Historia de Molina de Aragón

87º La extensión de las aldeas

Los pobladores se asentaron en lugares ocupados en épocas anteriores. Algunos quedaron abandonados. Por ejemplo Galdones, entre Tartanedo, Hinojosa, Fuentelsaz y Tortuera; se comenta en 1750 que la causa de su despoblación fue “…por… ser tierras rasas y desabrigadas, forman concepto, fue el motivo de despoblarse…”[1] No está claro si permaneció despoblado desde esa época, pero la falta de vestigios así nos lo hacen creer, igualmente Monchel en Labros, que tampoco muestra restos que puedan hacernos pensar que se deshabitara en épocas posteriores. De Chilluentes en Concha y Santa Catalina (Torralbilla) en Hinojosa, su despoblación fue posterior a esta época ya que los restos arquitectónicos así lo demuestran, además de su alusión en la relación de templos construidos antes de 1353[2].

Todos aquéllos lugares cuyos nombres se derivan de latín como Casares, Villares o similares, a no ser que sus vestigios demuestren lo contrario, también fueron abandonados en esta época, bien por buscar protección en los poblados nuevos o por abandono previo, pero sus nombres permanecieron en la mente de los supervivientes y los mantuvieron. Recordemos aquellos adjetivos: “…yermo y poblado”.

Al parecer, los montes al ser protegidos por los llamados caballeros de la sierra se mantuvieron en común servicio, tanto de leña como de pastos. “Los caballeros de la sierra hayan por soldada de cada grey una borra de ciento arriba”[3] De los leñadores no hablan nada, pero sí de los pastores que debían pagar una borrega de cada cien.

También se prescribe una norma para quienes abusen del aprovechamiento: “Quien fuere a serraia más de tres vezes en el anno, peche sesenta sueldos. Todo omne que serraia fiziere a los pastores en estremo o en la sierra, peche LX sueldos.”[4].

Se multa a quienes por abuso perjudicase a los leñadores y a los pastores en el extremo o en la sierra. Debemos saber que por extremo se entendía el lugar donde los pastores tenían el hato, es decir las provisiones, fuera más o menos lejano de la aldea. Claro que el hato no lo llevaban si no pensaban estar varios días en esos lugares.

Sería el momento de recordar los territorios reseñados como “Ámbitos de protección arqueológica[5]” que el arqueólogo Jesús Arenas señaló en su estudio y decir que en este momento casi todos quedaron, o habían quedado, abandonados a excepción de los dos señalados: Chilluentes y Santa Catalina.

Las tierras de labor fueron las que se apropiaron los nuevos pobladores, porque el pensamiento del pastor era que todo el monte pertenecía a la oveja y que lo podía pacer[6].

Cierto que el Conde don Manrique dijo: “Quiero que los omnes que y poblaren que la ayan en heredat a ellos et a fijos de ellos con todo su término yermo et poblado con sus montes et con aguas et con molinos”[7], pero los ganaderos que ocuparon el terreno pensaron que el monte era de las ovejas y lo ocupaban para que sus ganados lo disfrutaran, por eso, parte de los terrenos han llegado hasta nuestros días con valor comunitario, es decir de utilización por la Mancomunidad de Tierra de Molina o Casa de la Común.

Los límites de las aldeas se limitaron por los campos de labor, y sus montes se fueron pergeñando poco a poco a causa de los cortes de leña para hacer carboneras y sobre todo influiría el evitar que el pueblo vecino se aprovechara de los pastos[8] (esto aparecerá principalmente en las cartas de Pedro IV[9]). También las piaras de cerdos alimentándose en los encinares[10] pudieron contribuir en estas divisiones. E indudablemente las ovejas estantes que necesitaban su espacio en las inmediaciones de la aldea, dieron el toque definitivo a poner límites al campo de las aldeas.

Debemos caer en la cuenta de que estas divisiones implicaban idea de separación, de evitar el aprovechamiento por la otra aldea de los lugares en que nosotros (los aldeanos de esta aldea) asentamos nuestros dominios exclusivos.

En algunos lugares estos límites llegaron a señalarse con pequeños muros como sucede entre Labros e Hinojosa en la cumbre del Giraldo y el Quemado. La parte de Hinojosa de estos montes, al menos el Quemado, pertenecía a la Casa de la Común.

[1] Catastro de la Ensenada, Galdones. Contestando a la cuarta pregunta responden: “A la cuarta pregunta dijeron que todas cuantas tierras hay y existen en dicho término son de secano con año de descanso sin que se encuentre ninguna de regadío, hortaliza, bosques, matorrales ni monte bajo, sí solo algunos escambrones, por lo que, y ser tierras rasas y desabrigadas, forman concepto fue el motivo de despoblarse… “

[2] “Historia de la diócesis… de Sigüenza” Toribio Minguella.

[3] Fueros Capítulo 12 cédula 5ª.

[4] Fueros Capítulo 25 cédulas 1ª y 2ª.

[5] Entre Labros, Hinojosa, Tartanedo, Concha y Amayas se pueden contar 18 Ámbitos de protección arqueológica y 29 Ámbitos de prevención arqueológica, según el estudio “Protección del Patrimonio Arqueológico en el planeamiento urbanístico de Tartanedo(Guadalajara) Realizado por orden de Castilla la Mancha y llegado a mis conocimientos informatizado en dvd, el año 2012. Estudio realizado por el arqueólogo don Jesús Arenas Esteban.

[6] Véase el capítulo “Agricultores y ganaderos”.

[7] Fueros Carta puebla cédula 2ª.

[8] Recordemos el concepto de aldea que exige una circunscripción geográfica, como vimos en capítulos anteriores.

[9] Leer: “Del abuso de la venta de hierbas y pastos” y capítulo anterior y posterior.

[10] Hasta la desamortización de Mendizábal no se vendieron los montes, divididos en suertes, entre los vecinos de los pueblos. En Labros el sabinar salió a la venta en 1892. Hasta entonces fueron de dominio real.

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Historia de Molina de Aragón

86º Los pobladores de las aldeas

Siguiendo con la idea de las aldeas y en cómo los pobladores aceptaban las normas para convivir, vemos el acuerdo para reunirse en comarca, en nuestro caso en señorío, y la conformidad que las hacía dependientes de una capital. Esta agrupación significaba aumento de leyes que obedecer y una supeditación a la villa de Molina ya que en ella reconocían a un señor, el conde, ahora el rey Alfonso.

Aquellas familias de cazadores y pastores perdieron la espontaneidad y la libertad territorial para someterse a unos límites y a unas instituciones de gobierno que van de los alcaldes y juez de cada aldea hasta el gobierno de Molina y de allí al rey. Bueno, estas ideas no eran conocidas por los que nacían en aquel momento, olvidados de aquellas libertades y amplitudes de campo propias de los cazadores y recolectores.

La persona se acomoda y acepta sus circunstancias sin sentido de crítica si no conoce otra realidad para comparar.

Ahora voy a intentar hacer un perfil o más bien una conjetura de cómo eran y cómo vivían aquellos habitantes de nuestros pueblos después de todo lo que hemos escrito anteriormente.

Los caballeros eran los poderosos, quienes tenían posesiones agrícolas o ganaderas o ambas cosas a la vez y, por tanto, caballo y lanza para dirigir y dar apellido a los que les acompañaran como peones. Ellos eran los que ostentaban los cargos de regidores y jueces, incluso según el fuero si sólo había un caballero podía repetir de alcalde-regidor o de juez indefinidamente.

