Historia de Molina de Aragón

60º La realización de los trabajos

Las herramientas para la agricultura son las de siempre, la azada y el arado de madera, con la reja de hierro. La reja es un aguijón en forma de triángulo puntiagudo.

Hasta que no se ideó el barrón, un cuadradillo metálico largo y puntiagudo que sobresalía unos centímetros sobre la reja y hendía la tierra, las labores eran someras, y las tierras de labor exigían más tiempos de descanso para producir. El barrón se aguzaba en las fraguas tantas veces como fuera necesario y así facilitaba la entrada en la tierra para obtener una profundización con menos esfuerzo de tiro y, por tanto, proporcionaba más mantillo, cosa que no ocurría con solo la reja triangular.

El arado de madera se debía reparar al menos una vez al año y si el terreno era pedregoso la cama que arrastra sobre el fondo del surco y lo abre, aún más veces. Esto llevaba a que el herrero también dominase la madera, ya que su trabajo también fue reparar los arados, los timones y los yugos. Como veremos más adelante en Molina había varias fraguas, necesarias para los herrajes para puertas, clavos, herraduras para los caballos, etc.

Las tierras de labor no eran precisamente las más húmedas y con mayor humus, éstas las dedicaban al ganado, vacas donde las había y si no para las ovejas estantes o zurcas y para mantener a los caballos y animales de labor cuando no se empleaban en sus trabajos. Así ahorraban en piensos.

La recolección se hacía con la hoz y el trillo (así se representa en el pórtico románico de la iglesia de Beleña de Sorbe, allí es tirado por bueyes, así como el arado). Debería afirmar que las labores se hacían con bueyes, porque en la mayoría de los dibujos o bajorrelieves medievales así nos los enseñan. Y en los fueros nos dice: “Todo vezino de Molina que ouiere dos yuntas de bueyes con su heredat… Qui ouiere vna yunta de bueyes con su heredat…”[1] Con bueyes trabajaban la tierra; animales lentos, pero seguros en el esfuerzo del tiro. Mejorarían estos trabajos con las caballerías, las mulas, más rápidas en el andar y con los adelantos del barrón incorporado al arado moverían más superficie en el mismo tiempo y por tanto la producción crecería, pero para estas mejoras aún habría que esperar algún siglo.

Las herramientas del pastor eran entonces las mismas que soempre se han usado, la honda para tirar piedras, el cayado o la garrota, el zurrón o morral, el capote (sagum), y las polainas que en cada época respondió a la manera de vestir. El calzado, diríamos que consistía en unas abarcas de cuero[2], unos pedugos y unos pellejos de cordero con la lana hacia dentro o el pelo si eran pellejos de cabrito, que doblados adecuadamente cubrían el pie y en la época de lluvia y de nieve escurrían sin dejar que el agua penetrara.

Las pieles que utilizaban los pastores para vestir, zamarras, chalecos y pellizas eran confeccionados por ellos mismos con las pieles curtidas de sus propios ganados.

A los pastores que hacían la trashumancia, los ganaderos les permitían llevar unas ovejas de su propiedad, con ello conseguían dos cosas, una mayor dedicación o cuidado del ganado (ésta era la visión del ganadero) y a su vez los pastores, los “esclavos”, se sentían con un mejor concepto de sí mismos, olvidando su esclavitud o servilismo.

En la agricultura también utilizaban este sistema de concederles en renta alguna finca para comprobar su hacer y así poder exigirles más cuando trabajaban para ellos[3].

La riqueza para las gentes consistía en tener la despensa con algún alimento y pasar el menor hambre posible. Supervivencia sin más.

Únicamente los ganaderos podían ganar con el comercio de la lana valiéndose del Concejo de la Mesta[4], con las pieles y con la carne de los corderos.

La agricultura, ya hemos enumerado los productos, daba para alimentarse escasamente. Volvemos a la obligación del trabajo para sobrevivir, sin él no habría producto en la finca. Es decir que si cultivo cualquier trozo de tierra, algo producirá, pero si no la trabajo nada rinde, con lo que al trabajo no le daban ninguna valoración monetaria, y sí a la tierra fuera mucho o poco su rendimiento. Y para redondear este pensamiento repito que la ganadería producía más que el cereal y por eso la cuidaban con mayor esmero: carne, leche, lana y corderos.

En algún momento he hablado del excedente de personas dispuestas para el pillaje o enrolarse al ejército. Esto del sobrante o exceso de población es muy relativo, todo dependía de la producción y de la comida que regía la supervivencia. A pesar de la problemática expresada para la repoblación no hay todavía exceso de personas. Entre la explotación agraria y la ganadera, además de la construcción de templos y viviendas, hay trabajo para todos. La mortandad era otra reguladora muy importante de la vida.

El conde Manrique impone la obligación de formar parte de sus huestes a quienes tienen unas determinadas posesiones, no a quienes voluntariamente quisieran enrolarse o quedaran sin nada que hacer. Todavía no sobra nadie.

Estas conclusiones aún son más reales si se tiene en cuenta el problema de mortandad en los recién nacidos y las enfermedades cuyos remedios se desconocían. Además la dentadura era una medida de vida definitiva, su pérdida acortaba el alimento. La vida media era muy corta.

[1] Fueros Capítulo 11 cédulas 6ª.

[2] Los curtidores, los zapateros y guarnicioneros conocían cómo la piel de los animales se estiraba y encogía o siempre permanecía con la misma tersura según qué parte del cuerpo cubría, por ejemplo la tripa estiraba y encogía cuando engordaban o adelgazaban y tenía un poder elástico para correas y capillos del calzado, el cuello y ancas apenas si se deformaban por el engorde y ésta era la mejor para suelas.

[3] No olvidemos el comportamiento de los propietarios de las villas en la época romana entregando posesiones y formando colonias con los esclavos, para sacar un mejor rendimiento.

[4] Los ganaderos de la extremadura, la región que quedó entre los reinos del norte y del sur, la región entre el Duero (extremo al Duero) hasta el Tajo tenían formado su costumbrismo o normativa para en caso de que dos ganados se juntase o se perdiesen algunas ovejas, poder recuperarlas y devolverlas al dueño, además de esto ya tenían sus sistemas de venta y transporte de lanas. El llamado Honrado Concejo de la Mesta de Pastores.

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