Historia de Molina de Aragón

Comparto este pequeño trabajo para quienes lo quieran leer. Ojalá les sea provechoso.

Es una pincelada del Señorío. Cuyo título completo reza así:

“Reseñas para una historia sobre el Señorío de Molina de Aragón hasta el siglo XIV: Fueros y época aragonesa”

 

Reseñas para una historia. El Señorío de Molina….

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Historia de Molina de Aragón

Conclusiones

Ante todo la satisfacción por la actuación de este rey Pedro IV, el Ceremonioso.

Bien merece Molina conservar al apellido “de Aragón” aunque sólo sea para recordar y rendir homenaje a este rey.

No sabemos ni podemos deducir quiénes se marcharon de nuestras tierras por miedo a las represalias del rey Enrique. Aquellos descendientes del judío Abolafia, Antón Sánchez hijo de Bartolomé Sánchez, la viuda de Cotiello y sus hijos, García de Vera y sus descendientes, éstos encabezaron la huida de Castilla para ser entregada a Aragón, personas especialmente agasajadas por Pedro IV. ¿Qué hicieron?

Otros que mostrarían interés por continuar con Aragón, ¿Huirían? ¿Quiénes fueron?

¿El empeño de que el rey de Castilla diera el perdón general, evitaría venganzas?

Algunos fueron denunciados y expulsados de Molina cuando se entregaron a Aragón. ¿Volverían y se resarcirían?

Todas son preguntas sin respuesta.

Pero Molina y su señorío vuelven a Castilla.

Los gobernantes, alcaldes de los castillos y oficiales aragoneses cesan en su cometido administrativo. Los oficios vuelven a manos de los molineses.

Molina recupera su antigua manera de regirse. Recupera su autonomía.

A partir de ahora no temen a Aragón ya que con ellos estuvieron algún tiempo. Las rencillas de pueblos limítrofes seguirán con las pequeñas enemistades, normales, que incluso existen entre los del mismo señorío.

Molina más renovada se ha encontrado consigo misma. Y vuelve a sus usos, costumbres y fueros.

¿Qué y cómo quedaron los distintos personajes o grupos que en esta ocasión han actuado: Castilla, Aragón y Molina?

Quien mejor nos responde es Lidia Benítez:

“Para el Ceremonioso, el asunto de Molina quedó en nada. Pese a su in­terés, su diplomacia y sus intrigas no consiguió adelantar sus fronteras y crear una marca que defendiera el paso de Castilla hacia Aragón en esa zo­na fuertemente protegida por los castillos de Mesa, Zafra, Villel, Algar, Embid, Fuentelsaz, Checa y sobre todo Molina”[1]

“Evidentemente, el ganador fue Enrique II. Conde de Trastámara cuan­do en Binéfar, el 10 de octubre de 1363, se firma el primer acuerdo para entregar Molina a Pedro IV, en caso de poseerla algún día; rey de Castilla, aunque con un futuro muy incierto, cuando en 1369 Molina se entrega a Aragón; y firmemente asentado en el trono castellano, en 1375 recupera Molina definitivamente”[2]

“Los habitantes de Molina y sus aldeas resultaron los otros ganadores. En primer lugar, y muy claramente, con concesiones y privilegios los que apoyaron su incorporación a la Corona aragonesa, pues incluso después de 1375, no sólo no hubo represalias sino que, quien así lo quiso, pasó a Aragón siendo allí protegido; pero, en general, también los otros habitan­tes del Señorío, a quienes se respetaron sus derechos según el fuero y se les concedieron beneficios que les permitieran reponerse de una guerra que había sido muy cruel en esa zona; y, si no consiguieron una mayor in­dependencia de la corona, por lo menos su situación tampoco empeoró al volver a Castilla, puesto que se mantuvieron todos los privilegios que te­nían antes de lo que podría interpretarse como una traición a los deseos de su rey y, por lo tanto, señor. Molina recibió la confirmación de todos los privilegios y franquicias que tenía en tiempo de Alfonso XI por un pri­vilegio fechado en Sevilla el 20 de enero de 1376.[3] Para los molineses que­dó demostrado que eran capaces de oponerse incluso a su señor, si éste contravenía el fuero yendo contra sus derechos obtenidos y mantenidos desde mucho tiempo atrás. Además no debieron contribuir en el sosteni­miento de una guerra, pues no se luchó en Molina en estos seis años, a pe­sar de ser ésta uno de los motivos de conflicto con Castilla y, al final, el único impedimento para firmar una paz definitiva”[4]

“Molina no se entregó a un extranjero sin su consentimiento y, quizá con un cierto orgullo por ello, esta castellana villa, en recuerdo de este he­cho y esos seis años de su historia, desde 1375 conservó el nombre de Moli­na de Aragón”[5]

Con tan autorizadas palabras doy por terminado este pequeño trabajo sobre Molina de Aragón.

