Historia de Molina de Aragón

61º Sobre el ganado y su importancia

Más que a la agricultura se ha de dar categoría al ganado sea lanar, vacuno o de cerda. Aunque por lo ya visto en capítulos anteriores, el ganado lanar es el que dio más riqueza[1]. La importancia que en esta época se le daba aparece en el pago de portazgos:

“Todo ome de Molina que ganado o otra cosa comprare de qualquiere tierra lo traya a Molina, non peche portatgo” [2] Toda entrada de ganados cuyo propietario fuere un vecino de Molina no pagaría portazgo, bien se refiera a la entrada a la propia ciudad en los días de feria, o se refiera al portazgo de paso de otros reinos o comarcas ajenas al Señorío, sería privilegio de los vecinos de Molina. Si entendemos por “de qualquiere tierra” toda aquella que quedaba fuera de la jurisdicción del Señorío, entonces sí que el portazgo se refiere a los límites o fronteras del mismo, pero parece un poco forzado, ya que todo lo leído sobre portazagos hasta ahora es referido a Molina y sus ferias. Como quiera que sea seguimos viendo el empeño por engrandecer la ciudad: “home de Molina… lo traya a Molina” entendemos ciudad, no señorío.

Se habla de ganado en otro artículo que se refiere a “sobrelevadores” o fiadores: “El que sobreelevador[3] fuere, non se alce a fuero de Molina; depués de medio anno non responda si non fuere sobrelevador de pastor o de quintero o de sieruo de ganado que compró o de toda compra”[4]. El fiador no queda sujeto al fuero de Molina, un tanto difícil de interpretar estas primeras palabras: no se alce a fuero puede significar apoyarse en él o valerse de él para su favor, pero ¿cuál sería el fuero a que hace referencia? En la siguiente cédula del mismo capítulo nos dice: “Vezino de Molina non tenga boz si non la suya propria o de orane que comiere su pan…”[5] Aquí podemos ver las limitaciones de quienes salgan fiadores y éste podría ser el fuero al que se refiere. Sólo se puede ser fiador, y responder por uno mismo y por quien coma pan en su mesa, es decir familiar o criado[6] que habiten en la misma casa, aunque esto se refiere principalmente a defensa en un juicio, la necesidad de defensor o abogado, por tanto en caso de exigencia de la fianza necesitará defensor.

No obstante, pasado el medio año se librará de la fianza “non responda” – compleja y conflictiva afirmación-, a no ser que fuere fiador de pastor, de quintero o de siervo de ganado, de manera que queda obligado a responder ante el fuero por la compra realizada por estas personas de quienes salió fiador.

Es importante detenernos en la consideración de que un siervo puede comprar ganado e incluso encontrar fiador, es decir a alguien que responda por él para realizar un pago, ¿será su dueño quien responda por él y por tanto al siervo se le considera “orane que come pan a su mesa”? Vemos una situación nueva que favorece a aquéllos que fueron hallados “poblando” como ya dijimos o que fueron traídos presos de las incursiones bélicas, estos pueden hacerse con un rebaño teniendo un fiador, o unas fincas, “quintero” …

También se daba el caso de que el pastor contratado uniera un número de cabezas con las del ganadero y consiguiera su hatajo. En el Catastro de la Ensenada aunque sea mucho posterior, 1750, en las respuestas de los habitantes de Amayas, dicen esto: “Y algunos otros, que sirven de pastores en cabañas trashumantes de vecinos de otros pueblos, llevan agregadas algunas reses finas”[7]. Y por lo que pude sonsacar a los ancianos de mi época, los pastores podían unir ovejas de su propiedad hasta un 10% del rebaño que pastoreaban. El ganadero admitía esto por esperar una mayor dedicación del pastor. La propiedad, aunque exigua, exigía una más esmerada atención y cuidado.

De los ganados que se mezclaban por la causa que fuere, nació o recibió el nombre de la Mesta[8], ganados que se revuelven al alejarlos apresuradamente de los pastos por la amenaza de unas tropas que aparecen; para separar estos ganados revueltos se impusieron unas normas que debían cumplir todos los ganaderos y que llamaban leyes de la Mesta. A partir de 1273 Alfonso X el Sabio le dio rango de realeza con el nombre de Honrado Concejo de la Mesta de Pastores que fue abolido en 1836.

Esta situación se hace apreciable en el fuero cuando nos habla de: “Si ganado de los omnes de Molina se boluiere al ganado de palacio, apártenlo sin calonna”[9]

Se deben separar las ovejas sin pagar ningún castigo pecuniario. Admite la posibilidad de que se entremezclen por la causa que fuere ya vimos lo que podría ocurrir cuando se pastoreaba en tierras de nadie y en la libertad de pastar en reinos para conquistar.

El conde reconoce las normas que rigen entre pastores, las acepta y no se ofende: sepárenlo y todo solucionado.

