Historia de Molina de Aragón

130º La Iglesia de Molina y el reino de Aragón

La administración para recolectar los diezmos y primicias, la controlaba el arcipreste de Molina. Él separaba las tercias reales y hacía entrega de las partes correspondientes al obispo y al rey.

En el capítulo donde tratábamos de las iglesias edificadas en 1353, el cabildo de clérigos de Molina se creía libre de pagar los impuestos por ser una cofradía, ahora, creo que también haría igual con el resto de molineses y por tanto exenta de pagarlos.

Por eso dice el rey: “Pues que.l arcipestro de Molina e los otros qui d’algun tiempo ent’aca han collidos los diezmos de las ditas partidas pertanescientes de pan, bestiares, lanas e otras cosas no han querido responder a vos de los tersóles a nos en los ditos diezmos pertanyentes…”[1] Los clérigos no aportan las tercias reales y el rey las exige, no sólo las de este año sino también los atrasos.

“…queremos e vos mandamos que, entro a integra satisfacción de lo que nos yes devido por razón de los ditos tercoles del dito tiempo passado, cullades e recibades la meatat de los ditos diezmos esguardando que, pues ellos no quieren fer ante nos lo que deven, conviene que nos por recuperación del nuestro fagamos aquesto. Mandamos aun al governador e otros officiales nuestros de Molina que en recebir la meatat de los ditos diezmos tro a integra satisfacción de lo que por los ditos ter­sóles nos yes devido, vos den cada que seran menester consiello, favor e ayuda…”[2]

El rey decide que si ellos, los clérigos, no lo hacen lo haremos nosotros, los delegados del rey, por eso en el mismo día el rey dispone que quien a partir de ahora hará la colecta de los diezmos será su procurador Jaime Maestre.

Y así lo ordena el 30 de marzo de 1372, en la comunicación correspondiente a su gobernador en Molina, Jaime Maestre, le expone que “Según que havemos entendido los tersóles a nos pertanyentes en los decimos de pan, bestiares[3] e lanas que se levan en las partes de Molina por el ar­cipreste de Molina e otros deputados a collir los ditos decimos, nos son devidos de ciertos tiempos ya passados.”[4] Es decir que no le han querido pagar las tercias reales que él necesita porque con ellas paga sus concesiones económicas a Bartolomé Sánchez, a Fernando González de la Cueva, a Antón Sánchez de Loseis y algunas otras de menor cuantía.

Su gobernador en Molina por tanto a partir de ahora actuará contra éstos obligándoles a: “…E iassea que los ditos arcipestre e otros sean sehidos re­queridos por Jayme Maestre, procurador nostro en las ditas partes, que los tercoles devidos por el dito tiempo le donassen, ellos empero aquesto no han quesido fer. Por que, provediendo ad aquesto, dezimos vos e vos mandamos que los ditos arcepestre e otros dessuso ditos, requirades que de los ditos tercoles respondan al dito Jayme de todo el tiempo que devidos son, yes a saber, d’aquellos que por compto verdadero trobaredes a nos pertanescer…”[5]Y si aún así no responden y pagan cuanto es debeido: “…e si non lo querrán fer, lo que non cree­mos, queremos que por la valor de los ditos tercoles devidos e por las missiones que a vos e al dito Jayme a lur culpa vos coverna sostener… fagades execuciones, compulsas e enantamientos acostumbrados de fer por semblantes cosas e por deudos e dreytos fiscales…”[6] El rey se enfada y manda castigar, es la segunda vez, la anterior fue contra quienes abusaban apoderándose de las tierras abandonadas, ahora contra los clérigos y quienes los ayudan a recolectar los diezmos eclesiásticos y se niegan a pagar las tercias que le pertenecen.

“…e de lo que nos pertanecera por aquesto fagades res­ponder al dito Jayme qui de recebir aquellos e ferne apoca en da y a poder de nos…”[7] Por tanto a partir de ahora Jaime Maestre recogerá los diezmos de Molina y de las aldeas y pagará al obispo lo que le corresponda.

La actuación de los clérigos de Molina y aldeas, parece que son renuentes a que Pedro IV sea rey del Señorío[8]. Es una manifestación económica en su contra, que rápidamente la subsana el rey.

Un poco extraña es la actuación del clero y de este arcipreste dado que en la diócesis de Sigüenza había otro arciprestazgo, el de Ariza[9], cuyas tierras pertenecían al reino de Aragón. La diócesis de Sigüenza pertenece y está enclavada en el reino de Castilla, excepto este pequeño apéndice.

Las conquistas realizadas por Alfonso el Batallador se corresponden con la época de las primeras cruzadas y responde al espíritu de vencer y usurpar, o dicho de otra manera más acorde al cristianismo, liberar las tierras de los infieles y expandir la fe. Los métodos para conseguir estos fines responden siempre a la espada que derrota y a la posesión de tierras conseguidas. La expansión de la fe no puede darse sin la ocupación. La fe del señor (del rey) es la fe de los súbditos.

El primer obispo de Sigüenza conquistó la ciudad y se anexionó lo que en los anales o memoria de aquella época correspondía a las dimensiones de la más antigua diócesis de la época visigoda. Alfonso el Batallador (1073-1134) en aquel momento casado con doña Urraca y rey también de Castilla por compromiso matrimonial (1109-1134). Al enviudar se originó una contienda con Alfonso VII y los nobles de Castilla. En este estado de posesiones o de conflicto de reyes, Sigüenza fue conquistada.

Dice el historiador Fr. Toribio Monguella que “El año 1121 fue consagrado Obispo de Sigüenza, primero después de la reconquista, D, Bernardo de Agen…”[10] Y que esta diócesis abarcaba la cuenca alta del río Jalón y sus afluentes, y también parte del Henares: sus poblaciones más importantes serían Sigüenza, Medinaceli, Ariza, Calatayud y Daroca[11], además de Molina cuando fuese conquistada en 1128.

En aquellos momentos, era imposible deslindar las fronteras de los dos reinos, y por eso, entre donaciones de uno y otro rey mas las extensiones de lo que creían dimensiones de la antigua diócesis en tiempos de Wamba, crearon el territorio diocesano.

