Historia de Molina de Aragón

81º Gremios y otras actividades

Estamos en la época en que los gremios tomaban fuerza, cuando se imponían normas, reglas y precios para evitar que se actuara fuera de ley, se vendiera y comprara abusando de precios, e incluso que por sus malas artes desprestigiaran el trabajo de los artesanos. Tenían aprendices que a juicio de sus maestros acababan conceptuados y aceptados como oficiales y maestros en el oficio.

En los fueros aparecen nombrados varios de ellos con una regulación que da a entender la coordinación y la precisión de normas impuestas no solo por la profesión sino por la legislación del ofico.

Comenzamos hablando de los tejedores

“Todo texedor que texiere picotes[1] en Molina, tascalos de quatro calças et de sesenta liñuelos[2], et en cada liñuelo aya doze filos. Et picot rayado aya ochenta liñuelos. Et buriello[3] aya sesenta liñuelos. Trapo de vara aya cinquenta liñuelos. Trapo de blanquet[4] aya sesenta et seys liñuelos. Et de todas estas piecas ayan veynt et dos varas crudas, et quando fuere adobado[5] aya dize nueue varas”[6]

Estas normas son para todos los tejedores en cuanto a medidas y hechura de los paños.

El peso de las telas y el de las materias primas deben tener el mismo peso “Los texedores tomen el filado a peso et tórnenlo a peso”[7]

El precio: “Los texedores de Molina texcan sayales quarenta et cinco varas por vn mencal”.[8]

“Almargas[9], treynta et cinco varas por un mencal; cannamo et estopa, veynte et siete varas por vn mencal et lino delgado, veynte uaras por vn mencal”[10]

Bataneros: “El pisador adobe con dos palmares et tome a dos picotes vna libra de seuo et el buriello et el blanquet aian las piecas sen­das libras de seuo et aya en cada molino vn acarreador”[11]

El adobo se realizaba en el batán, incluso se receta la fórmula del adobo y la cantidad para cada dos picotes.

Todos los oficios relacionados con la lana, desde esquiladores, pasando por pelaires, hilanderos, etc., teñidores, hasta tejedores existen. De los cardadores se habla en ellos: “Qui su sayal[12] diere a gardar[13], el encardador de (dé) la lana que dende saliere al sennor del sayal, et si non lo fiziere, peche se­senta sueldos”[14]

Herreros: “Todo omne que fierro conprare por reuender, si non fuere ferrero para su obra, peche sesenta sueldos”[15] Se describe lo que decía de las normas exigidas tanto de las compras como de las ventas dentro del mismo oficio.

Peleteros: “Todo pelleiero que pielles fiziere de conejos o de carneros o de liebres et mantos et los falsare, peche sesenta sueldos”[16]

Tejeros: “Quien fiziere teias, fagalas aquella forma que es de conceio, et si non la fiziere, peche sesenta sueldos”[17]

Carpintero: “Quien fiziere tablas de soldada, fagalas a la forma de conceio de seys palmos o más; si non, peche sesenta sueldos”[18]

Zapateros: “Qui suelas o auarcas o ferraduras canteare, peche cinco sueldos”[19]

Vinateros: “Viñadera que uino podrido boluiere o agua en el vino metiere, peche sesenta sueldos o jure con cinco”[20]

Transportistas: “Recueros[21] et viñaderos vendan al coto de conceio et si non quisieren, préndenles por ello”[22]

Molineros: “Quiero que los omnes que y poblaren que la ayan en heredat a ellos et a fiios de ellos con todo su término yermo et poblado con sus montes et con aguas et con molinos”

Curtidores, dice doña Blanca: “Manda[23] a Teresa González e Ines de Mesa su hermana Mexina e las tene­rias que fueron de don Jucep”[24]

Estos son los oficios que aparecen citados y valorados en los fueros.

[1] Drae. “Vestido tosco”. También, “tela áspera y basta”.

[2] Drae “Del lat. *lineŏlus, dim. de linum). 1. m. Cabo o ramal de las cuerdas y trenzas” En definitiva, conjunto de hilos.

[3] Tejido del color natural de la lana, parda o roja según la oveja.

[4] Tejido basto de lana blanca, por tanto lo distinguiríamos del buriello por el color de la lana.

[5] El adobo es el tratamiento de las telas para evitar que se deshilachen y hacer que se compacten.

[6] Fueros Capítulo 29 Encabezamiento.

[7] Fueros Capítulo 29 cédula 1ª.

[8] Fueros Capítulo 26 cédula 18ª.

[9] ¿Hilaturas?

[10] Fueros Capítulo 26 cédula 19.

[11] Fueros capítulo 29 cédula 2ª.

[12] Prenda de vestir, tal vez el sagum, famoso ya en época romana usado en la Celtiberia, o capote de pastor que había de ser tratado en el batán para su impermeabilidad, como las mantas de pastor que aún conocemos, e incluso este sagum aún usado en 1950.

[13] Cardar: RAE (En segunda acepción) Sacar suavemente el pelo con la carda a los paños, felpas u otros tejidos.

[14] Fueros Capítulo 26 cédula 4ª.

[15] Fueros Capítulo 26 cédula 7ª.

[16] Fueros Capítulo 26 cédula 8ª.

[17] Fueros Capítulo 26 cédula 11ª.

[18] Fueros Capótulo 26 cédula 12ª.

[19] Fueros Capítulo 26 cédula 13ª.

[20] Fueros Capítulo 26 cédula 15ª.

[21] Rae: m. Arriero u hombre a cuyo cargo está la recua”. La recua de caballerías tanto cargadas como en reata.

[22] Fueros Capítulo 26 cédiula 16ª.

[23] Entrega, da.

[24] Testamento de doña Blanca, año 1293.

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80º El total de los impuestos y la edificación de templos

Sumando los impuestos que afectaban a estos habitantes, el total alcanza la cantidad de un 20% de su producción: el diezmo para la iglesia más la decima parte para el conde. Añadiríamos a esto lo que cada uno aportara en trabajo, en moneda o en especie para la construcción del templo y para mantener a los soldados del castillo si lo había en esa aldea.

Los de Molina andaban con suma distinta ya que los impuestos del conde los tenían perdonados. Por tanto los caballeros sólo los de la iglesia y los vecinos el mantenimiento de las murrallas.