Dicho esto, los demás habitantes se dividían en pequeños agricultores y pequeños ganaderos, podemos entender que todos tendrían tierra y ganado para sobrevivir. Luego añadiremos aquéllos que, sin ninguna propiedad, esperaban una llamada para trabajar de pastor, de gañán o de lo que fuera, leñador por ejemplo.

Al concejo o reunión de vecinos acudirían los terratenientes y ganaderos. Los que esperaban un contrato, no. No me atrevo a llamar a esto concejo abierto, aunque estuviera con las puertas abiertas; se reunían en la iglesia o a sus puertas, pero no estarían todos los componentes de la comunidad o aldea. Incluso en tiempos muy cercanos a los nuestros en las asambleas en que se decidían hechos importantes quienes las decidían era el grupo de los más pudientes.[1]

He señalado tres creencias, cristianos, judíos y moros., en otros capítulos he hablado de tres culturas, pero es más preciso decir tres religiones o creencias.

En las aldeas se identificaban todos y convivían respetando sus diferencias económicas y religiosas. Porque todos cuidaban por igual los animales de corral, por igual trabajaban los campos y pastoreaban, y por igual usaban la producción de su trabajo para satisfacer las necesidades alimentarias. Pero en caso problemático el dedo, señalando, no dejaría de amonestar y despreciar.

Los contratados cobraban en especie, poca, porque los amos preferirían ajustarlos dándoles de comer y poniéndoles la merienda, por aquello de que donde comen tres comen cuatro… Es decir que se recortaban las cucharadas comunes, ya que todos la metían en la misma escudilla, o en la misma sartén y además todos de pie.

El poco trigo o centeno que recibían de paga pasaba a dar de comer a los padres o a la familia que, si evitaban una boca (la del padre contratado, o la del hijo) que además era la que más cundía, ya era beneficio.

La defensa a ultranza de la poca tierra que poseían era sagrada. Más valía suela[2] de tierra que día trabajado. Es decir que no se estimaba el esfuerzo, sino el producto.

El pensamiento era que tanto el trabajo como el sudor era una maldición de Dios y por eso no producían nada, sólo cansancio y agotamiento. Lo que producía y daba de comer era la tierra de la que salían las espigas que se convertían en pan. Por eso a más tierra más pan en la mesa.

Esto originaba múltiples reyertas por una simple espiga que se segara de otro campo, o por un surco que entrase en el campo del vecino. Incluso en las reyertas se distinguía si era en el campo o entre los mojones: “Todo hombre que entrare entre los mojones mientras lidiaren en campo pechen sesenta sueldos”[3] Sólo por pisar o arrasar la mies en la pendencia se multaba con sesenta sueldos.

Les afectaba sobremanera el pago de impuestos. Los aceptaban porque en su mentalidad tenían muy inculcado por la predicación y el empeño puesto por los señores y propietarios que acudían a la iglesia y actos religiosos como los más fervorosos, que la posesión venía de la mano de Dios y del rey, en Molina, del Conde.

Los conquistadores recibían la posesión de todo, en nuestro caso el Conde don Manrique de Lara, por eso podía repoblar y repartir libremente todas las tierras para cultivar y pastorear. De ahí procedía el que cobrara unos impuestos como si fueran arrendamientos.

De él la recibieron los primeros caballeros y campesinos que las poblaron. Fueron sus dueños incluyendo a los pobladores “…los hombres que en el poblaren lo tengan en heredad para ellos y sus hijos, con todo su término yermo y poblado…”[4], y los que fueron conseguidos en las campañas contra los moros quedaron como siervos de quienes los prendieron.

La escala de los trabajos queda establecida y también las clases sociales.

Las herencias pudieron de alguna manera equilibrar esta escala, ya que los matrimonios unen o separan fincas y en dos centurias son varias las generaciones que pueden haber dado la vuelta o haber cambiado unos peopietarios por otros. Es lógico que los padres quisieran unir haciendas y apañaran las bodas de los hijos e hijas.

¿Quién no querría ser caballero y mandar?

En los contratos laborales la palabra siempre usada era la de ajustar, “me voy a ajustar de pastor”, o de agostero o de criado, así decíamos, ¿significa que se intentaba poner un precio justo? Mejor podríamos decir ajustado entre el ganado o las fincas frente a la precariedad del criado. Con lo que el hambriento por mucho que forzara la equidad (el ajuste) siempre quedaba menesteroso. El hambre, la sed y el miedo a quedarse sin nada doblegaban al contratado.

“Después de medio año no responda si no fuere sobrelevador de pastor o de quintero, o de siervo de ganado que compre o de toda compra”[5]

Aunque ya hemos hablado de que algunos pastores añadían con permiso de los ganaderos unas pocas ovejas de su propiedad en el hatajo, ahora quiero añadir lo que en los fueros se dice: “no responda si no fuere (fiador) sobrelevador… de siervo de ganado que compre o de toda compra” Por tanto a los siervos se les permitía, o era costumbre comprar ovejas con garante.

Una manera de salir de la miseria era hacerse con un ganado o con alguna finca, de esa manera podían pensar en casar a la hija, o al hijo, con alguien con quien unir posesiones y…

Las aldeas estaban organizadas con institución de gobierno y dependencia de la capital.

[1] Los votantes para elegir gobierno en España hasta principios del siglo XIX eran solo los terratenientes. En la constitución de 1813 solo podían presentarse para diputados quienes posían una riqueza determinada.

[2] Medida de longitud muy usada entre los labriegos.

[3] Fueros capítulo 20, cédula 7ª.

[4] Fueros. Carta puebla cédula 2ª.

[5] Fueros. Capítulo 11 cédula 28.

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Molina en la casa real

86º El Señorío pasa a manos del rey Alfonso XI

Desde la muerte de doña Blanca en 1293, Doña María, esposa de Sancho IV, fue la señora de Molina, sobrevivió a su hijo Fernando IV y cuidó como regente a su nieto Alfonso XI. A su muerte en 1321, el Señorío pasó a la Corona de Castilla para siempre y su primer rey y señor fue Alfonso XI.

De esta dependencia del trono castellano habrá que exceptuar los pocos años que perteneció al reino de Aragón.

Este hecho trajo a los molineses un cambio de título: de condado o de depender de un conde y de unos señores, pasó a depender de un rey. A partir de este momento se enumera entre los títulos del rey y entra a figurar y depender de él como los demás territorios del reino.

¿Quiere decir esto que a partir de ahora se cotizaría según los impuestos de la corona, y desaparecerían los que asignaron los condes? ¿Molina ciudad perdió los privilegios de estar exenta de impuestos? La administración del Señorío estaba tan bien organizada que si hasta entonces permaneció inalterable, ahora seguiría igual.

Hemos visto que los señores, herederos del conde, se dedicaron a las contiendas bélicas sin apenas aparecer por Molina. De las señoras, doña Blanca fue la que más permaneció, porque doña María con proteger como regente primero a su hijo Fernando y después a su nieto Alfonso, apenas si pisó la ciudad de Molina. Durante aquellos tiempos, sin la presencia de los condes, el gobierno se mantuvo inalterable, los fueros y su legislación fueron cumplidos.