Otra norma es la de que si un ganado es forzado, es decir robado o de alguna manera se le hiciese daño, se penalizará con el pago del daño doblado y además con la multa de diez mencales[10]. Si esto ocurriese en corral o paridera serían castigados con sesenta sueldos: “Quien forçare ganado que traxieren, por danno peche el danno doblado et diez mencales encima, et si lo forçare en corral, peche sesenta sueldos et si non pudieren firmar, jure con çinco.”[11]

Para terminar de hablar sobre la importancia de los ganados se lee que, entre los beneficios que se pueden adquirir como botín de guerra están los ganados, tasados con la misma importancia que los cautivos:

“Omnes de Molina que fueren en caualgada primero coxga todas sus ganancias et despues quinten et non den sinon vn quinto et non den quintos si non de catiuos et de ganados, et si alguna cosa dieren por amor de Dios non den dende quinto”[12]

Del botín adquirido entreguen una quinta parte, pero si el botín es de cautivos y ganados sea en ganados y personas el pago de la quinta parte, y no en dinero. Y no se cumplan promesas hechas a Dios[13] u otros compromisos antes de quintar. Es decir los pagos y otros compromisos, incluso los de orden religioso, se harán sólo después de pagar al señor su parte, un quinto.

Los peones sólo pagarán una séptima parte de su botín.

En el capítulo 28 que está todo él dedicado a las multas que han de pagar los pastores comprobamos la discordia que existe entre los agricultores y los ganaderos[14]. Los agricultores deben señalar sus fincas si están sembradas para que sean respetadas por los ganados. “Quien prado touiere, téngalo cerrado a fuero de Molina; los vezinos de la uilla con moiones; los omnes de las aldeas, de palo seto o de valladar o de tapia. Et el que así fuere cerrado, sea uedado por todo el anno et aya calonia de trigo conmo dicho es”[15]

Si los pastores no guardan estas propiedades con sus límites o señalizaciones, serán castigados con el pago de un almud de trigo o cebada por cada diez ovejas que entren a comer si es antes de marzo y si después de marzo, un almud por cada cinco ovejas. Y si pasados los nueve días de fiestas de san Juan hallasen ganado en la finca tome cinco carneros de la grey[16]

En diez ocasiones se habla de ganado en los fueros, por lo que creo que está suficientemente aclarada la importancia del ganado en la época de la construcción de Molina y de las aldeas.

Don Diego Sánchez Portocarrero dice así de Molina y los ganados: “Aquellas montañas y asperezas tampoco en su género son infructíferas, antes muy útiles para los ganados y sus pastos.

“Para los de lana es esto de lo más a propósito de España, así para el agostadero de los que vienen de los extremos, como para la conservación de los que no salen de la provincia, que llaman Zurros.

“De uno y otros no ha muchos años que fue esta tierra de las más ricas destos Reynos, porque sus Lanas (primeras en fieneza después de las de Segovia) proveían gran parte de la fábrica de paños destos Reynos, y de las extranjeras, navegándose con copioso número e interés a Italia, Francia, Flandes, Inglaterra y a otras provincias septentrionales más.

“Ya los accidentes del terreno han minorado mucho la cría y esta utilísima ganadería, sin embargo que aún salen de aquí muchas lanas para otras partes, y gran copia de Carneros, Ovejas y Cabrío que abastece de carne a los cercanos y muchos apartados distritos, dejando bien proevido este a moderados precios”[17]

Esto lo escribió en el siglo XVII.

[1] “En cuanto al número de cabezas de ganado en Molina, sobre el que se han dado a veces cifras disparatadas, hemos de considerar que si el censo de 1477 de ganado ovino, vacuno y cabrío daba para toda Castilla la cifra de 2.694.000 cabezas, de ellas más de medio millón estaban en molina. En el siglo XVI superaba las 750.000 cabezas y hacia 1750, todavía tenía 470.000 cabezas. El ganado lanar molinés era considerado de varias categorías, siendo las más importantes el fino, extrafino, zurro y vasto…” “Molina de Aragón, veinte siglos de historia…” Herrera Casado. (Pag 74) Guadalajara, 2000.

[2] Fueros Capítulo 2, encabezamiento.

[3] Fiador.

[4] Fueros Capítulo 11, cédula 28ª.

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 29ª.

[6] Utilizo esta palabra para señalar al amigo o trabajador que conviven con el fiador. Con el tiempo esta palabra indicara al contratado que se alimenta de la misma mesa del amo.

[7] Catastro de la Ensenada, Amayas respuesta a la vigésima pregunta.

[8] Del lat. mixta, part. pas. de miscēre, mezclar.

[9] Fueros Capítulo 3 cédula 1ª.

[10] El mencal es una moneda de un peso en oro determinado. El sueldo es otra moneda de un peso en plata determinado que pueden variar en épocas. No he conseguido saber la correspondencia entre el mencal y el sueldo. Cuánto era mayor el mencal que el sueldo.

