Historia de Molina de Aragón

70º Las gentes de Molina, las religiones

Las tres religiones, en las aldeas pequeñas, no se notaban. Las relaciones entre ellos eran de igual a igual, originadas por los trabajos del campo y el cuidado de los ganados. Si el trabajo era el mismo no se diferenciarían unos de otros en atuendos ni costumbres ni siquiera se apuntarían con el dedo por las distintas creencias. La colaboración en sus necesidades anulaba las rivalidades. Solo en la soledad de sus casas rezarían distinto.

La obligación de seguir al Conde en las campañas les exigía estar siempre disponibles. He de decir que estas contiendas eran frecuentes y según con qué señores, fueron continuas.

Estos mesnaderos traían de sus campañas, no solo bienes materiales sino también algún prisionero que les servía de siervo y según sus aptitudes actuarían de artesano, de pastor o de labriego o de todo a la vez. En las casas de grandes posesiones se habría de buscar administrador y siervos, y en estos casos se señalaría al administrador sobre los siervos, pero estos siervos, como he dicho, no se diferenciarían demasiado de los otros campesinos o pastores de la aldea.

Es en la ciudad, en Molina, y en aldeas grandes donde esta realidad de las tres religiones se apreciaba. En ella existía la judería, donde vivían administradores y menestrales. Éstos tenían que pagar un impuesto especial por ser judíos. “…mando a vos el cabildo de los clérigos de Molina, mil maravedíes por cada año para aniversarios et vos los mando dar por el día de San Miguel de Setiembre del pecho de los judíos de Molina…”[1] En otra fecha leemos que, al retrasarse en el pago de estos impuestos, los clérigos de Molina que habían de cobrarlos se quejan y doña María ordena que “…prenda a los judíos y los encierre y no les den de comer ni de beber hasta que os den estos mil maravedíes. En estas Cortes también dispone Doña María que se cobren los tributos que paga la aljama molinesa.”[2]

Aunque estamos hablando de la época de los fueros 1154, este hecho narrado ocurrió en 1297, pero ilustra que aunque convivían sin problemas la exigencia era muy severa.

Respecto a que pagaban un canon o impuesto especial nos lo aclara diciendo que este dinero para aniversarios saldría de los pechos de los judíos.

Este tema lo veremos cuando la aljama judía de Molina pida al rey de Aragón algunos privilegios, entre estos privilegios no piden liberarse del impuesto, sino que lo dan por hecho y lo aceptan, aunque piden que ese dinero no vaya a parar al convento de san Francisco, sino a las arcas reales o adonde el rey considere[3]. De esto podemos deducir que el trato no era igual para las tres religiones. Además la crudeza con que se exige el pago es inhumana, “sin comer ni beber hasta que os den estos mil maravedíes”[4]

Como los demás molineses, los de Molina ciudad, estarían exentos del impuesto del señor Conde, pero tenían éste otro, digamos que para sus actividades religiosas, y que era aleatorio y a gusto del Conde, además de proveer para el mantenimiento de las murallas como todo vecino de Molina. Los cristianos también tenían su impuesto directo para la iglesia, los diezmos: impuesto religioso.

De la aljama mora diremos que estaba compuesta de los moros prisioneros que de alguna manera encontraban una pequeña libertad o reconocimiento o tal vez porque no cabían en la casa de quienes los habían conseguido y dejaban que vivieran en un barrio propio desde el que acudirían diariamente a cumplir sus trabajos.

Los trabajos de los moros son más serviles que los de los judíos. Realizan las tareas más duras: huertos, labores en fincas, pastoreo y las necesarias dentro de las casas, limpiezas, cocina, lavar, etc. Lo que, en otros tiempos, fue el trabajo de los llamados criados y criadas.

Con el tiempo algunos fueron creando su autonomía aunque otros continuaran bajo el dominio de los amos, con trabajos y sueldo, cuando lo había y pagaba el dueño, o si no mendigando, es decir sobreviviendo como buenamente podían, la edad los llevaba a esta situación.

Las tres religiones vivieron juntas pero no revueltas ni igual tratadas.

Como vemos, privilegiada la cristiana, sometida la judía y servil la mora.

Los señores y amos, caballeros, se dedicaban a otros asuntos, disponibilidad para la guerra, justicias, alcaldes de los castillos, administradores, sacerdotes, clérigos, religiosos y religiosas, soldados, etc.

La proximidad de Aragón obligaba a tener a punto unas defensas en los límites de reinos, la sierra necesitaba una específica protección, con Albarracín hubo especiales rencillas, aunque la tierra de la Sesma del Campo no quedaba fuera de ataques, estaba defendida por castillos. La sierra, por los pastos y por el arbolado (leña), tuvo más atracos o invasiones de ganados, por lo que se deduce de la orden escrita en el fuero: “Los caualleros de la sierra ayan por soldada de cada grey vna borra de ciento arriba.”[5]

Para vigilar estas zonas se establecieron defensas permanentes. Éstos fueron los llamados caballeros de la Sierra, que tuvieron un sueldo determinado, una borrega de cada cien ovejas.

[1] En Castilla, en este año (1297) a D.a María le comunican que los partidarios de Alfonso de la Cerda, que habían tomado Almazán, habían labrado moneda falsa. La reina celebra Cortes en Valladolid. Allí escucha toda clase reclamaciones. Los del Señorío de Molina, que mandaron a sus representantes, reclaman a través de sus clérigos, quienes son escuchados con máxima atención. La reina accede a la justa petición y otorga una carta declarando que, “como yo fallé por el testamento de doña Blanca, su hermana, que Dios perdone, que mandó a vos el cabildo de los clérigos de Molina, mil maravedíes por cada año para aniversarios et vos los mando dar por el día de San Miguel de Setiembre del pecho de los judíos de Molina tengo por bien de cumplir su testamento et voluntad et mando que ayedes estos mil maravedíes sobredichos”. Al mismo tiempo ordena a su representante en Molina, D. Alfonso Ruiz Carrillo medidas coercitivas como “…o a otro cualquier que tuviere por mi el alcázar de Molina, que prenda a los judíos et los encierret et les non den á comer nin a beber hasta que vos den estos mil maravedíes”. En estas Cortes también dispone Dª María se cobren los tributos que paga la aljama molinesa”. (Pedro Pérez Fuertes. “Molina reino Taifa. Condado…”

[2] Misma cita anterior de Pedro Pérez Fuertes.

[3] Ver apartado: Agradecimientos y concesiones a Samuel Abolafia.

[4] Ver misma cita de Pedro Pérez Fuertes.

[5] Fueros. Capítulo 12 cédula 5ª

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