Sigüenza bajo el dominio de Bernardo de Agén llegó desde Berlanga, Soria, Almazán, Calatayud, Daroca, Molina, siguiendo la cuenca del Tajo a Trillo, también al Ocejón (pueblos de la arquitectura negra) y a Aillón (Segovia).[12]

Y añade que ante la posible guerra entre el Batallador y Alfonso VII “Los reyes de Aragón y Castilla se aprestaron a la guerra que se evitó merced a la pacificadora intervención de los prelados, en la que tomaría parte principalísima D. Bernardo, por lo mismo que, teniendo la capitalidad de su diócesis en Castilla y grande extensión de territorio en Aragón, venía a ser como súbdito de ambos reyes y estaba más interesado que ningún otro obispo en que no se alterase la paz.”[13] En la página siguiente nos cuenta cómo el primer obispo, don Bernardo de Agén, cede Soria a la diócesis de El Burgo de Osma; al de Zaragoza la ciudad y territorio de Daroca en 1135, y a la de Tarazona, Calatayud, quedándose con los castillos de Deza y Ariza en 1135[14] . Por estas paces de Támara, firmadas (1127) entre Alfonso I y Alfonso VII, la diócesis de Sigüenza quedó sometida en lo político a dos jurisdicciones: Sigüenza con sus dominios occidentales y Medinaceli bajo el rey Alfonso VII, y con Ariza bajo el rey Alfonso I. El papa Inocencio II mediante un legado contribuyó a estos arreglos de límites de diócesis, por eso se firmaron las cesiones en 1135, aunque ya estaban decididas en 1127.

Medinaceli había sido conquistada en 1104 por Alfonso VI[15]

Don Bernardo de Agén, aquitano de procedencia, es nombrado por Alfonso VII Señor de Sigüenza y de su territorio, y como hemos visto conservó los castillos de Deza y Ariza, éste último perteneciente a Aragón.

De la relación que mantuvo con las diócesis con Aragón, aportando las tercias reales y siguiendo otras normas impuestas por los reyes o señores de Ariza no puedo decir nada más, aunque no hubo litigio ninguno entre la sede episcopal y los arciprestes con los reyes de Aragón que cobraron las tercias reales de este territorio.

Un simple dato a tener en cuenta, el rey Alfonso VII concedió a Don Bernardo de Agen, obispo de Sigüenza el diezmo de Molina…

Tal vez Molina tuviera un sentimiento fuerte de grupo, una percepción de colectividad peculiar e independiente y por ello los clérigos quisieron manifestar con esta postura negativa su posición, y con ello fortalecer la unión molinesa.[16]

En resumen, simplemente quería manifestar las causas por las que la diócesis tuvo posesiones en dos reinos a los largo de los siglos hasta el año 1953 en que se separaron las diócesis acomodándolas a las provincias civiles.

[1] 1372, marzo 30. Zaragoza. (Folio 56).

[2] 1372, marzo 30. Zaragoza (Folio 56).

[3] Ganados, mejor dicho corderos.

[4] 1372, marzo 30. Zaragoza. (Folio 56).

[5] 1372, marzo 30. Zaragoza. (Folio 56).

[6] 1372, marzo 30. Zaragoza. (Folio 56).

[7] Mismo documento. 1372, marzo 30. Zaragoza. (Folio 56).

[8] Los nacionalismos siempre tuvieron especial protección dentro de los conventos, monasterios o en el clero. Creo que el de Molina, en este momento y en otro que veremos después respecto a la moneda con que deberían pagarles los judíos por el compromiso adquirido de doña Blanca para misas, manifiestan su inclinación por Castilla.

[9] Los pueblos que en 1910, por tanto hasta que reordenaron territorialmente las diócesis, formaban el arciprestazgo de Ariza eran: Bordalba, Embid de Ariza, Monreal de Ariza, Pozuel de Ariza, Torrehemosa, Alconchel, Cabolafuente y Sisamón, además de Ariza cabeza de arciprestazgo, que pertenecían al reino de Aragón, también tenía bajo sus dominios Deza, Cihuela, Santa María de Huerta, Almaluez, Arcas de Madinaceli (Arcos de Jalón hoy), Aguilar de Montuenga y Montuenga, que pertenecían al reino de Castilla.

[10] Historio de la Diócesis de Sigüenza y sus obispos. Tomo 1º pag 29.

[11] Historio de la Diócesis de Sigüenza y sus obispos. Tomo 1º pag 29-33.

[12] Según el padre Minguella “Historia de la diócesis…” Tomo 1º pag 28-34.

[13] Historio de la Diócesis de Sigüenza y sus obispos. Tomo 1º (pág. 78). Creo que se refiere a la paz de Tamara (Támara de Campos, Palencia), en 1127.

[14]Historio de la Diócesis de Sigüenza y sus obispos. Tomo 1º (pag 79).

[15] Julia GONZÁLEZ. Repoblación de Castilla la Nueva. Madrid. 1975. vol. 1. p. 96.

[16] Véase el capítulo 101º “Enrique II de Trastámara y sus legados”. En ella escribí: “Un poco atrevido es lo que voy a decir ahora, pero todo esto fue un hecho que les hizo tomar conciencia de grupo, de señorío, de comarca, de ¿nación?” Y tal vez el comportamiento del clero sumado a la decisión política del concejo y demás personalidades de cambiar en bloque a Aragón nos daría idea del sentimiento de grupo diferenciado que existía entre ellos.

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Historia de Molina de Aragón

129º Tres etapas en la pertenencia a Aragón

Durante los primeros años, 1369 a 1371, predominó el estado de alerta.

El rey se mostró animoso hacia una tierra fronteriza, una tierra que propiciaba un aprovechamiento de pastos y podía favorecerle en la venta de lanas ya que Molina estaba incorporada a la Mesta castellana.

Pero sobre todo había recuperado una tierra conquistada por uno de sus antepasados a la que atendía sin sufrir control de las cortes aragonesas, de los unionistas ni de todos aquéllos que en Aragón y sobre todo en Cataluña mermaban sus decisiones.

Estas razones, y la propuesta de los molineses que motu proprio se le habían entregado, lo obligaron e estar ojo avizor a todo lo que se orquestaba en Castilla: cómo se movía Bertrán Duguesclín por sus posesiones de Almazán, Cuenca y otras tierras que le habían sido entregadas por Enrique II de Trastámara, el de las Mercedes. Molina también le había sido concedida pero se había negado a su gobierno pasándose a Aragón.

En estos primeros años la amenaza estaba cerca y por eso mantuvo fuertemente equipados y prevenidos los castillos. Las tropas de a caballo, los ballesteros y los peones tuvieron su paga y sus armas. Ya doña Blanca al establecer sus caballeros los dotó con unos ingresos, pero ahora se convierten en soldados profesionales pagados por la corona y según las necesidades estarán en uno u otro castillo.

Los agradecimientos a quienes influyeron, tomaron la decisión y le entregaron el gobierno se hicieron notar de inmediato. Para los habitantes del condado, como él lo llama, también tiene agradecimiento exonerándolo de impuestos durante algunos años.

Perdona las ofensas de guerra, y enterado de la pobreza y la despoblación da órdenes para que se ayude a salir de ambas situaciones. La repoblación corría prisa y los lugares fueron especialmente tratados y abastecidos. La población atraída y favorecida no sólo para solucionar la escasez tras la guerra sino también para que la defensa de su causa se fortaleciera contra cualquier enemigo que apareciera.

A partir del 1371 las amenazas de Castilla decayeronya que sus tropas acudieron a Extremadura y Portugal donde la nobleza rebelde se atrincheraba. Pedro IV incluso pensó acercarse a Bertrán Duguesclín para tenerlo a su favor.