Continuaron pagando la décima parte que recaudaba el merino o el corregidor y administraba el concejo según quedó establecido, eso para las aldeas. ¿Molina siguó con sus privilegios? ¿Las tercias reales continuaron unidas a los diezmos de la iglesia? No sé contestar, pienso que sí

Varias prebendas ofrecidas por los condes, principalmente por doña Banca y doña María permanecieron de obligado cumplimiento por tiempos indefinidos como sería el de Caballeros de doña Blanca, el monasterio de Buenafuente del Sistal, y el santuario de la Virgen de la Hoz. Este cumplimiento perduró en el tiempo y en las aldeas[1] a las que se cargó este compromiso.

El cobro por dominio y utilización, también trajo algunos problemas como fueron las posesiones de los montes y serranías que los de Molina, es decir la administración de la ciudad, sintiéndose continuadora de los privilegios de los señores quiso adjudicárselos. Aprovechó los beneficios salidos del arrendamiento de pastos y cortes de leña como si fueran los seguidores fiduciarios de los condes[2].

Esta situación fue favorecida por la inseguridad y por las incursiones de los aragoneses. Éstos quisieron apoderarse del Señorío como frontera con Castilla, primero en tiempos de doña Blanca y después aprovechando la minoría de edad de los reyes castellanos. Doña María de Molina regentó el reino de Castilla durante la minoría de edad de Fernando IV; Fernando murió muy joven dejando a Alfonso XI de un año como heredero, de cuyo cuidado se hizo cargo su abuela, continuando como regente. Doña María de Molina tuvo que tomar duras decisiones para evitar las rebeliones de quienes querían apoderarse del reino en Castilla.

Estas ocupaciones parece que relajaran y como si aflojaran los compromisos adquiridos por parte de los molineses. Además las amenazas y correrías de los aragoneses los obligó a emplear los impuestos en actividades defensivas.

Siempre hubo altercados en esta frontera aunque no estuvieran propiciados por los reyes, más desde Aragón que desde Castilla. Ya hemos visto cómo en la sierra se pusieron vigilantes.

Si Fernando IV reinó, ¿por qué no fue heredero de Molina? El señorío de Molina como vimos fue cedido por Sancho IV a su esposa en un acto de respeto a los fueros[3]. Doña Blanca accedió a entregar a su cuñado Sancho IV el señorío y éste con el consentimiento del concejo lo traspasó a su esposa. Por tanto hasta que no murió doña María de Molina no heredó ningún descendiente. Al morir ella fue su nieto, Alfonso XI quien lo heredó.

Queda claro que las instituciones de gobierno, alcaldes, concejo, juzgado, ejército, sesmas, etc., permanecían y actuaban eficazmente.

[1] Leyendo el Catastro de la Ensenada en casi todos los pueblos aparece un gasto para las Bernardas de Buenafuente, y los Caballeros de doña Blanca. Herrería: “… a la compañía de caballeros de la Reina doña Blanca y corregimiento de Molina de que tienen sus respectivos privilegios presentados en la operación del lugar de Rillo, y el de la compañía de caballeros.” En el de Labros, Hinojosa: “…a las monjas Bernardas de Buenafuente, corregidor y caballeros de la serenísima infanta doña Blanca en la villa de Molina…”

[2] Véase el capítulo “Las sesmas”.

[3] Véase el capítulo “El total de los impuestos y su liquidación”.

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85º Morería, tornadizos y mendigos

Las tierras no fueron repartidas, o no se distribuyeron equitativamente entre los que acudieron a ocuparlas. En la repoblación cada cual salió más o menos favorecido. Esto está suficientemente presente en el fuero. Por eso habla de varios grados de caballeros con dos yuntas y tierras; con tierras y ganados, o sólo con ganados, cuando establecía la cuantía económica para acudir a los requerimientos del Señor. Luego estaban los que deberían tener una lanza, es decir los soldados de a pié.

En el botín de guerra podían apoderarse de los habitantes de allende las fronteras. No dice a soldados vencidos, sino a “moros”. Aldea conquistada o arrasada los habitantes eran tomados como un bien del que apropiarse. Podían ser varones, mujeres, parejas o familias.

“Todo omne de Molina que traxiere moros de otra tierra de guerra et aquellos en su aldea poblare, suyos sean a mandar”[1]

Tampoco es sólo para los caballeros esta autorización, sino para todos los que van en el acto guerrero: caballeros, soldados y peones.

Veamos la propiedad, eso de que “sean suyos a mandar”. No necesita mayor explicación, los llevará a su aldea y serán de su propiedad.

Para entender mejor, voy a establecer una comparación con la actuación que doña Blanca hace con los clérigos de Molina a quienes entrega mil maravedíes para que digan sufragios por su alma. “…que cante el Cabildo por mi quantos dias duraren aquellos dineros a comer…”[2] Ella es la propietaria de los dineros que entrega y no propone unos días concretos, diez o doce, sino mientras “…duraren aquellos dineros a comer…”[3] El dinero manda y cuando se acabe allá se las compongan los clérigos, poque se acabaron las misas y por tanto “los dineros a comer”.

Cambiando todo lo cambiable sacamos en conclusión que se alimenta y viste a estos moros mientras son útiles en sus trabajos. Después ellos se apañarán en la subsistencia. Como diré más adelante formarán el grupo de los mendigos.

Y ¿qué significa eso de “a mandar”?

Estamos en una sociedad que las enseñanzas entran por imágenes, lo dijimos hablando de los capiteles. La imagen está tomada del evangelio cuando el Centurión pide a Jesús que sane a su siervo que está postrado en cama, Jesús se ofrece a ir, entonces el centurión le dice que, como tiene poder sobre todo, haga como él que dice a un soldado ve y va; a otro ven y viene; a su siervo haz esto y lo hace[4].

Esto es, la anulación de su iniciativa y la obediencia ciega. Se diferencia de los animales domésticos en que entiende la orden y la manera de hacerla, a no ser que incluso en esto también lo oriente el amo.

Y dice también, “…y aquellos en su aldea poblare…” Señala el poder sobre ellos, como él, el señor conde, tiene sobre la población de Molina y aldeanos. Los hará vivir en su aldea bajo su dominio.

Por tanto en las aldeas, en definitiva, son quienes trabajan la tierra y pastorean los ganados permitiendo a los amos que estén disponibles para acudir a la llamada del Señor.

“El que sobrelevador fuere no se alce a fuero de Molina. Después de medio año no responda si no fuere sobrelevador de pastor o de quintero, o de siervo de ganado que compre o de toda compra”[5]

Pero también pueden llegar a ser propietarios como se expone en esta cédula: pueden comprar ganado u otras cosas, y en este caso de alguna manera se convierten en propietarios[6].

En Molina, como aparece en el testamento de doña María, sexta señora, sí hay una morería que paga algún impuesto: “…mando que después de los mis días que los mios testamentarios tomen e recabden todas las rentas e pechos e derechos foreros de todas las mis villas e de los mios logares que yo agora he e de todos sus términos e de Molina con todo su cotado[7], así martiniegas e portadgos e pan e juderías e morerías e otrosí diezmos que a dar ovieren fasta que sean entregados de las ochocientas vezes mill maravedíes sobredichas”[8]

Si pagan impuestos las “…e morerías…” por formar una aljama mora, también tendrán su imán que dirija la oración.