[11] Fueros Capítulo 11 cédula 16ª.

[12] Fueros Capítulo 11 cédula 21ª.

[13] Este tema lo trataré más en concreto en el apartado: Los templos y su edificación.

[14] Este tema lo trataré en el apartado: Agricultores y ganaderos.

[15] Fueros Capítulo 28 cédula 4ª.

[16] Capítulo 28 de los fueros, donde habla de los pastores. Se tratará en el apartado: Pastores y ganaderos.

[17] He encontrado citado este tracto o pecia de Portocarrero en varios artículos y libros pero ninguno aporta de dónde lo ha tomado, libro y página, por eso así lo copio de “Molina de Aragón, veinte siglos de historia” Herrera Casado. Guadalajara 2000. (Pág 74).

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60º La realización de los trabajos

Las herramientas para la agricultura son las de siempre, la azada y el arado de madera, con la reja de hierro. La reja es un aguijón en forma de triángulo puntiagudo.

Hasta que no se ideó el barrón, un cuadradillo metálico largo y puntiagudo que sobresalía unos centímetros sobre la reja y hendía la tierra, las labores eran someras, y las tierras de labor exigían más tiempos de descanso para producir. El barrón se aguzaba en las fraguas tantas veces como fuera necesario y así facilitaba la entrada en la tierra para obtener una profundización con menos esfuerzo de tiro y, por tanto, proporcionaba más mantillo, cosa que no ocurría con solo la reja triangular.

El arado de madera se debía reparar al menos una vez al año y si el terreno era pedregoso la cama que arrastra sobre el fondo del surco y lo abre, aún más veces. Esto llevaba a que el herrero también dominase la madera, ya que su trabajo también fue reparar los arados, los timones y los yugos. Como veremos más adelante en Molina había varias fraguas, necesarias para los herrajes para puertas, clavos, herraduras para los caballos, etc.

Las tierras de labor no eran precisamente las más húmedas y con mayor humus, éstas las dedicaban al ganado, vacas donde las había y si no para las ovejas estantes o zurcas y para mantener a los caballos y animales de labor cuando no se empleaban en sus trabajos. Así ahorraban en piensos.

La recolección se hacía con la hoz y el trillo (así se representa en el pórtico románico de la iglesia de Beleña de Sorbe, allí es tirado por bueyes, así como el arado). Debería afirmar que las labores se hacían con bueyes, porque en la mayoría de los dibujos o bajorrelieves medievales así nos los enseñan. Y en los fueros nos dice: “Todo vezino de Molina que ouiere dos yuntas de bueyes con su heredat… Qui ouiere vna yunta de bueyes con su heredat…”[1] Con bueyes trabajaban la tierra; animales lentos, pero seguros en el esfuerzo del tiro. Mejorarían estos trabajos con las caballerías, las mulas, más rápidas en el andar y con los adelantos del barrón incorporado al arado moverían más superficie en el mismo tiempo y por tanto la producción crecería, pero para estas mejoras aún habría que esperar algún siglo.

Las herramientas del pastor eran entonces las mismas que soempre se han usado, la honda para tirar piedras, el cayado o la garrota, el zurrón o morral, el capote (sagum), y las polainas que en cada época respondió a la manera de vestir. El calzado, diríamos que consistía en unas abarcas de cuero[2], unos pedugos y unos pellejos de cordero con la lana hacia dentro o el pelo si eran pellejos de cabrito, que doblados adecuadamente cubrían el pie y en la época de lluvia y de nieve escurrían sin dejar que el agua penetrara.

Las pieles que utilizaban los pastores para vestir, zamarras, chalecos y pellizas eran confeccionados por ellos mismos con las pieles curtidas de sus propios ganados.

A los pastores que hacían la trashumancia, los ganaderos les permitían llevar unas ovejas de su propiedad, con ello conseguían dos cosas, una mayor dedicación o cuidado del ganado (ésta era la visión del ganadero) y a su vez los pastores, los “esclavos”, se sentían con un mejor concepto de sí mismos, olvidando su esclavitud o servilismo.

En la agricultura también utilizaban este sistema de concederles en renta alguna finca para comprobar su hacer y así poder exigirles más cuando trabajaban para ellos[3].

La riqueza para las gentes consistía en tener la despensa con algún alimento y pasar el menor hambre posible. Supervivencia sin más.

Únicamente los ganaderos podían ganar con el comercio de la lana valiéndose del Concejo de la Mesta[4], con las pieles y con la carne de los corderos.

La agricultura, ya hemos enumerado los productos, daba para alimentarse escasamente. Volvemos a la obligación del trabajo para sobrevivir, sin él no habría producto en la finca. Es decir que si cultivo cualquier trozo de tierra, algo producirá, pero si no la trabajo nada rinde, con lo que al trabajo no le daban ninguna valoración monetaria, y sí a la tierra fuera mucho o poco su rendimiento. Y para redondear este pensamiento repito que la ganadería producía más que el cereal y por eso la cuidaban con mayor esmero: carne, leche, lana y corderos.

