Historia de Molina de Aragón

67º Algo más sobre los templos

Ahora prescindo de los templos de Molina, de sus monasterios y santuarios, y me ocupo sólo de las aldeas.

La primera incursión de Alfonso llegó a Milmarcos, Guisema, Anchuela[1] que formaron parte de Calatayud. Quizás los límites fueran Tortuera, Torrubia y Turmiel, siguiendo la normativa toponímica, y por el otro lado en río Mesa, formando un pico de lanza que comprendería Milmarcos, Fuentelsaz, Guisema, Labros, Hinojosa , Concha (Tartanedo queda un poco desplazado, pero podría estar también dentro) y Anchuela,  por lo que pertenecieron a la villa de Calatayud al menos hasta que el conde Manrique los poseyera, instituyendo el señorío de Molina en sus dimensiones con el beneplácito de los reyes de Castilla y Aragón[2].

Me llama la atención que en este entorno se encuentren las tres portadas románicas más significativas. No quiero apuntar a la influencia del Monasterio de Piedra, al que según los fueros se le dio un trato especial favoreciéndolo con la eliminación de portazgo, ni señalar desde éste monasterio el camino de acceso a Molina o a Buenafuente. Ni he encontrado documento que acredite el camino al monasterio de Huerta. Pero me sorprenden el pórtico de Labros y la construcción de Santa Catalina, así como el pórtico de Tartanedo.

Exceptuando el de Santa Catalina que se conserva en las mismas dimensiones, los otros dos nos prestan un testimonio muy apreciable, ya que posteriormente fueron ampliados, e incluso fue alterada la orientación de su nave.

Hablando de los capiteles de Labros, lo primero a tener en cuenta es cuál sería la fantasía y cual la realidad del picapedrero. En la concepción de la vida, qué interpretación darían a los elementos que los adornan o qué sentido y significado querrían mostrar. Los animales desconocidos, hasta dónde les impresionarían y qué valor fabuloso o mítico despertarían en los que los contemplasen. Si pudiéramos contestar a esto habríamos corrido un gran camino. Pero vayamos por partes:

Los capiteles con figuras: el primero de la izquierda que podría ser una implicación caballeresca en la guerra contra el infiel estamos en la época de las cruzadas a tierra santa: la lectura más popular fue esta del caballero, en 1149 estaba en plena predicación o convocatoria de expansión del cristianismo y conquista de territorio. En la segunda lectura se ve a un león en lucha con un personaje, e implica la fortaleza de Sansón para vencer al león[3], la iglesia -Sansón- vence al enemigo –león-. Pues bien la fortaleza como virtud estaba involucrada en los cabellos y barba de Sansón, de tal manera que, en aquellas épocas, para adquirir la virtud de la fortaleza se hacían promesas de dejarse crecer barba y cabello como hacía él. Esta imagen se ve en la cara que mira al exterior. En la otra cara del mismo capitel, orientada a la puerta de entrada, aparece una arpía o una sirena con forma de pájaro. En el mismo capitel aparecen dos escenas.

El capitel de cestería, interior de la izquierda, despierta una magnífica visión no solo por ser de tres mimbres los que se trenzan sino por la defectuosa acomodación a la piedra en que fue labrada, por eso podemos deducir como picapedrero a un cantero novato pero con dominio del cincel, algunos quieren leer la obra de un árabe o de un judío -no imagen, sólo símbolo-. No me extiendo en los significados que una cesta podría representar.

Al otro lado, nuestro derecho al entrar, el capitel más próximo a la entrada presenta un bestiario alado con cuatro arpías o sirenas pájaro con rostros humanos, implican lo que habría que dejar fuera del templo: el canto diabólico con sus inclinaciones y atractivos. Se presentan cuatro, la interpretación puede variar, llamando trasgos a los que aparecen en segundo término y como adosados a la espalda de las primeras arpías, duendes, brujas o encantadoras; era admitido como un dolor el castigo del infierno donde estos seres fantásticos dominaban y agredían a las almas de los condenados. Acostumbrados a ver pájaros y escuchar sus trinos, a saber que los buitres despedazaban a sus animales muertos y las águilas amenazantes merodeando a sus ganados, ¿qué despertarían en ellos esos animales exóticos y extraños? Ellos no conocían la mitología ni habían visto los dibujos de animales extravagantes que aparecían en los animalia, ni las interpretaciones que los santos padres hacían de estos seres inexistentes pero posibles. ¿Sería miedo, sueños de terror? ¿Animales infernales que los atacarían sin piedad en la otra vida, o animales cantores cuya atracción los ensimismaría y por ello olvidarían la vida de oración? Era costumbre obligada la de enterrar a sus muertos para que los animales y aves no los despedazaran.

