Historia de Molina de Aragón

65º La iglesia y su influencia

Las órdenes militares acompañaban a los conquistadores y con la vista puesta en Dios y en el cielo cristianizaban con la espada. Territorio invadido, territorio cristianizado. Por eso hablo de la predicación con la espada, la predicación se trocaba en arenga para instruir y atraer a la conquistar infieles para convertidos.

Los habitantes de aquellos lugares pasaban a depender del señor terrenal que al ser creyente los hacía creyentes. Consecuencia de la espada vencedora. La religión de mi espada es la de los vencidos.

La época de las grandes cruzadas a tierra santa impregnaba el espíritu de las gentes, máxime de las órdenes militares nacidas de y para estas expediciones. La segunda cruzada había tenido un éxito que no volvería a repetirse y la tercera, la de los reyes, no tardaría mucho en convocarse. Aquella guerra en la península se convirtió en cruzada, las órdenes militares formaron parte de esta gesta bélica.

La monarquía y la iglesia caminaban juntas. El conde Manrique y el representante del obispo también. Las primeras palabras del conde no dejan lugar a duda de su intención: crear un lugar de creyentes pertenecientes a la iglesia. “En el nombre de Dios y de la divina piedad. Es a saber: del Padre del Hijo y del Espíritu Santo amen. (…) y en él sea Dios adorado y fielmente rogado”[1].

La iglesia con sus monasterios y sus clérigos influyó grandemente en la vida de quienes repoblaron el territorio. Los monjes con su “ora et labora”, reza y trabaja, dedicaban horas en la huerta con la dedicación que su compromiso les exigía. Al provenir de lugares donde no se había roto el proceso agricultor extendieron las formas de cultivo con su ejemplo y sus exigencias para con los trabajadores.

Los sacerdotes con la predicación instruían sobre la creación del mundo, el trabajo de seis días y el descanso del séptimo: la semana, las condenas de Dios al expulsar a Adán y Eva del paraíso a causa del pecado original, con sus maldiciones: a Eva: “parirás con dolor” y a Adán: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Con estas enseñanzas crearon la obligada dedicación al trabajo, dándole el convencimiento de fatigoso, penoso pero imprescindible. El trabajo no tenía valor, era un castigo de Dios y por tanto obligado. Nadie podía desligarse de él.

Ambas instrucciones de la religión, la semana y el castigo de Dios, las transmiten los monjes como enseñanzas divinas de las que nadie se puede evadir. Con la exigencia del trabajo sudoroso muestran como consecuencia necesaria la arada de barbecho en el otoño, la de bina en primavera y la de sementera en el otoño siguiente, dejando las tierras con un año de descanso. Ya los romanos las dejaban descansar y tras el año de descanso, o dos según la calidad de las tierras, volvían roturando de nuevo. La dedicación al trabajo y la aceptación del sudor, el sufrimiento y el cansancio respondían a la predicación de que a más esfuerzo y más penar, más cerca de Dios y de la salvación eterna estaban, y a su vez la producción era mayor

El principio agrícola estaba enseñado. Repito: el trabajo no era valorable, era obligatorio y además el ocio no era consentido por Dios, si no era el domingo, trabajarás con sudor y al séptimo descansarás.

El cobro de las primicias era el agradecimiento a Dios por el fruto concedido tras el gran esfuerzo. Y el pago de los diezmos para mantener a la iglesia, exigía el esfuerzo de producir para después de diezmar, y además pagar unos y otros impuestos, también al señor, no quedar con la mesa vacía.

El recto hacer y cumplimiento de las normas establecidas los sacaría de este valle de dolor, fatiga y sudor, así predicaba la iglesia.

Entre estas normas estaba: la sumisión y respeto a las personas puestas por Dios para el gobierno y buen orden. La obediencia a las enseñanzas y preceptos así como a las disposiciones de quien mandaba era signo de rectitud, de honradez, de lealtad y de veracidad.

No se les ocurría que estas normas de obediencia no hacían otra cosa que mantener y encumbrar a quienes mandaban. El desconocimiento y la aceptación de las predicaciones los convertía en siervos y a ellos en señores. Los amos y dueños de los siervos y de los criados cuanto mejor eran obedecidos más encumbrados se encontraban.

Todos conocían que el infierno y la gloria eran los lugares donde recibir el castigo o el premio.

La instrucción religiosa se componía de los acontecimientos de la Biblia; los sacerdotes que los atendían, apenas si tenían conocimientos teológicos, pero sí de historia sagrada, y sobre todo, y era lo que más aceptaban los feligreses, de intervenciones milagrosas de Dios o de los santos.

El culto a los muertos y la oración por los difuntos estaba establecida incluso en los fueros: “Todo uezino de Molina que fiios non ouiere los sus bienes herédenlos sus parientes; si non ouiere parientes, aquella colla­ción donde fuere tomen todo lo suyo et denlo por su alma”[2] Por tanto se dedicará a oraciones y misas por el alma del dueño de las fincas, el producto de sus posesiones que cumplirán los representantes (alcalde o juez) de la colación a la que perteneciere.

Teniendo en cuenta que los musulmanes eran enemigos por su religión, el ambiente combativo y la convicción de poseer al verdadero Dios impregnarían toda la vida y los actos de aquellas gentes. No solo mientras estuvieran en el frente sino también en tiempos de paz.

A esto he de añadir algo profundamente inmerso en sus mentes, y si no, así se lo presentaban: el poder religioso y el poder civil, concretando, el del sacerdote (o del obispo según donde vivieran) y el del conde eran iguales. Ambos poseían el dominio sobre sus campos, ganados y personas. En algún lugar he leído que la iglesia y el rey o el gobernante eran hermanos siameses. El pecado y la desobediencia a las leyes del gobernante eran un mismo delito, ambos alejaban de Dios por igual.

[1] Fueros primera cédula.

[2] Fueros Capítulo 11 cédula 8ª.

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64º Las aldeas

Acabamos de encontrar que en las mesnadas o ejército del conde se hace distinción entre los aldeanos que deben tener caballo y los que no.

También hemos visto cómo los habitantes de Molina están exentos de impuestos, no así las aldeas. Los fueros, espejo de la época, engrandece la ciudad como centro, base y defensa del territorio.

Por tanto hablemos del territorio y de las aldeas.

