Historia de Molina de Aragón

55º A) Las mujeres

La importancia de la mujer en aquella época surgía de la necesidad de repoblar. Sin ellas no era posible que el censo creciera. Las madres eran muy estimadas, al menos eran elevadas al rango de dar importancia. Podría decir que eran señaladas en los fueros como una condecoración en la pechera de sus maridos.

Veamos: “Dó a uos en fuero que el uezino de Molina que cauallo et armas de fuste et de fierro et casa poblada et muger et fiios en Molina touiere, non peche ninguna cosa”[1]

Queda clara la categoría de la mujer, los caballeros estarán exentos de impuestos si tienen mujer e hijos, por tanto casa poblada, aunque en esto de poblada entrarían también los siervos.

Además impone que los caballeros tuvieran mujer si querían ocupar cargos administrativos. “En todos los portiellos non echen suerte ninguno si non fuere casado et ouiere cauallo de veynte maravedíes”[2] Para presentarse a una elección todo caballero debe estar casado[3] y con caballo de veinte maravedíes.

“El cauallero que non touiere casa poblada con su muger en la villa desde Sant Migael fasta a Sant Iohan, non aya part en los portiellos”[4] Por si hubiere dudas, debe tener casa ocupada con su mujer, deberíamos leer por su mujer, ya que él podría estar en cualquier acción bélica o en la aldea donde tuviera sus posesiones. La mujer da carácter de permanencia y habitabilidad a la casa, algo que añade relevancia a la simple propiedad. La mujer queda establecida como dueña de la casa. Cumplido este requisito de estar casado, el caballero tiene opción de ocupar cualquier cargo: “portiello”. De otra manera ni pensarlo.

“Et el aldeano que poblare en la villa por casa que tenga en pennos nin por alquilé, non sea escusado mas por su casa propria et primero sea en la villa morador con muger et con fijos por hun anno et aquel anno peche, et dende adelante sea escusado conmo vezino de Molina”[5] Ya hemos hablado de la posibilidad de tomar residencia en Molina. Se exige que residan en Molina pero para demostrar esta domiciliación debe constar que su esposa y sus hijos habitan y han habitado la casa durante un año y a partir de ahí se les considerará vecinos y por tanto exentos de pagar. Parece que además de mujer también deben tener hijos.

“… Non sea alcalde si non fuere vezino postero et que aya muger”[6] Para ser alcalde es imprescindible pagar impuestos y tener mujer, aquí no habla de hijos. Podemos deducir que lo imprescindible para todo lo antedicho es que esté casado, lo que significa que tenga mujer, los hijos serán consecuencia y si por la causa que fuere no los hubiera no sería impedimento para pretender un cargo.

“Los hermanos que non ouieren partido et alguno dellos muriere, hereden del sus hermanos et si partido ouieren, here­den del el padre o la madre.”[7] A la mujer, la madre, se le da la posibilidad de heredar al hijo difunto, aunque sea como último recurso. Se trata de que divididas las posesiones y cada hermano tuviera su parte y la trabajase, entonces la madre (ya viuda) heredaría al hijo difunto, y digo viuda porque si no sería el padre, ya que es al primero que nombra. Si a esto unimos aquella otra cédula en que dice: “Todo vezino de Molina herede fiio a padre et padre de fiio et torme raýz a raýz”[8] con esta posibilidad en que la madre también puede heredar al hijo, siendo viuda, no hace sino recoger lo que salió de su posesión, es decir vuelve raíz a raíz. La mujer casada tiene comunidad de bienes con el marido.

Resumiendo, el papel de la mujer es la procreación, es decir tener hijos o dar la posibilidad de tenerlos. El caballero no puede alcanzar todas las oportunidades que la sociedad le ofrece si no tiene una mujer a su lado, y, en algunos casos, se podría señalar que exige vida matrimonial, ya que añade lo de tener hijos.