Cuando pertenezcan a Pedro IV de Aragón, el alcalde del concejo de Molina en el escrito de petición de someterse al reino de Aragón, habla de los moros como si formaran un grupo dentro de Molina. El rey no contesta otra cosa sino que sean ellos mismos quienes se dirijan a él proponiendo sus peticiones. Los moros de la morería no saben escribir, o al menos no lo hacen. Lo que Bartolomé Sánchez de acuerdo con el concejo pide, es que los moros que pagan impuestos, puedan presentarse para concejales y que sea ley el que la morería no los rechace si perteneciesen al concejo. “Otrossi por quanto a los moros que son pe­chos que sean concejales e no apartados por la aliama. Responde el senyor rey que le paresce que se deve fer segunt que es acustumbrado, pero plazele si los moros lo demandan”[9] Esto ocurre en tiempos de Pedro IV el Ceremonioso como veremos[10]

Esto aboga por qué algunos ya han entrado en el rol de poseedores de fincas, ganados o bienes que pagan impuestos.

Estas conclusiones están deducidas de los fueros. Los trabajos de los moros son más serviles que los de los judíos. Realizan las tareas más duras, huertos, labores en fincas, pastoreo y las necesarias dentro de las casas, limpiezas, cocina, lavar, etc. Lo que sería el trabajo de los llamados criados y criadas.

Con el tiempo algunos fueron creando su autonomía e incluso pudieron formar parte del concejo, aunque otros continuaran bajo el dominio de amos o mendigando, es decir sobreviviendo como buenamente podían cuando perdían sus posibilidades laborales.

Tornadizos.

Ya hemos hablado de ellos[11].

En el reparto de herencias: Dice el fuero: “Qui ouiere tornadizos en su heredat si fijos ouieren, hereden aquellos; si fijos non ouieren, herede el sennor de la heredat”[12]

Y con motivo de las palabras insultantes: “Estas son las palauras que por fuero et por derecho son uedadas, es a saber que son éstas que se siguen: Gafo, Cornudo, hombre de sodomítico, que quiere dezir herege, Tornadizo, Puta. Et de todos estos nonbres si negare el que fuere acusado que lo dixo, jure con doze o peche diez maravedíes.”[13]

Tanto los que venían de tierras moras por disentir de la religión islámica como quienes ya aposentados aquí se convertían, a todos les quedaba el estigma de haber pertenecido a otra religión y practicado otras creencias o al menos haber convivido con ellas. Igual que la creencia cristiana era que si alguien pecaba le quedaba un signo de ese pecado en su alma, como tras la herida queda una cicatriz, que sólo se sanaba con el purgatorio después de morir o con las indulgencias en esta vida; a estos tornadizos, conversos, los señalaban como infectados. Para liberarse debían demostar denodadamente su conversión.

Por supuesto éstos eran los más presentes en las obras de ayuda a los templos con limosnas, etc., para demostrar la veracidad de su conversión. Se hablaba de la pureza de la sangre o de los apellidos con los que se demostraba la cristiandad hereditaria, cristianos viejos, y el converso se verá obligado a ganarse esta herencia con sus obras para transmitirla a la familia.

Mendigos.

No se habla de ellos en los fueros, pero se desprende cómo se propiciaba esta situación. ¿De qué se mantendrían aquéllos que quedaron como siervos de los agricultores y ganaderos cuando no servían para trabajar? ¿Cómo podrían vivir quienes llegaron con retraso al reparto de tierras? ¿Y los cristianos que venían de tierras de Al-Ándalus para poder vivir entre cristianos hasta que consiguieran unos bienes?

Y ¿de qué vivirían los peregrinos que se desplazaban de unas tierras a otras, no solo los del camino de Santiago, sino quienes buscaban trabajo, fueran canteros o albañiles o cualquier otro oficio hasta que lo encontraban?

Los mendigos residentes en Molina o en las aldeas no los llamaremos propiamente minorías porque no estaban reunidos en barrios, sino que cada uno buscaba refugio donde lo encontraba y allí permanecía[14].

[1] Fueros de Molina de Aragón. Capítulo XI. Cédula 12.

[2] Testamento de doña Blanca.

[3] Testamento de doña Blanca.

[4] Evangelio de Lucas 7,5-10.

[5] Fueros de Molina de Aragón.

[6] Véase el capítulo: “Aldeas fincas y repartos”.

[7] Drae: Tasa, postura.

[8] Testamento de doña María de Molina, año 1321.

[9] Documento presentado por Bartolomé Sanchez. Tomado de “Documentos para a historia de Molina en la Corona de Aragón. Lidia Benítez. Zaragoza 1992.

[10] Vease Capótilo 109º La aljama mora, la judía y la familia de Samuel Abolafia

[11] Véase 77º Desafíos, palabras prohibidas y robos.

[12] Fueros Capítulo 11 cédula 12ª.

[13] Fueros Capítulo 20 encabezamiento.

[14] Gran parte de esta información la he encontrado desperdigada en varios libros, pero básicamente me atengo a cuanto se escribía en el Catastro de la Ensenada pregunta 36 (¿Cuántos pobres de solemnidad habrá en la población?), y de mi experiencia y recuerdos de infancia. Los que salían del pueblo a la aceituna dormían en pajares o donde buenamente el alcalde de los pueblos, por los que transitaban, les proporcionaba. En Labros para los inviernos crudos estaba el corral de concejo detrás de la ermita y en Hinojosa el reparto vecinal por pajares para dormir, el resto del año, en Labros, la peridera de teja a un kilómetro aproximado del pueblo y, en Hinojosa, el albergue a la misma distancia fueron su lugar de estancia.

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Historia de Molina de Aragón

84º La judería

Los judíos, eran considerados vecinos de Molina: “Do a uos en fuero para sienpre que todos los vezinos de Molina, caualleros et clérigos y jodios[1], rreciban sendos cafiçes de sal cada anno et den en precio destos cafizes sendos mancales”[2] Se les otorga los mismos privilegios al menos en la concesoión de la sal. Y la sal era tenida como un elemento de un valor especial.

Según los principios que establecimos de repoblación, quedaba claro que todo el que acudiera a poblar Molina y aldeas tenían las mismas concesiones y privilegios. A nadie se rechazaba.

No habla de ellos el fuero en ningún otro lugar, ni para establecer reglas de mercado ni para establecer relaciones judiciales ni para regular matrimonios entre ellos, con cristianos o con moros.

No obstante tenemos que dejarnos influenciar por lo que pasará en el tiempo, primero por lo que doña Banca escribirá en la corrección y ampliación (año 1272) del fuero:

“Otrosi, do a vos en fuero que otro entregador non haya entre cristianos y los jodios de Molina, sino el juez y los alcaldes que seran puestos por el fuero, segun fue en tiempo de nuestro padre e de aque­llos onde yo vengo que yo herede a Molina”[3]

Por tanto los judíos tenían su propia legislación. De cara al exterior, al igual que los cristianos, estaban obligados por las leyes establecidas en el fuero aunque para su comportamiento interno mantuvieran sus costumbres, si no, no se habría dado esta orden imponiendo relaciones de gobierno, juez y alcaldes. Para mantener sus leyes se encontrarían en un entorno cerrado o apartado que llamamos judería o aljama judía.

También se desprende de esta norma de fuero que pudieran surgir disputas, litigios y demandas entre unos y otros, que unos y otros querrían solucionar recurriendo a sus tribunales, bien de la judería o del concejo según los favoreciera. Por eso, ante estos dilemas el concejo pidió a doña Blanca su intervención. Por tanto los alcaldes y jueces que gobiernen y dictaminen en Molina serán quienes dirimirán judicialmente cualquier conflicto entre judíos y cristianos y viceversa, y entre judíos y moros y viceversa.