Los judíos pagaban la décima al conde, como todo aldeano, a no ser que vivieran en Molina, y además su impuesto especial a palacio por pertenecer al judaísmo y mantenerse liberados de la iglesia, más la conservación de las murallas.

Los cristianos habían de demostrar la fe que profesaban y nada mejor que los donativos y la colaboración en la construcción del templo o de la ermita… A lo largo de la historia esta cooperación, se mantendrá y el porqué de la participación lo glosaremos de vez en cuando. Los moros que para independizarse y poseer fincas y ganados habían de demostrar que ya pertenecían a la iglesia, qué mejor testimonio que las limosnas. Igualmante los judíos conversos.

Los señores de Molina colaboraron en la construcción de templos, al menos del Santuario de la Hoz, Monasterio de Buenafuente, Alcalech, Huerta, e incluso el de Piedra. Y los favorecieron facilitando su mantenimiento con donaciones de salinas, molinos, tierras, etc.

A las pequeñas iglesias de los pueblos, no aparece en ningún sitio que les entregaran heredades o dinero para su construcción, aunque deberíamos pensar que, al menos, darían órdenes para que determinadas posesiones fueran facilitadas, por ejemplo los solares para su edificación.

“Todo uezino de Molina que fiios non ouiere, los sus bienes heredenlos sus parientes; si non ouiere parientes, aquella colla­ción donde fuere, tomen todo lo suyo et denlo por su alma”[1] Las herencias de quienes no tenían descendientes se entregaban para beneficio de su alma, oraciones, misas, y lugar donde decirlas, luego al templo. Algo parecido leímos en el reparto del botín: “… et si alguna cosa dieren por amor de Dios, non den dende quinto”[2] los que den algo por el amor de Dios, limosnas, etc., bien podemos entenderlas en beneficio de la construcción del templo, no sean entregadas antes de pagar impuesto “non den dende quinto”.

A la puerta del templo era el lugar donde se comunicaban las órdenes y se reunía el concejo de la aldea, por tanto no podía faltar el pequeño respiro de unas monedas del concejo o la palabra de ánimo en su construcción por parte del Conde, o el destinar algo de sus impuestos.[3] En todo caso para el porche o la cancela.

Todos los señores hasta doña Blanca vivieron en la corte, dedicados a correrías bélicas o simplemente a morar en tierras andaluzas. Las necesidades del señorío les quedaron ajenas por aquello de ojos que no ven corazón que no siente. Sí recibían anualmente el pago de los bienes que les aportaba el señorío y escuchaban los requerimientos si se atrevían a presentárselos. La organización de gobierno creada por ellos funcionaba y solucionaba los problemas. Así lo tenían previsto y mientras no faltaran sus cobros de impuestos no tenían ninguna preocupación.

Doña Blanca de Molina (1243.1293) fue la quinta señora.

Esta doña Blanca[4] murió sin dejar descendencia, tuvo una hija que murió antes que ella. Al parecer fue la más dadivosa, mejor dicho la que más limosnas dio para la construcción de templos. El monasterio de san Francisco en Molina fue una creación suya que se mantuvo porque los impuestos a los judíos iban íntegros a este monasterio. Y además dio limosnas, se lee en su testamento, para la salvación de las almas de sus antepasados y de ella misma, y también para mantenimiento de otros monasterios de la ancha Castilla y no sólo del señorío.

De sus manos pasó el señorío a su cuñado el rey Sancho IV. Lo dejó como heredero. Éste lo cedió a su esposa doña María de Molina, hermanastra de doña Blanca; de ella lo heredó su nieto Alfonso XI (1321), uniéndose definitivamente el Señorío de Molina a la Corona de Castilla.

Veamos, como anécdota, el paripé que hizo el rey Sancho para contentar a los molineses y quedar, eso, como un rey: para que el fuero no sufriera detrimento convocó una asamblea de molineses para que dieran su aceptación al nombramiento de doña María de Molina como señora, cosa que el concejo sí hizo. Con esto doña María pasó a ser la sexta, si olvidamos a su esposo, Señora de Molina hasta su muerte.

Esta intención, la salvación de su alma, sería la que motivase muchos donativos para la edificación de iglesias.

En fin, los templos están construidos y aunque, algo unos y mucho otros, deteriorados por el tiempo, aún contamos con la belleza que queda de ellos.

[1] Fueros Capítulo 11 cédula13ª.

[2] Fueros Capítulo 11 cédula 19ª.

[3] En los próximos tiempos de pertenencia a Aragón veremos como Pedro IV dedicará casi todos sus cobros de impuestos para beneficiar a Molina y a las aldeas, bien perdonándolos o dedicándolos a solucionar otras necesidades.

[4] “Hija del anterior (don Alfonso) y quinta señora de Molina fue doña Blanca de Molina, mujer a la que le cabían todas las virtudes, según los cronistas. Levantó iglesias, fundó monasterios, fundó su Compañía de Caballeros, repobló zonas del sur del Señorío, perfeccionó el alcázar molinés y dejó un testamento modelo de sabiduría y ejemplo de señorío” (Así se expresa la página web del ayuntamiento de Valhermoso, la elijo por ser la más expresiva. También se manifiestan en este sentido Pedro Pérez Fuertes en “Molina. Reino Taifa…” y Diego Sanz con J.C Esteban en “La comunidad de la tierra de Molina. Claves…”.

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79º De la pena de muerte

Todos los delitos tienen pena pecuniaria, ninguno se condena directamente a muerte, ni siquiera se deduce que quien sea ajusticiado acabe con pena de muerte. Tal vez aquéllos que, por problemas de testigos o de pesquisas, pasen a juicio del Señor llegasen a sufrir esta condena[1].

Veamos en esta cédula si se acepta que haya condenados a la pena capital, por ahorcamiento –colgado- o de otra manera –muerto fuere- no especificada, pero como digo no entra entre las normas tal castigo, sino que aparace, incluso castigado, como no exento de pagar las multas; o como si el castigo de muerte llevara incluido el pago de sus multas.

“Todo omne que colgado o muerto fuere por justicia o por culpa que fizo, peche todas las calonnas”[2]

Parece como si diera por hecho que hay pena de muerte, pero no especifica los delitos tipificados, en ninguna cédula se habla de tal condena[3]. Tal vez podríamos deducir que sólo el Conde, a quien se recurre en determinados casos, tuviera esta facultad, como veremos.