En algún momento he hablado del excedente de personas dispuestas para el pillaje o enrolarse al ejército. Esto del sobrante o exceso de población es muy relativo, todo dependía de la producción y de la comida que regía la supervivencia. A pesar de la problemática expresada para la repoblación no hay todavía exceso de personas. Entre la explotación agraria y la ganadera, además de la construcción de templos y viviendas, hay trabajo para todos. La mortandad era otra reguladora muy importante de la vida.

El conde Manrique impone la obligación de formar parte de sus huestes a quienes tienen unas determinadas posesiones, no a quienes voluntariamente quisieran enrolarse o quedaran sin nada que hacer. Todavía no sobra nadie.

Estas conclusiones aún son más reales si se tiene en cuenta el problema de mortandad en los recién nacidos y las enfermedades cuyos remedios se desconocían. Además la dentadura era una medida de vida definitiva, su pérdida acortaba el alimento. La vida media era muy corta.

[1] Fueros Capítulo 11 cédulas 6ª.

[2] Los curtidores, los zapateros y guarnicioneros conocían cómo la piel de los animales se estiraba y encogía o siempre permanecía con la misma tersura según qué parte del cuerpo cubría, por ejemplo la tripa estiraba y encogía cuando engordaban o adelgazaban y tenía un poder elástico para correas y capillos del calzado, el cuello y ancas apenas si se deformaban por el engorde y ésta era la mejor para suelas.

[3] No olvidemos el comportamiento de los propietarios de las villas en la época romana entregando posesiones y formando colonias con los esclavos, para sacar un mejor rendimiento.

[4] Los ganaderos de la extremadura, la región que quedó entre los reinos del norte y del sur, la región entre el Duero (extremo al Duero) hasta el Tajo tenían formado su costumbrismo o normativa para en caso de que dos ganados se juntase o se perdiesen algunas ovejas, poder recuperarlas y devolverlas al dueño, además de esto ya tenían sus sistemas de venta y transporte de lanas. El llamado Honrado Concejo de la Mesta de Pastores.

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59º Los diezmos y primicias y edificación de templos

La fórmula para financiarse la Iglesia era la de cobrar los diezmos y primicias de la producción de sus fieles que eran todos los habitantes de los poblados. Como hemos visto fue una prerrogativa dada por Alfonso VII en 1139.

Y apunto así, porque la Catedral de la diócesis no se levantó sólo con el dinero de las salinas, los molinos y los batanes[1], y con el producto de las fincas propiedad del obispo de Sigüenza, sino también con el dinero recaudado de la diócesis del que una parte se destinaría para mantener al obispo, otra para la construcción de ese templo Catedral y otra para ayudar a la construcción del templo de cada parroquia.

Los diezmos mayores, corderos, lana, trigo, cebada, cereal en general, eran para el obispo y los menores animales de corral y frutos de la huerta para el cura.

Pero en Molina, según fuero no rige esta generalidad de pago de diezmo, sino: “Los clérigos de Molina den a su obispo tercia de pan, de vino y de corderos, y de otras cosas den tercia”[2] De donde se sigue que los clérigos pagarían sólo una tercera parte de los bienes que llegaban a sus manos, o de sus posesiones a la diócesis y nada al señor. No podemos saber cuándo perdieron este privilegio del fuero, pero en tiempos de Pedro IV el Ceremonioso, el año 1359 ya se pagaban los diezmos normalmente.

Las primicias eran una medida de cereal, según la siembra realizada, que venía a manos del cura. Los sacerdotes y clérigos también pagaban impuestos, aunque fueran tercias, no puedo deducir que fuera el tres por ciento o el treinta por ciento que sería la tercera (tercia) parte. Pero pensando que son privilegios lo que el conde legisla para los clérigos de Molina, será una especie de rebaja de impuesto y deduzco que se refiere al tres por ciento, en lugar del diez que corresponde a los demás fieles.

Otros ingresos para la iglesia provienen de donaciones como ya hemos visto en lo relativo a beneficios.

Bien sean del rey que hace cesión de sus derechos monetarios, en este caso las nonas (tercias reales) de los diezmos que le corresponderían, o sea del obispo que cede su parte, o del señor que dedica los bienes que le corresponden de alguna salina o de algún molino, etc., de ahí salió una ayuda para la edificación de los templos en las parroquias.

Quedan fuera de este apartado la construcción de monasterios y de Iglesias de Molina ciudad, ya que recibieron especial atención de los Señores de Molina, y en el caso de los monasterios también de los reyes.

Intentando dilucidar cómo se pudieron levantar los templos en las distintas aldeas, aunque de la recolección de diezmos y primicias pudiera apartarse unas cantidades para edificación y mantenimiento[3], según ordenara el obispo por un lado y el conde por otro, no sabemos a cuánto podrían alcanzar estos ingresos. Aún serían necesarias más ayudas.