Cristianos, judíos, dos palabras diferenciadoras que denunciaban sus creencias, indicaban dos realidades y relaciones por las que unos y otros actuaban y que, por supuesto, los colocaba en distintos planos sociales. Veamos cómo lo expone esta otra cédula de la segunda ampliación del fuero (año 1275):

“Otrosi, do a vos en fuero que todas las cartas[4] tambien de cristianos commo de los judios de Molina e de su termino, que sean deman­dadas fasta cinco annos; si non, de alli adelante que non valan ni puedan ser demandadas”[5]

Da una orden que afecta tanto a cristianos como a judíos. En la ampliación de doña Banca, tanto en aquélla como en ésta, se habla de ambas creencias, es decir se contraponen o pronuncian para distinguirlos, como en el fuero se ha hecho. El concepto de libro, biblia, del que hablé en otro momento toma presencia y se confronta, aunque a unos y a otros afecte la orden dada en la cédula.

Las concesiones, cualesquiera que fueran, de territorio o de cualquier otro orden, siempre escritas, tienen un valor de ejecución sólo durante cinco años, a partir de esa fecha pierden valor. Esta temporalidad afectaba tanto a judíos como a cualquiera otro, aunque aquí doña Blanca contraste sólo al judío con el cristiano, no aprecia la distinción entre caballeros, vecinos o aldeanos. Podríamos deducir que en todo son considerados como los demás habitantes del Señorío y tendrían las mismas actividades, aunque de alguna manera se den a entender las diferencias.

Saliendo del fuero y de las mejoras y añadidos de doña Blanca, y entrando en las contestaciones que doña María da a las reclamaciones de los clérigos de Molina, recordamos que los judíos pagaban un “pecho” o impuesto especial.

Doña Banca fundó el monasterio de san Francisco a cuyos monjes encargó la celebración de unas misas perpetuas anuales que se sufragarían con el impuesto que los judíos pagaban: cabeza de pecho[6]. De aquí deducimos que pagaban un impuesto añadido o propio, además de que como todo vecino de Molina estaban exentos de tributos comunes y, como ellos, obligados a la restauración de la muralla.

Así reza el testamento de doña Blanca: “…et mando con el mi cuerpo cinco mil maravedis de pecho que son a dar los judíos cada anno por San Miguel e destos que sean quatro mil para los freires que fueren y Claustrales para vestir e para comer. E los mil maravedíes que sean para un aniversario de los clérigos del Cabildo de Molina e estos cinco mil maravedíes antedichos que los aya cada anno e por siempre jamas e los partan ansi como dicho es en el tiempo de Santo Miguel que cante el Cabildo por mi quantos dias duraren aquellos dineros a comer…”[7]

Los judíos tienen un impuesto anual que alcanza (al menos) a cinco mil maravedíes y los reparte entre dos grupos, el de los frailes de san Francisco y los clérigos de Molina para la celebración de un número de misas anuales.

En otra época, 1297, los clérigos de Molina no cobraron el estipendio de las misas de difuntos comprometidas por doña Blanca y acuden a doña María de Molina, sexta señora, para que solucione el problema. Esta queja nos da a saber que los frailes sí los cabraban. Y haciéndose la jueza manda que los judíos paguen aquellos mil maravedíes “…como yo fallé por el testamento de doña Blanca, que Dios perdone, que mandó a vos el cabildo de los clérigos de Molina, mil maravedíes por cada año para aniversarios et vos los mando dar por el día de San Miguel de Setiembre del pecho de los judíos de Molina…”[8]

Y si no cumplen con su pago de impuesto, “…prenda a los judíos y los encierre y no les den de comer ni de beber hasta que os den estos mil maravedíes. En estas Cortes también dispone Doña María que se cobren los tributos que paga la aljama molinesa.”[9]

Varias cosas a deducir:

Primera, hasta que doña Blanca decide dedicar los impuestos de pecho para las misas concretándolo en una cantidad, no había aparecido más problema que el relacionado con los delitos esporádicos.

Segunda que la educación recibida por estas mujeres viviendo en la corte castellana cambia el trato a los judíos. Aparece el poder, en este caso en doña María, para obligar y castigar si no se obedecían sus órdenes.

Tercera una vez más aparece el castigo de muerte indirecto y causado por no pagar un dinero.

Cuarta que además de los obligados pagos de las misas, hay otros tributos que debe pagar la aljama, por tanto la cabeza de pecho, o lo que excediera del dinero de las misas. “En estas Cortes también dispone Doña María que se cobren los tributos que paga la aljama molinesa.”[10]

En su testamento, (año 1321) doña María de Molina expone la necesidad de cobrar a la judería de Molina los impuestos especiales: “…mando que después de los mis días que los mios testamentarios tomen e recabden todas las rentas e pechos e derechos foreros de todas las mis villas e de los mios logares que yo agora he e de todos sus términos e de Molina con todo su cotado[11], así martiniegas e portadgos e pan e juderías e morerías e otrosí diezmos que a dar ovieren fasta que sean entregados de las ochocientas vezes mill maravedíes sobredichas”[12] Por tanto los impuestos de pecho habían subido.

Quinta lo que sí queda claro es la aceptación que los judíos tuvieron respecto a la paga de la “cabeza de pecho”. Cuando veamos la carta que Samuel Abolafia escribe a Pedro IV (año 1369) en la que admite, casi propone, el pago de los impuestos especiales de la judería, pero que no sea para los monjes del convento de san Francisco sino para el rey.

El cargo más importante es el rabino.

Otro aspecto interesante de la judería es la movilidad de sus habitantes. Pero esto lo dejamos para el capítulo correspondiente a la judería en tiempos de Pedro IV de Aragón.

[1] En algunas lecturas del fuero esta palabra “jodios” la interpretan por otros.

[2] Fueros de Molina de Aragón. Cédula 5.

[3] Fueros Ampliación segunda cédula 4ª.

[4] Rae. En segunda acepción: “Despacho o provisión expedidos por los tribunales superiores” También y dado el momento en que nos encontramos, puede referirse a la carta puebla: (poco usado.) “Diploma en que se contenía el repartimiento de tierras y derechos que se concedían a los nuevos pobladores del sitio o lugar en que se fundaba un pueblo”.

[5] Fueros segundas mejoras cédula 10ª.

[6] Consultado en sefardíes.es: Impuesto o tributo anual pagado por los judíos como reconocimiento del señorío real y gratitud por la protección que la monarquía les dispensaba, se derivaba de su propia condición de minoría étnica-religiosa.

[7] Testamento de doña Blanca. 1293.