En las normas o cédulas donde se habla de ella, es de manera indirecta o como daño colateral, es decir que acaece sin buscarlo directamente, aunque expongan a ello al condenado. Si no tuviere para pagar la condena monetaria ni de donde recibirla se daría el caso…

“Todo vezino de Molina que matare omne et fuere preso et non ouiere donde peche sus calonnas, prendale et metanle en el cepo fasta tres nueue días et despues tirenle el pan et el uino et dende adelante, siquiere muera siquiere biua”[4]

En la siguiente cédula también se condena, pero directamente, a una pena muy dura, a morir sin beber ni comer.

“El que fiziere fuerca en casa agena, echenle las suyas en tierra et si non ouiere casas, el que la fuerça fizo, peche el doblo al querelloso, tanto quanto las casas del forçado ualen; et si non lo ouiere de que lo complir, prendanlo et metanlo en prisión fasta que cunpla aquel pecho et si fasta tres nueue dias non pagare el pecho, non coma nin beua fasta que muera”[5]

Lo que en él se dice de forzar en casa ajena podemos entenderlo por lo que en el capítulo de los castigos[6] aportamos: “… por desonra de su muger o por omne que come su pan…”[7] Aunque también puede referirse a todo tipo de robo con violencia, heridas o crueldad. En varias ocasiones en que se habla de hacer fuerza, forzar, violentar, atropellar, las penas se duplican.

Se considera grave el delito y se le condena con hundir su casa e impone doblar el resarcimiento o pago de caloñas dándole tres novenas de tiempo para sufragar lo impuesto y si no “… non coma nin beua fasta que muera…”

Hay otra cédula que dispone el castigo cuando alguien se refugia en otra casa para librarse de la justicia.

“Et aquel encartado que fuere preso en casa de alguno, sea traydo ante los alcaldes et ante los pesquisidores et si ellos vieren o connocieren que deue seyer judgado, sea justiciado. Et aquel enemigo que fuere preso en casa de alguno, peche cient maravedis et salga por enemigo asi conmo dante era, et si non ouiere de que pechar los cient maravedis, metanlo en el cepo de conceio et non salga dende fasta que muera o peche los cient maravedis”[8]

Primero habla de un encartado, es decir sujeto a proceso penal pero aún no juzgado, entonces simplemente lo prendan y lleven para que lo juzguen si corresponde. Cuando ya ha sido juzgado y condenado, queda convertido en “enemigo”; pero si ha huido y se ha escondido en casa ajena volverán a prenderlo y pagará de multa cien maravedíes sin que ello lo redima. Seguirá obligado a pagar la condena y si no liquida su multa, lo encerraran en el calabozo del concejo sin otra remisión que sufragar la sanción, y si no allí morirá.

[1] Véase el capítulo 47  “Los Jueces”

[2] Fueros Capítulo 21 cédula 1ª.

[3] Sancho Izquierdo: “<En nuestra antigua constitución criminal –dice Martínez Marina- se escaseó mucho la pena de muerte> y así vemos en Molina que, existiendo esa pena, según se deduce del fuero (Todo omne que colgado o muerto fuere por justicia…), la guarda éste para casos excepcionales, pues que vemos que el mismo homicida era castigado con pena pecuniaria. Existe las más de las veces, como pena subsidiaria, en el caso en que no se pague la caloña, según se dijo también; cumplidas las tres novenas, se deja al preso morir de hambre” (pág. 252).

[4] Fueros Capítulo 24 cédula 3ª.

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 14ª.

[6] Vease: 73º Sobre las penas y castigos.

[7] Fueros Capítulo 19 cédula 2ª.

[8] Fueros Capítulo 18 cédula 4ª.

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78º Desafíos, palabras prohibidas y robos

Hay situaciones delictivas que no se pueden dejar sin denuncia y éstas las debe hacer la persona a quien ofenden directamente. Aunque podríamos incluirlos entre los querellantes o denunciantes, el fuero los presenta en capítulo aparte, en él se denominan como desafiantes. Podríamos pensar que se trata de gentes vengativas y no faltaría razón, pero el fuero simplemente los denomina como querellosos por una causa o razón y, por tanto, con obligación de delatarlo[1] y aquí, en esta exigencia, encontraríamos la fuerza vindicativa. Tampoco se pueden concebir estos desafíos como retos para batirse en duelo[2] sino como requerimiento para que actúe la justicia supliendo el compromiso de la persona ofendida.

Aunque en el memorial se pudiera archivar la existencia del reto como actividad real: “Quedan aún por oír otros lugares con los que daremos como Rueda, Castilnovo, Santiuste, Fuentelsalce, Establés, Mochales y Villel, cuyo señor (el de Molina) tiene facultad para hacer moneda y dar campo a los que quieran defender su honra o pleito por las armas”[3] Está claro esta facultad de dar campo, lugar donde batirse, a los que quieran defender su honra con las armas.

Se regula una práctica que al parecer no era insólita, sino costumbrista y motivada por el deseo de venganza y que incluso llevaría a asesinar al adversario[4]. Lo mismo que decíamos de los querellosos, que no habría juicios sin que alguien denunciase el delito y, por tanto, al causante; ahora se obliga al ofendido[5] a delatar, incluso se determina el tiempo y ante quien: “Todo omne que quisiere desafiar, desafíe el día de conceio ma­yor, et si en otro día desafiare, peche diez mencales”[6] El concejo es quien tiene el poder de juzgar y aceptar el desafío por tanto se hará en su día, si no pagará la multa[7]. Además ha de hacerse la denuncia en su momento, dando tiempo para que el otro pueda acudir: “Quien a otro desafiare, tal ora lo desafíe que pueda uenir al plazo”[8]

“Quien desafiare, por esto desafíe: por ferida de su cuerpo; por palaura vedada; por desonra de su muger o por omne que come su pan; por otra cosa non desafíe. Et quien a derecho non desafiare, pierda el enemigo et peche el omezilio que ouiere de pechar aquel enemigo si a derecho lo desafiasse”[9]

Se determina cuáles son las causas de desafío como si fuera un derecho inapelable del ofendido, así se regula el deseo de venganza y se encauza dentro de la potestad de denunciar: por herida, por palabra prohibida, por deshonra de mujer o por hombre que come su pan. Podemos deducir quien tiene obligación de desafiar porque si no lo hiciera admite la inocencia del ofensor. Y si éste, el ofensor, no aceptase el reto sería él quien pagaía la multa del delito (omezilio). Podemos deducir por la palabra omecilio que la ofensa a que nos referimos es de sangre.