Se notó otra atmósfera, esa sensación de tranquilidad trajo como consecuencia que el sueldo de los caballeros y de los ballesteros disminuyera, que García López de Sese gobernador general de Aragón y el capitán y alcalde del castillo de Molina García de Vera, fueran sustituidos por Fernando López de Sese; y que los castillos de Mesa y de Fuentelsaz cambiaran de adalid, así como el de Zafra y el de Taguenza.

Al recaudador de impuesto y tesorero de Molina lo nombró él personalmente, Jaime Maestre.

Hasta tal punto va cambiando el gobierno y la administración que los molineses le dirigen una petición para que, como siempre hicieron, les permitiera elegir a sus alcaldes de concejo entre los habitantes de Molina.

La repoblación no se nota, los despoblados son comprados abusivamente, o son utilizados y segados los pastos y cortadas las leñas sin permisos para evitar pagar impuestos. Para solucionar esto el rey manda pregonar una orden para que los antiguos habitantes volvieran y no se tendría en cuenta su abandono.

Pero los soldados reclaman los atrasos, la iglesia de Molina se niega a pagar al rey de Aragón las tercias de los diezmos. El rey tiene que solucionar todo esto y manda que de los impuestos salidos de otras partes de Aragón se envíe dinero para solucionar las deudas con los soldados.

La justicia es superada en distintos casos y requiere la intervención real. Un asesino de Albarracín se esconde en tierras molinesas. En tiempos del conflicto castellano-aragonés robaron una reliquia, cruz de plata, en el pueblo de Santa Eulalia[1] y ahora la reclaman. El caso de García de Vera condenando a un judío, al parecer sin motivo, cuya viuda reclama los bienes que él se anexionó[2]. Se dan varios asesinatos que buscan ser enjuiciados por el rey, alguno de los cuales manda que lo ajusticien.

A finales de 1373 volvió el rey de Castilla a aproximar las tropas y Pedro IV volvió a aumentar las pagas a los caballeros y ballesteros para asegurar sus plazas defensivas.

Las plazas castilladas estaban en manos de sus gentes, la población no aumentaba suficientemente, los despoblados seguían vacíos, los años de exención de paga de impuestos no daban fin y sus arcas no recibían ingresos y lo poco que podía cobrar no era suficiente para mantener a los caballeros, ballesteros y peones con que había dotado a las plazas defensivas.

Todo esto le llevó a promover un acercamiento a Castilla para evitar la situación de amenaza en que se encontraba esta tierra.

Si miramos toda la frontera de Aragón veremos que la misma situación de amenaza correría por ella, porque no se ataca toda la frontera en caso de declaración de guerra sino que se busca el punto más débil. Mucho esfuerzo por una tierra de frontera como era Molina.

En 1375 por fin llegaron a un entendimiento, firmaron un contrato de alianza Pedro IV de Aragón y el rey Enrique II, comprometiendo a Leonor, hija de Pedro IV, en matrimonio con Juan, hijo de Enrique II de Trastámara, entregándoles Molina como prenda de paz.

Todavía, durante un tiempo, mantuvo su compromiso con los molineses para comprobar su buen futuro… Esta actividad posterior nos da a entender el mucho afecto que el rey aragonés tuvo a Molina y a sus habitantes. Por eso pienso que quienes entonces vivieron el pacto y la posterior preocupación aceptaron e inscribieron el sobrenombre de Aragón a Molina: Molina de Aragón.

[1] 1372, 16 marzo. Zaragoza. (Folio 52).

[2] 1371, septiembre 25. Valencia. (Folio 37-38).

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128º Desórdenes y la actuacion del rey

No todos los molineses y aldeanos fueron acordes con la decisión de entregarse al rey de Aragón. Ya vimos que algunos con nombres y apellidos fueron denunciados como bulliciosos (pendencieros). “Otrossi que los de Vera, salvo Garcia de Vera, nin los otros vezinos que son fuera de la villa en servicio del conceio los quales vos daremos por escripto que no entren en Molina por diez anyos por quanto son bolliciosos e ponían la villa en bollicio la qual cosa vos seria deservi­cio”[1] Entonces se hablaba de los Liñán y los Fúnez. También he comentado que los alcaldes de los castillos del Mesa, de Villel y Algar, y el de Fuentelsaz no estaban muy de acuerdo en la nueva dependencia. Esto era en el primer año de la sumisión a Pedro IV, en 1369.

Ahora en 1372 se ve defraudado por el comportamiento de los aprovechados que compran tierras a quienes las han abandonado y por el abuso de vender las hierbas, la leña y los pastos de los montes que se despueblan. Entiende, el rey, que algunos han renunciado a sus tierras por miedo a los atropellos de los soldados aragoneses, o quizás por no querer aceptar su gobierno o por sentirse aún súbditos de Castilla.

El alcalde del Castillo de Algar, Gonzalvo Gonzálvez no sólo abandona el castillo sino que había intercedido por “la redempcion de Johan de Vera, vos dezimos que adhu no es declarado si es culpant o no, e assi sobre esto no vos podemos honestament fazer gracia, mas feyta declaración de su feyto, si sera trobado culpant, la ho­ra sobre su redempcion si la haura de fazer…”[2] Este alcalde del castillo de Algar, está de acuerdo o es muy amigo de uno de aquellos Vera denunciados como bulliciosos, por eso intercede por él.

Al castillo de Zafra se lo encuentra el nuevo alcaide en estado de abandono por desidia de Pascual Martínez Cotiello, aunque fuera por su muerte.

También se ha visto obligado a poner en orden a García de Vera por la injusticia cometida contra la viuda de un judío, quitándole las posesiones después de ajusticiarlo. El rey le obliga a devolver los bienes a la viuda[3].

Todas estas cosas y la situación de inseguridad en que el territorio se encontraba, hacían al rey estar sobre aviso y a cualquier movimiento o circunstancia sospechosa debería imponer su gobierno y dominio.

Por eso cambió los alcaldes de todos los castillos. Nombró a su más fiel soldado, Fernando López de Sese, gobernador de Molina, y, a la muerte de Abolafia, a Jaime Maestre tesorero y supervisor.

Abolafia había sido un fiel servidor y confidente de Pedro IV[4]. Así dice de él: “…que hombres son que aman nuestro servicio e vos dirán todo lo que cumple a nuestro servicio sobre las ditas rehenas…”[5] Y en otra ocasión Manuel Abolafia le recuerda: “…por servicio que vos havemos fecho, e que podamos dar a logro segunt el coto d’Aragon…”[6] Es en otra ocasión en la que mejor podemos deducir su actuación: “…E queremos que tingades secreto lo que vos dirá el dito Samuel sobre el fecho de las ditas rehenas…”[7] Visto lo cual el rey tuvo especial atención a Samuel Abolafis y a su familia.