[1] Página 39 “Documentos para la historia de Molina en la Corona de Aragón: 1369-1375” Institución Fernando el Católico. Zaragoza. 1992.

[2] Página 39Documentos para la historia de Molina en la Corona de Aragón: 1369-1375” Institución Fernando el Católico. Zaragoza. 1992.

[3] Juan Catalina García. Castilla y León durante los reinados de Pedro I, Enrique II, Juan Iy Enrique III. Madrid, 1891. tomo II, pág. 125.

[4] Páginas 39-40 “Documentos para la historia de Molina en la Corona de Aragón: 1369-1375 Institución Fernando el Católico. Zaragoza. 1992.

[5] Página 40 “Documentos para la historia de Molina en la Corona de Aragón: 1369-1375” Institución Fernando el Católico. Zaragoza. 1992.

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161º Actuación ante el compromiso garantizador

Para que este compromiso tenga efecto el rey recuerda a quienes tienen las llaves de Molina cual era el apartado más importante que componían el texto del documento: “…Bien sabedes que entre los capitoles de la paz feyta e firmada entre nos e el Rey don Enrich de Castiella, ende ha uno en el qual se contiene que ante que nos mandemos liurar e entregar al dito rey o a quien ell querrá la villa de Molina e el su condado, el dito rey haya a fer perdón a todos los habitantes en la dita villa e condado d’aquella…”[1]

Y por eso hasta que explícitamente este perdón no sea otorgado, no entreguen las llaves a ningún representante del castellano: “…por esto queremos e a vos rogamos que los ditos villa e condado non liuredes ne integredes al dito rey ni a otri por ell entro que el dito rey haya feyta fin e perdón a todos los habitantes en aquellas segunt tenor del dito capítol…”[2]

Estos documentos han sido entregados a don López Fernández de Luna arzobispo de Zaragoza, canciller, y a mosén Ramón Alamany de Cervello gobernador de Catalunya y camarlengo. Como vemos dos personalidades de la más alta prosapia dentro del reino de Aragón.

El rey de Castilla se puede retrasar e incluso negar a cumplir este compromiso de perdonar a los irresponsables desertores y con ese retardar conseguiría crear una situación de inseguridad e incertidumbre en la población de Molina. Aunque después no se tomara venganza, al menos esta demora y el sentimiento de miedo ante la incertidumbre ya sería un castigo suficiente.

Pedro IV, antes de que esto pudiera ocurrir, toma las medidas oportunas. Ya hemos visto la oferta de vivir en tierras de Aragón a quienes quisieran huir. Pero aún hay otra decisión que hace pública, la de defender y mantener el señorío en su poder hasta que se cumpla el apartado del perdón.

“…Be creem que sabets… e havem encare fort necessari lo religiös e amat nostre, frare Joffre de Casavadal, en la vila de Molina e régiment d’aquella, per que volem e us pregam affectuosament que fins que de la dita vila se sia fet ço que es empres entre nos e lo rey de Castella lo jaquestats estar en lo dit servey nos­tre…”[3]

Al frente de Molina deja a un caballero de la orden militar de San Jorge para que defienda a la población y a todo el señorío de las posibles asechanzas de Enrique de Castilla.

No se refiere a que atacará como anteriormente ocurría, sino que ahora tratará de obtener el perdón para los habitantes. Por eso habrá alguien en Molina que impedirá la entrega sin el perdón real, el indulto o la exención verdadera y realenga.