No podemos dejar de lado el pensamiento de los nuevos habitantes y las costumbres que como cristianos tenían arraigadas: necesitaban un lugar de oración, y aquí como conquistadores, no podían ser menos que los judíos y los árabes que tenían el suyo, por eso en muchos sitios sustituyeron o edificaron el templo cristiano sobre la sinagoga o la mezquita.

Hay dos fuentes que no quiero pasar por alto: Los que vuelven de hacer la guerra. “…et si alguna cosa dieren por amor de Dios, non den dende quinto”[4] Parece que quienes salen a batallar hacen promesas económicas por amor de Dios entre las que entraría ésta de levantar o ayudar a la edificación del templo.

La otra es la de los tornadizos, para evitar que fueran insultados intentarían ser o aparecer los primeros en las limosnas para la iglesia, de esta manera confesaban públicamente su fe cristiana. No es nada de extrañar que lo hicieran, porque así actuaron posteriormente los acusados de impureza de sangre o neoconversos[5]. La causa era la misma.

Por eso deduzco que también los habitantes de nuestros pueblos y sus sacerdotes dedicaron sus dineros y sus fuerzas (trabajos comunales) para levantarlas.

Otra cosa más, los fueros que se leen para el clero de Molina les da un especial trato, como si dependieran más del conde Manrique que del obispo de Sigüenza. Éste es un dato muy a tener en cuenta para entender otras situaciones. “Los clérigos de Molina non uayan a cabildo a ninguna tierra, mas ayan concilio en su cibdat con su obispo”[6] Es como si el obispo no los pudiera llamar a asamblea en Sigüenza ni en otra ciudad de la diócesis donde reunía a sus sacerdotes, los informaba y daba órdenes. Si el obispo tuviera necesidad de hablarles sería él quien debería acudir a Molina.

La iglesia de Molina goza de unos privilegios que la caracterizan. La desvinculan de alguna manera del obispo en cuanto tienen un poder asambleario propio, es librada de una obligación económica, tiene poder para que el obispo acuda a su territorio en caso de capítulo, y sólo en caso extremo dependen del obispo judicialmente.

Es algo así como una separación territorial, o una autonomía religiosa.

[1] Unos le eran propios por levantarse en sus fincas, otros por conquista y algunos otros donados por el rey, para más detalle véase Toribio Minguella, “Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos” Madrid 1910.

[2] Fueros Capítulo 10 Cédula 1ª.

[3] La diócesis siempre ha designado una cantidad mensual para mantenimiento del culto, aunque haya sido muy baja y no tuviera en cuenta el mantenimiento de fábrica sino en casos de extrema necesidad y siempre con la ayuda de los fieles y del gobierno. La ayuda de los Señores de Molina queda patente por la colaboración de las Señoras Blanca y María con sus donaciones.

[4] Fueros Capítulo 11 cédula 21ª.

[5] En multitud de retablos de nuestros templos se pueden leer las dedicaciones y los nombres de quienes pagaban su construcción.

[6] Fueros Capítulo 10, cédula 2ª.

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58º El obispo y los clérigos de Molina

El litigio de poder territorial de la Iglesia nació cuando el emperador Constantino legalizó el cristianismo (311).

Surgen dos preguntas: ¿Qué poder tendría la Iglesia que se asentaba en Roma? ¿Los reyes, dependerían de los papas, o los papas de los reyes? En la centuria del 700 se buscó una solución creando un rescripto en el que se decía que Constantino el Grande había donado a la iglesia el poder territorial sobre una parte de Italia que llamaron Estados Pontificios. Esto dificultaba más la respuesta. Un emperador reconocía a la Iglesia como dueña de unos territorios, porque ésta tenía poder y dominio territorial como reyes.

La repuesta, no obstante, fue que era una donación para indicar subditaje, por eso Carlo Magno tiró de las riendas del caballo del Papa. Él andando como un paje o caballerizo y el papa a caballo como un poderoso señor.

Dominaba sobre emperadores y reyes porque otorgaba el poder con su imposición de manos, y los señalaba como elegidos de Dios. Pero siempre quedaban flecos por los que podían, en sus territorios, imponerse al Papa.

Como Papa, poder religioso en el mundo, para su sustento y salvaguarda cobró impuestos y los recibía por manos de los obispos, por estas razones a lo largo de los años, mantuvo choques y agresiones con los reyes e imperadores.  Quien nombraba al obispo tenía derecho y poder sobre él, sobre sus actos y sus riquezas. Por eso los reyes pretendían nombrar a los obispos, incluso colocarlos en sus sedes, para cobrar sus impuestos.

Todas estas diatribas no afectaron a nuestros reyes, o quedaron en segundo plano, empeñados como estaban en la conquista de territorios.

