Historia de Molina de Aragón

90º Algunas aclaraciones y actividades necesarias

Para entender bien todo lo expuesto hay que distinguir entre sacerdotes y clérigos. En principio todos los sacerdotes son clérigos, pro no todos los clérigos son sacerdotes. Los clérigos no sacerdotes eran personas que tomaban órdenes menores u órdenes menores y además subdiaconado, o incluso de diaconado pero ya abocando al sacerdocio. Lo normal entre los que acudían a estudiar a la universidad o a los centros de enseñanza  superior era que se tonsuraran, es decir que recibieran la señal de clérigo, la orden menor de la tonsura, el corte peculiar de pelo, o las cuatro órdenes menores: tonsura, exorcista, acolitado y ostiariado[1].

Una vez recibidas estas órdenes se consideraban clérigos y podían acceder a aquellos beneficios que tenían las iglesias siempre que, estos, no implicaran que el mismo clérigo celebrara misa, es decir que con asistir y pagar al celebrante cumplían con la obligación. Así entenderemos, si leemos la vida de algunos filósofos o teólogos, por qué disfrutaron durante sus estudios de determinados títulos eclesiásticos por los que recibían un estipendio.

Unos y otros recibían los beneficios, es decir los dineros: los curas, los colaboradores del cura, los beneficiados del coro llamados también servideros, y los ausentes, estos últimos podían ser sacerdotes o simples clérigos.

A propósito de las posesiones para aniversarios. Entre los feligreses era costumbre buscar la manera de alcanzar el perdón de Dios con las oraciones y las misas por los difuntos, las llamadas de sufragio, y para ello ofrecían determinadas fincas que pasaban a poder de la iglesia para que, con sus rentas, se celebraran misas los días señalados por el donante (hemos puesto como ejemplo las de doña Blanca). Cuando las rentas excedían por número el de días a celebrar, crearon las llamadas Capellanías de Ánimas que los mismos feligreses, con la anuencia del obispo, administraban.

Estas fincas estaban trabajadas por campesinos que pagaban sus rentas, sin que por eso los librase de pagar también los diezmos a la iglesia, y los impuestos al señor o al rey.

Los párrocos, para vivir, tenían además otros ingresos, los diezmos menores y los encargos de misas particulares.

Como un apunte a desmano debo añadir que todos estos templos tenían necesidades de mantenimiento y esta conservación originaba oficios manuales. Para la construcción evidentemente que los hubo, desde maestros constructores, picapedreros, herreros, carpinteros, albañiles, peones, etc. También costureras y sastres para las ropas sagradas, orfebres para cálices y vasos sagrados, pintores de cuadros y retablos, etc. Sigüenza como capital de la diócesis podría ser la orientadora y el obispado el que exigiera y determinara el tipo de ornamentación, incuso se desplazarían los artesanos pot los pueblos para competir con los de Molina, ya que los peones y aprendices los encontrarían en estos pueblos.

Además de los necesarios para el mantenimiento de los templos, que serían los mismos que para las viviendas, estarían los molineros para el trigo y los obligados artesanos para pieles, lanas, pelaires, etc., sin olcidae salinas, yeserías etc.

Esto daba trabajo a un número de habitantes que también facilitaban el movimiento comercial. Aunque Molina fuera el centro, en las aldeas se encontrarían, como vecinos o como desplazados, alguno de estos artesanos.

[1] La tonsura, corte de un mechón de pelo en la coronilla indicando el ingreso al clericato. Exorcista para poder expulsar los demonios. Acólito para servir y ayuda en el altar. Ostiario para abrir y cerrar las puertas del templo vigilando la entrada del mismo.

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Historia de Molina de Aragón

89º Año 1353 Los templos.

Un aspecto cultural importantísimo de las aldeas es el religioso. Además de cumplir el deseo primario del conde Manrique “…et ay (ahí) sea Dios adorado et fielmentre rogado….”[1], se soluciona y orienta el sentir misterioso y milagroso que el hombre arrastraba ante la inseguridad y desconocimiento de la vida y la muerte.

La institución eclesial también actuaba en su dependencia arciprestal y episcopal, para eso en cada aldea estaba levantado el templo regido por el sacerdote o cura de almas. Un grupo de aldeas con templo formaban un arciprestazgo –en tiempos modernos Milmarcos[2]– que dependían del obispo de Sgüenza.

En 1353 cada aldea tiene construido su templo y sus ingresos aportaban para mantener al clérigo con cura de almas, en algunos casos daba también para mantener a otros clérigos que ayudaban en la parroquia o cumplían con determinadas obligaciones, incluso para ayudar a otros clérigos que estaban ausentes por alguna causa. Estos ausentes no vivían en la aldea donde estaba el templo, sino que podían residir o ambular por otros sitios siempre que cumplieran los compromisos que conllevaban los ingresos o beneficio e los que vivían: tales como celebrar o mandar celebrar misas o responsos… Éstos estudiaban o desempeñaban otros oficios, notariales, escribanos, etc. Este último tipo de clérigos eran conocidos como “clérigos sine cura”, es decir sin obligación de atender a feligreses.

Para todo lo que explicamos a continuación seguimos al Obispo de Sigüenza, Padre Toribio Minguella en sus libros “Historia de la diócesis de Sigüenza y de sus Obispos”[3]

En Molina de los Caballeros estaban edificados los templos de: el monasterio de san Francisco, Santa María del Conde, San Gil, Santa María de Pero Gómez, Santa María del Collado, San Pedro, San Andrés, San Bartolomé, San Juan de la Cuesta, San Miguel, San Martín y San Juan del Concejo.