Todo está controlado una vez sometidos los castillos y ocupados los dos puestos de mayor responsabilidad, el político y bélico y el administrativo

[1] 1369, junio 4. Valencia. (Folio 8-9).

[2] 1371, 22 octubre. Tortosa. (Folio 52).

[3] 1371, septiembre 25. Valencia. (Folio 37-38).

[4] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[5] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[6] 1369, mayo 22. San Mateo. (Folio 10-11).

[7] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

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127º Los castillos defensivos

Desde Aragón se seguían los movimientos de Bertrán Duguesclín y de Enrique II de Castilla, por si movilizaban tropas para recuperar lo que les pertenecía. La decisión de los molineses contaba como un acto de rebeldía para ellos, traición. Y la aceptación del rey de Aragón, como una intromisión en territorios que no le pertenecían.

Habida cuenta de la posible y en algún momento real amenaza en que se hallaba el territorio, veamos las actuaciones que toma el rey de Aragón.

Ante todo ver cómo actúan los alcaldes en los castillos y cómo el rey da solución a los problemas.

Primero recordarles que no son los dueños, que los tienen solamente por el tiempo que el rey estime necesario, y que acabado este tiempo deben devolverlo. Ya hemos visto que a García de Vera le pide avales como responsable del gobierno y como alcalde de los castillos, y estos avales son rehenes tomados de sus familiares. Así le obliga a cumplir y a ser fiel. Mientras es alcaide recibe un sueldo y tiene a su mando unos determinados caballeros pagados.

En 1369, el 8 de junio, manda que hablen con el alcalde del castillo de Algar, Gonzalvo Sánchez de Villel, y con el de Fuentelsaz, Gutier Díaz de Sandoval, para que reconozcan su dependencia natural al rey. Y para que actúen como lo hace García de Vera en la fortaleza de Molina.

En el mismo mes manda disposiciones para que García de Vera jure según el fuero de España su buen servicio: “…vos dezimos e mandamos… Otrossi tomat pleyto e homenatge del dito Garcia segund fuero d’Espanya por el alcacer e por el castiello de la judería de Molina e por la torre d’Aragón e por el castiello d’Athciença[1] . E si por ventura el dito Garcia de Vera non queria entregar el castiello de Çafra a Paschal Martínez Cotiello, tomat pleyto del dito Garcia assi como por los otros castiellos.”[2]

A pesar de haberlo puesto como ejemplo a los otros alcaldes, hay en García de Vera algo oscuro, como por ejemplo que quiera tener la posesión del castillo de Zafra y no lo quiera entregar a quien el rey manda, a Pascual Martínez Cotiello.

“Bien sabedes los tractos que son entre nos e Garcia de Vera e el conceio de la villa nuestra de Molina, entre los quales tractos finco assentado entre nos e los mandaderos del dito Garcia e de la dita villa que.l dito Garcia nos diesse por rehe­nas, por las fortalezas que ell tiene por nos, Johan de Vera, su hermano, e Alvira Roic e Maria Garzez e Caterina Gutiérrez, sus hermanas”[3] Con el dominio de estos rehenes: Juan de Vera, María Garcès y Catalina Gutiérrez, el rey puede influirle y obligarle para que acepte sus órdenes y acate sus decisiones.

Recordemos que al aceptar la petición de incorporar Molina al reino de Aragón, también pidió rehenes que avalaran la buena disposición y la fidelidad de los molineses[4].

Dos años después, el 25 de septiembre de 1371 el rey se dirige al alcalde y capitán de la villa de Molina o a su “locumtenenti”, “…Dilecto nostro alcaydo el capotaneo ville Molino vel eius locumtenenti, salutem, et dileccionem…”[5] no puedo afirmar que haga distinción, pero sí que en este momento incluye al castillo y a Molina, en la palabra villa. En él leemos que García de Vera ya había dejado de ser alcalde, y que es requerido para que devuelva los bienes que embargó al judío Abrahim Abolafia a quien condenó a la pena de muerte cuando él, García de Vera, todavía estaba de alcalde. La viuda de Abrahim pidió justicia y sólo le restituyen parte de sus bienes.

El alcalde y gobernador de Molina era García López de Sese en 1369, el 13 de junio ya ostenta el título: “Fuit missa Garsie Luppo de Sesse, regente oficium gubernationis Aragonum.”[6] García de Vera estaba bajo su mando, en este documento aparece como exalcalde y excapitán de la villa de Molina.

El 26 de septiembre de 1371 ya aparece formal y definitivamente Fernando López de Sese, sustituyendo a García López de Sese. En el documento según le piden, el rey ordena “…mandassemos observar sus fueros e de aquellos los dexassemos usar, segunt que siempre lo acostumbraron, senyaladament sobre la elección e uso de los alcaldes e otros officiales de la dita vila, en la qual les era estado fecho algún periudicio por nos, segunt decían, en tiempo pasado…”[7] Y termina la orden con esta frase: “Fo tramessa al amado nuestro mossen Ferran López de Sesse, alcayde e govenador de Molina.” Por tanto el 26 de septiembre de 1371 ya era gobernador y alcalde Fernando López de Sese, dejando fuera al anteriormente agraciado del rey García de Vera. También podemos deducir que toma el cargo con todas consecuencias al ser mandado por el rey que guarde y observe los fueros, y algo podría decir que ocasional o temporal: la elección de alcaldes y otros oficiales. Recordemos que él, el rey, se guardó los oficios de gobierno.

Al alcalde del castillo de Mesa, Gonzalvo Gonzálvez[8], el rey contesta a sus peticiones de sueldo, mantenimiento y permanencia, que no le puede pagar lo que pide, porque no tiene la misma categoría que el de Molina, y que es sólo un castillo guerrero y no está poblado, y no le exige avales, rehenes, como al de Molina “…pues que vos tenedes por nos el dito castiello a costumbre d’Espanya…”[9] También pide poder mantener a diez caballeros pagados con dinero del rey si se retira del castillo, y el rey le concede sólo cinco caballeros a condición de que acuda y resida en el castillo de Molina a razón de cinco sueldos jaqueses, según está establecido allí. El 22 de octubre Gonzalvo acude a Molina donde es acogido por esta orden del rey. Además, le comenta, que ya no estamos en guerra con Castilla, por tanto las amenazas de Bertrán Duguesclín han cesado.

En el castillo del Mesa, Algar, es nombrado alcaide y adalid Jaime Cañamero con diez peones. El rey manda a las aldeas vecinas que mantengan a estos nuevos soldados. Lo mismo manda hacer en el castillo de Fuentelsaz durante dos meses. “…que fuerzan e destrengan (a) los aldeanos de las aldeas de su jurisdicción y distrito circunvecinos de los castillos de Mesa y Fuentelsaz (para) que paguen la provisión a vos y a diez compañeros vuestros por 2 meses…”[10] Por tanto, si observamos la repoblación aquí aparecen 10 peones en los castillos de Algar y otros diez en Fuentelsad, por lo tanto diez posibles nuevos habitantes. Pero antes de los dos meses ya el rey provee para que no les falte la paga aportada de su tesoro, con lo que los pueblos quedan liberados.