En nuestro caso fue el rey Alfonso VII, quien valiéndose de su poder territorial o de su propiedad sobre todos su reino y sus frutos, hace entrega de los diezmos del producto salido de Molina y su alfoz al obispo de Sigüenza don Bernardo de Agen en 1139. En algo se parece a lo antes explicado. Pero él, el obispo, había tomado la ciudad, capital diocesana, por tanto le correspondía el derecho de conquistador sobre la ciudad y su zona.

Desde el año 1139, por tanto, el obispo de Sigüenza dispone de los diezmos y de ellos pagaba al rey las tercias reales. Consecuencia de la transmisión de los diezmos.

Como señala el fuero, el conde es el dueño y propietario en el nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Obispo es por tanto su segundo en poder territorial, y si miramos el rey cedió al conde la propiedad conquistada. Por eso, así como cedió al conde la posesión de todo, -sin olvidar al rey Aragón-, ahora cede al obispo las décimas de la producción de las que se guarda las llamadas tercias reales[1]. Las relaciones de la Iglesia y el Reino, en este aspecto, son de buena voluntad y respeto conquistador.

El obispo con sus huestes, acompaña al rey en sus batallas y, como cualquier otro noble, conquista y acondiciona la capital de su diócesis y amplía el territorio. El rey acepta estos dominios y les da el título de Señores, su actividad a partir de ese momento es similar a la de cualquier noble.

Siguiendo este mismo camino el conde Manrique concede a los clérigos un apartado especial, en él comienza por exonerarlos de participar en cabalgadas y en apellido[2] “Todo clérigo que en Molina morare non vaya en apellido nin en caualgada”[3] Es decir no están obligados a acompañar las salidas rápidas ni de formar parte de grupos de guerra dependiendo de un caballero, quedan exentos de todo acto bélico. Pero es un privilegio que sólo afecta a la persona del clérigo: “Mas si el clérigo ouiere fiio o nieto en su casa que pueda yr en apellido, vaya et si non fuere, peche calonna”[4] Sus hijos o familiares quedan fuera del privilegio, es decir están obligados a seguir al conde en sus llamadas, y si no se los castiga.

Las décimas que mandó el rey, para entregar al obispo, el conde las rebaja a tercia de trigo, vino y corderos y no de otras cosas:

“Los clérigos de Molina den a su obispo tercia de pan et de vino et de corderos, et de otras cosas non den tercia”[5] Es un trato especial sobre los impuestos. De aquí podemos deducir que los clérigos poseían bienes: campos y ganados. En la Cédula de encabezado dice “Todo clérigo que en Molina morare…” con lo que queda claro que este capítulo sólo afecta a los clérigos que viven en Molina.

Han de cobrar las décimas de toda producción pero solo han de entregar las tercias de los productos señalados, de otros productos, diezmos menores, quedan para su provecho.

Tampoco han de desplazarse para las reuniones, sino que el obispo es quien debe acudir a Molina para reunirlos. Repasando los libros de Minguella encuentro que en las convocatorias que hacen los obispos primeros de Sigüenza, ninguno llama a los de Molina.

“Los clérigos de Molina non uayan a cabildo a ninguna tierra, mas ayan concilio en su cibdat con su obispo”[6]

En caso de ser denunciados buscarán quienes los avalen y con esto se presentarán ante el cabildo de Molina, adonde acudirá el obispo. Será por tanto juzgado por ellos, por el cabildo de Molina. Y si es apresado será su obispo quien lo juzgue “Todo clérigo que fuere preso por algún caso, sea judgado por mano de su obispo”[7]

Los clérigos que tuvieren hijos, hemos visto que acudirán a la guerra, serán sus herederos, pero si no los tuvieren serán heredados por los parientes. “Todo clérigo de Molina que ouiere fiios sean herederos et si filos non ouiere, hereden sus parientes”[8]

También como todo habitante de Molina recibirán su parte de sal gratuita al año.

El clero de Molina forma un núcleo típico y privilegiado, unido a la tierra y a la ciudad, con una relación característica con la diócesis, como si formaran una iglesia territorial.

Cuando 1353 veremos que se consideran una cofradía de clérigos y por tanto exentos de pago, con esa declaración no hacen sino acogerse a estos privilegios[9].

[1] En Roma se está discutiendo la supremacía del Papa sobre el rey. Quién elige a los obispos, el rey en cuyos territorios han de ejercer su ministerio o el papa de Roma que no gobierna allí; éste fue, en resumen, el litigio entre el papa Gregorio VII y Enrique IV emperador de Alemania, años 1075-1122. Los valores espirituales y temporales emanados de Dios se encuentran en manos del Papa, sobre el rey. El encontronazo entre Bonifacio VIII y el rey Felipe el Hermoso de Francia da origen a que los papas elegidos posteriormente se busquen la residencia en Aviñón en el año 1305.

[2] Drae en cuarta acepción: m. en desuso. Convocación, llamamiento de guerra. En 5ª acepción: m. desuso. Hueste reunida por este llamamiento. Y en 6ª acepción: m. desuso. Seña que se daba a los soldados para que se aprestasen a tomar las armas.