[8] “En Castilla, en este año (1297) a D.a María le comunican que los partidarios de Alfonso de la Cerda, que habían tomado Almazán, habían labrado moneda falsa. La reina celebra Cortes en Valladolid. Allí escucha toda clase reclamaciones. Los del Señorío de Molina, que mandaron a sus representantes, reclaman a través de sus clérigos, quienes son escuchados con máxima atención. La reina accede a la justa petición y otorga una carta declarando que, “como yo fallé por el testamento de doña Blanca, su hermana, que Dios perdone, que mandó a vos el cabildo de los clérigos de Molina, mil maravedíes por cada año para aniversarios et vos los mando dar por el día de San Miguel de Setiembre del pecho de los judíos de Molina tengo por bien de cumplir su testamento et voluntad et mando que ayedes estos mil maravedíes sobredichos”. Al mismo tiempo ordena a su representante en Molina, D. Alfonso Ruiz Carrillo medidas coercitivas como “…o a otro cualquier que tuviere por mi el alcázar de Molina, que prenda a los judíos et los encierret et les non den á comer nin a beber hasta que vos den estos mil maravedíes”. En estas Cortes también dispone Dª María se cobren los tributos que paga la aljama molinesa”. (Pedro Pérez Fuertes. “Molina reino Taifa. Condado…” pag. 229.

[9] Misma cita anterior de Pedro Pérez Fuertes.

[10] Misma cita anterior de Pedro Pérez Fuertes.

[11] Drae: Tasa, postura.

[12] Testamento de doña María de Molina, año 1321.

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Historia de Molina de Aragón

83º Así quedaron organizados Molina y Señorío

El gobierno de Molina, siempre en manos de los caballeros, se encuentra conformando de esta manera:

Los castillos para la defensa están gobernados por los alcaldes que actúan de forma independiente.

Molina ciudad tiene dos alcaldes -son nombrarlos siempre en plural- que gobiernan el concejo y el castillo. Cada colación tiene sus alcaldes y su concejo. (Lo cual amplía el nímero de alcaldes, éstos estarían subordinados))

El merino o administrador, que según los fueros no sería de Molina, ya es molinés, como doña Blanca decide, una vez corregido el fuero.

Están los caballeros de la sierra y de las robdas como vigilantes de la sierra y de los caminos.

Los jueces y los pesquisidores que forman los tribunales, tienen que poseer caballo, aunque no pertenezcan a la sociedad de los caballeros

Los escribanos o notarios que levantan acta, al parecer no se les exige ser caballeros.

El mayordomo “Todo mayordomo de conceio entre por conceio et que sea omne bueno et que sea rogado et si el conceio non se pagare del, ponga otro en su lugar”[1] Ésta es la única cédula que habla del mayordomo, del administrador del concejo de Molina, con las norma de elegirlo y de cesarlo: “..sea rogado et si el conceio non se pagare del…” El concejo decide en uno u otro sentido, elige y elimina.

Los andadores, éstos pueden ser vecinos de Molina, nada se dice de que posean caballo.

Los sesmeros, que también pueden ser vecinos, no se dice nada de que tengan caballo para la movilidad.

Los encargados de abrir y cerrar las puertas y de cobrar los portazgos, son vecinos de Molina, incluso judíos, así lo veremos en la época de la pertenencia a Aragón.

Revisar y organizar las obras de reparación y mantenimiento corresponde a los vecinos, albañiles y peones.

Todos éstos están implicados directamente en el mundo civil, después vienen los habitantes sin cargos:

Los oficios y mercaderes.

Los campesinos, pastores, peones y siervos.

En el eclesiástico:

El arcipreste o arcediano que domina sobre los clérigos, y que ya puede ser de Molina según decisión de doña Blanca.

El deán que es el superior del cabildo de clérigos.

Los párrocos en las iglesias.

El abad y los monjes de san Francisco.

Las abadesas de los conventos. Sospecho que también habría algún cenobio de monjas aunque no se referencie en el fuero, pero sí constan por las ayudas recibidas de doña Blanca y posteriormente de doña María.

Los estamentos o categorías que componen, o en las que podríamos dividir la población son:

Los aristócratas digamos que son los caballeros. Gobiernan. En el fuero se habla de ellos, cuando comenzaba la repoblación dice que habían de tener unas posesiones de las que poder vivir y tener unas armas para acudir a formar las huestes y apellido[2] del conde. Para ostentar cargos de gobierno, según el fuero, han de ser casados y de Molina. Doña Blanca establece en cien, los caballeros, y les proporciona unos ingresos.

Los Ballesteros. Aunque pertenecientes a la defensa, doña Blanca también los constituye en 25 y les designa unos ingresos.

Las autoridades, jueces, pesquisidores, etc., que gobiernan o se asientan entre quienes gobiernan y toman decisiones.

El clero

Los clérigos, monjes, monjas, o sea todo el cuerpo religioso.

El pueblo llano

El pueblo, los llamados vecinos en el fuero. Agricultores, pastores, tejedores, herreros, etc. y también los judíos y los moros que ejercían gran parte de los oficios.

Los mendigos, los que llegaron a una edad en la que no aportaban nada a sus amos y quedaban desamparados; los que nunca fueron capaces de trabajar; los que se desplazaban y permanecían algún día en la ciudad, al amparo limosnero de la caridad.

La organización en las aldeas

Las aldeas se gobernaban con el acalde, dos según se deduce del plural, y el concejo. En las aldeas gobernaban (alcaldes) los caballeros que allí residiesen.

Esta cédula que cito a continuación sirve para entender que las colaciones son la aldea, es decir parroquia y distrito aldeano: “Los caualleros, el que portiello ouiere, non aya portiello fasta a tres annos si en la collación ouiere otros caualleros”[3] Si en la aldea hubiera varios caballeros no debe permanecer el mismo en la alcaldía siempre, sino que se habrían de turnar, a no ser que sólo existiera uno y permaneciera por no tener opositor. Si por colaciones se pensara en las de Molina ciudad, en estos tiempos de doña Banca que nombró cien caballeros, no sería necesaria esta cláusula ya que siempre habría posibilidad de cambio, por tanto se refiere a las aldeas.

Anteriormente se ha dicho que todos los cargos sean de los caballeros de las colaciones[4], de las aldeas, si el significado de colación lo unimos a aldea; ya que a continuación habla de los quatro[5] a los que ya hemos mostrado como representantes de las sesmas, porque dos cédulas después habla de los sesmeros[6].

Con esto podríamos deducir que las sesmas estuvieron desde un principio establecidas, y que las aldeas estaban conceptuadas como colaciones en cuanto aldeas, cada aldea una colación.

El concejo estaría formado por vecinos, pero no puedo precisar el modo de elegirlos ya que no aparece en el fuero. Pero es fácil deducir que el caballero que ocupara la alcaldía los nombrara. El poder que adquiría como caballero lo garantizaba.

Las normas de actuación las recibían por mediación de los andadores y sus protestas las harían públicas por las reuniones de sesmas y de los sesmeros.

Las mujeres no aparecen por ningún lado. Todo el gobierno, responsabilidades y actuaciones quedan en manos de los varones. Por eso, repito, la mujer queda marginada y es como un objeto que da hijos, acompaña al varón y le proporciona el dato que le faltaba para acceder a disfrutar de vecindad y acceder al poder.

Para la repoblación y su mantenimiento necesitan de la mujer.

[1] Fueros capítulo 15.

[2] Drae en cuarta acepción: m. desus. Convocación, llamamiento de guerra. En 5ª acepción: m. desus. Hueste reunida por este llamamiento. Y en 6ª acepción: m. desus. Seña que se daba a los soldados para que se aprestasen a tomar las armas.

[3] Fueros Ampliación primera cédula 5ª.

[4] Fueros Ampliación primera encabezamiento.

[5] Fueros Ampliación primera encabezamiento.

[6] Fueros Ampliación primera cédula 4ª.