Con la misma fecha manda provisiones para que envíen el dinero necesario para pagar a los soldados de estos castillos, octubre 1371. En noviembre 1371, también provee para pagar a Fernando López de Sese, a sus caballeros y soldados de Molina.

En diciembre de este año manda reducir la plantilla de caballeros, (de 29 a 25) en Molina y rebajarles el sueldo, los ballesteros son 70 y se le reduce de dos sueldos y seis dineros jaqueses a solo dos sueldos. Y manda que si alguno no está conforme y quiere irse que lo deje ir y busque a otro, “…naturales empero nuestros…”[11], es decir oriundos de su reino.

Las armas han sido ya suministradas por el rey.

Si miramos geográficamente los castillos, nos encontramos con que la línea defensiva está siempre próxima a Aragón, o mejor diremos a Albarracín, a Monreal, a Daroca (tal vez esta plaza sea la menos protegida quedando entre Zafra y Fuentelsaz), a Calatayud y a Ariza, es como si lo que importara fuera la defensa de la línea aragonesa. Los castillos están alejados de la línea colindante con Castila que es de donde vendría el ataque, pero estas fábricas defensivas estaban pensadas para defenderse de Aragón y ahora son para defenderlo, como una avanzadilla de Aragón en tierras de Molina.

Decíamos anteriormente que las partes más en peligro eran las zonas entre los ríos Jalón y Jiloca. Ahora parece como si la finalidad del armamento y cuidado de estos castillos fuera defender este mismo espacio.

El castillo de Mesa queda alejado de la población, Algar. Queda encima del monte al otro lado del río Mesa, dominando el río a sus pies y oteando los campos de la altiplanicie de Sisamón.

La población debió mantenerlos durante dos meses que estima que sea la tardanza en hacer eficaz su aportación económica.

[1] Taguenza.

[2] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[3] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[4] Véase el capítulo “Actuación de Pedro IV”.

[5] 1371, septiembre 25. Valencia. (Folio 37-38) (Documento en latin). (A nuestro amado alcalde y capitán en la villa de Molina o a su lugarteniente, salud y amistad…)

[6] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13) “ Fue enviada a García López de Sese regente oficial del gobierno de Aragón”

[7] 1371, septiembre 26. Valencia. (Folio 37).

[8] Es un poco lioso esto de los nombres, si atendemos al nombre propio leemos el mismo que en 1369 gobernaba el mismo castillo de Mesa en Algar, Gonçálvo Sánchez de Villel, pero en esta ocasión, 1371, lo gobierna Gonçalvo Gonçálvez. No me atrevo a decir que sea un hijo de aquél. Tal vez sea otro que haya nombrado y por eso pide un trato económico nuevo, acorde con el de Molina, además de la libertad para un conocido suyo como ya veremos más adelante. 1371, 22, octubre, Tortosa. (Folio 39).

[9] 1371, 22 octubre. Tortosa. (Folio 39).

[10] 1371, 22 octubre. Tortosa. (Folio 40).

[11] 1371, diciembre 30. Alcañiz. (Folio 43).

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126º Más sobre la posesión real

Continuando con los datos y considerando que la gobernanza exigía una fe, la cristiana, nos encontramos con otras creencias, la judía y la islámica que, al parecer, no motivaban grandes encontronazos ni divergencias aparte de las de oración, culto y especialidades laborales y sobre todo las monetarias, de préstamos como aparece en la explotación de los despoblados.

Cada religión se agrupaba en su comunidad formando colectividades aisladas. Las menores, la judía y la mora, para darse confianza y protegerse, y la cristiana para no contaminarse y porque aceptaban a los componentes de los otros grupos como agentes de servicios. En sus actividades laborales se necesitaban y trabajan conjuntamente, o, más bien, la sociedad cristiana que dominaba e imponía órdenes era la que se beneficiaba de los trabajos de las minorías.

Por imperativo religioso, el mundo cristiano se creía superior y con creencias verdaderas y por tanto en todo se sobreponían y dominaban. La realidad era que ellos poseían todos los bienes raíces y los bienes muebles, básicamente me refiero a fincas, ganados, ovejas, vacas, cabras, etc. Además eran los conquistadores, vencedores, mandatarios, etc.  Resumiendo: quienes gobernaban.

Los judíos, por imperativo religioso, debían conocer la Torá, leerla y recitarla, por ello estaban más predispuestos para aprender a leer y escribir. Debían estar siempre preparados para acudir a Jerusalén, por tanto no habían de obtener bienes raíces, pero sí estaban destinados a poseer bienes muebles, bienes que pudieran transportar consigo, ya hablé del dinero que no era concebido como mercancía y no pagaba portazgos ni… Sus casas no tenían una construcción tan definitiva y duradera, más bien eran consideradas lugares de paso hacia Jerusalén. Desde el primer momento estuvieron unidos a los conquistadores por conocimiento, servicio y solvencia económica. Hemos visto que Pedro IV hace administrador de sus bienes a Samuel Abolafia: “Confiantes de la lealtat e industria de vos, Simuel Abolafia, judío de la nuestra villa de Molina, e porque sabemos que havedes afección al nuestro servicio, vos acomandamos con te­nor de la present que seades, tanto como a nos plazera, cogedor e recebidor de qualesquiere rendas, calonias, esdevenimientos e otros qualesquiere dretyos a nos pertanescentes e pertanescer devientes en la dita villa de Molina e en sus términos, por qualquiere manera o razón.”[1]

Como ocurre con Pedro IV ahora, antes Alfonso el Batallador y don Manrique los tendrían con algún encargo similar.

Cabe preguntar: ¿Los habría antes y permanecieron en Molina? D. Manrique tal cual lo encontró  lo transmitió para su reparto y repoblación “…todo su término yermo et poblado…”[2] esta frase nada dice a favor ni en contra de que estuvieran, tanto moros como judíos, y se quedaran. Don Manrique los acepta como vecinos: “…que todos los vezinos de Molina, caualleros et clérigos y judíos…”[3]

De la aljama mora, hay muy pocos datos, por religiosidad se encontraban con creencias distintas y sus oraciones eran recitales de aleyas mantenidas de memoria y transmitidas con los mismos medios: Recitar y recitar hasta guardarlas en la memoria. El viaje irrealizable a la Meca es la única observación que les obligaría a salir del lugar donde habitaban aunque no pudieran realizarla. La obstinación de comunidad cerrada nos queda clara en la negativa a la propuesta de Bartolomé Sánchez pidiendo al rey que los moros que pagaran impuestos pudieran formar parte del concejo: “Otrossi por quanto a los moros que son pechos que sean concejales e no apartados por la aliama…”[4] El grupo, la aljama, se oponía, querían mantenerse unidos y diferentes[5]. Sus trabajos son los más serviles.