Por herida en su cuerpo está claro lo que quiere decir, lo de deshonra de mujer también, lo de hombre que come su pan lo entendemos por abuso de quienes viven en su casa, sobre todo familiares directos[10]. Aunque también siervos, etc.

Dos cosas, primera: sin denuncia, es decir desafío, no hay juicio, y segunda: solamente se está obligado a desafiar en estos casos enumerados, fuera de éstos es libre de denunciar o no, si conoce o ve el delito que otro cometa, pero sin reto.

La “palabra prohibida” por la que se debe querellar el ofendido las vemos señaladas a continuación:

“Estas son las palauras que por fuero et por derecho son uedadas, es a saber que son estas que se siguen: Gafo, Cornudo, Hombre de sodomitico, que quiere dezir herege, Tornadizo, Puta. Et de todos estos nonbres si negare el que fuere acusado que lo dixo, jure con doze o peche diez maravedíes”[11]

Veamos el primero: “Gafo” (de gafedad[12]) persona con los dedos encogidos a causa de la lepra, es decir que llamar leproso es palabra prohibida.

“Cornudo”, todos sabemos su significado, y la palabra directa como insulto que nadie debe aceptar. Ya está de alguna manera señalado como causa de desafío “el honor de la mujer”.

“Hombre de sodomitico, que quiere dezir herege” El mismo fuero nos aclara el sentido del insulto. Vivimos en una época en que todos deben ser creyentes, y creyentes en el Dios cristiano, porque si no son herejes y por tanto infieles, perversos, reos y delincuentes, culpables siempre. Estamos en la antesala de la limpieza de sangre, es decir: no se pueden tener apellidos que indiquen una procedencia no cristiana. El valor insultante está claro.

Pero hay otro significado de la palabra, homosexual, que era tremendamente ofensivo. La relación sexual entre hombre y hombre la tenían como una relación que deshumanizaba, que lo hacía inferior a la mujer en el papel de receptor del sexo. La persecución y denigración a todo homosexual todavía en nuestros días la podemos observar. La deshonra que suponía esta actividad sexual era tan grande que no se podía aceptar entre los cristianos y por eso lo igualan al hereje: sólo los otros, es decir los herejes tienen esta inclinación sexual, (ellos dirían depravación sexual). Hay sociedades que no admiten entre los suyos determinadas desviaciones y las hacen exclusivas de otras sociedades, por eso llaman hereje al homosexual.

“Tornadizo” Advenedizo de las hordas musulmanas, huido y falso converso. La pureza de la sangre ya comienza. Podemos deducir que quienes permanecieron tras la conquista y quienes no se encontraban en buena armonía en el entorno de Al-Ándalus venían a los reinos cristianos y si no demostraban su valía cristina eran desprestigiados, por lo que el nombre se convirtió en insulto. Para entenderlo mejor traeré a colación las palabras de doña Blanca en el año 1304 en las que habla de los cristianos viejos para darles la categoría de dignidad contra los conversos o cualquier otro tipo de personas: “…en razón de las debdas que los cristianos viejos deven a los judíos que valiesen vis a vis a los de los pueblos como a los de la villa, sabed que lo tengo a bien e merced, y en razón que los cristianos viejos no sean agravados de los judíos, que pretendían cobrar usuras de los empréstitos que les habían fecho…”[13] Concretamente habla aquí como enfrentados a los judíos. La palabra clave que dignifica: cristianos viejos; y degrada a los falsos conversos o cristianos nuevos que deben manifestar continuamente su devoción y observancia pena de ser insultados como tales, en este vocablo que presentan como “Tornadizos”

“Puta” Pobre mujer que tenía que soportar el uso y abuso de los hombres. Pero no se podía decir de la mujer de cualquier cristiano, era insulto gravísimo. Ya lo he apuntado, en mi sociedad esto no existe, solo se da en la otra.

En toda regla siempre hay excepción, cuando la persona a quien se forzare, si fuere puta conocida, cosa que se demostraría con el testimonio de cinco hombres, quien usó o abusó de ella no tiene que pagar multa alguna. Si en cambio se abusara de ella sin consentimiento de la familia, pagará una multa y será tenido por enemigo y por tanto denunciado ante el concejo. “Quien a fiia agena fuerca fiziere o la leuare sin grado de sus parientes, peche dozientos maravedíes et salga por enemigo. Si negare, jure con doze vezinos que non fizo aleue ninguno. Si fuere puta sabida, así que cinco omnes digan verdat que asi es, non aya calonna ninguna”[14]

Esta cédula la podríamos considerar también en otros apartados, en el de la mujer y en el de la liberación de compromiso tenido por los padres, según esta cédula a él corresponde la denuncia si la hija no se ha casado.

 

La tercera parte del título de este apartado responde a unas breves pero elocuentes cédulas.

De quien robare, pocas cosas se pueden comentar, es así de lacónico y directo. “El ladrón que por furto fuere preso, sea condenpnado”[15]

“El ladrón que por furto lidiare et uencido fuere o todo omne que por furto fuere uencido, tome el sennor la calonna fasta que sea doblada, et después enbielo al juez por las novenas de palacio”[16]

Queda claro que todo ladrón debe ser juzgado, y que lo robado pasa a manos del señor o vencedor en la detención y el juez pasará la novena parte al palacio, es decir al Señor.

“Todo omne que por omezilio o por furto o por alguna pér­dida de conceio se ouiere a saluar por conceio, jure con doze vecinos…”[17] Si el concejo se apresta a liberar de la culpa debe presentar y jurar ante doce vecinos su honestidad.