El total de beneficios existentes en Molina para mantener a los curas que sirven estas iglesias y a los clérigos ausentes son: 92 beneficios y 7 medios beneficios. Estos beneficios suelen ser heredades cuya renta produce una cantidad anual de dinero que se destinaba para mantener al clérigo que servía en el templo siendo usufructuario de esas fincas. Que sea beneficio entero depende de la renta que produce y el valor señalado, si se destina la mitad será para medio beneficio.

Los sacerdotes con cura, es decir párrocos, son 11, los demás hasta alcanzar los 92 son beneficiados y 7 medios beneficiados, éstos son clérigos que ayudarán estando presentes en las celebraciones de las fiestas principales, en los entierros, funerales y también en las oraciones del coro.

“Otro si mando que canten diez capellanes cada anno e por siempre por mi e que ayan cada anno cada uno quinientos maravedíes en la renta de las mi salinas de Almallach e de Traid…”[4]

Doña Blanca reclama diez capellanes, es decir clérigos para sus funerales que cada año se celebrarán. El pago que aportan las salinas de Almallá y Traíd son beneficios creados por doña Blanca con esta finalidad y quienes los gocen deben estar en Molina para la celebración de las misas.

Los “sine cura” o sea sin obligaciones de permanecer en la parroquia son establecidos a juicio de quien crea el beneficio.

En algunas parroquias hay rentas para aniversarios, como las comentadas de doña Blanca, es decir fincas que han destinado los finados para que con sus réditos se celebren determinadas misas en fechas señaladas.

El arciprestazgo[5] en sí tiene mil maravedíes de renta. Y al cabildo de clérigos, las posesiones de capellanías y de aniversarios le producen al año dos mil cien maravedíes. Dirán para liberarse de impuestos, que no tienen obligación de pagar las décimas al rey porque es una cofradía de legos y de clérigos y nunca las pagaron[6].

Para el mantenimiento del monasterio de San Francisco, el beneficio saldrá del impuesto de los judíos: “Otro si este mi sepultura en el Monasterio del bien aventurado Santo Francisco que edifique en Molina a onor de Dios e de sus servicios por la salud de mi alma e por redempcion de mis pecados ante el altar de Santa Elisabet do es enterrada mi fija doña Mofalda e que sea el su cuerpo trasladado ante el altar de Santo Francisco: et mando con el mi cuerpo cinco mil maravedis de pecho que son a dar los judíos cada anno por San Miguel e destos que sean quatro mil para los freires que fueren y claustrales para vestir e para comer…”[7] Desde su fundación, hecha por doña Blanca, el monasterio de san Francisco se mantenía por orden de la fundadora con los impuestos que pagaban los judíos, y éstos serán para comer y vestir.

Crea también, ya lo hemos visto, un beneficio de mil maravedíes, salidos también del pecho de judión, para misas dichas por los clérigos de Molina[8].

En 1353, se mantienen con las 10 capellanías que les da el rey. Y según el producto de la sal de las salinas, 400 maravedíes o 300 según los años, celebran un número de misas que reparten con los frailes, con la salvedad de que si no se obtiene ningún ingreso de las salinas, no las cantarán. También se creen exentos de impuestos porque son del rey y no del obispo las capellanías.

Se habla también de las fanegas (¿de trigo-centeno?) de todo el arciprestazgo que se envían a la catedral de Sigüenza para mantener un beneficiado cuya renta son mil maravedíes.

Santa María del Conde es capellanía del Obispo con un capellán y vale de renta mil maravedíes al año.

En san Gil señalan 17 beneficios y medio, 45 maravedíes para el beneficio con cura. No dice que los 16 beneficiados restantes acudan a coro ni que sean ausentes; estos beneficios valen 40 y el medio 20. Añade también que tiene posesiones de aniversarios que rinden 30 ms. Son de todos 695 ms.

En santa María de Pero Gómez, 4 beneficios, el beneficio con cura 45 ms., y los 3 ausentes 40.

En santa María del Collado, 8 beneficios, 5 beneficiados son servideros perciben 40 ms., están atados a la iglesia como coro y colaboradores del cura; y 3 ausentes a 30 ms. “En esta iglesia hay una tierra para un aniversario y no se labra y no vale nada de renta…”[9]

En san Pedro 9 beneficios y medio, 6 forman el coro y colaboran, 50 ms.; los beneficiados ausentes son 3 y medio y cobran 30 ms.; y el medio 15 ms.

En san Andrés, tres beneficios servideros, 50 ms.

En san Bernabé 8 beneficios enteros y 2 medios, el cura cobra medio beneficio y vale de renta anual 30 ms.; los ocho beneficios enteros 40 ms; y el medio beneficio 20ms. También tiene posesiones para aniversarios que valen de renta 36 ms.

San Juan de la Cuesta, 7 beneficios y medio, dos de ellos tienen cura con beneficio y medio, suman 40 ms.; y para los ausentes 5 beneficios 30ms.

En san Miguel, 10 beneficios y medio, el clérigo con cura percibe uno y medio, 45 ms.; y los otros 9 ausentes 30ms. También tiene posesiones para aniversarios.

San Martín, 5 servideros, cada uno de renta anual 50 ms., con coro por tanto.

En San Juan de Concejo, 9 beneficios; uno con cura 40 ms., y los 8 ausentes 30ms.

El deseo del Conde de cristianizar Molina está perfectamente conseguido. Templos donde rezar y clérigos para dirigir la oración no faltaron.

[1] Fueros, comienzo de los fueros.

[2] En estos días debido a la emigración, y a la facilidad de acceso a la capital de la diócesis, todos los sacerdotes tienen vehículo, esta demarcación de arciprestazgos ha desaparaecido. Incluso Sigüenza ha perdido su capitalidad traspasada a Guadalajara, o compartida.

