Historia de Molina de Aragón

58º El obispo y los clérigos de Molina

El litigio de poder territorial de la Iglesia nació cuando el emperador Constantino legalizó el cristianismo (311).

Surgen dos preguntas: ¿Qué poder tendría la Iglesia que se asentaba en Roma? ¿Los reyes, dependerían de los papas, o los papas de los reyes? En la centuria del 700 se buscó una solución creando un rescripto en el que se decía que Constantino el Grande había donado a la iglesia el poder territorial sobre una parte de Italia que llamaron Estados Pontificios. Esto dificultaba más la respuesta. Un emperador reconocía a la Iglesia como dueña de unos territorios, porque ésta tenía poder y dominio territorial como reyes.

La repuesta, no obstante, fue que era una donación para indicar subditaje, por eso Carlo Magno tiró de las riendas del caballo del Papa. Él andando como un paje o caballerizo y el papa a caballo como un poderoso señor.

Dominaba sobre emperadores y reyes porque otorgaba el poder con su imposición de manos, y los señalaba como elegidos de Dios. Pero siempre quedaban flecos por los que podían, en sus territorios, imponerse al Papa.

Como Papa, poder religioso en el mundo, para su sustento y salvaguarda cobró impuestos y los recibía por manos de los obispos, por estas razones a lo largo de los años, mantuvo choques y agresiones con los reyes e imperadores.  Quien nombraba al obispo tenía derecho y poder sobre él, sobre sus actos y sus riquezas. Por eso los reyes pretendían nombrar a los obispos, incluso colocarlos en sus sedes, para cobrar sus impuestos.

Todas estas diatribas no afectaron a nuestros reyes, o quedaron en segundo plano, empeñados como estaban en la conquista de territorios.

En nuestro caso fue el rey Alfonso VII, quien valiéndose de su poder territorial o de su propiedad sobre todos su reino y sus frutos, hace entrega de los diezmos del producto salido de Molina y su alfoz al obispo de Sigüenza don Bernardo de Agen en 1139. En algo se parece a lo antes explicado. Pero él, el obispo, había tomado la ciudad, capital diocesana, por tanto le correspondía el derecho de conquistador sobre la ciudad y su zona.

Desde el año 1139, por tanto, el obispo de Sigüenza dispone de los diezmos y de ellos pagaba al rey las tercias reales. Consecuencia de la transmisión de los diezmos.

Como señala el fuero, el conde es el dueño y propietario en el nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Obispo es por tanto su segundo en poder territorial, y si miramos el rey cedió al conde la propiedad conquistada. Por eso, así como cedió al conde la posesión de todo, -sin olvidar al rey Aragón-, ahora cede al obispo las décimas de la producción de las que se guarda las llamadas tercias reales[1]. Las relaciones de la Iglesia y el Reino, en este aspecto, son de buena voluntad y respeto conquistador.

El obispo con sus huestes, acompaña al rey en sus batallas y, como cualquier otro noble, conquista y acondiciona la capital de su diócesis y amplía el territorio. El rey acepta estos dominios y les da el título de Señores, su actividad a partir de ese momento es similar a la de cualquier noble.

Siguiendo este mismo camino el conde Manrique concede a los clérigos un apartado especial, en él comienza por exonerarlos de participar en cabalgadas y en apellido[2] “Todo clérigo que en Molina morare non vaya en apellido nin en caualgada”[3] Es decir no están obligados a acompañar las salidas rápidas ni de formar parte de grupos de guerra dependiendo de un caballero, quedan exentos de todo acto bélico. Pero es un privilegio que sólo afecta a la persona del clérigo: “Mas si el clérigo ouiere fiio o nieto en su casa que pueda yr en apellido, vaya et si non fuere, peche calonna”[4] Sus hijos o familiares quedan fuera del privilegio, es decir están obligados a seguir al conde en sus llamadas, y si no se los castiga.

Las décimas que mandó el rey, para entregar al obispo, el conde las rebaja a tercia de trigo, vino y corderos y no de otras cosas:

“Los clérigos de Molina den a su obispo tercia de pan et de vino et de corderos, et de otras cosas non den tercia”[5] Es un trato especial sobre los impuestos. De aquí podemos deducir que los clérigos poseían bienes: campos y ganados. En la Cédula de encabezado dice “Todo clérigo que en Molina morare…” con lo que queda claro que este capítulo sólo afecta a los clérigos que viven en Molina.

Han de cobrar las décimas de toda producción pero solo han de entregar las tercias de los productos señalados, de otros productos, diezmos menores, quedan para su provecho.

Tampoco han de desplazarse para las reuniones, sino que el obispo es quien debe acudir a Molina para reunirlos. Repasando los libros de Minguella encuentro que en las convocatorias que hacen los obispos primeros de Sigüenza, ninguno llama a los de Molina.

“Los clérigos de Molina non uayan a cabildo a ninguna tierra, mas ayan concilio en su cibdat con su obispo”[6]

En caso de ser denunciados buscarán quienes los avalen y con esto se presentarán ante el cabildo de Molina, adonde acudirá el obispo. Será por tanto juzgado por ellos, por el cabildo de Molina. Y si es apresado será su obispo quien lo juzgue “Todo clérigo que fuere preso por algún caso, sea judgado por mano de su obispo”[7]

Los clérigos que tuvieren hijos, hemos visto que acudirán a la guerra, serán sus herederos, pero si no los tuvieren serán heredados por los parientes. “Todo clérigo de Molina que ouiere fiios sean herederos et si filos non ouiere, hereden sus parientes”[8]

También como todo habitante de Molina recibirán su parte de sal gratuita al año.

El clero de Molina forma un núcleo típico y privilegiado, unido a la tierra y a la ciudad, con una relación característica con la diócesis, como si formaran una iglesia territorial.

Cuando 1353 veremos que se consideran una cofradía de clérigos y por tanto exentos de pago, con esa declaración no hacen sino acogerse a estos privilegios[9].

[1] En Roma se está discutiendo la supremacía del Papa sobre el rey. Quién elige a los obispos, el rey en cuyos territorios han de ejercer su ministerio o el papa de Roma que no gobierna allí; éste fue, en resumen, el litigio entre el papa Gregorio VII y Enrique IV emperador de Alemania, años 1075-1122. Los valores espirituales y temporales emanados de Dios se encuentran en manos del Papa, sobre el rey. El encontronazo entre Bonifacio VIII y el rey Felipe el Hermoso de Francia da origen a que los papas elegidos posteriormente se busquen la residencia en Aviñón en el año 1305.

[2] Drae en cuarta acepción: m. en desuso. Convocación, llamamiento de guerra. En 5ª acepción: m. desuso. Hueste reunida por este llamamiento. Y en 6ª acepción: m. desuso. Seña que se daba a los soldados para que se aprestasen a tomar las armas.

[3] Fuero. Capítulo 10 Cédula introductoria.

[4] Fuero. Capítulo 10 cédula introductoria.

[5] Fuero. Capítulo 10 Cédula 1ª.

[6] Fueros. Capítulo 10, cédula 2ª.

[7] Fueros. Capítulo 10º, cédula 8ª.

[8] Fueros Capítulo 10 cédula 5ª.

[9] Capítulo 67º Año 1353 Los templos.

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