La necesidad de permanecer juntos en barriadas, aljamas, es debida a la defensa de sus creencias, pero sobre todo movidos por el miedo al otro, y más que nada a las creencias del otro. Arropados en la soledad del grupo se sienten fuertes para mantener su fe y su personalidad. Fuera del grupo el enemigo acecha y ellos se intimidan. Es demasiada la valentía necesaria para enfrentarse al otro si no se tiene detrás el respaldo de una comunidad o grupo que piensa y siente igual.

El trabajo y la actividad es algo que se convierte en una rutina y lo que el primer día es un esfuerzo temeroso a realizar, después se convierte en algo que no perturba ni se teme.

Los impuestos. Los cristianos pagan impuestos al señor y a la iglesia.

Los judíos aceptan sabedores de que sus creencias son otras, es decir se libran de los impuestos a la iglesia mediante otro pago hecho al rey de una cuota extra como tal comunidad.

De la aljama mora, no queda claro que paguen aunque cuando Bartolomé Sánchez pide al rey que los libere por la pobreza y despoblación de los pagos de impuestos también los nombra: “Otrossi que sean franchos todos los vezinos de Molina e de sus términos, christianos, judios e moros, en todos vuestros regnos de peatge e de leudas e de la generalidat segon que son los de Darocha. Plaze al senyor rey”[6] De esto podemos inferir que también cotizaban como grupo.

Y Bartolomé Sánchez en la misma misiva al rey le dice: “Otrossi por quanto a los moros que son pechos que sean concejales e no apartados por la aliama”[7] Ya hemos hecho referencia a esta frase anteriormente, pero ahora sólo quiero fijarme en el pago de impuestos. Hay moros que son propietarios y pagan individualmente.

El rey tiene unos súbditos controlados.

Como consecuencias de este control de los súbditos y de leer la dependencia de los habitantes de Tartanedo y Herrería, convertidos es súbditos feudales, se me ocurre hacer una continuidad de lo que llamamos en un momento primero esclavitud. El dueño era propietario de la vida y la muerte, podía eliminar al esclavo insumiso o displicente. Después se eliminó el poder sobre la muerte aunque permaneció el de la vida: uso de la esclava como concubina, e incluso estimular la unión entre esclavos para aumentar su descendencia. Después se los elevó al rango de colonos, un tanto liberados de la presencia del amo.

Ahora, ha cambiado el escenario, pero siguen siendo dueños de las personas y de cuanto las rodea: subditaje lo llamamos: súbditos.

La obligación de acompañar en las contiendas al señor feudal o al rey indica hasta donde llega el poder sobre la muerte, no son soldados pagados es decir ni voluntarios ni mercenarios, sino exigidos. Pedro IV los convierte en profesionales con paga.

Los moros que no poseen tierras ni ganados con los que entrar en la condición de pecheros, pagadores de impuestos, aún ocupan un nivel más bajo que los súbditos, es la esclavitud encubierta de los criados: trabajan por la comida y el vestir. Tienen el alojamiento en lugares donde viven los animales de la casa para mejor cuidarlos.

Los judíos están tan acostumbrados al gravamen de un impuesto especial que ya, de antemano, lo aceptan. No fue sólo el cristianismo el que los remitió a un segundo plano de dependencia, fue su conocimiento y predisposición a la economía y al comercio, por el que todas las sociedades, la latina y la árabe también, los reunieron en juderías y les impuso una tributación.

La cultura puede crear gentes rebeldes y lo mejor para someterlas es crearles especiales aranceles, si los aceptan desaparece la posibilidad de levantamiento.

[1] 1369, junio 5. Valencia. (Folio 5-6).

[2] Fueros encabezamiento 1ª cédula.

[3] Fueros encabezamiento 7ª cédula.

[4] 1369, junio 4. Valencia. (Folio 8-9).

[5] No lo he nombrado antes, pero el racismo por ambas partes estaba servido. Cada grupo en sus casas formando un gueto cerrado.

[6] Peticiones de Bartolomé Sánchez. 1369 junio 4.

[7] Peticiones de Bartolomé Sánchez. 1369 junio 4.

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Historia de Molina de Aragón

125º ¿Tiene límites la posesión real?

Estamos hablando de dependencia al rey. De que se entregan Molina y sus aldeas aceptándolo como señor. Pero qué poder tiene el rey por el hecho de ser rey sobre estos súbditos.

Al donar Castilnuevo, Checa, Teroleja y Valhermoso a García de Vera, Herrerría a la viuda de Martínez Cotiello, y Tartanedo al hijo de Bartolomé Sánchez, Antón Sánchez, acompañan a esta entrega unas prerrogativas y poderes que merece la pena repasarlos.

Cuando entrega la aldea de Tartanedo a Antón Sánchez, hijo de Bartolomé, en agradecimiento a sus servicios en la torre de Aragón, se la entrega como feudo. Todo el poder y dominio que como rey tiene, se los traspasa a Antón hasta que acabe su descendencia y vuelva de nuevo al rey.

Actúa de manera distinta cuando entrega los castillos, los da, pero para fiarse de sus alcaldes les pide avales, “rehenes” (normalmente un familiar) es decir necesita poseer una persona que garantice la fidelidad. Tal vez lo entendamos mejor si decimos que aquéllos, Tartanedo, Herrería, etc., las personas que allí habitan son campesinos y pastores, no necesitan avales. En cambio en los castillos son hombres con armas y dispuestos siempre a la defensa o al ataque. Esto origina un punto de desconfianza y le constriñe a exigir algo que obligue a la fidelidad, un rehén.

Y así dice: “…damos e attorgamos por pura e perfecta donación entre vivos no revocadera a vos, dicho Anthon Sánchez e a los vuestros e a aquellos que vos querredes perpetuament, todo aquell lugar clamado Tartanero que yes aldea de la dita vila con todos sus términos e ju­risdicción civil e con cases, fortalezas, habitaciones, honores e possessiones, assina lauradas como yermas, e como hombres e muyeres del dito lugar e aldea, yes a sa­ber, entro a numero de trenta casades o fuegos e no mes que segunt dizen son en el dito lugar e aldea…”[1](Coincide en todo con la donación de Herrería, en esto y en lo que sigue.)

El poder del rey es trasmitido a su súbdito Antón Sánchez para que posea la aldea llamada Tartanedo con mujeres y hombres, la jurisdicción civil, y todo lo que rodea a la aldea, término, etc. Y por si hubiere duda: “E con todas penas, peytas, servicios, pra­dos, pasturas, montes, vedados, sendas, exacciones, servicios, costumbres, propie­dades, dreytos e pertenencias a nos en el dito lugar o aldea o en sus términos pertinescentes en qualquequiere manera…”[2] Todo esto lo entrega a Antón. Y estas cosas las tendrá en tal poder “a proveyto vuestro e de los vues­tros e d’aquellos que vos queredes, assi que las ditas cosas que a vos damos podades vender e empenyar e en otra manera alienar e fazer d’aquellas franchament a to­das vuestras voluntades”[3] Las podrá vender, enajenar…, hacer de ellas y de ellos lo que le dé la gana, como vulgarmente se dice.