[3] Fray Toribio Minguella, “Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos” Volumen II Madrid 1912, Apéndice número III. “Estadística de todas las iglesia que había en la diócesis de Sigüenza a mediados del siglo XIV. Año 1553. Molina, pág. 335 y siguientes.

[4] Testamento de doña Blanca.

[5] Para que las órdenes del Obispo lleguen con más facilidad a las parroquias, éstas se reúnen en grupos territoriales dependiendo de un arcipreste que tiene relación más frecuente con el obispo. Así en comunicando con el arcipreste llega a todos los curas.

[6] Véase el capítulo “La Iglesia de Molina y el reino de Aragón”.

[7] Testamento de doña Blanca.

[8] Testamento de doña Blanca.

[9] “Historia de…” Minguella tomo 2º.

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Historia de Molina de Aragón

88º b) Labros, Milmarcos y Algar.

Como hemos visto en el capítulo anterior los roces de los dos reinos no cesaban, eso ocurría también entre señoríos y entre pequeños pueblos.

Para estas incursiones los tiempos de debilidad del vecino eran los más propicios, y si además el señor o el prócer de un castillo cercano se encontraban con posibilidades y furia suficientes entonces aprovechaban la ocasión.

La conquista estaba bien vista, y se respetaban las propiedades conquistadas. Para entendernos, la fuerza (de la conquista) era documento suficiente para crear la propiedad.

Esto ocurrió con el señor de  Ariza Gonzalo de Funes (1278) que se apoderó del Villel en el valle del río Mesa, apropiándose del castillo de Algar y del de Labros además del lugar de Milmarcos que se encontraba en un nudo de comunicación importante entre Aragón y Castilla, entre el Monasterio de piedra y Alhama con Molina. Su importancia social, política y económica (portazgo aparentemente) explica los dineros que fueron entregados para hacerse con él “…que nos avie a nos prestados sobreste logar dizeocho mil sueldos iaqueses…”

El señor de Ariza, era súbdito de Jaime II de Aragón.

En 1304 María de Molina en el tratado de Torrellas (Zaragoza) hizo las paces con Jaime II y consiguió la devolución de algunas plazas.

Fernando IV, rey de Castilla, ya con 19 años, en el mismo año, y en el mes de septiembre escribió una carta a Jaime II de Aragón pidiéndole la devolución de Labros, Milmarcos y Algar, porque aún seguían en manos del señor de Villel que dependía de Ariza, y sin embrago pertenecían al Señorío de Molina  del que era dueña y señora su madre María de Molina.

Habria que tener en cuenta que otros de Molina, los Bera y algunos de Cuenca se habían apoderado de una recua de yeguas y que debían devolverlas. En los otros escritos no se habla más de ellas, lo que significa que para los reyes estas rencillas entre pequeños súbditos no tenían tanta importancia. Importa que devuelvan a Mará de Molina, su madre y que por compromiso los restituya a Gómez Fernández de Horosco en Miolina, el de Villel Ruy Gómez.

“A don Jayme II, Rey de Aragon. Don Fernando rey de castiella. Salut Rey  bien sabedes de… que fue ordenado que todos los lugares tomados de la una parte y de la otra fuesen entregados. Et mi madre dexome (díjome) de commo Gomes Fernandes de Horosco… le enbiara decir… que demandara a Ruy Gomes de Villel vuestro vassallo tres lugares que tenía que son de Molina que son estos Millmarcos e Algar e Labros e que Ruy Gomes quel dixera que gelos non entregaría fasta que el fuesse entregado de yeguas que diz que le levaron los de Cuenca e de Bera mi madre rogamos que nos enbiessemos rogar a el mandassemos entregar estos tres lugares que son de terminos de Molina e de su sennorio que Ruy Gomes tiene; et nos tenemos lo por bien; Porque vos rogamos Rey asi como vos fiamos que vos que mandades entregar a Gomes Ferrandes que tiene Molina por la Reyna mi madre estos tres lugares que son de termino de molina e de su sennorio e que non querrades quel sean embargados en ninguna manera, Et gradeçer vos lo emos mucho.

Dada en Valladolit VI días de settiembre Era de mil e CCC e XLII annos Yo Benito García la fiz escribir por mandato del Rey.”[1]

Es un dato a tener en cuenta la rapidez con que doña María de Molina también se dirige al rey de Aragón Jaime II, para urgirla la devolución de sus pueblos. Apenas han pasado siete días y no los había devuelto, indudablemente por culpa de la yeguada.

“Al don Jayme rey de Aragón. Donna Maria por essa (misma)  gracia reyna de Castiella e de León e Sennora de Molina. Salut Rey bien sabedes de commo en esta abenencia e en las (posturas) pusistes vos e el rey mio fijo que fue puesto en los lugares que fueron tornados en la guerra de la un aparte y de la otra que fuesen estregados (et) agora sabet que Gomes Fernandes que tiene Molina por mi que me envio decir que Ruy Gomes de Villel que non quisiera entregar Labros e Milmarcos e Algar… Et otrosi que sancho Ramires su hermano desde Ruy Gomes que tinie Milmarcos que nos avie a nos prestados sobreste logar dizeocho mil sueldos iaqueses e que lo non entegarie a ninguno fasta que fue (ese opagado) destos dineros. Porque vos ruego Rey que vos que tengades por bien de enviar decir a Roy Gomes e a Sancho Ramires que entreguen estos tres logares a Gomes Ferrandes que tiene por mi Molina que los ga de  racabdar pot mi e que non les consintades que me los tengan embargados port ninguna razón. Et gradesçer vos lo e mucho.