[1] Para aclarar todo lo concerniente a desafíos y retos acudo a un documento posterior pero que puede aclarar las dudas interpretativas que me han surgido. En las Ordenanzas reales de Castilla, tomo II, título IX, ley VIII del año 1438 dice así: “Ordenamos, que los hijos dalgo se puedan reptar, y desafiar en los casos, y por la forma en las leyes susodichas contenidas…” y las ordena y regula de manera que: “no se fagan, ni puedan ser en ningún caso, ni por alguna razón que sea, y qualquier hijo dalgo, que embiare o truxere empresa o requestas a otro fijo dalgo, para se matar con él o hacer puntas, o otras armas, sino en la forma, y caso suso contenidas…”

[2] En las mismas Ordenanzas reales de Castillas, mismo tomo y título, ley XI “Una mala usanza se frecuenta en estos nuestros reinos, que quando algún Caballero, o escudero o otra persona menor tiene quexa de otro; luego le embia una carta, que ellos llaman cartel sobre la quexa que tiene, y desta y de la respuesta del otro viene a concluyr, que se salga a matar en lugar cierto cada uno con su padrino, o padrinos, o sin ellos, según que los tratantes lo conciertan… Y qualquier que lo hiziere, si quier sean dos, o muchos, cayan e incurran por ello en pena de aleve, y hayan perdido, y pierdan por ello todos sus bienes para la nuestra cámara, aunque el trance, y pelea no venga a efecto: e si dello se siguiere muerte, o feridas, y el requestador quedare vivo de la requuesta o tranze, muera por ello. Y si el requestado quedare vivo sea desterrado perpetuamente”.

[3] Marineo Sículo en el libro tercero de su obra “De las cosas memorables de España” En tiempos de los reyes Católicos. Tomado de Sanz y Díaz en su escrito de “Los concejos molineses” (Wad13SanzDiaz).

[4] “Otro si mandamos, que las penas deste titulo no sean executadas fasta que por nos, o por nuestro juez competente sean determinadas e juzgadas por sentencia definitiva, salvo en los casos que fueren notorios en que ninguna probanza se requiere, e nos seamos bien certificados del caso…” (El subrayado es mío) Ordenanzas Reales de Castilla mismo tomo y título Ley X.

[5] Convirtiéndolo así en parte ofendida y parte acusatoria, como si en ello buscase y encontrase una compensación al agravio.

[6] Fueros capítulo 19 encabezamiento.

[7] El libro de las “Ordenanzas Reales de Castilla” del rey Juan II, que cito, es el tribunal del Rey o del juez que actúa con su aquiescencia y poder, y la penas o castigos redundan en beneficio de la cámara del Rey, en nuestro caso es el concejo quien tiene el poder y quien él tenga como juez, véase el capítulo de jueces y pesquisidores, y respecto a los beneficios de tasas y multas el reparto será según se señala en el fuero.

[8] Fueros Capítulo 19 cédula 1ª.

[9] Fueros Capítulo 19 cédula 2ª.

[10] En las Ordenanzas Reales de Castilla, tomo II, título IX, ley VIX del año 1438 “…si por muerte de padre, o de madre, o de abuelo, o de visabuelo, o de fija, de nieto, o de nieta, o de visnieta, o por muerte de hermano, primo, o prima de su padre o primo segundo del que desafió…”

[11] Fueros Capítulo 20 Encabezamiento.

[12] Drae “Lepra en que se mantienen fuertemente encorvados los dedos de las manos, y también, a veces, los de los pies”.

[13] Pedro Pérez Fuertes, “Molina. Reino Taifa. Condado. Real Señorío” Pág. 233.

[14] Fueros Capítulo 24 cédula 22ª.

[15] Fueros Capítulo 21 encabezamiento.

[16] Fueros Capítulo 20 cédula 13ª.

[17] Fueros Capítulo 24 cédula 8ª.

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77º Agricultores y ganaderos

Los ganaderos y los agricultores siempre tuvieron problemas entre sí. Los pastores, aunque se preocupaban de que el morro de las ovejas, libre y desconocedor de propiedades, no mordiese hierba de sembrado, no siempre podían evitarlo. Y los labradores, aun siendo también ganaderos, no aceptaban que los rebaños comiesen sus sembrados.

Para evitar esta situación, lo primero era poder identificar a las ovejas. Por eso: “Todos los pastores de Molina den a sus sennores las pelleias con sennal de fierro et el que non lo fiziere peche sesenta sueldos. Esso mismo el sennor que recibiere pelleios sin sennal de fierro peche sesenta sueldos”[1] Quien no marcaba a sus ovejas, incluso si las compraba sin señal, por ambas cosas eran multados. Con estas marcas todos los ganaderos sabían a quién pertenecía el ganado. En nuestras tierras esta herramienta usada para señalar al ganado la llamábamos “almera”, y el engrudo caliente en que se untaba el símbolo de la almera era la pez[2]. Se apunta a los pastores la obligación de almerar a las ovejas, y que los hierros con el signo pertenecieran a los ganaderos.

Se confirma en esta cédula el pago de impuestos y de rentas: “… den a sus sennores las pelleias con sennal de fierro…” Incluso al dueño que ecaptaba las rentas si la aceptaba sin señal sería multado. La Mesta y sus leyes de marcaje para saber de quién eran las reses en caso de mezclarse aparecen bien claras.

Los daños causados por los ganados se habían de valorar y vemos cómo distinguían según estuvieran de crecidos los sembrados: “Todo danno de mies que fuere fecho fasta en março, diez oueias pechen almut. Buey et puerco et qualquiere otra bestia, peche quartiella. De março arriba, cinco oueias pechen almud. Buey o puer­co o otra bestia, peche almud. Et fasta a la fiesta de Sant Cibrián, sean cogidas estas calonnas et dende adelante non respondan”[3] El catorce de septiembre es san Cebrián y queda libre el pasto en los campos hasta marzo que comienzan a tomar fuerza las sementeras. Según el número de cabezas se pagará una multa distinta: un almud de cada diez; y según la época se dobla la multa: un almud de cada cinco; o desaparece: después de la recolección.

No solo había rebaños de ovejas, según los prados y dehesas también de bueyes y piaras de puercos, incluso de otras bestias: de burros y mulos, no hemos de olvidar el traslado de mercancías a lomos de mulos o de asnos, o de otros materiales, por ejemplo de construcción: recuas de mulos conducidas por recueros y burreros con burros.