El cronista aragonés Jerónimo Zurita resume así la devolución al rey Enrique: “La villa de Molina fue entregada por el rey [de Aragón] al rey de Castilla. Estaba en esta sazón en Molina por gobernador y capitán Francés de San Clemente mayordomo del infante don Juan, que fue proveído en lugar de Diego García de Nera porque los de aquella villa estaban muy mal con él; y tenía Diego García el castillo y el rey mandó que se entregase al rey de Castilla y dio por libre y quitó al concejo y vecinos de aquella villa y a los del condado como a muy leales, porque siendo muerto el rey don Pedro, no teniendo señor, se dieron al rey y se hicieron sus vasallos y le sirvieron con gran lealtad; y al tiempo que el arzobispo de Zaragoza y don Ramón Alamán hicieron la tregua ofrecieron a los vecinos de aquella villa -que por temor del rey don Enrique no oraban quedar en ella- que si se viniesen a Aragón, el rey les daría heredamientos con que pudiesen vivir honradamente”[4].

[1] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[2] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[3] 1375, junio 7. Lérida. (Folio 147-148). “…Creo que sabeis como tengo con aun mayor necesidad al religioso y amado nuestro, Fray Foffre de Casadeval, en la ciudad de Molina regentándola, por eso queremos y os rogamos afectuosamente que hasta que la dicha villa sea servida como es consensuado entre nos y el rey de Cstilla le permitas permanecer en nuestro servicio…”

[4] Anales de la Corona de Aragón” Libro X, capítulo XIX.

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160º Actuaciones necesarias antes de la entrega de Molina

Con lo dicho ya sería suficiente para quedarnos satisfechos de nuestra dependencia a Aragón y tener una idea de cómo se responsabilizó y actuó el rey Pedro.

Pero aún siguen los documentos.

Antes de nada, el rey Pedro pide a sus gobernantes que paguen las deudas contraídas con los soldados[1], y con quienes adelantaron dinero para solucionar cualquier necesidad, a Pedro Loscos entre ellos, alcalde del castillo de Zafra[2].

Les pide que revisen cómo se encuentran los herederos de los anteriores gobernantes, si están bien repartidas las herencias o si se les debe reconocer y pagar algún derecho. Habla de Fortuño de Sese[3] si se le ha considerado su tiempo de servicio en Molina al morir Fernando López de Sese[4].

Pedro Soler es quien proporciona el dinero: “Fideli de domo nostra Petro Solerii, deputato ad recipiendum et dis­tribuendum peccuniam curie nostre provenientem ex primiciis Archiepiscopatus Cesarauguste, salutem et graciam” [5] A él se dirige al rey para que utilice el dinero de los diezmos procedentes de la diócesis de Zaragoza y los invierta en solucionar las deudas contraídas en Molina.

En Molina siguen quienes le entregaron el condado, o sus descendientes, y allí han acudido aragoneses por unas u otras razones, soldados o gobernantes que han ocupado puestos de responsabilidad y, por tanto, actuaron en confrontación con Castilla y ahora se pueden sentir, de alguna manera, estafados o vendidos por el rey Pedro. En ellos piensa, pero sobre todo en los habitantes de Molina y en sus sucesores que en tiempos dependieron de Castilla y se le entregaron como súbditos:

“Considerando como vosotros el conceio e hombres buenos de la vila de Molina e condado d’aquella apres muert del rey don Pedro de Castiella, qui era vuestro senyor natural, assi como aquellos qui non haviades senyor vos diestes a nos e vos fiziestes nuestros vasallos…”[6]

Supo entonces, y lo recuerda ahora el delito contra al rey Castellano. Fue un rechazo de la obediencia, una traición, que ahora puede despertar un deseo de represalias. Alguien puede sentirse inseguro y expuesto a expiaciones y condenas.

Por eso sigue el rey diciendo: “…e algunos de vosotros habitantes en la dita villa e condado vos temades que non seades maltractados por el dito rey o sus officiales e vasallos porque vos diestes a nos e no a ell…”[7]

Quizás piense, y si él no, sí alguno de Molina en aquellos Liñán y Funez, en aquellos Vera y los otros, a quienes llamaron bulliciosos, y contra quienes pidieron al rey que actuase impidiéndoles que llegasen a alcaldes y otros cargos, o que los debía expulsar del territorio molinés[8]. ¿Quién de éstos o de sus decendientes no podría estar atento a la venganza en este momento de incertidumbre y agitación? Este temor también pesaría.