Y lo poseerá como feudo “que vos e los vuestros successores tengades aquesto que a vos damos en feudo[4] de nos e de los nuestros, metiendo e constituendo a vos e a los vuestros con la present en corporal possession vel quasi de aquesto que a vos damos.”[5]

No obstante esto, ¿le quedará algo al rey? Pues sí: “Retinemos empero a nos e a los nuestros successores el mero e mixto imperio e toda jurediccion alta e criminal a nos en el dito lugar e en los hombres e muyeres d’aquell presentes e esdevenidores pertenecent…”[6]

En principio se mantiene la obligación de servicio como súbditos, en los fueros hablábamos de “la justicia suprema, la moneda forera, la fonsadera y los “suos yantares”[7] que deben al rey los nobles; Antón Sánchez por esta entrega en feudo entra a formar parte de ellos.

De estos cuatro servivios como súbdito el rey habla de la justicia suprema. Quedan los altos delitos, y la criminalidad que corresponderá a los jueces que él nombre, sean de la villa de Molina o de donde él juzgue conveniente. Además el rey exceptúa los nuevos habitantes que nazcan o acudan a Tartanedo y que excedan a las treinta casas o fuegos: “…exceptadors, assin como dito es, aquellos qui ultra el dito numero de trenta casadas son agora en el dito lugar o qui d’aquellos salran assin como dito es…”[8] Por tanto en estos momentos tampoco podemos deducir que haya treinta casas habitadas y contribuyentes.

En la donación de Herrería a la viuda de Martínez Cotiello se leen las mismas condiciones y el dominio sobre las personas y las cosas, expresadas en idénticos términos. Los de García de Vera queda un poco menos explícito, aunque con lo escrito, se entiende lo mismo.

Bien, tenía mucho interés en saber hasta dónde llegaba el dominio del rey, qué dependencia tenían las personas, hasta dónde la posesión de tierras y ganados. En lo que escribe como cesión en feudo de Tartanedo y de Herrería a Antón Sánchez y a la viuda de Martínez Cotiello queda perfectamente explicado: si lo da es que lo posee, o porque lo tiene lo entrega.

El mayor poder de las personas sobre sus fincas era el poder de enajenación y de hacer con ellas todas sus voluntades. Es decir al igual que hace el rey entregándoles en corporal, real y física posesión esas aldeas, ellos a su vez podrían entregarlas como regalo, venta o empeñarlas como compensación de deudas, y además, claro está, dejarlas en herencia.

Cuando hablé en otros lugares de que la religión del señor acaparaba a los súbditos, no andaba desencaminado, dado que en la concepción de dominio entra la real y física dice el rey “en corporal possession vel quasi de aquesto que a vos damos…”[9], y lo que da son “…todos sus términos e ju­risdicción civil e con cases, fortalezas, habitaciones, honores e possessiones, assina lauradas como yermes, e como hombres e muyeres del dito lugar e aldea”.[10] Nótese que no hace distinción en el poder de “la corporal posesión” a todo objeto material, animal y humano ya que iguala a los hombres y mujeres con cuantos objetos anteriormente enumera.

El subditaje de los habitantes de estos lugares entregados en feudo no los exime de depender del rey, ya que se reserva algunas acciones de justicia sobre ellos. Y de los que no les entrega, conserva el dominio total: siervos y súbditos, como esclavos sometidos a la voluntad del rey

Volviendo al dominio del rey, absoluto y total, como es el de permitirse él mismo entregarlos a otros –enajenarlos-, nos indica el autoritarismo arbitrario con que puede proceder. Y no sólo en la imposición de tributos sino en el uso y empleo de las mismas personas. Viene a cuento recordar la disposición que deberían tener para acoger en sus viviendas a los reyes y a sus representantes. Vimos como el rey Pedro I de Castilla en su paso hacia Tarazona se detuvo en Molina y sus tropas y él debieron ser cobijados en las viviendas y sus caballerías guarecidas en las de los judíos (eso deducimos por las quejas de Abolafia). De los moros no dicen nada pero no nos quepa la menor duda de que su aljama sufriría la misma ocupación que la de los judíos.

Esta noción de súbdito con toda la dependencia que hemos leído, debía estar metida en la mentalidad de la época para que nadie se rebelara ni rechazara situaciones de dominio como la expuesta. La sociedad ignorante y pobre, cuya única finalidad es la de subsistir, no puede plantearse situaciones de independencia o de liberación. Primero comer y después, ya veremos…

El hecho de abandonar a un señor y buscarse a otro porque éste es un rey, es un dato suficiente para indicar la necesidad sicológica de dependencia. El miedo a caminar solos los obliga a buscar quien los gobierne, o alguien de quien depender. Y que ese alguien sea visible en su persona, lo tengan más cerca o más lejos. Además nadie se iba a permitir quedar solo, sin rey ni gobernante, y esto lo tenían asimilado desde siempre[11].

Tal vez también sumara que puestos a abandonar un rey –traicionarlo-, sólo otro rey podría arroparlos y defenderlos.

La situación de tierras fronterizas los obligaba a pedir una defensa por una mayor exposición y por tanto mentalmente estarían más predispuestos a esta sumisión.

[1] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[2] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[3] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[4] RAE “Contrato por el cual los soberanos y los grandes señores concedían en la Edad Media tierras o rentas en usufructo, obligándose quien las recibía a guardar fidelidad de vasallo al donante, prestarle el servicio militar y acudir a las asambleas políticas y judiciales que el señor convocaba”

[5] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[6] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[7] “El fuero de Molina de Aragón” Miguel Sancho Izquierdo. pag 173.

[8] 1371, agosto 11. Valencia. (Folio 34-36).

[9] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[10] 1369, agosto 10. Valencia. (Folio 20-21).

[11] En nuestros días junio de 2014, hemos presenciado cómo el nuevo rey Felipe VI, recibía los saludos emocionados de los invitados a la comida de su aclamación y los de otras recepciones posteriores con alto fervor, respeto y reverencia. Todos necesitamos que se encarne le poder para perder el miedo a quedar solos (¿abandonados?). Aún recuerdo los besamanos a las autoridades civiles y religiosas en tiempos pasados (1940-1950).