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Historia de Molina de Aragón

82º Reforma de los fueros en 1272 y 1275

Pasa el tiempo y las distintas ordenanzas aparecidas en las cédulas de los fueros respondían a las necesidades o problemas sociales de una manera más o menos satisfactoria; y no solo eso sino que cada Señor o Señora de Molina según su pensar e inclinación favoreció a unas o a otras instituciones, lo que llevó a revisar y completar o analizar lo ya establecido.

Mientras don Manrique de Lara por su cuenta y riesgo, “quiero” ésta es la palabra clave de sus disposiciones forales, establece unas normas para sus súbditos, en este caso también el concejo de Molina interviene en las correcciones y ampliaciones a los fueros. “…por mercet que nos pidieron el conceio de Molina de villa et de aldeas…”[1]

Mientras los señores anduvieron en guerra acompañando a sus reyes, los caballeros tuvieron una especial relevancia y mantuvieron el poder y sus prerrogativas. Las cabalgadas, el acompañamiento en las contiendas y la adquisición de botín repartido con sus señores, daban crédito y aupaban socialmente al señor de Molina, aun cuando estuviera ausente de su palacio. Tal vez por esta lejanía, don Manrique hablaba de palacio como poseedor de los bienes o como receptor de impuestos, etc. Él no vivía allí, pero su presencia se hacía realidad en el edificio donde debería residir, aunque no lo ocupara.

Doña Blanca Alfonso[2], quinta señora, cuando enviudó (1281), vino a Molina y aquí residió. Aquí, su hija doña Mafalda murió. Había heredado el Señorío en 1272. Enterró a su hija en el monasterio de san Francisco que ella había fundado y mandado consagrar. También la iglesia de Pero Gómez, la hoy románica de santa Clara. Siguiendo con su actividad señorial sancionó en cien el número de caballeros, así fundó el Cabildo de Caballeros y el Cabildo de Ballesteros, en veinticinco el de ballesteros (patrón san Sebastián) defensa necesaria para ella y Molina. Aragón apareció con frecuencia en esta época atacando e intentando apoderarse de Molina o de alguna de sus tierras.

Como buena señora y cristiana apoyó a la Iglesia, a los monjes y a las religiosas, para muchos santuarios y conventos aportó subvenciones. En su señorío se notó su cercanía[3].

Pero todo esto exigía dinero y para conseguirlo utilizó los impuestos de los judíos con una ampliación del impuesto de pecho[4], para de ese dinero dedicar cinco mil maravedíes anuales a misas que dirían los frailes de san Francisco y si ellos faltaban el Cabildo de clérigos.

Siguió favoreciendo a los caballeros, bueno, a los que ella creó como Cabildo de Caballeros, les concedió el privilegio de recibir el dinero de “excusados”[5].

“Otrosi, do a vos en fuero que todos los que caballos y armas de fuste et de fierro tubieredes en Molina, que ayades siempre vuestros escusados segun que en el obispado de Cuenca y en la villa de Medinacelin los han”[6]

Todavía en la época del Catastro de la Ensenada[7], el año 1750, se seguía pagando este impuesto a los caballeros, aunque tuvo que darse el cambio en un momento de la historia en que pasó de la casa diezmera (los diemos de la casa que más pagaba se destinaban a ellos) al concejo del lugar.

También les concedió el diezmo. “Otrosi, do a vos en fuero que todos los que tubieren caballos y armas de fuste o de fierro en Molina, que ayades el diezmo de todos los pechos que pecharen en Molina, segun que los han en Cuenca e también en el término de Molina”[8].

La décima parte de todos los impuestos que se cobraran en Molina, producto también de las aldeas, porque en Molina estaban exentos de diezmo como vimos en los fueros. Lo que quiere decir que de los demás impuestos, portazgos, etc., el diez por ciento sería para los Cabildos, aquí nombrados como caballeros con armas…

La primera adecuación o corrección de los fueros la hizo en 1272 a petición del concejo de Molina y de las aldeas. Habrían echado en falta alguna concreción, y algún fuero habría perdido vigencia.

“Queremos et mandamos que todos los portiellos de Molina sean de los caualleros de las collaciones. Primeramente el alcaidia et el judgado; la caualleria, la escriuania, la jureria, los quatro, las robdas. El juez, aya las borras por fuero asi conmo los caualleros de la sierra”[9]

Ya estaba dicho que los cargos (portiellos) estarían en manos de los caballeros, aquí se refuerza y se añade que también en las colaciones. Se especifican los cargos y aparecen dos nuevos oficios: los quatro[10] y las robdas[11].

Los quatro: podemos encontrar la respuesta con el número de colaciones que hemos ido definiendo y que nos despertaban la pregunta: ¿cuántas colaciones?, y si eran sólo en la ciudad o si respondían a los distintos grupos de aldeas. Decíamos que las posesiones se firmaban en las distintas colaciones, respetando siempre aquélla en que estaba inscrita por el vendedor, incluso tuve el atrevimiento de señalarlas como cuatro y llamarlas sesmas. ¿Por qué ahora me siento dispuesto a señalar que son cuatro y que tenían un representante, el quatro, que tenía que ser un caballero y que las representaba? Inmediatamente es añadida otra cédula donde leemos: “Los seysineros ayan por soldada en cada quenta, cada vno diez maravedíes”[12] Esto nos indica que las sesmas ya estaban en pleno funcionamiento y que había una persona que llevaba y traía las órdenes y las réplicas, pero necesitaban tener dentro del concejo a sus representantes y éstos serían los quatro. ¿Qué otra representación tendrían si no?

Se les señalaba un sueldo “Los quatro ayan por soldada en cada quenta, todos cient maravedíes”[13] Los sueldos señalados nos hacen distinguir entre los sesmeros y los cuatro.

Después aparecen las robdas, ya hemos hablado de los portazgos, ahora viene la defensa del campo, de los caminos por el paso de ganados, “Las robdas velen desde Sant Iohan fasta a Sant Migael. Et si algo se perdiere, que lo pechen et ayan por soldada trezientos mencales”[14] De san Juan a san Miguel es la época en que los trigos están más crecidos y cuando más daño se puede hacer en el campo. Ya hemos visto las multas que se imponían a los ganados en las distintas épocas, aquí se trata de unos caballeros dispuestos a la defensa por si hubiera algún asalto de los pueblos vecinos, aragoneses sobre todo. Es la época en que más daño se haría.

“Las robdas curien todo el anno la defessa et las carreras”[15] No obstante todo lo dicho se indica que deben cuidar todo el año de los caminos. Parece que hubiera dos épocas: la de la recolección y el resto del año. La del verano, estío y recolección con amenaza de pagar las pérdidas en sembrados y el resto del año por defensa de quienes pagaron portazgo.

Se amplían los impuestos: “El sennor de Molina aya por fuero cada anno en la quenta del agosto mili maravedíes et cient cafizes de trigo, et cient cafizes de ceuada; et el juez coia este pan con el amud de fierro et delo al sennor con el almud derecho de conceio”[16] No se ha eximido a los aldeanos de aquel diezmo al Conde, ahora se amplía y no explica de quiénes se deben sacar, ni puedo afirmar si lo sustituyen o si lo suman. Sí se especifica que será en tiempos de la recolección y medidos con almud de hierro, es decir no de madera que se puede deformar o estar desgastado por el roce del rasero. (Más quehacer para los seysineros, cómo hacer el reparto, o tal vez correspondiera a los quatro, y  cobrarlos entre los aldeanos)

Otras cédulas son para regular a los caballeros, a los cargos, la vigilancia de las torres de los castillos, apertura de puertas, etc., también en las correcciones.