Siguiendo la evolución de los poblados, encontramos que en el territorio se está acogiendo a agricultores y pastores que forman una sociedad donde cada uno tiene sus fincas con límites definidos, donde el conjunto de las fincas y los montes en que pastorean los rebaños también tienen demarcaciones que las separan de otros poblados que en el fuero llama aldeas.

Las relaciones de estos agricultores con su territorio, propiedad, herencias, etc., y la de los pastores con sus ganados y propiedad de los mismos ya los hemos comentado cuando explicábamos la captación de territorios y la capacidad de darlos en herencia a los hijos, pero falta la relación de los vecinos con los vecinos de las aldeas y de éstas con Molina. Esta relación irá apareciendo poco a poco, y la descubriremos según la marquen los fueros.

Las aldeas se formaron con los nuevos pobladores que fueron ocupando tierras adueñándose  de ellas y de quienes no las abandonaron. También instalaron a los siervos (o criados[1]) que se trajeron prisioneros de guerra y que ahora trabajan las posesiones o pastorean los ganados de quienes los capturaron. Quien “traxiere moros de otra tierra de guerra et aquellos en su aldea poblare…”[2]

Y también por quienes tuvieran gentes que huyeron de los estados islámicos por creencias cristianas o por lo que fuera, conversos, y se afincaron en las aldeas al servicio de un amo. “Qui ouiere tornadizos en su heredat…”[3]

Parece como si las aldeas estuvieran dotadas de un número de habitantes que se arropaban entre sí en caso de alguien que a quien se culpó: “…metan (su) apellido a las aldeas et préndanlo; et el aldea que oyere el apellido et non salliere en pues del, peche el aldea lo que se perdiere. Et si el mercador dixiere que non salieron en pues del, jure el aldea con cinco…”[4] Una persona no ha respetado el fuero de portazgo, huye y es reconocido por su apellido, llevan este nombre por las aldeas para que lo denuncien y si en alguna se escondiese y no lo declararan pague la aldea, aparentemente las aldeas lo resguardan.

Deducimos que la sociedad formada en la aldea tiene una fuerza estimable, se protegen sin acusar. No están de acuerdo con los exentos de Molina como ciudad privilegiada.

Reseño, por ser importante el dato, que todos tienen nombre, apellido o apodo que los diferencia de los demás dentro de una familia y de un grupo de vecinos que, como acabamos de ver, no solo se protegen, sino que forman una comunidad llamada aldea.

También dijimos que acudían a las colaciones, (en lenguaje eclesiástico, parroquias y en el que nos ocupa distritos) y allí inscribían sus posesiones.

“Todo omne que uendiere heredat, robrela[5] en la collación del conprador el dia del domingo despues de missa; en otra manera, nol vala”[6]. Todos los que tenían posesiones las habían inscrito en su colación que podríamos llamar sesma (aunque es un atrevimiento por mi parte y en este momento llamarla así), por tanto el comprador la debía pagar e inscribir en la misma colación donde estaba anteriormente. Era necesaria una organización para tener todo controlado. Por eso hablo de las aldeas como pertenecientes a distintas colaciones (o sesmas) para que el territorio del señorío tuviera una distribución ordenada y no confusa, en la que cada cual eligiera, a su gusto, la colación que se le ocurriera[7].

No olvidemos que estamos en un momento de invasiones por parte de un reino sobre otro con sus combates y peleas, y que los que acompañaban tenían derecho al botín que consiguieran. Este espíritu es el que acompañaba a los que venían a establecerse en las tierras puestas para su adquisición.  El control era necesario frente al atropello y la ambición.

Aceptando lo de sesmas no entro en si deberían ser seis cada una con sus 20 quiñones, ya que se ha escrito mucho sobre ello y sería redundar. Me basta saber que han sido cuatro y que cada uno se valió de sus influencias y posibilidades dentro del concepto casi de conquista para ocupar las tierras.[8]

La organización social de los habitantes de las aldeas seguiría el mismo orden que en la ciudad de Molina. Por tanto también encontraríamos una sociedad aldeana dividida en estamentos.

Caballeros[9] que viven en la ciudad y tienen tierras en las aldeas.

Caballeros[10] que viven en las aldeas.

Vecinos[11]. Gañanes y pastores que no tienen riqueza suficiente para poseer arma, y por tanto permanecen en la tierra y en el ganado.

Siervos o criados que poblaban las tierras ocupadas, que se trajeron prisioneros de guerra y que ahora trabajan o pastorean, y conversos o tornadizos que se instalaron en las aldeas. Indudablemente estarían al servicio de los caballeros.

Estas diferencias dependen de la riqueza de cada uno, expresada por las yuntas, por las ovejas y por la tierra que cada uno poseyera, además del reparto del botín conseguido en las actuaciones bélicas. Y por supuesto por el número de esclavos, siervos, que tuviera. Me resulta casi imposible distinguir entre siervos y esclavos, “sean suyos a mandar” que dice el fiero.

Si en la aldea hay un castillo añadiremos al alcalde del castillo que tiene poder sobre los soldados que defiendan la fortaleza.

Los alcaldes o justicias que gobiernan la aldea será alguno de estos hacendados que posea caballo “Todos los portiellos sean de la collación de los caualleros”[12]. Todo cargo será de los caballeros de aquella sesma, y si hablamos de las aldeas, de su aldea.

El conjunto de todos se rige por el concejo. En el concejo hay alcaldes. Acerco a las aldeas el modelo simple de gobierno de la ciudad aunque en los fueros no dice nada. Ni siquiera en la ciudad nos cuenta cómo y de cuántos se conforma el concejo, sólo podemos deducir que está formado por solo caballeros.

Y siguiendo las normas de fuero, las autoridades cada año cambiarán a otro de iguales o similares posesiones. “Yo, el conde Almerich, do a uos en fuero que uos el conçeio de Molina siempre pongades juez et alcaldes en cada vn anno de cada vna collación conpeçando a la fiesta de Sant Migael fasta vn auno, acabando en aquella misma fiesta”[13] Aunque habla del concejo de Molina habla también de cada una de las colaciones (¿repito, podríamos llamarlas sesmas?) que tendrá alcaldes y un juez de san Miguel a san Miguel, y en aquella fecha cambiarían. Porque ¿dentro de Molina existirían varios concejos uno en cada colación y que en cada concejo se nombraría juez y alcaldes? Y si esto no fuera así, ¿no se referiría a cada una de las colaciones donde se inscribieron las distintas fincas, según los territorios, por tanto la misma comarca?