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Historia de Molina de Aragón

124º Movimientos demográficos

Hemos encontrado varios datos que nos dan a entender el movimiento interno de gentes. No me refiero sólo al del pastoreo que concertaban en las ferias de san Miguel, o a los trabajos de contratación de las faenas del campo. Ni a los llamados acarreadores si eran niños o a los agosteros como llamaban a los adultos que ajustaban para la siega, la trilla y el aventado, y que según las propiedades del dueño podían continuar en la siembra. Gran parte de estas necesidades se solucionaba con gentes de las mismas aldeas o de las aldeas vecinas. También podemos incluir entre éstos a los aprendices de herrero, sastre, tejedor, etc. Éstos mismos si permanecían algún tiempo con el oficial enseñante, si formaban familia se establecían en aquella comunidad.

Encontramos al capitán del castillo de Mesa que consulta con qué caballeros a sus órdenes podría salir de allí, para marchar y establecerse en tierras de Aragón y el rey le contesta que con cinco y sólo si acude a vivir al castillo de Molina. Este Gonzalvo Gonzálvez de Ávila abandona el castillo al que provee el rey de nuevo adalid y acude a Molina con los cinco de a caballo, pero al año siguiente, 1372, se le confisca el caballo por abandono del castillo: “…D’estos dias vos embiamos a dezir que tomassedes información si un cavallo, que se dizia seer estado de Gonçalvo Gonçalvez de Avilla, alcayde de Mesa, los bienes del qual nos son adquisidos porque sin licencia nuestra liuro el dito castiello el qual tenia por nos a costumbre d’Espanya, e el qual cavallo tenia Anthon Sanxez de la Torre, habitador de la villa de Molina, nos pertanescia…”[1] Con lo que este Gonzalvo se retiró a otras tierras. Vemos a seis personas cambiando de lugar, sus cinco compañeros y él. Aparecen, por tanto, personas que no aceptan a Pedro IV y actúan huyendo como este Gonçalvo.

En este caso no sé si deberíamos hablar de movimiento de personas o de desleales al rey, como ocurrió cuando un traidor entregó al enemigo el castillo de Mesa: “…desplace nos la perdua del castillo de Mesa…, e placería nos muyto…, si en alguna manera podias posar la mano de suso a aquexi hombre qui l`a traído (entregado)…”[2]

Otra cosa es lo que ocurrió en Zafra. Pedro Loscos se queja del abandono y el mal estado en que se encuentra el castillo de Zafra que abandonó Pascual Martínez Cotiello[3], sin dejar viandas, armas y con un muro hundido[4].

También, y esto es importante, desde la aljama judía solicitan al rey los permisos y avales para poder viajar por todo Aragón, con las mismas libertades y facilidades que por el territorio molinés. Incluso para tener residencia en otras ciudades de su reino. Así leemos un edicto en que se manda a la ciudad de Daroca que no exija a los judíos de Molina, que se establezcan allí, el pago de viejas deudas contraídas por la ciudad[5], por lo que los recién llegados sólo se verán afectados de las deudas posteriores a su llegada.

Al exponer las denuncias de abusos por compra de propiedades abandonadas, porque los antiguos pobladores han desaparecido, habla de los que aún podían residir y las han abandonado, “…si los ditos aldeanos se parten de las ditas al­deas…”[6] Es decir que esto ha ocurrido. Los aldeanos que moraban en ellas se han ido; han cambiado de lugar.

En otro documento, 22 de abril 1372, habla de su decisión de repoblar: “Como se pertanesca a nos dar lugar de poblar la dita nuestra villa de Molina e las aldeyas e otros lugares del condado d’aquella,… la dita villa no es bien poblada e la mayor parte de las aldeyas d’aquella están despobladas e yermas, ond la cultura e officio divinal no son feytos servidos…”[7]

El rey vuelve a reconocer su obligación de hacer repoblar la villa y las aldeas la mayor parte de ellas despobladas y yermas, y además de cultivar las fincas expresa la necesidad de que se celebren oficios y misas en sus templos. Tan crudamente, no había presentado la despoblación en documentos anteriores, contanta necesidad de repoblar.

Continúa diciendo que: “…segunt fue­ro de Moliná’que dize assi: «aquell qui poblare en Molina e si quisiere ir venda sus casas e su heredat e vaya do quisiere», nos por drecho poriamos procedir por otra manera accupando los bienes sedientes d’aquellos qui assi sin vender sus casas e sus heredades se fueron e.s despoblaron de la dita villa e aldeas e otros lugares del dito condado…”[8]

La libertad de domicilio, recuerda el rey, está en los fueros: y quien se quisiere ir, venda sus casas y sus fincas y vaya donde quisiere. La emigración, digamos, estaba prevista y aceptada.

Cabe preguntarse adónde se han ido, porqué venden sus propiedades y si otros, los compradores, se creen dueños de todo el término. Esto significa que no es lo normal que se queden en las aldeas más próximas desde donde ellos mismos continuarían con la labor, como ocurrió con Torralbilla que al parecer quedó para Hinojosa.

Los que aun vivían allí se marcharían a Molina, se me ocurre, y no tendrían que continuar camino con el dinero cobrado de las ventas, o con los bienes que a cambio recibieran. También buscarían acomodo en los pueblos ribereños del Mesa o del Gallo, donde por las mismas causas (frío, peste y miedo) dejarían lugar a nuevos repobladores que trabajarían las propiedades que aquéllos dejaran.

También, por qué no, irían a aldeas más grandes donde la despoblación les diese más posibilidades.

La soledad y el peligro, o el miedo, ya que al ser tan pocos no podrían arroparse los llevarían a abandonar y, en cambio, sí se sentirían más seguros en aldeas con mayor número de habitantes.

En contrapartida el rey propone la llegada de nuevos pobladores, la inmigración necesaria.

Hay un hecho significativo que podría haber incluido en la movilidad de los judíos y es la carta que escriben para favorecer a un judío de Cuenca que huiría de la opresión de las leyes castellanas y que al parecer era familia de los Abolafia: Salameo Abolafia “…querría venir con su companya e con lo suyo e morare bevir a nuestro reyno, e recelase que por vos le sea puesto embargo en la su venida. Porque vos rogamos afectuosament que por honra nuestra dyedes venir… al dito nuestro reyno, salvo e seguro…”[9] Aragón responde con buena acogida, y eso facilita la movilidad ciudadana, en este caso a la judía.

[1] 1372, abril 30. Zaragoza. (Folio 39).

[2] 1372, enero 14. Alcañiz. (Folio 46).

[3] Pascual Martínez Cotiello murió, tal vez por esto el castillo se encontraba con este deterioro. A su esposa se entregó Herrería.

[4] 1372, septiembre 9. Barcelona. (Folio 61-62).

[5] Sospecho que deudas contraídas por la aljama de Daroca.

[6] 1371, diciembre 30. Alcañiz. (Folio 44-45).

[7] 1372, abril 22. Zaragoza. (Folio 56-57).

[8] 1372, abril 22. Zaragoza. (Folio 56-57).

[9] 1369, junio 10 Valencia B. ACA. Cancillería Reg, 1551. fol13v. (M. Larriba, “El señorío de Molina de Aragón en la Corona…” 1369-1375 Gu.).

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