Y para evitarles este sentimiento de culpa les propone que si no quieren permanecer en el señorío de Molina se vayan a vivir a Aragón: “…por esto por tenor de las presentes, de nuestra cierta sciencia atorgamos e prometemos a vosotros todos e qualesquiere habitantes en la dita villa e condado de aquella de qualquiere estado o condición, a todos aquellos de vosotros quien querrán agora venir estar e habitar en nuestra senyoria,…”[9]

Pero no estarán de cualquier manera y a la espera de que cada uno se las apañe como pueda, sino que les dará cómo sobrevivir en igualdad de condiciones: “…daremos dentro nuestros regnos convalientes heredades que havedes agora en aquella villa de Molina e condado suyo segunt vuestro estado…”[10] En la misma situación en que se hallan ahora se encontrarán en el lugar de Aragón donde residan. Esto les promete el rey Pedro.

Y aún sigue pensando más, en aquéllos que no tenían posibles o que estén a sueldo para otros “non sean franchos[11]”, esto es lo que les quiere decir: “…e ad aquellos de vosotros qui non sean franchos daremos aquellas e sem­blantes franquezas que han los habitantes en aquellos lugares do vos poblaredes dentro nuestro senyorio…”[12] A éstos les ofrece que se encontrarán con las mismas posibilidades que tenían, en los pueblos que se establezcan.

Después de pagar sus deudas, de preocuparse por los que se sintieran en peligro de castigos, se preocupa de que se recojan todas sus pertenencias.

Han sido muchos los materiales que exigían las defensas, el armamento y la alimentación de los soldados allí destinados.

“…A vos e a cada uno de vos dezimos e mandamos de certa sciencia e espresament que todo el furnimiento de viandas, armas e otras cosas que nos emos puesto en la dita vila de Molina saquedes de la dita vila e aquell liuredes al fiel de la tresoreria nuestra Pedro Soler…”[13]

Se dirige a los alcaldes y al gobernador y les dice a quién han de entregar sus pertenencias, las del rey, al nombrado Pedro Soler, a quien ya se requirió para el pago de las deudas: “…el qual a recebir en nom de la nuestra cort e fazer de aquell apocha de reebuda e todas otras cosas a esto necesarias…”[14] Y naturalmente hará el listado de las cosas recibidas.

No puedo deducir que quiera cotejar lo enviado con lo recuperado, porque nada dice referente a esa actuación. Pero por lo comprobado en los documentos en que manda armamento y otras cosas para Molina, sabe exactamente donde las debe pedir y quién las puede mandar. Quiero decir que lo tiene todo controlado y por eso en esta ocasión Pedro Soler se responsabiliza de qué recibe, dónde lo guarda y quién tendrá lo recuperado.

[1] 1375, abril 18. Lérida. (Folio 140-141).

[2] 1375, abril 23. Lérida. (Folio 141).

[3] 1375, mayo 9. Lérida. (Folio 142).

[4] 1375, abril 18. Lérida. (Folio 140).

[5] 1375, abril 18. Lérida. (Folio 140-141). “A nuestro fiel mayordomo Pedro Soler, encargado de recibir y distribuir los dineros de nuestro tesoro, los que proceden de las primicias del arzobispado de Zaragoza salud y bienestar”.

[6] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[7] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[8] 1369, junio 4, Valencia. (Folios 8-9).

[9] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[10] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[11] Libres, es decir con capacidad de vivir independientemente, tener fincas o ganados propios suficientes.

[12] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 144).

[13] 1375, junio 6. Lérida. (Folio 147).

[14] 1375, junio 6. Lérida. (Folio 147).

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159º Se entregan las llaves de Molina a un intermediario

Las decisiones están tomadas. Molina debe ser entregada al rey de Castilla y para ello pone a un intermediario: Don López Fernández de Luna, arzobispo de Zaragoza y Canciller.

Para eso manda una carta al responsable del Castillo y de los alcázares de Molina: A Diego García de Vera en estos términos:

“Dilecto nostro Didaco Garsie de Vera, militi, alcaydo castri et fortaliciorum ville Moline, salutem et dileccionem. Dicimus et mandamus vobis expresse et de certa sciencia quatenus castrum et fortalicia ipsa tradatis et liberetis reveren­do in Cristo patri Lupo, divina providencia archiepiscopo Cesarauguste, personali­ter confestim cum ab ipso inde fueritis requisitus (…) et non ante. Datum Ilerde, XIIII die madii anno a nativitate Domini. MCCCLXXV…”[1]

Todo está en marcha y no puede detenerse.