Dada en Valladolit XIII días de septiembre. Era de mil CCC quarenta e dos annos. Yoi Benitoi Garcñia la fiz por mandado de la Reyna”[2].

Y por fin en octubre del mismo año Jaime II devuelve a Molina las aldeas exigidas.

“Don Jaime por la gracia de Dios rey de Aragón e de Valencia, conde de Barcelona y de la santa Yglesia de Roma seynalero almirant e capotan general. Al amado Roy Gonçalveç de Villel salut e dilección. Ya por otra carta nuestra vos enviamos mandar que luego entreguedes el lugar de Lebros a Gomeç Fernandes de Orozco que tien Molina por la Reina donna Maria en nomne d` ella e que nolambarguedes de fazer la entrega por nenguna manera. El vos esto facer… tomavades… días como era uso en Espanya por avenir mostrarlo todo. Ende e entendido todo el fecho queremos nos e nos decimos e vos mandamos esto pena de la nuestra gracia e mercet que sin ningún embargo e contraste vista esta carta rendades el dito lugar al dito Gomeç Fernandeç. Et no lo tordedes que si lo faciades pesar nos ya mucho e tornar nos end yamas a nos e a nuestras tierras. Data en Valencia nonas uytubro anno domino Milesimo trecentissimo quarto”.[3]

La urgencia que denotan las cartas de Fernando IV y de su madre tiene respuesta decidida por el rey de Aragón, urgiendo a su súbdito de Villel que no retrase la entrega como suele ocurrir en España y que devuelva sin embargo alguno, olvidando su escusa, estas plazas a Molina.

De Milmarcos y de Algar habrá otros documentos con órdenes similares, pero como detalle este de Labros es suficiente.

Con ello doy a conocer la importancia de un pequeño lugar con su castillo totalmente perdido cuyo único testimonio son unas paredes que soportan una era en lo más alto del pueblo, rodeada de una profunda depresión, como un foso.

Labros tuvo, como ahora se dice, su pequeño momento documental.

[1] CRD  Jaime II caja 17 nº 2240

 

[2] CDR Jaime II caja 17 nº 2242

[3] CRD caja 16/ 2097 Rg 1521 fol 49/v3 y 50

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Historia de Molina de Aragón

88º Defensa de la frontera con Aragón

Los límites con Medinaceli y con Cuenca crearon problemas puntuales, en estos espacios la situación no era de lucha entre dos reinos, sino entre señoríos o entre administraciones.

Aunque el Señorío de Molina se creó como zona fronteriza entre Castilla y Aragón, sus señores siempre se adhirieron a la corona de Castilla ayudando en su beligerancia contra los reinos de Taifas. El Conde Manrique de Lara fue acompañante principal de Alfonso VII, y cuidador y educador de Alfonso VIII.

El reino de Aragón, en cambio, fue considerado como un reino vecino, amigo o enemigo según los dictámenes de Castilla o su actuación frente el señorío.

Para Aragón este señorío de Molina que había sido conquistado por un rey aragonés, fue muy deseado. (No he encontrado una explicación aceptable que exponga por qué Molina de Aragón perteneció al trono de Castilla habiendo sido conquistada por un rey aragonés.) De cómo se llevó a cabo la entrega a don Manrique de Lara fue anteriormente tratado: capítulo 28º “Molina pasa a manos de Don Manrique Pérez de Lara”

Del choque con Aragón hemos de considerar que los pobladores de uno y otro lado, por una u otra causa, leña, pastos, ganados, mercado de vino, etc., no cejaron en atracos, saqueos y agresiones mutuas.

Esta enemistad o ambición por poseer lo ajeno (estamos en épocas de conquistas y repoblación y esto afectaba al espíritu de aquellos hombres), formó parte de los pobladores de ambos lados de la frontera, unas veces de defensa y otras de conquista o rapiña. Por eso en ambos lados encontramos castillos defensivos[1].

Pero junto a los castillos, encontramos otros modos de vigilar la frontera. Zafra por ejemplo parece como si quisieran fortalecer el espacio defensivo hasta donde La Yunta alcanza. La Yunta fue entregada en señorío a la Orden Militar de San Juan, Embid a un valido de Doña Blanca, Guisema a un Marqués. Siguiendo la línea fronteriza, encontramos el castillo de Fuentelsaz. Milmarcos quedaba como portazgo. Villel, Algar y Mochales con sus castillos son entregados a los Mendoza y después a los Fúnez. Entre los no nombrados en estos documentos podríamos añadir el de Labros y otros como el de Tartanedo:

Testamento de María de Molina “E mando a los mios alcaydes que tovieren por mí el mio alcaçar de Molina e la Torre daragón e los mios castillos de Mesa e de Çafra e de Antanedo e de Monchales e de Algar…, que después de mios días que los den e los entreguen luego a Johán Sánchez de Velasco, mio mayordomo”[2]

Encuentro un castillo que llama de Antanedo y si entendemos la palabra con la similitud que corresponde leeremos Tartanedo, con la dificultad de localizar el sitio donde estuviera[3], a no ser que haga referencia al torreón que en las inmediaciones de la ermita de san Gil perduró hasta el año 1951 cuando se hundió. De él apenas queda un vestigio, a adivinar, ya que las piedras fueron acarreadas para otras edificaciones[4].