Pero aún se especifica más la multa: “Passados nueue días de la fiesta de Sant Iohan, qui fa­llare ganado en su término entre las miesses, tome cinco carne­ros de la grey et fasta en diez tome vno; et quien lo mamparare, dóblelos”[4] En san Juan comienzan a madurar y el destrozo es mayor, por eso se aumentan las multas y si los metiera y dejara (mamparare) dentro de la finca pague el doble.

Los pastores, buscando justificación, se quejaban de que no sabían cuándo los campos estaban sembrados y cuándo no, y por eso se legisla: “Quien prado touiere, téngalo cerrado a fuero de Molina; los vezinos de la uilla con moiones; los omnes de las aldeas, de palo seto o de valladar o de tapia. Et el que así fuere cerrado, sea uedado por todo el anno et aya calonia de trigo conmo dicho es”[5] Los prados que se quieran hacer respetar serán cerrados con vallas de palos o de piedra, para distinguirlos de los señalados con mojones. En las aldeas se señalan de una de de estas maneras: con ramaje[6], vallas o palos entrecruzados, con cualquier cosa que impida el paso o con paredes. Recordad las fincas o pedazos (piazos) convertidos en cerradas, éstas se daban en el monte cuando quedaban aisladas de otros sembrados, porque la peligrosidad era mayor…

¿Desde cuándo los pueblos están rodeados de pequeños huertos? Podría ser que los antiguos pobladores ya los trabajaran, pero ahora al legislar, tomamos realidad de su existencia: “Quien ouiere huerto o uiña o prado o alguna heredat en la frontera del exido de la villa o del aldea et non los cerrare de tapia o de valladar o de seto que aya cinco palmos en alto, non aya calonnia”[7] Entiendo que los ganaderos se quejaran de los propietarios que tenían huerto a la salida de la villa o de la aldea, y pidieran que no los multaran ya que los tenían abiertamente expuestos y era desidia de los dueños. Era la entrada obligada a las parideras del pueblo. Por eso se estipuló que para una adecuada defensa se vallaran con paredes o palos de cinco palmos de altura.

Aún así, sobre todo las cabras que brincaban por las paredes, entraban a comer el lechuguino o lo que tuvieran sembrado, y legisló el fuero: “Quien entrare en huerto ageno, peche cinco sueldos. Si entrare por paret o por valadar o abriere la puerta peche se­senta sueldos; si non pudiere firmar, jure con cinco”[8]

Aunque lo acomodo también a los pastores, esta cédula se centra más en las personas que invaden la propiedad ajena y las multas que conlleva, dado el deseo de apropiarse de lo ajeno.

“Ninguna bestia sarnosa non pazca en la defesa et si paciendo la fallaren peche sesenta sueldos”[9] La sanidad del ganado estaba exigida.

“Quien matare paloma agena, peche cinco sueldos, si non fuere en su sembrada o en su huerto, et que la mate con su mano o con fonda”[10] Pienso en los palomares que abundaban en nuestros pueblos, incluso en parajes que detentan estos nombres, y veo que la colombofilia y la cría de palomas formaba parte de la mensajería y de la alimentación entonces y después.

[1] Fueros Capítulo 28 encabezamiento y cédula 1ª.

[2] DRAE. Pez en segunda acepción: Sustancia resinosa, sólida, lustrosa, quebradiza y de color pardo amarillento, que se obtiene echando en agua fría el residuo que deja la trementina al acabar de sacarle el aguarrás.

[3] Fueros Capítulo 29 cédula 2ª.

[4] Fueros Capítulo 28 cédula 13ª.

[5] Fueros Capítulo 28 cédula 3ª.

[6] Los piazos sembrados fuera de pago o añada (en las tierras que se dejaban de descanso), se indicaban colocando ramas de sabina o encina a distancias prudenciales para que los pastores las vieran.

[7] Fueros Capítulo 28 cédula 4ª.

[8] Fueros Capítulo 28 cédula 6ª.

[9] Fueros Capítulo 28 cédula 10ª.

[10] Fueros Capítulo 26 cédula 10ª.

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Histotia de Molina de Aragón

76º Denunciantes y testigos

“En Molina non responda ningún omne por ninguna cosa sin querelloso”[1]

Nadie será llevado a juicio, ni será tenido por malhechor si no hay quien lo denuncie. Lo que las lenguas hablan no entra en litigio, sí cuando alguien las que delata.

“Quien se allamare a la carta sea judgado por la carta, et si non fuere en carta, judguen aquello los alcaldes con arbitrio de omnes buenos del conceio”[2]

Las normas por las que han de regirse en todo juicio serán las de la “carta”: el fuero; no solo el que  denuncie sino cualquiera otro ha de concocer la “carta” y a ella supeditarse, y si el delito no estuviese recogido en la leyes, una vez formalizada la acusación, será juzgado por los alcaldes según criterio de los hombres buenos del concejo, aquí no especifica número. Ya dije que se entendía que la rectitud de la persona aparecería en sus juicios, me refiero a los alcaldes y hombres buenos, la ecuanimidad en sus juicios y la integridad en sus decisiones.

“Si algunos mataren pariente et non dieren querella fasta vn anno, después de vn anno nol respondan”[3] Incluso en caso de asesinato, se habla de la familia de ese “pariente”; bien sea que por guardar el duelo o por otra causa, si se retrasasen en la denuncia hasta que pasase un año no sería válida la acusación: “nol respondan”

“Todo omne que querella ouiere en Molina, uno de otro, et non quisiere dar o recibir derecho sobre aquella querella fasta nueue días et otra vegada fasta otros nueue días, sea en coto de mille maravedíes, et después de nueue días, salga de Molina por encar­tado[4] del conceio et por enemigo daquel de quien non quiso dar derecho nin recebir et de sus parientes; sobre esto, peche cient maravedíes en coto, et los parientes del encartado saluden en conceio a los querellosos por los quales salió el encartado et el que non quisiere saludar, esso mismo salga por encartado”[5]

Cuando el denunciado no admite la denuncia ni acepta el juicio con defensor (recibir derecho), si persiste durante nueve días y de nuevo lo rechaza en otros nueve días, pague una tasa de mil maravedíes. Y, tras otros nueve días de prórroga para aceptar el juicio, se le expulsará de Molina como encausado y culpable, y quedará como enemigo de quien lo acusó, de sus parientes y de quienes no quiso recibir derecho, es decir defensa.