Estos caballeros que ostentan los cargos pudieron permanecer como alcaldes y justicias todo el tiempo que quisieran si no había otro caballero para sustituirlo: “Todos los portiellos sean de la collación de los caualleros”[14] Se deduce que los cargos son sólo para los caballeros. Los vigilantes y defensores de la sierra también son caballeros, es decir que poseen caballo. Lo de no personalizar el cargo es difícil.

Una observación, el reparto de tierras no fue tan idílico ni fue tan equitativamente repartido como a veces parecen suponer los que hablan de la repoblación molinesa.

En los fueros aparece que no todos tenían tierras para cumplir con lo exigido y tener caballo y armas, y así distinguirse como caballero y ocupar los cargos de gobierno. Por eso el reparto no se dio, sino que cada cual ocupó el término yermo y poblado, y después acudió a inscribirlo. Sí es probable que los límites de aldeas se mantuvieran como aquellos antiguos con sus viejos límites.

Prueba de esto son también las muchas leyes para dirimir querellas y riñas en fincas y en cualquier otro sitio. “Todo omne que entrare entre los moiones demientre lidia­ren en canpo, peche sesenta sueldos, sacados los alcaldes et el juez et los andadores”[15] Habla de mojones divisorios, aunque no del porqué sea la riña.

[1] Uso esta palabra para indicar que eran criados, es decir alimentados y vestidos.

[2] Fueros Capítulo 11 cédula 12ª.

[3] Fueros Capítulo 11 cédula 12ª.

[4] Fueros Capítulo 1º cédula 2ª.

[5] RAE dice que proviene del latín robrare: Hacer la robra. Robra = el agasajo después de la compra, en nuestras tierras se decía el “alboroque, y en otra acepción, también en el Rae: escritura o papel justificante. -Ya lo vimos en páginas anteriores. También, rubricar, poner la firma, como no sabían escribir hacían un garabato, rúbrica.

[6] Fueros Capítulo 11 cédula 8ª.

[7] Tendrá su capítulo cuando los fueron nos lleven a ello: Las sesmas.

[8] Don Antonio Herrera Casado expone así esta situación: “Una de las observaciones es la que ahora pongo ante la consideración del lector. Al estudioso y buen conocedor del Señorío de Molina no se le escapa que el territorio todo está sistemáticamente dividido en una serie de demarcaciones: sesmas, veintenas y quiñones… Tales denominaciones proceden del momento mismo de la repoblación y creación del territorio allá por el siglo XII y están planteadas como un modo homogéneo y justo de distribuir la tierra a sus nuevos pobladores. Desde el primer momento de la ocupación del territorio tras la conquista de los árabes (y así ocurre en otros lugares de Castilla en la misma época) se establece una capital donde va a radicar el señor, su castillo o palacio, y todo el poder legislativo, administrativo y judicial. En esa capital, y por delegación del señor, asientan unos individuos llamados sesmeros que tendrán por misión subdividir y repartir las tierras de cada una de las sesmas o partes en que el Señorío se ha fragmentado. En el territorio molinés fueron desde el principio solo cuatro (El Campo, El Sabinar, El Pedregal y La Sierra), aunque en otros territorios castellanos fueron seis (que es la cantidad que justifica el nombre) y en otros solamente dos, o siete, etc. Cada sesma era dividida en veintenas, de las que, lógicamente, había veinte en cada una de ellas. Equilibradamente dispuestas a lo largo y ancho del territorio de la sesma, la veintena venía a corresponder con el actual municipio. Prueba de ello es que, de los ochenta núcleos de población que actualmente posee el Señorío de Molina, corresponden casi veinte a cada sesma…

Cada veintena o término municipal se dividió en quiñones, que viene a ser la quinta parte de de un término. Estos quiñones se entregaban a individuos que por ello adquirían el título de quintaneros y que tenían por misión concreta trabajar y hacr producir a ese pedazo de tierra del Señorío”. (“Molina de Aragón: veinte siglos de historiaAntonio Herrera Casado. AAche Guadalajara) (pág.18-19)

[9] En Molina se pueden ver las casonas o palacios de los personajes que fueron importantes o notables, la casa de los marqueses de Villel, etc.

[10] No sé si responde a esta época o es de tiempos posteriores. En Hinojosa en un lateral de la plaza donde estaba el olmo multisecular hay un espacio que de siempre se llamó “Los caballos”. Además, recuerdo que las familias más pudientes de los pueblos, además de la yunta, de las yuntas (si tenían varias) o formando parte de ellas estaba el caballo o la yegua en la que sus dueños acudían a las ferias o a los compromisos personales.

[11] Se considera vecino a quien cuple estos tres requisitos: es residente, tiene propiedades y paga sus impuestos.

[12] Portiellos significa cargo, dirección, gobierno.

[13] Fueros Capítulo 12 encabezamiento.

[14] Fueros Capítulo 12 cédula 16ª.

[15] Fueros Capítulo 20 cédula 8ª.

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63º El botín y su reparto

Aunque vayan a la guerra obligados por ley de fuero, todos esperaban alguna recompensa. Eran desconocedores del proceder y la actuación de los soldados en las batallas y después de ellas, de cómo se apoderaban de cuanto podían. Las posesiones de los vencidos y de las ciudades conquistadas pasaban a posesión de los conquistadores. Éste era un atractivo para los caballeros que, a su vez, eran los más adinerados del territorio como indican las normas dadas en el fuero: “…dos yuntas de bueyes con su heredat et cient oueias…., ouiere heredat que uala mili mancale…, …ouiere vna yunta de bueyes con su heredat et cincuenta oueias…”[1]

En el botín no solo entraban los objetos sino los ganados y también las personas: “Todo omne de Molina que traxiere moros de otra tierra de guerra et aquellos en su aldea poblare, suyos sean a mandar”[2] Hasta ahora en las conquistas anteriores, fueran romanas, visigodas o árabes siempre hemos hablado de prisioneros convertidos en esclavos o, medio tergiversando la palabra, en siervos. En esta conquista sigue sucediendo lo mismo, quien trajere moros de tierra de guerra, puede poblar con ellos sus tierras, es decir que los tendrá como trabajadores de sus posesiones y serán suyos a mandar, le obedecerán en todo. Es una manera de repoblar y cultivar una extensión de terreno para el amo, sobre todo si vive en la ciudad con exención de tributos. De aquí pueden nacer nuevas colonias o asentamientos.

