por tanto era un valor permanente, un tesoro cuyos réditos pagaba religiosamente año tras año. Y esta tierra les había sido concedida por el conde condescendientemente, con sólo tomarla e inscribirla en la colación de Molina les pertenecía, justo era por tanto pagar los impuestos.

El trabajo necesario para hacerla producir formaba parte de las actividades del hombre y no realizarlo era como no ser, no existir. La persona se manifestaba en sus actividades o sus tareas y además la Biblia, predicada incansablemente, así lo proclamaba: “…ganarás el pan con el sudor de tu frente…”[1]

Estos propietarios estaban comprometidos para defender las tierras de invasores externos, los límites y fronteras exigen defensas; y para escoltar al conde en cuanto los necesitara. Así se obligaban a acompañarlo en las campañas bélicas en cuanto fueran requeridos. Para eso debían, según sus riquezas, tener un caballo y armas para actuar como caballeros, o sólo armas y acudir como infantes.

Molina se encontraba como tierra de frontera entre las taifas del sur y los reinos del norte, pero fueron despejándose las amenazas cuando Albarracín fue conquistada y después Cuenca. Pero si por el sur, poniente y norte desaparecían unos enemigos, por el saliente la Corona de Aragón los mantenía como frontera, no con ejércitos amenazantes pero sí con insidias propias de vecindad.

También sufrió tropiezos con el ducado de Medinaceli, pero no fueron mantenidos con tanta animadversión ya que ambos pertenecían a Castilla y no hubo beligerancia, sino puntuales discordias cosa diferente a lo que ocurrió con Aragón cuando la guerra de los Pedros: Pedro I el Cruel de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso de Aragón.

Molina de los Caballeros fue tenida como frontera por el mismo hecho de que los reyes de Castilla y de Aragón la hicieran independiente y la pusieran en manos del conde Manrique. Entre ambos reinados apareció una extensión de terreno que alejaba a ambos de choques y enfrentamientos. No fue una línea, una linde entre reinos sino una franja de terreno.

Los acompañamientos en las lides bélicas crearon amistades y enlaces matrimoniales que potenciaron relaciones con otras tierras y crearon riqueza o al menos deseo de imitar lo que otros tenían. En la toma de Cuenca tan rezada por Martín Finojosa, Abad de Nuestra Señora de Huerta y después obispo de Sigüenza, se encontraban su hermano Nuño y su cuñado Garcés, marido de Teresa Finojosa de quien me he atrevido a deducir el nombre de Hinojosa[2].

Además de los cautivos que tomaban como siervos, otros compañeros de armas aparecerían por Molina con ideas culturales que llevarían a cabo, monjes, soldados, peregrinos, artesanos, etc.

No solo quienes acudieron a conquistar Molina junto a Alfonso el Batallador, también quienes acompañaron a don Manrique y quienes acudieron a repoblar trajeron sus ideas y sus inquietudes que plasmaron en los lugares donde se asentaron: arquitectura, monasterios y otras cosas. Los edificios levantados entonces, templos, es lo único que nos queda para valorar su influencia.

[1] Génesis 2, 19.

[2] Fácil deducir que de este matrimonio surgiera el nombre de Hinojosa y que fueran ellos quienes lo dieran a un territorio cuya aldea poblaran sus campesinos y ellos mismos. (Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, Toribio Minguella, Tomo 1º, Madrid 1910).

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