“….sobre esto, peche cient maravedíes en coto…” Además de ser expulsado ha de pagar otra multa de cien maravedíes.

El acusador, entonces, queda libre de toda sospecha y por tanto los familiares del acusado no le deben guardar rencor y deben ponerse a bien con él, y si no quisieren saludarlo, es decir si guardasen rencor al denunciante, ellos también deben abandonar e irse de la ciudad con el mismo baldón: encausados.

“Qualquiere de Molina o de su término matare aquel en­cartado, non peche por ello calonnia nin salga por ello enemigo, et los parientes del muerto saluden en conceio al que mató al encartado; et qui non lo quisiere saludar, esso mismo salga de Molina por encartado”[6]

El asesino de aquell reo (encartado), (esta cédula continúa a la anterior) queda sin penalizar. Los familiares del muerto (del encartado) deben saludar al asesino sin rencor, y si los familiares del muerto no les dirigieren la palabra se les destierra.

“Todo omne a quien fiador de saluo[7] demandudieren et non lo quisieren dar salga por encartado, et si fiador de saluo diere, tal sea que aya en valías cient maravedíes, et si se quisiere sallir de aquella fiaduría, aquél que dio el fiador métanlo en la prisión en casa del juez fasta que de otro fiador”[8]

Para librarse de las penas debían buscar a alguien que respondiese por ellos y que pagase la fianza, éste para salir fiador debería poseer al menos cien maravedíes. Si no encontraba fiador o nadie quería ser su aval o valido, es decir que respondiera por él, seguiría como reo y lo recluirían hasta que encontrara a quien respondiese por él.

“El que testimoniare al encartado de aquellos que agora son encartados o fueron en ante con dos alcaldes o con dos pes­quisidores, aquel en la qual casa fuere testimoniado, peche cient maravedíes”[9]

Quien da testimonio a favor de un recalcitrante -bien que repitiera el delito o que ya fuese encartado ante dos alcaldes o dos pesquisidores- por dar testimonio en su propia casa, se multará con cien maravedíes. (Es como si dentro de la casa se diese testimonio para ocultarlo)

“Quien mentira jurare o falso testimoniare, peche doblado al querelloso todo aquello porque juró o testimonió et trenta mencales al muro”[10]

También pueden ser testigos mentirosos o falsos, se les multa doblando el castigo y además con treinta mencales.

“Qui saliere de Molina por enemigo o ya ante auie salido por muerte de omne, si fuere testimoniado o prouado en casa de alguno, así conmo de suso dicho es, peche cient maravedíes aquel en la casa del qual fuere testimoniado. Et si aquel sennor et si aquel sennor (sic) de la casa do fue testimuniado que era el encartado o enemigo dixiere que él non sabíe que era en su casa, non aya por ello pena; después jure con dos uezinos de­recheros que non era sabidor que en su casa fuesse, non peche por ello ninguna calonna”[11]

En esta cédula se aclara lo del testimonio en la casa. Se trata de quien esconde al delincuente en su casa, o simplemente le dé refugio, el dueño de la casa que lo acoja debe pagar una multa. Si demuestra desconocimiento de que se ocultó queda absuelto de la multa pero debe jurar, apoyado por diez vecinos, su ignorancia.

Y si se opusiera a que buscaran en la casa, debe pagar multa: “El que non quisiere dar sus casas a escodrinnar a estos omnes de suso escriptos por los encartados o por los enemigos, peche en coto peche (sic) cient maravedíes…”[12]

En estas cédulas siguen presentando detalles que nada digno de mención añaden ni lo varían.

“Quien bozero fuere de juyzio que fuere sobre diez mencales et testigos diere, jure el abogado que uerdaderos son et passen; si non jurare, non passen”[13]

Por fin oímos hablar expresamente con la palabra abogado (bocero). Los testigos que presente para la defensa, el mismo abogado los debe presentar como buenos y además bajo juramento, de otra manera no serían aceptados. Además se da un valor al delito, de diez mencales para arriba, si no quedarían sin abogado o no necesitaría testigos o no le harían jurar. Es un poco extraño ya que deberían ser los testigos quienes deberían jurar que dirían verdad, según nuestra mentalidad, pero entonces el vocero debía jurar por la honradez de los testigos.

“Vezino de Molina non tenga boz si non la suya propria o de orane que comiere su pan. El juez et los alcaldes den vn omne bueno ad aquel que non sopiere tener su boz a la puerta del juez o en la cámara”[14]

Él mismo se debe defender, o alguien de su cercanía. Y si no tuviese abogado ni su propia voz ni la de alguien que vive en su casa, o no sabrían valerse, le pondrán un abogado que lo defienda.

El reparto de las multas o caloñas.

“…Et el juez et los alcaldes coxgan aquella calonna et el querelloso aya la quarta parta”[15]

Quien denuncia tiene su recompensa. Tal vez para evitar policías, se incentiva a las gentes para que entre ellos se vigilen y anden prestos a denunciarse. Da la impresión de que vivían como en un estado de desconfianza mutua, en cuanto salían de la familia o de la etnia estaban expuestos a todo. Hemos visto que se habla de fiadores, avales y testigos, pero los denunciantes son los únicos que se lucran. Concretamente con la cuarta parte de la multa impuesta.

“Quien mentira jurare o falso testimoniare, peche doblado al querelloso todo aquello porque juró o testimonió et trenta mencales al muro. Et quien pesquisas ouiere, delas ante que reciba las juras”[16]

Seguimos viendo que el denunciante siempre recibe un beneficio por su denuncia, incluso cuando el denunciado miente, es a él a quien aprovecha.

“Et destas et de todas las otras calonnas recebida primeramente la séptima parte para el juez, et fagan de lo al quatro partes, et de las quatro partes, la primera den al conde; la segunda al querelloso; la tercera a los alcaldes; la quarta al conceio”[17]

En esta cédula se hace una distribución distinta a aquélla que hemos visto anteriormente, tal vez por ser ya en juicios generalizados entran más a repartir. Primero al juez corresponden la séptima parte, y del resto al denunciante le correspondo lo mismo que al conde, al concejo y a los alcaldes.