Ya hablamos de la dependencia de estos cautivos hacia su dominador, “que sean suyos”[3].

Los caballeros y quienes acompañan a las mesnadas tienen obligación de acudir al servicio del conde y conseguir una recompensa, no están con contrato y sueldo pero sí con lo que en la batalla puedan conseguir. El botín de guerra les pertenece como conquista.

De las ganancias conseguidas, del botín por acudir a guerrear cuando acaba la contienda, deben hacer cinco[4] partes. Una para el conde. No descontarán nada para no disminuir la parte que deben entregar al conde, ni siquiera las limosnas dadas “por amor de Dios”. “Omnes de Molina que fueren en caualgada primero coxga todas sus ganancias et después quinten et non den sinon vn quinto et non den quintos si non de catiuos et de ganados, et si alguna cosa dieren por amor de Dios, non den dende quinto”[5]

En este fuero está claro que los cautivos son personas capturadas como botín y se les asimila a los ganados en cuanto a la partición.

Los peones, como serán menores sus botines, sólo pagarán un séptimo en lugar de un quinto.

“Los peones den la setena parte por quinto. Caualleros o peones que alcayat prendieren reciban por él cient maravedíes alfonsís et el alcayat sea del sennor de la villa. Cauallero de Molina que fiziere amanteniento[6] reciba por ello diez mencales”[7]

Queda claro que si conquistan una plaza o castillo quien lo tome recibirá un premio en metálico y será del señor de Molina. Igualmente al caballero que sobresalga por sus gestas de valentía (amanteniento) recibirá un premio.

Todo esto no solo como paga o recompensa, sino también como estímulo en la refriega.

[1] Fueros Capítulo 11 cédulas 6ª.

[2] Fueros Capítulo 11 cédula 12ª.

[3] Trataré este puento en el apartado: Morería, tornadizos y mendigos.

[4] El cobro que se hacía a los colonos por la utilización y uso de las casas de campo era la quinta parte de la producción, por eso se llaman quintas a estas fincas en algunos sitios.

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 19ª.

[6] AMANTENIENTE.- Adv. Con fuerza, a manos llenas, sin reparo o defensa del que recibe el golpe; y así herir amanteniente es descargar el golpe de alto a bajo con ambas manos. Diccionario de La Lengua Castellana. Volumen 1 (1726).

[7] Fueros Capítulo 11 cédula 20ª.

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62º El ejército o las mesnadas del Conde

El conde Manrique, y con mayor razón si sus posesiones están en la frontera, necesita caballeros y tropas que defiendan su ciudad y sus tierras y que lo acompañen en sus gestas. Él es ante todo conde[1], es decir acompañante del rey, por tanto debía estar siempre dispuesto a responder a las obligaciones que este compromiso conllevaba, para eso necesitaba tropas.

Ya he hablado algo de los excedentes juveniles que pudieran estar dispuestos a militarizarse, pero en estos momentos se trataba de repoblar y explotar la tierra y no había gente prescindible. El conde necesita unas tropas formadas no con mercenarios sino con súbditos, quiénes mejor que los pobladores imponiéndoles la obligación de súbditos, como él hacia el rey.

El Conde debía tener disponibles unas tropas que lo acompañaran siempre que fuera necesario, para eso tenía que saber con quiénes contaba y qué armas poseían, por tanto legisló quiénes habían de contraer esa obligación y cómo debían responder.

Para ello dispuso que: “Do a uos en fuero que el uezino de Molina que cauallo et armas de fuste et de fierro… touiere, non peche ninguna cosa”[2] En este caso solo con ser de Molina y poseer caballo y armas quedaba exento de tributar pero a cambio estaba obligado a defender Molina.

Molina ciudad estaba deshabitada, sin soldados que la defendieran, de esta manera el Conde se prepara un ejército que lo secundara y que ocupara el castillo manteniendo en la ciudad el poder y la fuerza. Tal vez de este fuero saliera el nombre de los Caballeros: Molina de los caballeros. ¿Quién no querría evitarse pagar los impuestos? En Molina todos se esforzarían en tener caballo y armas, además la oferta de botín en las incursiones con un señor tan próximo al rey estaba asegurada. Otro punto que ya trataremos es el de que la ciudad llena de estos caballeros y los gobernantes era un punto importante de comercio para que las aldeas pudieran vender sus productos o sus excedentes.

Si se abastecían de caballo y armas, ellos mismos podían entrenarse, experimentar y prepararse, es decir amaestrarse en el uso de las mismas.

Pero no queda todo aquí, necesita más mesnadas para engrandecer su milicia y tener prestas unas tropas para, en cualquier momento, defenderse y batallar en los reinos taifas de Al-Ándalus.

Para ello impone a sus súbditos la obligación de estar prestos para cualquier provocación, o para responder a su llamada. Por eso dispone que: “Todo vezino de Molina que ouiere dos yuntas de bueyes con su heredat et cient oueias tenga cauallo de siella. Si non ouiere ganado et ouiere heredat que uala mili mancales tenga cauallo de siella. Qui ouiere vna yunta de bueyes con su heredat et cincuenta oueias tenga cauallo qual pudiere.”[3] Por si dudasen quienes debían ser caballeros, y disponibles para militar, lo explica y concreta. Como vemos es una selección por riqueza, la élite digamos.

Los poseedores de determinadas riquezas deberán tener caballo de silla, es decir caballo dispuesto para montar en combate, los que en cambio no alcancen esa determinada riqueza deben poseer caballo simplemente “tenga cavallo qual pudiere”. Las armas se las entregarán en su momento, o quizá se le requisaría el caballo, estas cosas no se explican, pero si hubiera necesidad de caballos, con esta orden ya tiene donde echar mano. Aunque ya leímos que debían tener armas de fuste y de hierro[4].

¿Pero cómo deben formar y a quién deben seguir para formar la hueste?

De una manera negativa, como si ya hubiese habido una acción que infringiese las normas declara: “Ninguno non traya otra sennal sinon la del conde o del conceio et todos aquel guarden et sean et anden.”[5] Deben portar las enseñas del Conde como señal de obediencia, acatamiento y seguimiento. O la del concejo al que pertenecen.

