Historia de Molina de Aragón

66º Los templo y su edificación

Los sacerdotes y por supuesto las gentes deseaban tener un lugar de reunión para hacer la oración como ya ocurría en los lugares de donde procedían los repobladores, la España en manos de cristianos, y porque no habían de ser menos que los árabes con sus mezquitas y los judíos con sus sinagogas.

Pero la construcción de estos templos, ¿la pagaron ellos o habría aportación del obispado?

El primer obispo de la diócesis de Sigüenza en la conquista fue don Bernardo de Agen[1] consagrado obispo en 1121, entró en la ciudad en 1124 donde residió hasta su muerte en 1152. Dice el historiador Toribio Minguella[2] que inmediatamente comenzó a edificar la catedral[3]. Recibió ayudas de los distintos reyes castellanos bien en moneda, bien en cesión de impuestos de salinas, molinos, etc., y también utilizó los diezmos recibidos de las parroquias.

El obispo Bernardo de Agen, franco de procedencia, traería de allí sus conocimientos y su concepción del templo, y comenzando por la catedral y los que fue edificando en Sigüenza daría normas y estas normas correrían por la diócesis. Además de él, los acompañantes del Conde que procedían de tierras de allende los pirineos, como doña Ermesenda, o de tierras del norte cristiano portarían los mismos conocimientos y experiencias.

Dice don Antonio Herrera Casado[4] que los acompañantes de don Manrique de Lara traerían sus afanes culturales, y tiene razón porque los monjes y clérigos que le acompañaban portarían su acerbo cultural.

Pero lo más importante era la manera de construir que habían optado, el tipo de arquitectura entonces más extendida y que hoy llamamos románico, con piedra y adornos de cantería.

Visto todo esto entendemos que el obispo dedicaría todos sus ingresos en la Catedral y que escatimaría todo lo que pudiera en ayudas a los templos de las aldeas, además en Molina también se estaban edificando algunos templos. No olvidemos que según los fueros el clero era un tanto independiente.

Por lo cual me siento obligado a deducir que las aldeas tendrían que apañarse con sus respetivos párrocos, bien con mano de obra en peonadas o con ayudas económicas para pagar a los albañiles y picapedreros.

No olvidemos las donaciones de quienes volvían de la guerra. ¿Recordáis aquella obligación de retirar la quinta parte antes de cumplir las promesas incluso religiosas: “…y si alguna cosa dieren por amor de Dios, non den dende quinto…”[5]? Entendamos que antes de acudir a filas algunos pudieron hacer promesas a Dios…, y después, al volver, se sentirían obligados a responder con sus limosnas. Cada uno comprometió la advocación del santo de su aldea y el templo en que se va a venerar, por eso y para eso ofreció sufragios si volvía con bien…, así podemos entender que una parte del botín lo destinarían a ese templo.

Pero tampoco hemos de olvidar que los monasterios y la capital de la diócesis prestaban la sabiduría de sus obras, arquitectura y trabajos, ya que eran el centro de los oficios y profesiones necesarias para la edificación de la catedral.

Los peregrinos y mendicantes de aquella época también llevaban y traían leyendas y costumbres. Los albañiles y picapedreros formaban parte de estas comitivas itinerantes en busca de trabajo.

Cuando expongamos la relación de las parroquias que podían mantener a un sacerdote -año 1353- aparecerá de nuevo esta problemática de la edificación.

[1] Pueblo de la Aquitania que entonces pertenecía al reino de Aragón.

[2] “Historia de la diócesis de Sigüenza” Madrid 1910.

[3] Catedral tiene la misma raíz latina que cátedra y se edificaba para que en ella el obispo predicara, en definitiva enseñara. Por eso en ella se comenzaron las escuelas de teología. Además se pensaban como edificios duraderos, eternos casi, como el Dios de quien se predicaba.

[4] Antonio Herrera Casado: “Molina de Aragón: veinte siglos de historia” “…Por parte de estas gentes, que llegaron a Castilla acompañados de su corte, sus sabios y sus clérigos, entró en nuestra tierra un soplo cultural de nuevo corte que cuajaría aquí en formas varias. El arte románico seguntino y molinés, de clara ascendencia gala; fundaciones de monasterios, de cabildos, etc. Así los cuatro primeros obispos de Sigüenza fueron franceses, aquitanos y narboneses por más señas. Y francos los canónigos regulares de San Agustín que se establecieron en Buenafuente, en el Campillo de Zaorejas, en la Hoz de Corduente, en Sigüenza, en Atienza y en Albendiego. Murió don Manrique en 1164, haciendo la campaña de Huete: junto a Garcí-Naharro, en un cruel enfrentamiento con su secular enemigo, el jefe de la familia de los Castro” (Pág 52).

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 19ª.

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