Una para la mujer forzada: “La muger que fuere forçada, reciba en esto lit o doze, qual el rencuroso más quisiere”[17] Difícil de decidir qué es lo que ha de recibir, azotes o latigazos o qué. Pero en el libro de Sancho Izquierdo en otro apartado en que aparecen otras mejoras dice: “La mujer que fuere forçada o Rabida sin grado de sus parientes, el que lo fiziere peche cc (doscientos) maravedíes et salga por enemigo. Si negare, reciba en derecho lid o xii (doce), qual el querelloso quisiere”[18] Parece que se entiende algo mejor, se multa al causante, pero si negare y aquí vuelve la duda, ¿quién debe recibir el castigo?, y ¿con cuántos se conformará el denunciante?[19]

Hay otros fueros posteriores dados por la condesa doña Blanca donde aparece su espíritu religioso y depone aquel otro fuero en que se decía que no fuera vecino de Molina el arcediano y el deán, por eso dispone que sí lo sean: “Otrosi, do a vos en fuero que ayades siempre natural de Molina arcediano o arcipreste, dean o persona”[20]

Y también los alcaldes de todos los castillos del Señorío. “…do a vos en fuero que todos los alcaydes o merinos que fueren en el alcazar de la villa de Molina de la torre de Aragon, de Zafra, de Mesa, de Modiales (¿Mochales?), de Castilnuevo y de todos los otros castiellos y fortalezas, yermos y poblados de Molina y de su termino, que sean siempre mo­radores de Molina e non otro ninguno“[21] Por tanto los merinos que estaban excluidos de ser vecinos, por este fuero también sean de Molina, así como los alcaldes de los castillos.

“Otrosi, do a vos en fuero que todas las cartas tanbien de cristianos conmo de los judíos de Molina e de su termino, que sean deman­dadas fasta cinco annos; si non, de alli adelante que non valan ni puedan ser demandadas”[22]

Esta cédula la veremos detenidamente al hablar de la judería.

[1] Fueros. Explicación en nota final a las correcciones y ampliaciones, cuyo texto completo dice así: “En la era de mili et trezientos et diez annos, viernes, quatro días del marco, yo, don Alfonso, fiio del rrey et yo, donna Blanca Alfonso, sennores de Molina et de Mesa, por mercet que nos pidieron el conceio de Molina de villa et de aldeas que aquesto que an scripto en este Fuero, que ninguno de la uilla non pueda seer alcayat nin merino nin arcidiano nin deán, que lo tirássemos ende et que lo pudiessen seer et auer, nos, por les fazer mercet, otrogámosgelo esto et todo lo al que este Fuero es escripto. Et porque sea firme et non uenga en dubda, mandamos poner en este fuero nuestros seellos pendientes. Finito libro sit laus gloria Christo, amén.”

[2] Para notar la parcialidad de los oriundos del territorio leamos lo que de ella dijo el ilustre historiador molinés Don Claro Abanades López: “de una belleza no común, valerosa, enérgica, amable, de alma grande y corazón magnánimo, cuidadosa del bienestar de sus súbditos y pendiente en el gobierno de su Estado”.

[3] Dice Herrera Casado en “Nueva Alcarria” 20 de octubre 2000: “Vienen luego en este testamento las famosas donaciones que hace doña Blanca de algunas de las aldeas de su territorio, a personas de su corte y confianza. Por mencionar algunas, (aunque la lista sea fatigosa pero siempre reveladora de un dato que al final expresaré), dejó Ocentejo y Valtablado a doña Marquesa; Gageluesa y Valdexope (?) a Mari González; Megina a Teresa González; Prados Redondos a Gonzalo Martínez; Embid a Sancho López; Alustante a Fernán López; Setiles, el Pobo y las Ferrerías de Sierra Menera a Fernán Sánchez; Orea a Fernán Sáez; Checa a Ucenda Pesxer; Alcoroches a Lope García; la Casa del Seto en Palacios a su escribano Pascual López; los molinos viejos bajo la puente morisca a su capellán Martín López; Cillas a Pedro Hernández; Terzaga a Juan Fernández y Castellar a Lorenzo Sáez. Y luego añade, en una larga lista, diversas cantidades en maravedises, -cantidades importantes siempre- a muchas personas, tanto varones como hembras, de apellidos castellanos limpios, repetidos, lo cual no deja de sorprender, y nos permite colegir que esas diversas personas que en total son mencionadas y heredadas en el Testamento de doña Blanca de Molina, pertenecían como servidores a su casa, pues en unos se dice su profesión, -escribano, capellán, mayordomo- pero en otros no se dice nada: eran posiblemente las cocineras, los criados y criadas, algunos caballeros… ninguno de ellos de linaje, sino gente del pueblo, molineses de base, raíz pura”

[4] Impuesto especial que soportaban los judíos de la aljama.

[5] En las parroquias, de la casa que más diezmos pagase su importe pasaba a las rentas de quienes gozaban del privilegio, normalmente el rey o el señor, en este caso por deseo de doña Blanca a los Cabildos de caballeros y ballesteros. Esta manera de pagar de la casa diezmera, con el tiempo pasó a incluirse en los impuestos de las aldeas, separándose así de los diezmos a la Iglesia, al menos es lo que deduzco de lo que en la siguiente nota (529) sobre el Catastro de la Ensenada aparece.

[6] Fueros Segunda ampliación cédula 2ª.

[7] Leyendo el Catastro de la Ensenada en casi todos los pueblos aparece un gasto para las Bernardas de Buenafuente, y los Caballeros de doña Blanca. Catastro de Herrería: “… a la compañía de caballeros de la Reina doña Blanca y corregimiento de Molina de que tienen sus respectivos privilegios presentados en la operación del lugar de Rillo, y el de la compañía de caballeros.” En el de Labros, Hinojosa: “…a las monjas Bernardas de Buenafuente, corregidor y caballeros de la serenísima infanta doña Blanca en la villa de Molina…” Como vemos está incluido en los pagos del concejo, y no aparece en los libros de Tazmías.

[8] Fueros segunda ampliación cédula 3ª.

[9] Fueros, primeras mejoras, encabezamiento.

[10] Drae (en desuso) Persona que tenía la voz y el voto de otras cuatro que delegaban en él.

[11] Milicias para la defensa de caminos, principalmente los que llevan al castillo. Drae: Impuesto que se pagaba por el paso de ganados. Y también: Grupo de jinetes que vigilaban fuera del castillo o del real para avisar al ejército de la inminencia del peligro.

[12] Fueros Primeras mejoras cédula 4ª.

[13] Fueros Primeras mejoras cédula 2ª.

[14] Fueros Primeras mejoras cédula 3ª.

[15] Fueros Primeras mejoras cédula 13ª.

[16] Fueros Primeras mejoras cédula 6ª.

[17] Fueros Primeras mejoras cédula 7ª.

[18] “El fuero de Molina de Aragón” M. Sancho Izquierdo (pág. 148-149).

[19] Léase capítulo “Las mujeres”.

[20] Fueros Segundos fueros cédula 1ª.

[21] Fueros Segundas mejoras encabezamiento.

[22] Fueros segundas mejoras cédula 10ª.

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