[3] Fuero. Capítulo 10 Cédula introductoria.

[4] Fuero. Capítulo 10 cédula introductoria.

[5] Fuero. Capítulo 10 Cédula 1ª.

[6] Fueros. Capítulo 10, cédula 2ª.

[7] Fueros. Capítulo 10º, cédula 8ª.

[8] Fueros Capítulo 10 cédula 5ª.

[9] Capítulo 67º Año 1353 Los templos.

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Papa Luna

Al Papa Luna lo llaman cabezón y terco. ¿No fueron más sus adversarios al no dejarle defenderse? ¿Queréis saber cómo fue y pensaba?

https://marianomarco.wordpress.com/papa-luna-2/

Para conectar con el autor: mmyague@gmail.com

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57º La Iglesia

En el fuero se nos dice: “En el nombre de Dios et de la diuina piadat, es a saber, del Padre el del Fiio et del Spíritu Sancto, amén. Io, el conde Almerich, fallé lugar mucho antigo desierto, el qual quiero que sea poblado et ay sea Dios adorado et fielmentre rogado”[1]

Para entender estas ideas hay que tener en cuenta que la guerra iniciada por los reinos cristianos del norte se originó no solo para conquistar tierras y riquezas sino también para eliminar las creencias que establecieron los árabes. Por eso se llaman reinos cristianos. El islamismo fue considerado enemigo de la cristiandad. Los reinos del norte se valieron de esta ideología, la enemistad de religiones para atacar a los del sur y ampliar sus dominios. El rey o señor que luche y conquiste terrenos lo hace en nombre de Dios, y de él recibe el poder y dominio sobre los hombres y las cosas.

Este tema era la predicación constante en las iglesias.

La espada como evangelizadora. Todo el que quede bajo el dominio de un cristiano es también cristiano. Si alguien quiere quedar fuera de la creencia impuesta por el regente (judíos) pagará un impuesto y quedará señalado por el dedo de los creyentes. Los conocimientos y bases de la fe son los mismos que tiene quien preside, sea rey o señor. La fe o las creencias, el poder y las órdenes son de quien gobierna[2].

Concluyendo el rey y el señor, conde, etc. eran cristianos y sus súbditos habían de ser cristianos, quienes no lo fueran eran admitidos si pagaban un tributo especial, pero siempre expuestos a ser expulsados y perder sus bienes que vendrían a propiedad del rey o del señor…

Queda claro que el rey y el señor son como unos mandados de Dios y de su autoridad se revisten. El poder viene de Dios, la procedencia del poder los hacía invulnerables y ocupaban un lugar especial, sin dar cuenta de sus actos que nunca se consideraron delictivos. Este poder se hacía realidad con la bendición de la iglesia, papa, obispo o su delegado y el acto se presentaba como una coronación de reyes y emperadores y como una investidura de la nobleza y de los señores. La iglesia, por tanto, ante los gobernadores, reyes, príncipes o señores ocupaba un lugar de privilegio, potestad y hegemonía.

Siguiendo esta doctrina el conde Manrique de Lara comienza con una advocación para fortalecer su deseo y lo convierte en una orden espiritual, poseedora de todo el poder y justificación porque emana de Dios: ““En el nombre de Dios et de la diuina piadat, es a saber, del Padre el del Fiio et del Spíritu Sancto, amén” [3]

Cuanto a partir de ahora salga de su boca y sea escrito como orden recibirá el valor de ley con el beneplácito y bendición de la divinidad y por tanto queda establecido firme e inamoviblemente.

Con la misma eficacia que presenta su voluntad de que sea poblado quiere también que “…et ay  (ahí) sea Dios adorado et fielmentre rogado”. Ésta es la finalidad de las conquistas dentro del esquema religioso que justificará y le dará rango santificante.

Otra creencia entonces absolutamente asumida era la de que el hombre no podía no tener fe, porque la persona era concebida como un ser completo dotado de alma y cuerpo, y estas partes no podían separarse. El cuerpo es el que pasa hambre y muere. Pero dentro de él, inseparablemente unida, está el alma que es de Dios y para Dios, a no ser que peque y Dios la condene. El hombre por tanto o cree en Dios o le es infiel[4] porque cree en otro dios: Alá.

El hombre tiene que estar bajo la creencia y doctrina de Dios como le imponen y mandan sus gobernantes. Y si responde a las órdenes de Alá es un infiel que obedece a los gobernantes de Al-Ándalus: doblemente enemigo. Los judíos trabajadores y silenciosos pagan sus tributos especiales para continuar bajo el dominio del cristiano.

Por tanto quienes asientan su domicilio en estas tierras deben responder a este mandato de adorar a Dios y rezarle fielmente. Esto conlleva el levantamiento del edificio, el templo, en el que recogerse y aceptar la presencia de un sacerdote que dirija la oración.

