Historia de Molina de Aragón

62º El ejército o las mesnadas del Conde

El conde Manrique, y con mayor razón si sus posesiones están en la frontera, necesita caballeros y tropas que defiendan su ciudad y sus tierras y que lo acompañen en sus gestas. Él es ante todo conde[1], es decir acompañante del rey, por tanto debía estar siempre dispuesto a responder a las obligaciones que este compromiso conllevaba, para eso necesitaba tropas.

Ya he hablado algo de los excedentes juveniles que pudieran estar dispuestos a militarizarse, pero en estos momentos se trataba de repoblar y explotar la tierra y no había gente prescindible. El conde necesita unas tropas formadas no con mercenarios sino con súbditos, quiénes mejor que los pobladores imponiéndoles la obligación de súbditos, como él hacia el rey.

El Conde debía tener disponibles unas tropas que lo acompañaran siempre que fuera necesario, para eso tenía que saber con quiénes contaba y qué armas poseían, por tanto legisló quiénes habían de contraer esa obligación y cómo debían responder.

Para ello dispuso que: “Do a uos en fuero que el uezino de Molina que cauallo et armas de fuste et de fierro… touiere, non peche ninguna cosa”[2] En este caso solo con ser de Molina y poseer caballo y armas quedaba exento de tributar pero a cambio estaba obligado a defender Molina.

Molina ciudad estaba deshabitada, sin soldados que la defendieran, de esta manera el Conde se prepara un ejército que lo secundara y que ocupara el castillo manteniendo en la ciudad el poder y la fuerza. Tal vez de este fuero saliera el nombre de los Caballeros: Molina de los caballeros. ¿Quién no querría evitarse pagar los impuestos? En Molina todos se esforzarían en tener caballo y armas, además la oferta de botín en las incursiones con un señor tan próximo al rey estaba asegurada. Otro punto que ya trataremos es el de que la ciudad llena de estos caballeros y los gobernantes era un punto importante de comercio para que las aldeas pudieran vender sus productos o sus excedentes.

Si se abastecían de caballo y armas, ellos mismos podían entrenarse, experimentar y prepararse, es decir amaestrarse en el uso de las mismas.

Pero no queda todo aquí, necesita más mesnadas para engrandecer su milicia y tener prestas unas tropas para, en cualquier momento, defenderse y batallar en los reinos taifas de Al-Ándalus.

Para ello impone a sus súbditos la obligación de estar prestos para cualquier provocación, o para responder a su llamada. Por eso dispone que: “Todo vezino de Molina que ouiere dos yuntas de bueyes con su heredat et cient oueias tenga cauallo de siella. Si non ouiere ganado et ouiere heredat que uala mili mancales tenga cauallo de siella. Qui ouiere vna yunta de bueyes con su heredat et cincuenta oueias tenga cauallo qual pudiere.”[3] Por si dudasen quienes debían ser caballeros, y disponibles para militar, lo explica y concreta. Como vemos es una selección por riqueza, la élite digamos.

Los poseedores de determinadas riquezas deberán tener caballo de silla, es decir caballo dispuesto para montar en combate, los que en cambio no alcancen esa determinada riqueza deben poseer caballo simplemente “tenga cavallo qual pudiere”. Las armas se las entregarán en su momento, o quizá se le requisaría el caballo, estas cosas no se explican, pero si hubiera necesidad de caballos, con esta orden ya tiene donde echar mano. Aunque ya leímos que debían tener armas de fuste y de hierro[4].

¿Pero cómo deben formar y a quién deben seguir para formar la hueste?

De una manera negativa, como si ya hubiese habido una acción que infringiese las normas declara: “Ninguno non traya otra sennal sinon la del conde o del conceio et todos aquel guarden et sean et anden.”[5] Deben portar las enseñas del Conde como señal de obediencia, acatamiento y seguimiento. O la del concejo al que pertenecen.

“El cauallero que non fuere en apellido peche cinco mencales. Et si fuere et non leuare lança et escudo peche cinco mencales”[6] En las cédulas anteriores se hablaba de quiénes debían tener caballo preparado y llevar la enseña del conde o la del concejo, por tanto ya tienen el apellido y además con lanza y escudo, pero podía darse que alguno no respetase esta orden ni la quisiera cumplir por eso debería pagar una multa de cinco mencales, y si no aporta las armas correspondientes otros cinco.[7]

“El peón que non fuere en apellido peche dos mencales et medio. Et si fuere et non leuare lança o azcona[8] peche dos mencales et medio”[9] De esta cédula podemos sacar dos conclusiones la primera es la que directamente apunta a los peones que no quieran seguir la enseña del conde o del concejo, éstos deben pagar la multa de dos mencales y medio, y si no lleva las armas de peón otros dos y medio.

La segunda es la presencia de peones, es decir la infantería, que también debe integrarse en su cuadrilla y llevar armas. Aquí ocurre lo mismo, debe ir en su grupo o el del concejo.

Queda clara la obligación de todos los molineses, incluidos los de las aldeas, de estar dispuestos como personas y con armas para seguir al conde en caso de emprender hazañas bélicas. Este compromiso respecto al conde lo deberíamos llamar fonsadera, que es una de las obligaciones que los nobles tenían respecto al rey, o por mejor decir una de las cuatro cosas reservada al rey: la justicia suprema, la moneda forera, la fonsadera y los “suos yantares”[10] Una vez leídos los fueros, excepto la moneda que dependía del rey aunque se utilizaba indistintamente la de los reinos cristianos y la de los árabes, todos los demás parece que se los apropió el conde.

De alguna manera ya hemos hablado de la conquista de Cuenca[11], donde acudieron los molineses a las órdenes del conde y así siguieron, acompañando a los condes en sus compromisos bien fueran programados por él o para atender y acompañar al rey en sus conquistas.

[1] Conde proviene del latín “comite”, acompañante, en latín se usaba para indicar la proximidad a los generales y a los potentados. Además fue educador y cuidador de Alfonso VIII.

[2] Fueros Encabezamientos cédula 4ª.

[3] Fueros Capítulo 11 cédulas 6ª.

[4] Fueros Encabezamientos cédula 4ª.

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 22ª.

[6] Fueros Capítulo 11 cédula 23ª.

[7] De estas cédulas, ésta y la siguiente podríamos deducir que el conde tiene con respecto a sus súbditos el derecho llamado de fonsadera, como él la tiene respecto al rey, la disposición obligada de acudir siempre que sean llamados: en caso de necesidad bélica o por cualquiera otra causa.

[8] La lanza recibe ambos nombres. No tiene una característica que las distinga: lanza o azcona. Según la Wkipedia azcón y azcona es nombre que coincide con el dado en vascuence.

[9] Fueros capítulo 11 cédula 24ª.

[10] “El fuero de Molina de Aragón” Miguel Sancho Izquierdo. pag 173.

[11] Está tratada el el apartado: La vida de los pobladores.

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