“El cauallero que non fuere en apellido peche cinco mencales. Et si fuere et non leuare lança et escudo peche cinco mencales”[6] En las cédulas anteriores se hablaba de quiénes debían tener caballo preparado y llevar la enseña del conde o la del concejo, por tanto ya tienen el apellido y además con lanza y escudo, pero podía darse que alguno no respetase esta orden ni la quisiera cumplir por eso debería pagar una multa de cinco mencales, y si no aporta las armas correspondientes otros cinco.[7]

“El peón que non fuere en apellido peche dos mencales et medio. Et si fuere et non leuare lança o azcona[8] peche dos mencales et medio”[9] De esta cédula podemos sacar dos conclusiones la primera es la que directamente apunta a los peones que no quieran seguir la enseña del conde o del concejo, éstos deben pagar la multa de dos mencales y medio, y si no lleva las armas de peón otros dos y medio.

La segunda es la presencia de peones, es decir la infantería, que también debe integrarse en su cuadrilla y llevar armas. Aquí ocurre lo mismo, debe ir en su grupo o el del concejo.

Queda clara la obligación de todos los molineses, incluidos los de las aldeas, de estar dispuestos como personas y con armas para seguir al conde en caso de emprender hazañas bélicas. Este compromiso respecto al conde lo deberíamos llamar fonsadera, que es una de las obligaciones que los nobles tenían respecto al rey, o por mejor decir una de las cuatro cosas reservada al rey: la justicia suprema, la moneda forera, la fonsadera y los “suos yantares”[10] Una vez leídos los fueros, excepto la moneda que dependía del rey aunque se utilizaba indistintamente la de los reinos cristianos y la de los árabes, todos los demás parece que se los apropió el conde.

De alguna manera ya hemos hablado de la conquista de Cuenca[11], donde acudieron los molineses a las órdenes del conde y así siguieron, acompañando a los condes en sus compromisos bien fueran programados por él o para atender y acompañar al rey en sus conquistas.

[1] Conde proviene del latín “comite”, acompañante, en latín se usaba para indicar la proximidad a los generales y a los potentados. Además fue educador y cuidador de Alfonso VIII.

[2] Fueros Encabezamientos cédula 4ª.

[3] Fueros Capítulo 11 cédulas 6ª.

[4] Fueros Encabezamientos cédula 4ª.

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 22ª.

[6] Fueros Capítulo 11 cédula 23ª.

[7] De estas cédulas, ésta y la siguiente podríamos deducir que el conde tiene con respecto a sus súbditos el derecho llamado de fonsadera, como él la tiene respecto al rey, la disposición obligada de acudir siempre que sean llamados: en caso de necesidad bélica o por cualquiera otra causa.

[8] La lanza recibe ambos nombres. No tiene una característica que las distinga: lanza o azcona. Según la Wkipedia azcón y azcona es nombre que coincide con el dado en vascuence.

[9] Fueros capítulo 11 cédula 24ª.

[10] “El fuero de Molina de Aragón” Miguel Sancho Izquierdo. pag 173.

[11] Está tratada el el apartado: La vida de los pobladores.

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61º Sobre el ganado y su importancia

Más que a la agricultura se ha de dar categoría al ganado sea lanar, vacuno o de cerda. Aunque por lo ya visto en capítulos anteriores, el ganado lanar es el que dio más riqueza[1]. La importancia que en esta época se le daba aparece en el pago de portazgos:

“Todo ome de Molina que ganado o otra cosa comprare de qualquiere tierra lo traya a Molina, non peche portatgo” [2] Toda entrada de ganados cuyo propietario fuere un vecino de Molina no pagaría portazgo, bien se refiera a la entrada a la propia ciudad en los días de feria, o se refiera al portazgo de paso de otros reinos o comarcas ajenas al Señorío, sería privilegio de los vecinos de Molina. Si entendemos por “de qualquiere tierra” toda aquella que quedaba fuera de la jurisdicción del Señorío, entonces sí que el portazgo se refiere a los límites o fronteras del mismo, pero parece un poco forzado, ya que todo lo leído sobre portazagos hasta ahora es referido a Molina y sus ferias. Como quiera que sea seguimos viendo el empeño por engrandecer la ciudad: “home de Molina… lo traya a Molina” entendemos ciudad, no señorío.

Se habla de ganado en otro artículo que se refiere a “sobrelevadores” o fiadores: “El que sobreelevador[3] fuere, non se alce a fuero de Molina; depués de medio anno non responda si non fuere sobrelevador de pastor o de quintero o de sieruo de ganado que compró o de toda compra”[4]. El fiador no queda sujeto al fuero de Molina, un tanto difícil de interpretar estas primeras palabras: no se alce a fuero puede significar apoyarse en él o valerse de él para su favor, pero ¿cuál sería el fuero a que hace referencia? En la siguiente cédula del mismo capítulo nos dice: “Vezino de Molina non tenga boz si non la suya propria o de orane que comiere su pan…”[5] Aquí podemos ver las limitaciones de quienes salgan fiadores y éste podría ser el fuero al que se refiere. Sólo se puede ser fiador, y responder por uno mismo y por quien coma pan en su mesa, es decir familiar o criado[6] que habiten en la misma casa, aunque esto se refiere principalmente a defensa en un juicio, la necesidad de defensor o abogado, por tanto en caso de exigencia de la fianza necesitará defensor.

No obstante, pasado el medio año se librará de la fianza “non responda” – compleja y conflictiva afirmación-, a no ser que fuere fiador de pastor, de quintero o de siervo de ganado, de manera que queda obligado a responder ante el fuero por la compra realizada por estas personas de quienes salió fiador.

Es importante detenernos en la consideración de que un siervo puede comprar ganado e incluso encontrar fiador, es decir a alguien que responda por él para realizar un pago, ¿será su dueño quien responda por él y por tanto al siervo se le considera “orane que come pan a su mesa”? Vemos una situación nueva que favorece a aquéllos que fueron hallados “poblando” como ya dijimos o que fueron traídos presos de las incursiones bélicas, estos pueden hacerse con un rebaño teniendo un fiador, o unas fincas, “quintero” …

También se daba el caso de que el pastor contratado uniera un número de cabezas con las del ganadero y consiguiera su hatajo. En el Catastro de la Ensenada aunque sea mucho posterior, 1750, en las respuestas de los habitantes de Amayas, dicen esto: “Y algunos otros, que sirven de pastores en cabañas trashumantes de vecinos de otros pueblos, llevan agregadas algunas reses finas”[7]. Y por lo que pude sonsacar a los ancianos de mi época, los pastores podían unir ovejas de su propiedad hasta un 10% del rebaño que pastoreaban. El ganadero admitía esto por esperar una mayor dedicación del pastor. La propiedad, aunque exigua, exigía una más esmerada atención y cuidado.