“El que fiziere fuerça en casa agena echenle las suyas en tierra et si non ouiere casas, el que la fuerça fizo, peche el doblo al querelloso, tanto quanto las casas del forçado ualen…”[18]

Esta cédula se entiende por sí misma. Sólo apuntar que todo el que hiciere fuerza para refugiarse, forzare dentro de casa ajena, pague el doble en compensación o pena.

[1] Fueros Capítulo 22 encabezamiento.

[2] Fueros Capítulo 22 cédua 6ª.

[3] Fueros Capítulo 22 cédula 3ª.

[4] Procesado, encausado. Drae: Sujeto a un proceso, especialmente penal.

[5] Fueros Capítulo 18 encabezamiento.

[6] Fueros Capítulo 18 cédua 1ª.

[7] RAE. Fiador de salvo = m. Antiguamente, el que se daban los que tenían enemistad o estaban desafiados; y esta fianza producía el mismo efecto que la tregua.

[8] Fueros Capítulo 17 encabezamiento.

[9] Fueros Capítulo 18 cédula 2ª.

[10] Fueros Capítulo 28 cédula 12ª.

[11] Fueros Capítulo 18 cédula 3ª.

[12] Fueros Capítulo 18 cédula 5ª.

[13] Fueros capítulo 21 cédula 6ª.

[14] Fueros Capítulo 11 cédula 29ª.

[15] Fueros Capítulo 3 cédula 3ª.

[16] Fueros Capítulo 28 cédula 22ª.

[17] Fueros capítulo 23 cédula 10ª.

[18] Fueros Capítulo 11 cédula 13ª .

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Historia de Molina de Aragón

75º Grupos enemistados

“Todo omne que fiziere en Molina corral por vando[1] contra otro vando peche dozientos maravedíes; et si negare, jure con doze. Por muerte de omne, nin por ferida, nin por lancada, non salgan con armas; el que lo fiziere, peche cient maravedíes”[2]

De cuántos lugares procederían los pobladores que ocuparon nuestras tierras ni cómo ocuparían los barrios de Molina o las aldeas, no lo sabemos, pero por esta cédula se desprende que formarían grupos por familias, por barrios o por aldeas (corral) con enfrentamientos y que se pelearían (vando contra vando). No sé si cabe hacer parangón de aquellos grupos enemistados (corral) entre barrios o pueblos, (situación que conocimos en el siglo pasado cuando estaban habitados) pero bueno por lo que se desprende sí que ocurría y había que evitarlo poniendo multas. Esto señala las enemistades por procedencia (etnias o familias), por posesión de tierras o por denuncias de los ganados que aprovechaban el herbaje del término vecino (entre aldeas). Podríamos deducir también las enemistades de unas aldeas con otras por territorios más extensos o más productivos. Y también por ideas…

Queda prohibido ser cabecilla y arroparse de gentes que a su mando se enfrentan contra otro grupo pague la milta de 200 maravedís. Y si se negase busque doce fiadores ante quienes jure.

En la misma cédula, para prevenir consecuencias de estos enfrentamientos se prohíbe llevar armas porque así no habría muertes ni heridos, y si alguno la llevase, (principalmente se denuncia la lanza), pague una multa de cien maravedíes.

“Quien viniere en bando e hiriere doble todas las calonnas. Si negare jure con veinticuatro”[3] Otra disposición para quien en bandería o pandilla, escudándose en ella, hiriere a otro pagará el doble de multa es decir doscientos maravedíes. Y para probar su inocencia tiene que jurar por veinticuatro o que veinticuatro personas salgan fiadoras de él. Esto indica la dificultad de que alcance ese número de personas, como fiadoras, aunque pertenezcan a  una banda.

“Por buelta[4] sabida onde puede crecer mal en la villa los alcaldes tomen de cada parte quatro parientes, et de aquellos, den sobreleuadores de coto[5]; et de aquella parte que non los qui­sieren dar, sean en coto de mille maravedíes et pechen la calonna que fizieron”[6]

Y seguimos con estos posibles enfrentamientos, se recomienda a los alcaldes que citen a los parientes, a cuatro, y ellos se ocupen de evitarlo y se comprometan a pagar las tasas correspondientes si no lo evitan. Y si no quisieren comprometerse aumenten las tasas a mil maravedíes además de la caloña, es decir además de la multa prevista, los mil maravedíes. La más cara multa.

“Quien sobreleuador de coto fuere en el conceio se salga seyendo amas las partes en conceio manifiestas”[7]

El que se responsabilice que acuda al concejo y apure hasta conseguir que ambas partes se aclaren y por tanto desaparezca la pugna.

“En buelta que aquaeciere en la villa, otorguen dos alcaldes jurados o juez et alcalde”[8] La riña que suceda dentro de Molina (la villa) la solucionen o juzguen dos alcaldes, es de suponer que uno por cada parte y si no el juez y el alcalde.

Los pobladores que acudieron en esta época provenían de distintos lugares de la península. Unos de los reinos del norte, incluso de allende los pirineos y otros que se reintegraron de la zona árabe, aquéllos con su afán bélico y de ocupación, mientras éstos con el deseo de reencontrar el pequeño idilio cristiano que en su mente albergaban. El choque de unos y otros es fácil de detectar y también que procuraran reunirse en zonas del señorío o en barrios de la ciudad. Esta colonización pido crear un ambiente de enemistades con el vecino, con el habitante de aldea o de barrio y crear grupos y bandos rivales.

Más difícil es interpretar estos grupos como formados por judíos o por moros para defenderse de los cristianos.

[1] Drae. Bando. (Quizá del gót. bandwō ‘signo, bandera’). m. Facción, partido, parcialidad.

[2] Fueros Capítulo 16 encabezamiento.

[3] Fueros Capítulo 22 cédula 13ª.

[4] Drae. Acepción 29, f. ant. Riña, alboroto.

[5] Drae. (Del lat. cautus, defendido). 1. m. Terreno acotado. 2. m. Mojón que se pone para señalar la división de los términos o de las heredades, y especialmente el de piedra sin labrar. 3. m. Población de una o más parroquias sitas en territorio de señorío. 4. m. Término, límite. 5. m. ant. Mandato, precepto. Y también (Del lat. quotus). 1. m. Postura, tasa.

[6] Fueros Capítulo 16 cédula 1ª.

[7] Fueros Capítulo 16 cédula 2ª.

[8] Fueros Capítulo 16 cédula 3ª.

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