Son cosas de reyes y entre ellos lo dilucidan y lo rematan, o lo que es lo mismo ellos deciden y ellos lo realizan.

No obstante, vuelvo a defender a Pedro IV, la misiva que envía a quienes han de recoger la enseña o llaves de Molina y las han de entregar al rey de Castilla han de tener presente que:

“Al reverent padre en Cristo don Lope por la divinal providencia arcevispo de Çaragoça, canceller, e mossen Ramont Alamany de Cervello, governador de Catalunya e camarlengo, (…) Bien sabedes que entre los capitoles de la paz feyta e firmada entre nos e el Rey don Enrich de Castiella, ende ha uno en el qual se contiene que ante que nos mandemos liurar e entregar al dito rey o a quien ell querrá la villa de Molina e el su condado, el dito rey haya a fer perdón a todos los habitantes en la dita villa e condado d’aquella (…) por esto queremos e a vos rogamos que los ditos villa e condado non liuredes ne integredes al dito rey ni a otri por ell entro que el dito rey haya feyta fin e perdón a todos los habitantes en aquellas segunt tenor del dito capítol. E esto non mudedes por alguna razón o manera…”[2]

En el documento les recuerda la cláusula más importante para los molineses, el apartado del pacto en que compromete al castellano: que conceda el perdón a los ciudadanos de la villa y del condado. Y en el segundo párrafo les ordena: si esto no fuera así, no entregarán las llaves ni a él ni a ningún representante.

El rey Pedro no pasa por encima la situación de Molina y de sus aldeas, todos traicionaron al rey de Castilla entregándose a él. Y por eso, antes que nada, exige que sean perdonados.

Ya están enterados los de Molina y aldeas, ya está advertido el responsable de las fortalezas y sabe a quién ha de entregar las llaves y en qué condiciones, y también está prevenido de que le acrediten el perdón comprometido, y, tras confirmarlo, entregará al rey de Castilla, o a quien él enviara, la villa de Molina y sus aldeas.

[1] 1375, mayo 14. Lérida. (Folio 142) “A nuestro dilecto Diego García de Vera. soldado, alcalde del castillo y de las fortalezas de Molina salud y aprecio. Os ordenamos y mandamos que expresa y con plena conciencia que el castillo y las fortalezas las abandonéis y entreguéis al reverendo en Cristo, por la gracia de Dios arzobispo de Zaragoza don Lope, personalmente y rápidamente cuando él mismo os las pida… y no antes. Dado en Lérida, 13 de Mayo año del nacimiento del Señor 1375”.

[2] 1375, mayo 20, Lérida. (Folio 144). Los subrayados son míos.

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157º El tercer actor, o actor paciente del conflicto. Molina y aldeas

Debemos comenzar recordando la pérdida de libertad o de autonomía que el hombre iba dejando en las distintas épocas: desde cazador y recolector, pasando por el pastoreo a la agricultura a vivir en aldeas y después a agrupar estas aldeas formando un colectivo alrededor de una ciudad que se privilegiaba y gobernaba[1]. En nuestro caso en Molina. Ciudad que tenía una legislación que ataba a las aldeas, a la vez que la compartía, fundada en una relación social de fueros, usos y costumbres.

Esta autonomía a la que ya estaban habituados y en la que se desenvuelvían, hemos visto que fue quebrantada por otro poder que la transgrede, cambia y domina: la autoridad real.

Molina y aldeas. Aunque no debemos olvidar la actuación del rey agradeciendo y facilitando la repoblación en los primeros momentos, tampoco podemos olvidar los desmanes de sus gobernantes.

Molina cuando se entregó a Pedro IV de Aragón le propuso, de mano de Bartolomé Sánchez, unos capítulos en que expresaba su deseo de permanecer con todos sus fueros y maneras y usos para su desarrollo como ciudad y como señorío. Pedro IV aceptó todo menos lo ya comentado: los oficios de gobierno.

Ellos, los de Molina, crearon el conflicto al no querer permanecer en Castilla bajo el dominio de Bertrán Duguesclín. La situación bélica surgió de este acto de deserción. Castilla no podía quedar ajena a esta deslealtad. Aragón debía defender la adhesión a su dominio y responder al enfado que el castellano tendría por la traición.