Pero podríamos preguntarnos ¿por qué alguno de estos lugares no tenían población estable? Deberíamos contestar que las incursiones aragonesas eran tan frecuentes y violentas que no dejaban tranquilos a los aldeanos, o que dedicaban estos espacios a pastoreo abandonando la agricultura. Porque en las incursiones bélicas los cereales los quemaban y arrasaban, pero a las ovejas se las arreaba por otros vericuetos, en cuanto se los oía o veía venir, a la dehesas y bosques…

Así toda la divisoria con Aragón quedaba protegida, por castillos, una orden militar, un valido, un marqués, un señor y la autoridad de un portazgo.

Aparte de quedar defendida se evitaba tener que desplazar tropas desde Molina o movilizar los caballeros y peones de las distintas aldeas, cosa más dificultosa y cuantiosa. Por eso sólo los militarizaban en las campañas contra Al-Ándalus.

El estado fronterizo, en escala de reyes, tuvo que habérselas con dos momentos duros y arrasadores, pero en momentos puntuales de aldeas contra aldeas y de individuos contra individuos a causa de la leña y los pastos fue no diré que diaria, pero sí frecuente. Los guardias de la sierra contarían mucho de ello.

Si evitaban encontronazos directos con Aragón prescindían recurrir a los reyes de Castilla. Cuando éstos con sus ejércitos tuvieron que pasar por las tierras de Molina, sus pastores y labradores sintieron la obligación de mantener al ejército o de rechazarlo, ya que se comían sus bienes.

Vimos la llegada del rey Alfonso en el año 1128, después la del conde don Manrique de Lara acercándose a Molina para refundarlas y repoblarla en el año 1137 (a cada excursión o incursión de gentes con armas, las propiedades dejaban de serlo para convertirse en granero y despensa de quienes pasaban). Después don Gonzalo Pérez de Lara, tercer señor de Molina y Mesa, se levantó con los nobles de Castilla contra Fernando III. En represalia Fernando III atacó el señorío y redujo a Gonzalo Pérez al Castillo de Zafra. Allí se rindió y acató las condiciones impuestas, que le obligaban a abandonar el título de señor de Molina y lo cedía a favor de su hija Mafalda González de Lara que se casaría con Alfonso, hermano de Fernando III[5].

Cuando llegó este ejército, el de Fernando III, que arrasó por donde pasó para vencer al señor de Molina don Gonzalo, los habitantes de las aldeas soportaron las pérdidas con dolor y malestar.

Con Aragón cuando el señor de Albarracín se refugió en tierras de Molina, en tiempos de doña Blanca, quinta señora, el rey aragonés paseó sus ejércitos hasta Molina que asoló y desvalijó. Pero doña Blanca juntó a sus hombres, persiguió a los aragoneses, los venció y recuperó para Molina cuanto ajuar habían saqueado. Pero las aldeas volvieron a salir perjudicadas.

Del paso al rey Alfonso XI de Castilla, año 1321, no he encontrado nada referente a los fastos y fiestas por el nuevo Señor.

Por una u otra razón siempre los aldeanos sufrían pérdida de sus bienes, unas veces sufriendo a los invasores, otras a los defensores. En fin, ellos daban de comer a unos, mientras otros les quitaban su producto…, pero a callar.

[1] No enumero todos los castillos existentes porque en los documentos no todos aparecen. Labros, Mochales, Villel, etc. En cambio de los castillos de Zafra, de Fuentelsaz y de Algar sí se habla en uno u otro momento.

[2] Testamento de María de Molina, año 1321.

[3] Teodoro Alonso en su libro “Histotia de Tartanedo. Una aldea en el mundo 1366-2015” Guadalajara 2025. En la página29 dice así: “Está situado en ladera del cerro denominado de San Cristóbal porientada en gran parte al norte. (…) En lo alto del cerro debió haber una torre defensiva por los indicos que persisten y la cava ezcavada en la roca próxima. Sus piedras debieron de servir para construir algunas casas del pueblo simplemente con echarlas a rodar”. Quizás estas palabras de Teodoro nos hagan saber dónde se enclavó el catillo de Antanedo.

[4] Ya hemos visto anteriormente la incursión de los aragoneses por ciria y la interpretación que Núñez hace de este lugar según testimoinio de Jerónimo Zurita. En cita de Teodoro Alonso en “Historia de Tartanedo…”

[5] Dice Pedro Pérez Fuentes en Molina… “El rey castellano devastó las tierras molinesas, asentando sus reales en las laderas de la Sierra de Caldereros y en la ancha vega que se extiende a sus pies haciendo que los pobladores de las aldeas cercanas huyeran a Aragón y capital del condado”.

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87º La extensión de las aldeas

Los pobladores se asentaron en lugares ocupados en épocas anteriores. Algunos quedaron abandonados. Por ejemplo Galdones, entre Tartanedo, Hinojosa, Fuentelsaz y Tortuera; se comenta en 1750 que la causa de su despoblación fue “…por… ser tierras rasas y desabrigadas, forman concepto, fue el motivo de despoblarse…”[1] No está claro si permaneció despoblado desde esa época, pero la falta de vestigios así nos lo hacen creer, igualmente Monchel en Labros, que tampoco muestra restos que puedan hacernos pensar que se deshabitara en épocas posteriores. De Chilluentes en Concha y Santa Catalina (Torralbilla) en Hinojosa, su despoblación fue posterior a esta época ya que los restos arquitectónicos así lo demuestran, además de su alusión en la relación de templos construidos antes de 1353[2].

Todos aquéllos lugares cuyos nombres se derivan de latín como Casares, Villares o similares, a no ser que sus vestigios demuestren lo contrario, también fueron abandonados en esta época, bien por buscar protección en los poblados nuevos o por abandono previo, pero sus nombres permanecieron en la mente de los supervivientes y los mantuvieron. Recordemos aquellos adjetivos: “…yermo y poblado”.