La mujer acompañada de hijos refrenda la domiciliación del varón y la exención de impuestos en Molina ciudad. La categoría de la mujer es aportar al varón las oportunidades de ocupar cargos, sin ella no alcanzarían ningún tipo de gobierno. Haríamos verdad aquello de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero en este caso al revés: detrás de una gran mujer hay un gran hombre. Y por último descubrimos la viudez, la mujer viuda puede ser propietaria ya que en caso de que el hijo muera sin descendencia sus bienes retornan a la madre, y se consideran como la vuelta de raíz a raíz. La mujer viuda es reconocida como persona independiente.

“Muger que casada fuere, non aya poderío de uender nin de enpennar ninguna cosa sin mandamiento de su marido”[9] Aquí se limita el poder de la mujer, y se registra su dependencia total del marido[10]. Si casada, pero si viuda entraría en otras posibilidades como vimos.

“Otrosí, dó a vos en fuero que ninguna malfetria ni deuda que el marido faga, la muger no la sienta ni peche por ello si en la carta non fuere puesta con su marido”[11] Pero a su vez, queda liberada de las deudas y malandanzas del marido a no ser que el marido la hubiese comprometido por escrito.

“Vezino de Molina que tomare muger, del por sus arras[12] veynte maravedíes et la que más demandudiere, nol uala. Et des­pués de la muerte ninguno non peche arras”[13]

En esta cédula habla de entregar unos bienes a la mujer, y se establecen en veinte maravedíes y no más en concepto de arras por contraer matrimonio. Y también puede tener esta lectura: Se pone precio para que no hubiera abuso ni exigencias por parte de la mujer o por sus familiares, esto creo yo, y se valoran las arras en veinte maravedíes; y si muriesen no se pagarían las arras; sí, esto crea un pequeño obstáculo de interpretación, ¿si muere sin hijos la familia de la mujer exigirá la devolución de las arras?

(Otro apartado sobre las mujeres en la próxima entrega)

[1] Fueros de Molina Cédula 4ª.

[2] Fueros Mejoras primeras de doña Blanca, cédula 11ª.

[3] Sancho Izquierdo hace este comentario a propósito del matrimonio: “Respecto a requisitos o condiciones para contraerlo, nada dice el fuero de Molina. Suponemos lo facilitaría lo más posible. De edad no dice nada, ni señala cuándo se llega a la mayoría. (El de Brihuega señala la de doce y catorce años, respectivamente para las hijas y los hijos) Tampoco nombre el consentimiento, pero estaba en el sentir general de la época. (Cortes der Nájera, Fuero viejo) En cuento al matrimonio entre moros y cristianos, la ausencia de toda prohibición, junta con la noción de las relaciones mantenidas entre unos y otros, nos hace suponer fue, no ya posible, sino un hecho” (Página 212).

[4] Fueros Mejoras primeras de doña Blanca, cédula 15ª.

[5] Fueros de Molina. Cédula 5ª.

[6] Fueros Capítulo 12 Cédula 4ª.

[7] Fueros Capítulo 11 cédula 1ª.

[8] Fueros Capítulo 11 encabezamiento.

[9] Fueros capítulo 11 cédula 25ª.

[10] Sancho Izquierdo cita a Hinojosa en el discurso ante la Real Academia de Ciencias, Madrid 1907. Y dice: ”<…la mujer no podía ejercitar sus derechos eficazmente por sí misma; necesitaba ser representada y protegida por el jefe de la familia> Esto en cuanto a la tutela del sexo en general, tutela que llegaba a la mujer soltera y a la viuda. Más concretamente, la casada se hallaba en un estado de verdadera incapacidad civil…” (Pág. 215).

[11] Fueros Segundas mejores de doña Blanca. Cédula 10ª.

[12] Sancho Izquierdo dice: “…Donde estuvo en observancia el Fuero Viejo, sólo arras (se daban) llamándose así al tercio del heredamiento que el marido podía dar a la mujer…”

[13] Fueros Capítulo 11, cédula 26ª.

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