De los ganados que se mezclaban por la causa que fuere, nació o recibió el nombre de la Mesta[8], ganados que se revuelven al alejarlos apresuradamente de los pastos por la amenaza de unas tropas que aparecen; para separar estos ganados revueltos se impusieron unas normas que debían cumplir todos los ganaderos y que llamaban leyes de la Mesta. A partir de 1273 Alfonso X el Sabio le dio rango de realeza con el nombre de Honrado Concejo de la Mesta de Pastores que fue abolido en 1836.

Esta situación se hace apreciable en el fuero cuando nos habla de: “Si ganado de los omnes de Molina se boluiere al ganado de palacio, apártenlo sin calonna”[9]

Se deben separar las ovejas sin pagar ningún castigo pecuniario. Admite la posibilidad de que se entremezclen por la causa que fuere ya vimos lo que podría ocurrir cuando se pastoreaba en tierras de nadie y en la libertad de pastar en reinos para conquistar.

El conde reconoce las normas que rigen entre pastores, las acepta y no se ofende: sepárenlo y todo solucionado.

Otra norma es la de que si un ganado es forzado, es decir robado o de alguna manera se le hiciese daño, se penalizará con el pago del daño doblado y además con la multa de diez mencales[10]. Si esto ocurriese en corral o paridera serían castigados con sesenta sueldos: “Quien forçare ganado que traxieren, por danno peche el danno doblado et diez mencales encima, et si lo forçare en corral, peche sesenta sueldos et si non pudieren firmar, jure con çinco.”[11]

Para terminar de hablar sobre la importancia de los ganados se lee que, entre los beneficios que se pueden adquirir como botín de guerra están los ganados, tasados con la misma importancia que los cautivos:

“Omnes de Molina que fueren en caualgada primero coxga todas sus ganancias et despues quinten et non den sinon vn quinto et non den quintos si non de catiuos et de ganados, et si alguna cosa dieren por amor de Dios non den dende quinto”[12]

Del botín adquirido entreguen una quinta parte, pero si el botín es de cautivos y ganados sea en ganados y personas el pago de la quinta parte, y no en dinero. Y no se cumplan promesas hechas a Dios[13] u otros compromisos antes de quintar. Es decir los pagos y otros compromisos, incluso los de orden religioso, se harán sólo después de pagar al señor su parte, un quinto.

Los peones sólo pagarán una séptima parte de su botín.

En el capítulo 28 que está todo él dedicado a las multas que han de pagar los pastores comprobamos la discordia que existe entre los agricultores y los ganaderos[14]. Los agricultores deben señalar sus fincas si están sembradas para que sean respetadas por los ganados. “Quien prado touiere, téngalo cerrado a fuero de Molina; los vezinos de la uilla con moiones; los omnes de las aldeas, de palo seto o de valladar o de tapia. Et el que así fuere cerrado, sea uedado por todo el anno et aya calonia de trigo conmo dicho es”[15]

Si los pastores no guardan estas propiedades con sus límites o señalizaciones, serán castigados con el pago de un almud de trigo o cebada por cada diez ovejas que entren a comer si es antes de marzo y si después de marzo, un almud por cada cinco ovejas. Y si pasados los nueve días de fiestas de san Juan hallasen ganado en la finca tome cinco carneros de la grey[16]

En diez ocasiones se habla de ganado en los fueros, por lo que creo que está suficientemente aclarada la importancia del ganado en la época de la construcción de Molina y de las aldeas.

Don Diego Sánchez Portocarrero dice así de Molina y los ganados: “Aquellas montañas y asperezas tampoco en su género son infructíferas, antes muy útiles para los ganados y sus pastos.

“Para los de lana es esto de lo más a propósito de España, así para el agostadero de los que vienen de los extremos, como para la conservación de los que no salen de la provincia, que llaman Zurros.

“De uno y otros no ha muchos años que fue esta tierra de las más ricas destos Reynos, porque sus Lanas (primeras en fieneza después de las de Segovia) proveían gran parte de la fábrica de paños destos Reynos, y de las extranjeras, navegándose con copioso número e interés a Italia, Francia, Flandes, Inglaterra y a otras provincias septentrionales más.

“Ya los accidentes del terreno han minorado mucho la cría y esta utilísima ganadería, sin embargo que aún salen de aquí muchas lanas para otras partes, y gran copia de Carneros, Ovejas y Cabrío que abastece de carne a los cercanos y muchos apartados distritos, dejando bien proevido este a moderados precios”[17]

Esto lo escribió en el siglo XVII.

[1] “En cuanto al número de cabezas de ganado en Molina, sobre el que se han dado a veces cifras disparatadas, hemos de considerar que si el censo de 1477 de ganado ovino, vacuno y cabrío daba para toda Castilla la cifra de 2.694.000 cabezas, de ellas más de medio millón estaban en molina. En el siglo XVI superaba las 750.000 cabezas y hacia 1750, todavía tenía 470.000 cabezas. El ganado lanar molinés era considerado de varias categorías, siendo las más importantes el fino, extrafino, zurro y vasto…” “Molina de Aragón, veinte siglos de historia…” Herrera Casado. (Pag 74) Guadalajara, 2000.

[2] Fueros Capítulo 2, encabezamiento.

[3] Fiador.

[4] Fueros Capítulo 11, cédula 28ª.

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 29ª.

[6] Utilizo esta palabra para señalar al amigo o trabajador que conviven con el fiador. Con el tiempo esta palabra indicara al contratado que se alimenta de la misma mesa del amo.

[7] Catastro de la Ensenada, Amayas respuesta a la vigésima pregunta.

[8] Del lat. mixta, part. pas. de miscēre, mezclar.

[9] Fueros Capítulo 3 cédula 1ª.

[10] El mencal es una moneda de un peso en oro determinado. El sueldo es otra moneda de un peso en plata determinado que pueden variar en épocas. No he conseguido saber la correspondencia entre el mencal y el sueldo. Cuánto era mayor el mencal que el sueldo.

[11] Fueros Capítulo 11 cédula 16ª.

[12] Fueros Capítulo 11 cédula 21ª.