Cualquiera de estas inclinaciones significaba que todo comportamiento no acorde con la doctrina de la iglesia, había que abandonarlo. La oración era la única manera de superar estas posibles situaciones. Y sólo la seriedad lo conseguía.

El capitel robado, podría implicar la prohibición de entrar al templo a quienes estuvieran atacados por el pecado o dominados por él[4], la figura que aparecía en primer y principal término era la de un varón es postura similar a la que aparece en los tres canecillos de Albalate[5], donde se representa a tres personas masturbándose, en éste de Labros las manos que llegarían al bajo vientre habían sido rotas, por lo que la actuación de las manos queda sin finalidad. Los animales que se le adosan a derecha e izquierda son representación de animales, el de la izquierda perro o similar, que nos indicaría la zoofilia y por el otro una serpiente o similar como símbolo de la homosexualidad. Los tres pecados reservados al obispo. (A lo largo de la Baja Edad Media se produjo una cierta tolerancia sexual, exceptuando los actos llamados entonces contra natura por perder su finalidad que era la procreación, es decir la zoofilia, la masturbación y la homosexualidad que eran pecados reservados al obispo)

Se encuentran en el pórtico a plena vista, manifestándose a los que entran. Adornando la puerta a cuyo exterior se debe renunciar al demonio, a sus pompas y sus obras, para pasar esta puerta a recibir el bautismo. El mismo lugar donde las parejas, antes de entrar se comprometen a guardarse fidelidad y convivencia, después pasan adentro. Donde las mujeres a los cuarenta días de haber dado a luz recibían la bendición del sacerdote y sólo después podían acceder al interior del templo; la necesidad de nacimientos para repoblar, no evita el pensamiento de la iglesia de purificar a la mujer después del parto. Como una recuperación o pago de una deuda contraída por las palabras del paraíso, parirás con dolor.

Con este pensamiento contemplarían los adornos que engalanaban la puerta de entrada a la iglesia. Era una puerta muy distinta y lejana a la de cada casa vecinal. La entrada a la casa de Dios, era única y distinta, era la entrada a la salvación, y por tanto grandiosa y espectacular. Y este acceso manifestaba e imponía a los que se acercaban el acatamiento a la ley de Dios y la limpieza del pecado.

Primer capitel: Sabedores de la guerra que se estaba librando contra el infiel, tienen que ser conocedores de que ellos mismos debían pelear para redimirse del mal que estaba en su misma vida, y para ello allegar la fortaleza necesaria..

Segundo capitel: Que la cestilla o arca de la iglesia se debía llenar.

Tercer capitel: Que el infierno estaba amenazante y cercano con el canto de los pájaros convertidos en sirenas. Y que el mal del infierno como aves de rapiña despedaza a los condenados.

Cuarto capitel: Que la población era escasa y no se debía desperdiciar la semilla en ninguna de las posibilidades lascivas que presentaba la vida.

Ésta sería, me atrevo a decir, resumiendo, la interpretación que harían deduciéndola de la situación que vivían y de las predicaciones y obligaciones que les imponían.

Falta algo y es la solidez con que se edificaron estos templos. Nos dan idea de perdurabilidad como la vida eterna de la que se hacían merecedores con la oración en y la fe que se predicaba.

[1] Jerónimo Zurita: la conquista de Calatayud y sus tierras fueron conquistadas en 1120, en que puso un gran empeño en poblarlas, en 1131 dio el fuero a Calatayud y nombra como pertenecientes a sus tierras a Guisema, Milmarcos y Anchuela. Anales de Aragón, Jerónimo Zurita, Libro I, capítulo 45 “…Anchol (que agora se llama Anchuel y está en el reino de Castilla y es de la tierra de Molina), y Milmarcos, Guisema,…”

[2] Recuérdense los capítulos 27 y 28 de esta misma historia.

[3] Más bien correspondería a la fortaleza de los poderosos, reyes avasalladores, que se adornaban con su larga pelambrera, la crin como los caballos y leones para indicar su poderío, es decir como Sansón con su cabello que, al perderlo, se convertía en persona normal, sin la virtud de la fortaleza.

[4] Al parecer haciendo lectura un poco atrevida diría que implican los tres pecados reservados al obispo: sodomía, masturbación y bestialismo. Así lo presento y explico.

[5] Ermita románica de Nuestra Señora de Cubillas en Albalate de Zorita, Guadalajara.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Primavera. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s