Al parecer, los montes al ser protegidos por los llamados caballeros de la sierra se mantuvieron en común servicio, tanto de leña como de pastos. “Los caballeros de la sierra hayan por soldada de cada grey una borra de ciento arriba”[3] De los leñadores no hablan nada, pero sí de los pastores que debían pagar una borrega de cada cien.

También se prescribe una norma para quienes abusen del aprovechamiento: “Quien fuere a serraia más de tres vezes en el anno, peche sesenta sueldos. Todo omne que serraia fiziere a los pastores en estremo o en la sierra, peche LX sueldos.”[4].

Se multa a quienes por abuso perjudicase a los leñadores y a los pastores en el extremo o en la sierra. Debemos saber que por extremo se entendía el lugar donde los pastores tenían el hato, es decir las provisiones, fuera más o menos lejano de la aldea. Claro que el hato no lo llevaban si no pensaban estar varios días en esos lugares.

Sería el momento de recordar los territorios reseñados como “Ámbitos de protección arqueológica[5]” que el arqueólogo Jesús Arenas señaló en su estudio y decir que en este momento casi todos quedaron, o habían quedado, abandonados a excepción de los dos señalados: Chilluentes y Santa Catalina.

Las tierras de labor fueron las que se apropiaron los nuevos pobladores, porque el pensamiento del pastor era que todo el monte pertenecía a la oveja y que lo podía pacer[6].

Cierto que el Conde don Manrique dijo: “Quiero que los omnes que y poblaren que la ayan en heredat a ellos et a fijos de ellos con todo su término yermo et poblado con sus montes et con aguas et con molinos”[7], pero los ganaderos que ocuparon el terreno pensaron que el monte era de las ovejas y lo ocupaban para que sus ganados lo disfrutaran, por eso, parte de los terrenos han llegado hasta nuestros días con valor comunitario, es decir de utilización por la Mancomunidad de Tierra de Molina o Casa de la Común.

Los límites de las aldeas se limitaron por los campos de labor, y sus montes se fueron pergeñando poco a poco a causa de los cortes de leña para hacer carboneras y sobre todo influiría el evitar que el pueblo vecino se aprovechara de los pastos[8] (esto aparecerá principalmente en las cartas de Pedro IV[9]). También las piaras de cerdos alimentándose en los encinares[10] pudieron contribuir en estas divisiones. E indudablemente las ovejas estantes que necesitaban su espacio en las inmediaciones de la aldea, dieron el toque definitivo a poner límites al campo de las aldeas.

Debemos caer en la cuenta de que estas divisiones implicaban idea de separación, de evitar el aprovechamiento por la otra aldea de los lugares en que nosotros (los aldeanos de esta aldea) asentamos nuestros dominios exclusivos.

En algunos lugares estos límites llegaron a señalarse con pequeños muros como sucede entre Labros e Hinojosa en la cumbre del Giraldo y el Quemado. La parte de Hinojosa de estos montes, al menos el Quemado, pertenecía a la Casa de la Común.

[1] Catastro de la Ensenada, Galdones. Contestando a la cuarta pregunta responden: “A la cuarta pregunta dijeron que todas cuantas tierras hay y existen en dicho término son de secano con año de descanso sin que se encuentre ninguna de regadío, hortaliza, bosques, matorrales ni monte bajo, sí solo algunos escambrones, por lo que, y ser tierras rasas y desabrigadas, forman concepto fue el motivo de despoblarse… “

[2] “Historia de la diócesis… de Sigüenza” Toribio Minguella.

[3] Fueros Capítulo 12 cédula 5ª.

[4] Fueros Capítulo 25 cédulas 1ª y 2ª.

[5] Entre Labros, Hinojosa, Tartanedo, Concha y Amayas se pueden contar 18 Ámbitos de protección arqueológica y 29 Ámbitos de prevención arqueológica, según el estudio “Protección del Patrimonio Arqueológico en el planeamiento urbanístico de Tartanedo(Guadalajara) Realizado por orden de Castilla la Mancha y llegado a mis conocimientos informatizado en dvd, el año 2012. Estudio realizado por el arqueólogo don Jesús Arenas Esteban.

[6] Véase el capítulo “Agricultores y ganaderos”.

[7] Fueros Carta puebla cédula 2ª.

[8] Recordemos el concepto de aldea que exige una circunscripción geográfica, como vimos en capítulos anteriores.

[9] Leer: “Del abuso de la venta de hierbas y pastos” y capítulo anterior y posterior.

[10] Hasta la desamortización de Mendizábal no se vendieron los montes, divididos en suertes, entre los vecinos de los pueblos. En Labros el sabinar salió a la venta en 1892. Hasta entonces fueron de dominio real.

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Historia de Molina de Aragón

86º Los pobladores de las aldeas

Siguiendo con la idea de las aldeas y en cómo los pobladores aceptaban las normas para convivir, vemos el acuerdo para reunirse en comarca, en nuestro caso en señorío, y la conformidad que las hacía dependientes de una capital. Esta agrupación significaba aumento de leyes que obedecer y una supeditación a la villa de Molina ya que en ella reconocían a un señor, el conde, ahora el rey Alfonso.

Aquellas familias de cazadores y pastores perdieron la espontaneidad y la libertad territorial para someterse a unos límites y a unas instituciones de gobierno que van de los alcaldes y juez de cada aldea hasta el gobierno de Molina y de allí al rey. Bueno, estas ideas no eran conocidas por los que nacían en aquel momento, olvidados de aquellas libertades y amplitudes de campo propias de los cazadores y recolectores.