[13] Este tema lo trataré más en concreto en el apartado: Los templos y su edificación.

[14] Este tema lo trataré en el apartado: Agricultores y ganaderos.

[15] Fueros Capítulo 28 cédula 4ª.

[16] Capítulo 28 de los fueros, donde habla de los pastores. Se tratará en el apartado: Pastores y ganaderos.

[17] He encontrado citado este tracto o pecia de Portocarrero en varios artículos y libros pero ninguno aporta de dónde lo ha tomado, libro y página, por eso así lo copio de “Molina de Aragón, veinte siglos de historia” Herrera Casado. Guadalajara 2000. (Pág 74).

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Historia de Molina de Aragón

60º La realización de los trabajos

Las herramientas para la agricultura son las de siempre, la azada y el arado de madera, con la reja de hierro. La reja es un aguijón en forma de triángulo puntiagudo.

Hasta que no se ideó el barrón, un cuadradillo metálico largo y puntiagudo que sobresalía unos centímetros sobre la reja y hendía la tierra, las labores eran someras, y las tierras de labor exigían más tiempos de descanso para producir. El barrón se aguzaba en las fraguas tantas veces como fuera necesario y así facilitaba la entrada en la tierra para obtener una profundización con menos esfuerzo de tiro y, por tanto, proporcionaba más mantillo, cosa que no ocurría con solo la reja triangular.

El arado de madera se debía reparar al menos una vez al año y si el terreno era pedregoso la cama que arrastra sobre el fondo del surco y lo abre, aún más veces. Esto llevaba a que el herrero también dominase la madera, ya que su trabajo también fue reparar los arados, los timones y los yugos. Como veremos más adelante en Molina había varias fraguas, necesarias para los herrajes para puertas, clavos, herraduras para los caballos, etc.

Las tierras de labor no eran precisamente las más húmedas y con mayor humus, éstas las dedicaban al ganado, vacas donde las había y si no para las ovejas estantes o zurcas y para mantener a los caballos y animales de labor cuando no se empleaban en sus trabajos. Así ahorraban en piensos.

La recolección se hacía con la hoz y el trillo (así se representa en el pórtico románico de la iglesia de Beleña de Sorbe, allí es tirado por bueyes, así como el arado). Debería afirmar que las labores se hacían con bueyes, porque en la mayoría de los dibujos o bajorrelieves medievales así nos los enseñan. Y en los fueros nos dice: “Todo vezino de Molina que ouiere dos yuntas de bueyes con su heredat… Qui ouiere vna yunta de bueyes con su heredat…”[1] Con bueyes trabajaban la tierra; animales lentos, pero seguros en el esfuerzo del tiro. Mejorarían estos trabajos con las caballerías, las mulas, más rápidas en el andar y con los adelantos del barrón incorporado al arado moverían más superficie en el mismo tiempo y por tanto la producción crecería, pero para estas mejoras aún habría que esperar algún siglo.

Las herramientas del pastor eran entonces las mismas que soempre se han usado, la honda para tirar piedras, el cayado o la garrota, el zurrón o morral, el capote (sagum), y las polainas que en cada época respondió a la manera de vestir. El calzado, diríamos que consistía en unas abarcas de cuero[2], unos pedugos y unos pellejos de cordero con la lana hacia dentro o el pelo si eran pellejos de cabrito, que doblados adecuadamente cubrían el pie y en la época de lluvia y de nieve escurrían sin dejar que el agua penetrara.

Las pieles que utilizaban los pastores para vestir, zamarras, chalecos y pellizas eran confeccionados por ellos mismos con las pieles curtidas de sus propios ganados.

A los pastores que hacían la trashumancia, los ganaderos les permitían llevar unas ovejas de su propiedad, con ello conseguían dos cosas, una mayor dedicación o cuidado del ganado (ésta era la visión del ganadero) y a su vez los pastores, los “esclavos”, se sentían con un mejor concepto de sí mismos, olvidando su esclavitud o servilismo.

En la agricultura también utilizaban este sistema de concederles en renta alguna finca para comprobar su hacer y así poder exigirles más cuando trabajaban para ellos[3].

La riqueza para las gentes consistía en tener la despensa con algún alimento y pasar el menor hambre posible. Supervivencia sin más.

Únicamente los ganaderos podían ganar con el comercio de la lana valiéndose del Concejo de la Mesta[4], con las pieles y con la carne de los corderos.

La agricultura, ya hemos enumerado los productos, daba para alimentarse escasamente. Volvemos a la obligación del trabajo para sobrevivir, sin él no habría producto en la finca. Es decir que si cultivo cualquier trozo de tierra, algo producirá, pero si no la trabajo nada rinde, con lo que al trabajo no le daban ninguna valoración monetaria, y sí a la tierra fuera mucho o poco su rendimiento. Y para redondear este pensamiento repito que la ganadería producía más que el cereal y por eso la cuidaban con mayor esmero: carne, leche, lana y corderos.

En algún momento he hablado del excedente de personas dispuestas para el pillaje o enrolarse al ejército. Esto del sobrante o exceso de población es muy relativo, todo dependía de la producción y de la comida que regía la supervivencia. A pesar de la problemática expresada para la repoblación no hay todavía exceso de personas. Entre la explotación agraria y la ganadera, además de la construcción de templos y viviendas, hay trabajo para todos. La mortandad era otra reguladora muy importante de la vida.

El conde Manrique impone la obligación de formar parte de sus huestes a quienes tienen unas determinadas posesiones, no a quienes voluntariamente quisieran enrolarse o quedaran sin nada que hacer. Todavía no sobra nadie.

Estas conclusiones aún son más reales si se tiene en cuenta el problema de mortandad en los recién nacidos y las enfermedades cuyos remedios se desconocían. Además la dentadura era una medida de vida definitiva, su pérdida acortaba el alimento. La vida media era muy corta.

[1] Fueros Capítulo 11 cédulas 6ª.

[2] Los curtidores, los zapateros y guarnicioneros conocían cómo la piel de los animales se estiraba y encogía o siempre permanecía con la misma tersura según qué parte del cuerpo cubría, por ejemplo la tripa estiraba y encogía cuando engordaban o adelgazaban y tenía un poder elástico para correas y capillos del calzado, el cuello y ancas apenas si se deformaban por el engorde y ésta era la mejor para suelas.

