Historia de Molina de Aragón

57º La Iglesia

En el fuero se nos dice: “En el nombre de Dios et de la diuina piadat, es a saber, del Padre el del Fiio et del Spíritu Sancto, amén. Io, el conde Almerich, fallé lugar mucho antigo desierto, el qual quiero que sea poblado et ay sea Dios adorado et fielmentre rogado”[1]

Para entender estas ideas hay que tener en cuenta que la guerra iniciada por los reinos cristianos del norte se originó no solo para conquistar tierras y riquezas sino también para eliminar las creencias que establecieron los árabes. Por eso se llaman reinos cristianos. El islamismo fue considerado enemigo de la cristiandad. Los reinos del norte se valieron de esta ideología, la enemistad de religiones para atacar a los del sur y ampliar sus dominios. El rey o señor que luche y conquiste terrenos lo hace en nombre de Dios, y de él recibe el poder y dominio sobre los hombres y las cosas.

Este tema era la predicación constante en las iglesias.

La espada como evangelizadora. Todo el que quede bajo el dominio de un cristiano es también cristiano. Si alguien quiere quedar fuera de la creencia impuesta por el regente (judíos) pagará un impuesto y quedará señalado por el dedo de los creyentes. Los conocimientos y bases de la fe son los mismos que tiene quien preside, sea rey o señor. La fe o las creencias, el poder y las órdenes son de quien gobierna[2].

Concluyendo el rey y el señor, conde, etc. eran cristianos y sus súbditos habían de ser cristianos, quienes no lo fueran eran admitidos si pagaban un tributo especial, pero siempre expuestos a ser expulsados y perder sus bienes que vendrían a propiedad del rey o del señor…

Queda claro que el rey y el señor son como unos mandados de Dios y de su autoridad se revisten. El poder viene de Dios, la procedencia del poder los hacía invulnerables y ocupaban un lugar especial, sin dar cuenta de sus actos que nunca se consideraron delictivos. Este poder se hacía realidad con la bendición de la iglesia, papa, obispo o su delegado y el acto se presentaba como una coronación de reyes y emperadores y como una investidura de la nobleza y de los señores. La iglesia, por tanto, ante los gobernadores, reyes, príncipes o señores ocupaba un lugar de privilegio, potestad y hegemonía.

Siguiendo esta doctrina el conde Manrique de Lara comienza con una advocación para fortalecer su deseo y lo convierte en una orden espiritual, poseedora de todo el poder y justificación porque emana de Dios: ““En el nombre de Dios et de la diuina piadat, es a saber, del Padre el del Fiio et del Spíritu Sancto, amén” [3]

Cuanto a partir de ahora salga de su boca y sea escrito como orden recibirá el valor de ley con el beneplácito y bendición de la divinidad y por tanto queda establecido firme e inamoviblemente.

Con la misma eficacia que presenta su voluntad de que sea poblado quiere también que “…et ay  (ahí) sea Dios adorado et fielmentre rogado”. Ésta es la finalidad de las conquistas dentro del esquema religioso que justificará y le dará rango santificante.

Otra creencia entonces absolutamente asumida era la de que el hombre no podía no tener fe, porque la persona era concebida como un ser completo dotado de alma y cuerpo, y estas partes no podían separarse. El cuerpo es el que pasa hambre y muere. Pero dentro de él, inseparablemente unida, está el alma que es de Dios y para Dios, a no ser que peque y Dios la condene. El hombre por tanto o cree en Dios o le es infiel[4] porque cree en otro dios: Alá.

El hombre tiene que estar bajo la creencia y doctrina de Dios como le imponen y mandan sus gobernantes. Y si responde a las órdenes de Alá es un infiel que obedece a los gobernantes de Al-Ándalus: doblemente enemigo. Los judíos trabajadores y silenciosos pagan sus tributos especiales para continuar bajo el dominio del cristiano.

Por tanto quienes asientan su domicilio en estas tierras deben responder a este mandato de adorar a Dios y rezarle fielmente. Esto conlleva el levantamiento del edificio, el templo, en el que recogerse y aceptar la presencia de un sacerdote que dirija la oración.

Si el conde da comienzo con una advocación, significa que él tiene quien le dirija esa oración, es decir entre quienes forman su comitiva hay monjes y sacerdotes. Éstos serían los que se encargarían, junto a los nuevos pobladores, en ir formando las parroquias y dirigir la oración.

Surge la problemática de encontrar dinero para levantar los edificios y mantener a los sacerdotes.

En Sigüenza su obispo ya ha comenzado a edificar la Catedral. Y, como fieles delegados suyos, los sacerdotes también quieren un templo en sus pueblos.

[1] Fueros 2ª y 3ª cédula.

[2] Otras religiones hicieron lo mismo, me refiero sobre todo al islamismo cuyos gobiernos del estado y de la religión los posee la misma persona…

[3] Fueros de Molina encabezamiento general.

[4] Rae: “Que no profesa la fe considerada como verdadera” El concepto de infiel se equipara a no creyente, por tanto la persecución se multiplica porque quien no cree en el mismo Dios que yo es “no creyente” y debo conquistarlo o destruirlo… No puede existir nadie que sea infiel, incrédulo.

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