Historia de Molina de Aragón

68º Más sobre capiteles

Hablando del pórtico de Labros he indicado que la enseñanza se debía adaptar a la mentalidad, a los trabajos y a las necesidades de la época, y sugerir con las imágenes las normas y preceptos a conocer y vivir. Si se hiciera de otra forma, estarían tan desasistidos en la interpretación como nosotros.

Otra cosa que no debemos pasar por alto es que allí, a las puertas del templo, se reunía el concejo y la asamblea de la aldea. La puerta era más importante que en nuestros tiempos, era la separación de lo que ocurría fuera y lo que dentro se predicaba y oraba.

Santa Catalina, en el término de Hinojosa, se conserva tal y como se edificó, restaurados los porches que en otros tiempos estuvieron cegados y habilitados, con chimenea, para cobijo de peregrinos, mendigos y de los que acudieran en rogativas el día de su fiesta.

El románico que contemplamos en su pórtico y columnas es diferente al de Labros, me atrevo a decir que no fueron los mismos canteros. Son de adornos vegetales, por tanto sólo pretenden decorar, no enseñar. La aldea se llamaba Torralbilla, un topónimo de torre y de blanca, alba. Una aldea importante si rearamos en el pórtico como lugar de reuniones.

Pero sí queremos señalar su importancia por los adornos de los canecillos de los aleros del ábside. Allí se presentan imágenes que pueden interpretarse como actos comunes, el cubilete del agua, el barril del vino, el acto marital (volvemos a la escasez de habitantes), las caras mostrencas, el sol con rostro, los roleos de adorno, las aves sirenas o trasgos de los que no se definen los rostro. Los canecillos se ven con menos detalle por la distancia y la altura.

Los capiteles interiores de santa Catalina, obra del cantero Petrus, es un bestiario alado que nos presenta en la cara central a dos trasgos y en la cara que mira al ábside una sirena pájaro y por donde mira hacia los fieles unas hojas hinchadas. Una característica casi única es que aparezca en el interior. El otro es un floreado dignísimo. Son de especial atractivo por lo bien conservados que se encuentran.

Una joya, ya desaparecido el pueblo de Torralbilla, entre sabinas. Aunque Milmarcos la requiriera Hinojosa la hizo suya.

El pórtico de Tartanedo, también merece tenerse en consideración, sobre todo por el capitel de la izquierda donde aparece una cabeza mostrenca con la boca forzadamente abierta, enseñando los dientes, la lengua fuera, unos ojos saltones y unas orejas puntiagudas. Es como si en una carcajada extraña quisiera burlarse de quienes pretendieran entrar… Qué susto, qué miedo, querrían expresar con esta extraña figura, el pavor al infierno que esperaba a quienes entraran con malas intenciones como si sólo al exterior del templo estuviera el mal. Por eso está mirando a quienes acudieran para que se abstuvieran de entrar si no cumplían como buenos cristianos.

Una boca enorme con dientes de gula, una lengua larga de insolencia, unos ojos saltones por la visión inmunda, unas orejas puntiagudas de oír lo no debido y una sonrisa de ironía y sarcasmo. Casi los pecados de los sentidos… ¿Qué mejor imagen del enemigo?

Los demás capiteles son vegetales.

El abocinamiento de los pórticos les da la categoría más atractiva, acogiendo con brazos abiertos y protectores centrando hacia la puerta; el arco de medio punto con arquivoltas se apoya en columnillas que van retrotrayéndose hasta indicar el objetivo, la entrada. Para los que acceden presenta la grandiosidad del lugar cuyo acceso presiden y la limpieza espiritual de quienes se acercan. Mirando desde dentro, los que salen ven las paredes lisas y sin adornos, afuera está el mundo normal, corriente, de enfermedades y trabajos, no necesita predisponer a nadie para salir. Todos lo conocen porque viven en él.

En Torrubia en el pórtico sencillo sin abocinar, hay una muestra de románico en un capitel encastrado en la pared. En Rueda el románico de su portada presenta los capiteles vegetales terminados en volutas como algunos de la galería de Santa Catalina.

Por ser de estilo y por poderse datar de la misma época es por lo que les he dedicado estas palabras.

En los demás pueblos indudablemente también se iniciaría la construcción de los templos.

Los canteros como después los artistas, escultores, pintores, etc., son personas itinerantes en busca de trabajo. Aunque en la capital de la diócesis hubiese canteros y todo tipo de artesanos necesarios para estos menesteres, estaban muy comprometidos en la construcción de la catedral, aunque en las épocas de penuria económica en que quedaran sin trabajo en la catedral, aprovecharían para trabajar donde pudieran.

Por eso pienso que en un espacio tan reducido, sobre todo Santa Catalina, Labros, Tartanedo y Rueda, sin olvidar el capitel de Torrubia, podrían beneficiarse de los mismos canteros y albañiles en la construcción de estos sus primeros templos.

¿No es llamativa esta secuencia de templos como si indicaran un camino hacia alguna parte? Rueda, Torrubia, Tartanedo, Labros, Santa Catalina… ¿Peregrinos de levante a Santiago? ¿Camino de Molina a Santa María de Huerta y al Monasterio de Piedra?[1] ¿O tal vez el centro del triángulo de Buenafuente, Santa María y el monasterio de Piedra?

[1] La relación de los condes de Molina y el Monasterio de Huerta aparece en varios documentos en que estos reciben donaciones de los Condes. El Monasterio de Piedra también se encuentra entre los favorecidos del Conde dispensándolo de portazgo. (Molina. Reino Taifa… Pedro Pérez Fuertes. 1989. Apéndice Documental).

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