[3] No olvidemos el comportamiento de los propietarios de las villas en la época romana entregando posesiones y formando colonias con los esclavos, para sacar un mejor rendimiento.

[4] Los ganaderos de la extremadura, la región que quedó entre los reinos del norte y del sur, la región entre el Duero (extremo al Duero) hasta el Tajo tenían formado su costumbrismo o normativa para en caso de que dos ganados se juntase o se perdiesen algunas ovejas, poder recuperarlas y devolverlas al dueño, además de esto ya tenían sus sistemas de venta y transporte de lanas. El llamado Honrado Concejo de la Mesta de Pastores.

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59º Los diezmos y primicias y edificación de templos

La fórmula para financiarse la Iglesia era la de cobrar los diezmos y primicias de la producción de sus fieles que eran todos los habitantes de los poblados. Como hemos visto fue una prerrogativa dada por Alfonso VII en 1139.

Y apunto así, porque la Catedral de la diócesis no se levantó sólo con el dinero de las salinas, los molinos y los batanes[1], y con el producto de las fincas propiedad del obispo de Sigüenza, sino también con el dinero recaudado de la diócesis del que una parte se destinaría para mantener al obispo, otra para la construcción de ese templo Catedral y otra para ayudar a la construcción del templo de cada parroquia.

Los diezmos mayores, corderos, lana, trigo, cebada, cereal en general, eran para el obispo y los menores animales de corral y frutos de la huerta para el cura.

Pero en Molina, según fuero no rige esta generalidad de pago de diezmo, sino: “Los clérigos de Molina den a su obispo tercia de pan, de vino y de corderos, y de otras cosas den tercia”[2] De donde se sigue que los clérigos pagarían sólo una tercera parte de los bienes que llegaban a sus manos, o de sus posesiones a la diócesis y nada al señor. No podemos saber cuándo perdieron este privilegio del fuero, pero en tiempos de Pedro IV el Ceremonioso, el año 1359 ya se pagaban los diezmos normalmente.

Las primicias eran una medida de cereal, según la siembra realizada, que venía a manos del cura. Los sacerdotes y clérigos también pagaban impuestos, aunque fueran tercias, no puedo deducir que fuera el tres por ciento o el treinta por ciento que sería la tercera (tercia) parte. Pero pensando que son privilegios lo que el conde legisla para los clérigos de Molina, será una especie de rebaja de impuesto y deduzco que se refiere al tres por ciento, en lugar del diez que corresponde a los demás fieles.

Otros ingresos para la iglesia provienen de donaciones como ya hemos visto en lo relativo a beneficios.

Bien sean del rey que hace cesión de sus derechos monetarios, en este caso las nonas (tercias reales) de los diezmos que le corresponderían, o sea del obispo que cede su parte, o del señor que dedica los bienes que le corresponden de alguna salina o de algún molino, etc., de ahí salió una ayuda para la edificación de los templos en las parroquias.

Quedan fuera de este apartado la construcción de monasterios y de Iglesias de Molina ciudad, ya que recibieron especial atención de los Señores de Molina, y en el caso de los monasterios también de los reyes.

Intentando dilucidar cómo se pudieron levantar los templos en las distintas aldeas, aunque de la recolección de diezmos y primicias pudiera apartarse unas cantidades para edificación y mantenimiento[3], según ordenara el obispo por un lado y el conde por otro, no sabemos a cuánto podrían alcanzar estos ingresos. Aún serían necesarias más ayudas.

No podemos dejar de lado el pensamiento de los nuevos habitantes y las costumbres que como cristianos tenían arraigadas: necesitaban un lugar de oración, y aquí como conquistadores, no podían ser menos que los judíos y los árabes que tenían el suyo, por eso en muchos sitios sustituyeron o edificaron el templo cristiano sobre la sinagoga o la mezquita.

Hay dos fuentes que no quiero pasar por alto: Los que vuelven de hacer la guerra. “…et si alguna cosa dieren por amor de Dios, non den dende quinto”[4] Parece que quienes salen a batallar hacen promesas económicas por amor de Dios entre las que entraría ésta de levantar o ayudar a la edificación del templo.

La otra es la de los tornadizos, para evitar que fueran insultados intentarían ser o aparecer los primeros en las limosnas para la iglesia, de esta manera confesaban públicamente su fe cristiana. No es nada de extrañar que lo hicieran, porque así actuaron posteriormente los acusados de impureza de sangre o neoconversos[5]. La causa era la misma.

Por eso deduzco que también los habitantes de nuestros pueblos y sus sacerdotes dedicaron sus dineros y sus fuerzas (trabajos comunales) para levantarlas.

Otra cosa más, los fueros que se leen para el clero de Molina les da un especial trato, como si dependieran más del conde Manrique que del obispo de Sigüenza. Éste es un dato muy a tener en cuenta para entender otras situaciones. “Los clérigos de Molina non uayan a cabildo a ninguna tierra, mas ayan concilio en su cibdat con su obispo”[6] Es como si el obispo no los pudiera llamar a asamblea en Sigüenza ni en otra ciudad de la diócesis donde reunía a sus sacerdotes, los informaba y daba órdenes. Si el obispo tuviera necesidad de hablarles sería él quien debería acudir a Molina.

La iglesia de Molina goza de unos privilegios que la caracterizan. La desvinculan de alguna manera del obispo en cuanto tienen un poder asambleario propio, es librada de una obligación económica, tiene poder para que el obispo acuda a su territorio en caso de capítulo, y sólo en caso extremo dependen del obispo judicialmente.

Es algo así como una separación territorial, o una autonomía religiosa.

[1] Unos le eran propios por levantarse en sus fincas, otros por conquista y algunos otros donados por el rey, para más detalle véase Toribio Minguella, “Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos” Madrid 1910.

[2] Fueros Capítulo 10 Cédula 1ª.

[3] La diócesis siempre ha designado una cantidad mensual para mantenimiento del culto, aunque haya sido muy baja y no tuviera en cuenta el mantenimiento de fábrica sino en casos de extrema necesidad y siempre con la ayuda de los fieles y del gobierno. La ayuda de los Señores de Molina queda patente por la colaboración de las Señoras Blanca y María con sus donaciones.

[4] Fueros Capítulo 11 cédula 21ª.

[5] En multitud de retablos de nuestros templos se pueden leer las dedicaciones y los nombres de quienes pagaban su construcción.

[6] Fueros Capítulo 10, cédula 2ª.

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