La persona se acomoda y acepta sus circunstancias sin sentido de crítica si no conoce otra realidad para comparar.

Ahora voy a intentar hacer un perfil o más bien una conjetura de cómo eran y cómo vivían aquellos habitantes de nuestros pueblos después de todo lo que hemos escrito anteriormente.

Los caballeros eran los poderosos, quienes tenían posesiones agrícolas o ganaderas o ambas cosas a la vez y, por tanto, caballo y lanza para dirigir y dar apellido a los que les acompañaran como peones. Ellos eran los que ostentaban los cargos de regidores y jueces, incluso según el fuero si sólo había un caballero podía repetir de alcalde-regidor o de juez indefinidamente.

Dicho esto, los demás habitantes se dividían en pequeños agricultores y pequeños ganaderos, podemos entender que todos tendrían tierra y ganado para sobrevivir. Luego añadiremos aquéllos que, sin ninguna propiedad, esperaban una llamada para trabajar de pastor, de gañán o de lo que fuera, leñador por ejemplo.

Al concejo o reunión de vecinos acudirían los terratenientes y ganaderos. Los que esperaban un contrato, no. No me atrevo a llamar a esto concejo abierto, aunque estuviera con las puertas abiertas; se reunían en la iglesia o a sus puertas, pero no estarían todos los componentes de la comunidad o aldea. Incluso en tiempos muy cercanos a los nuestros en las asambleas en que se decidían hechos importantes quienes las decidían era el grupo de los más pudientes.[1]

He señalado tres creencias, cristianos, judíos y moros., en otros capítulos he hablado de tres culturas, pero es más preciso decir tres religiones o creencias.

En las aldeas se identificaban todos y convivían respetando sus diferencias económicas y religiosas. Porque todos cuidaban por igual los animales de corral, por igual trabajaban los campos y pastoreaban, y por igual usaban la producción de su trabajo para satisfacer las necesidades alimentarias. Pero en caso problemático el dedo, señalando, no dejaría de amonestar y despreciar.

Los contratados cobraban en especie, poca, porque los amos preferirían ajustarlos dándoles de comer y poniéndoles la merienda, por aquello de que donde comen tres comen cuatro… Es decir que se recortaban las cucharadas comunes, ya que todos la metían en la misma escudilla, o en la misma sartén y además todos de pie.

El poco trigo o centeno que recibían de paga pasaba a dar de comer a los padres o a la familia que, si evitaban una boca (la del padre contratado, o la del hijo) que además era la que más cundía, ya era beneficio.

La defensa a ultranza de la poca tierra que poseían era sagrada. Más valía suela[2] de tierra que día trabajado. Es decir que no se estimaba el esfuerzo, sino el producto.

El pensamiento era que tanto el trabajo como el sudor era una maldición de Dios y por eso no producían nada, sólo cansancio y agotamiento. Lo que producía y daba de comer era la tierra de la que salían las espigas que se convertían en pan. Por eso a más tierra más pan en la mesa.

Esto originaba múltiples reyertas por una simple espiga que se segara de otro campo, o por un surco que entrase en el campo del vecino. Incluso en las reyertas se distinguía si era en el campo o entre los mojones: “Todo hombre que entrare entre los mojones mientras lidiaren en campo pechen sesenta sueldos”[3] Sólo por pisar o arrasar la mies en la pendencia se multaba con sesenta sueldos.

Les afectaba sobremanera el pago de impuestos. Los aceptaban porque en su mentalidad tenían muy inculcado por la predicación y el empeño puesto por los señores y propietarios que acudían a la iglesia y actos religiosos como los más fervorosos, que la posesión venía de la mano de Dios y del rey, en Molina, del Conde.

Los conquistadores recibían la posesión de todo, en nuestro caso el Conde don Manrique de Lara, por eso podía repoblar y repartir libremente todas las tierras para cultivar y pastorear. De ahí procedía el que cobrara unos impuestos como si fueran arrendamientos.

De él la recibieron los primeros caballeros y campesinos que las poblaron. Fueron sus dueños incluyendo a los pobladores “…los hombres que en el poblaren lo tengan en heredad para ellos y sus hijos, con todo su término yermo y poblado…”[4], y los que fueron conseguidos en las campañas contra los moros quedaron como siervos de quienes los prendieron.

La escala de los trabajos queda establecida y también las clases sociales.

Las herencias pudieron de alguna manera equilibrar esta escala, ya que los matrimonios unen o separan fincas y en dos centurias son varias las generaciones que pueden haber dado la vuelta o haber cambiado unos peopietarios por otros. Es lógico que los padres quisieran unir haciendas y apañaran las bodas de los hijos e hijas.

¿Quién no querría ser caballero y mandar?

En los contratos laborales la palabra siempre usada era la de ajustar, “me voy a ajustar de pastor”, o de agostero o de criado, así decíamos, ¿significa que se intentaba poner un precio justo? Mejor podríamos decir ajustado entre el ganado o las fincas frente a la precariedad del criado. Con lo que el hambriento por mucho que forzara la equidad (el ajuste) siempre quedaba menesteroso. El hambre, la sed y el miedo a quedarse sin nada doblegaban al contratado.

“Después de medio año no responda si no fuere sobrelevador de pastor o de quintero, o de siervo de ganado que compre o de toda compra”[5]

Aunque ya hemos hablado de que algunos pastores añadían con permiso de los ganaderos unas pocas ovejas de su propiedad en el hatajo, ahora quiero añadir lo que en los fueros se dice: “no responda si no fuere (fiador) sobrelevador… de siervo de ganado que compre o de toda compra” Por tanto a los siervos se les permitía, o era costumbre comprar ovejas con garante.