Si el conde da comienzo con una advocación, significa que él tiene quien le dirija esa oración, es decir entre quienes forman su comitiva hay monjes y sacerdotes. Éstos serían los que se encargarían, junto a los nuevos pobladores, en ir formando las parroquias y dirigir la oración.

Surge la problemática de encontrar dinero para levantar los edificios y mantener a los sacerdotes.

En Sigüenza su obispo ya ha comenzado a edificar la Catedral. Y, como fieles delegados suyos, los sacerdotes también quieren un templo en sus pueblos.

[1] Fueros 2ª y 3ª cédula.

[2] Otras religiones hicieron lo mismo, me refiero sobre todo al islamismo cuyos gobiernos del estado y de la religión los posee la misma persona…

[3] Fueros de Molina encabezamiento general.

[4] Rae: “Que no profesa la fe considerada como verdadera” El concepto de infiel se equipara a no creyente, por tanto la persecución se multiplica porque quien no cree en el mismo Dios que yo es “no creyente” y debo conquistarlo o destruirlo… No puede existir nadie que sea infiel, incrédulo.

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Historia de Molina de Aragón

56º La ganadería

Los ingresos mayores se obtenían de la ganadería. La agricultura producía para alimentar a la familia y al ganado, incluso parte del ganado era carne para la familia.

La lana era un bien.

Conocían el valor de la lana fina de las ovejas que caminaban mucho y el de la lana de segunda calidad producida por las estantes o zurcas. La diferencia era el grosor del pelo, o hila, de escasas micras la fina y doble de gruesa la zurca que no caminaba tanto. La hebra, por tanto, que se sacaba al hilar era más delgada la de la lana fina, y con la misma fuerza de torsión para enlazarse un filamento con otro, que la de la gruesa. Esta sutilidad le daba un mayor valor en el mercado, al conseguirse paños más finos y delicados…[1]

La lana de las zurcas o estantes esa utilizada para tejer en casa haciendo mantas, pedugos, jubones, sayas, etc. y para relleno de los colchones.

La prenda característica con que se vestían los pastores era el capote o “sagum”, de origen celtíbero, ya conocido por los romanos y muy apreciado. Esta veste era un capote que llegaba hasta los pies, ancho para meterlo por la cabeza, con amplias y abiertas mangas, y una cogolla con que cubrir la cabeza, tejido en casa que se abatanaba para impermeabilizarlo.

Después del tiempo vivido como fronterizos, tenían conocimiento y trato con los ganaderos de los reinos cristianos también y comerciaban las lanas con ellos, así daban salida a su producción.

La Mesta de la extremadura castellana era conocida por estos pobladores, y los pastos de las montañas de la sexma de la Sierra, del Sabinar y del Pedregal eran extensos y facilitaban este tipo de pastoreo[2].

Los pastores y sus ovejas eran seres libres, sin cotos ni fronteras señaladas. Habían vivido en un momento en que los reinos del norte y los del sur entraban en campañas bélicas y no tenían tierras con mojones y señalizaciones.

Sabían que cuando lanzaban una ofensiva, declaraban tierras de nadie aquéllas que iban a agredir y si las ovejas aprovechaban los sembrados, deterioraban al enemigo y favorecían al invasor en la conquista. Ésta era la libertad de pastos.

Los mismos caballeros, dueños de las aldeas que tenían caballo y armas para acompañar al señor de Molina, iban conociendo nuevas tierras hasta las que llegarían sus pastores.

La trashumancia ya vivida se acrecentaba. Las grandes extensiones menos pobladas de la Mancha daban posibilidad para mantener grandes ganaderías.

La Mesta facilitaba el comercio de lanas.

Las pieles de las cabras y de las vacas eran otros productos a trabajar, curtiéndolos y trabajándolos para su uso los zapateros y guarnicioneros, y para comerciarlos.

“Los caualleros de la sierra ayan por soldada de cada grey vna borra de ciento arriba.”[3]

La sierra estaba siempre presta a alimentar a los ganados como estos guardianes de ella nos indican.

[1] “Hasta el siglo XVI la Mesta gozaba de la protección de los Reyes, porque la lana era el producto de exportación más importante de España y prácticamente fue el principal abastecedor de las arcas del país, a través de los ingresos obtenidos por los impuestos a estas exportaciones. Por esta razón la Mesta tenía influencias fundamentales en la construcción de la sociedad española medieval y moderna…” El pastoreo en España” Blog CAMINOS LIBRES (internet).

[2] Según el mismo blog CAMINOS LIBRES: “El Censo de 1477, de ganado ovino, vacuno y cabrío, daba para toda Castilla la cifra de 2.694.000 cabezas, de ellas más de medio millón estaban en Molina…” Aunque la distancia en años sea grande, simplemente nos da una idea de la dedicación a la ganadería.

[3] Fueros Capítulo 12 cédula V.

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