Una manera de salir de la miseria era hacerse con un ganado o con alguna finca, de esa manera podían pensar en casar a la hija, o al hijo, con alguien con quien unir posesiones y…

Las aldeas estaban organizadas con institución de gobierno y dependencia de la capital.

[1] Los votantes para elegir gobierno en España hasta principios del siglo XIX eran solo los terratenientes. En la constitución de 1813 solo podían presentarse para diputados quienes posían una riqueza determinada.

[2] Medida de longitud muy usada entre los labriegos.

[3] Fueros capítulo 20, cédula 7ª.

[4] Fueros. Carta puebla cédula 2ª.

[5] Fueros. Capítulo 11 cédula 28.

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Historia de Molina de Aragón

Molina en la casa real

86º El Señorío pasa a manos del rey Alfonso XI

Desde la muerte de doña Blanca en 1293, Doña María, esposa de Sancho IV, fue la señora de Molina, sobrevivió a su hijo Fernando IV y cuidó como regente a su nieto Alfonso XI. A su muerte en 1321, el Señorío pasó a la Corona de Castilla para siempre y su primer rey y señor fue Alfonso XI.

De esta dependencia del trono castellano habrá que exceptuar los pocos años que perteneció al reino de Aragón.

Este hecho trajo a los molineses un cambio de título: de condado o de depender de un conde y de unos señores, pasó a depender de un rey. A partir de este momento se enumera entre los títulos del rey y entra a figurar y depender de él como los demás territorios del reino.

¿Quiere decir esto que a partir de ahora se cotizaría según los impuestos de la corona, y desaparecerían los que asignaron los condes? ¿Molina ciudad perdió los privilegios de estar exenta de impuestos? La administración del Señorío estaba tan bien organizada que si hasta entonces permaneció inalterable, ahora seguiría igual.

Hemos visto que los señores, herederos del conde, se dedicaron a las contiendas bélicas sin apenas aparecer por Molina. De las señoras, doña Blanca fue la que más permaneció, porque doña María con proteger como regente primero a su hijo Fernando y después a su nieto Alfonso, apenas si pisó la ciudad de Molina. Durante aquellos tiempos, sin la presencia de los condes, el gobierno se mantuvo inalterable, los fueros y su legislación fueron cumplidos.

Continuaron pagando la décima parte que recaudaba el merino o el corregidor y administraba el concejo según quedó establecido, eso para las aldeas. ¿Molina siguó con sus privilegios? ¿Las tercias reales continuaron unidas a los diezmos de la iglesia? No sé contestar, pienso que sí

Varias prebendas ofrecidas por los condes, principalmente por doña Banca y doña María permanecieron de obligado cumplimiento por tiempos indefinidos como sería el de Caballeros de doña Blanca, el monasterio de Buenafuente del Sistal, y el santuario de la Virgen de la Hoz. Este cumplimiento perduró en el tiempo y en las aldeas[1] a las que se cargó este compromiso.

El cobro por dominio y utilización, también trajo algunos problemas como fueron las posesiones de los montes y serranías que los de Molina, es decir la administración de la ciudad, sintiéndose continuadora de los privilegios de los señores quiso adjudicárselos. Aprovechó los beneficios salidos del arrendamiento de pastos y cortes de leña como si fueran los seguidores fiduciarios de los condes[2].

Esta situación fue favorecida por la inseguridad y por las incursiones de los aragoneses. Éstos quisieron apoderarse del Señorío como frontera con Castilla, primero en tiempos de doña Blanca y después aprovechando la minoría de edad de los reyes castellanos. Doña María de Molina regentó el reino de Castilla durante la minoría de edad de Fernando IV; Fernando murió muy joven dejando a Alfonso XI de un año como heredero, de cuyo cuidado se hizo cargo su abuela, continuando como regente. Doña María de Molina tuvo que tomar duras decisiones para evitar las rebeliones de quienes querían apoderarse del reino en Castilla.

Estas ocupaciones parece que relajaran y como si aflojaran los compromisos adquiridos por parte de los molineses. Además las amenazas y correrías de los aragoneses los obligó a emplear los impuestos en actividades defensivas.

Siempre hubo altercados en esta frontera aunque no estuvieran propiciados por los reyes, más desde Aragón que desde Castilla. Ya hemos visto cómo en la sierra se pusieron vigilantes.

Si Fernando IV reinó, ¿por qué no fue heredero de Molina? El señorío de Molina como vimos fue cedido por Sancho IV a su esposa en un acto de respeto a los fueros[3]. Doña Blanca accedió a entregar a su cuñado Sancho IV el señorío y éste con el consentimiento del concejo lo traspasó a su esposa. Por tanto hasta que no murió doña María de Molina no heredó ningún descendiente. Al morir ella fue su nieto, Alfonso XI quien lo heredó.

Queda claro que las instituciones de gobierno, alcaldes, concejo, juzgado, ejército, sesmas, etc., permanecían y actuaban eficazmente.

[1] Leyendo el Catastro de la Ensenada en casi todos los pueblos aparece un gasto para las Bernardas de Buenafuente, y los Caballeros de doña Blanca. Herrería: “… a la compañía de caballeros de la Reina doña Blanca y corregimiento de Molina de que tienen sus respectivos privilegios presentados en la operación del lugar de Rillo, y el de la compañía de caballeros.” En el de Labros, Hinojosa: “…a las monjas Bernardas de Buenafuente, corregidor y caballeros de la serenísima infanta doña Blanca en la villa de Molina…”

[2] Véase el capítulo “Las sesmas”.

[3] Véase el capítulo “El total de los impuestos y su liquidación”.

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