Los soldados de la Corona Aragonesa, lejos de ser los caballeros y ballesteros de doña Blanca, se convirtieron en un ejército profesional dependiente del rey de Aragón.

Si Pedro IV no impone su gobierno habría sido como si Molina le perteneciera solo nominalmente (virtualmente como se dice hoy).

Los hombres de Aragón gobernaban con el sistema de Aragón aunque juraran defender y cumplir los fueros. Los fueros eran leyes ajenas a su educación y preparación política y militar.

Hemos visto que acapararon todos los oficios de gobernantes a secretarios. Los jueces también y si algo sobresalía los de Daroca daban su veredicto. Esta presencia de los aragoneses en todas las instituciones y últimamente el control de las reuniones los era supeditado a su dominio, y a veces a su capricho.

Estos gobernantes confundían su aprovechamiento con el cumplimiento de las órdenes del rey.

Los judíos e incluso un desertor de las tropas de Castilla eran tratados con más atención y mayores favores que ellos mismos.

Su autonomía se acababa.

Las reuniones eran controladas y las conclusiones que de ellas salían habían de ser aprobadas por las autoridades. Los concejos estaban intervenidos y las reuniones de sesmas también.

El malestar se apoderó de ellos y apareció algún brote de disensión, no me atrevo a llamar levantamiento, y lo redujeron deteniendo a varias personalidades. A la orden del rey los soltaron pero se retuvieron familiares cercanos a ellos (rehenes) en número idéntico para evitar nuevas insumisiones. Los mismos familiares les llevaron el alimento a las celdas.

Esta situación hizo entre otras cosas que se negaran a dar cobijo a los soldados de Aragón, no pagaban manutención.

Un grupo delegado de molineses acudieron a quejarse al rey de todos estos atropellos y sobre todo de su autonomía perdida: fueros etc.

Esto originó una oposición frontal a los gobernantes, ejemplarizados en la pésima actuación de Diego García de Vera.

Rápidamente cambia el rey de gobernador, pero la proximidad de Castilla con su amenaza lo mantiene intranquilo.

¿En esta situación el rey sentirá un gran alivio al liberarse de Molina, y los molineses al liberarse de Aragón?

¿Por qué ahora los molineses no actúan como hace seis años, cuando renunciaron a un conde a pesar de lo que conllevaba de traición a Castilla?

Ahora no pueden debido al control a que los someten los gobernantes que copan todos los cargos, y las reuniones. Además serían doblemente traicioneros. Insertos entre dos fuegos…

Otra segunda cosa, la situación la discuten dos reyes, no como entonces, de cara a un señor, el Beltran Duguesclin. Enrique II, aunque bastardo, es descendiente por línea directa de Doña María de Molina, última señora, era hijo de su nieto el rey Alfonso XI. Por tanto era biznieto de doña María de Molina y cumplía todos los requisitos para reinar sobre Molina.

Y por otra está Pedro IV, también rey, y además elegido por ellos.

[1] Véanse “Cazadores, pastores y agricultores” y “La aldea como sitio de agrupación humana y el comercio”.

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156º Comportamiento de dos actores ante el conflicto, el rey de Aragón y el de Castilla

El primer actor es el rey Pedro IV

Nada costó el territorio y Molina de Aragón. Ninguna acción bélica, ni siquiera una contratación, oferta económica o alguna otra acción. Molina expotáneamente e ingenuamente se entregó a Pedro IV.

Expontaneamente porque a pesar de las guerras en que ella fue territorio protagonista, le dieron de lado. E ingenuamente porque prescindieron del acto de traición que suponía a su rey castelano.

Pedro IV, aceptó y valoró el hecho. Y así lo cuenta: “…la villa de Molina e todo el condado d’aquella, el qual nos tenemos porque se daren a nos…”[1]

Cierto que deseaba poseer Molina[2], pero una sumisión así la tuvo muy en cuenta y les concedió agradecido exención de impuestos, colaboración para una recupreración del territorio en población y economía. Por razones que ya hemos explicado se sintió dueño y señor sin nadie que lo coartara, ni uniones ni consejeros…

Aunque a modo de Aragón los gobernó, no los poseyó a modo de Aragón, fue de su propiedad y de su corona.

Su dedicación marchó positivamente, pero cuando llegaba el momento de que acabaran los tiempos de exenciones de tributos, algunas dispensas ya acababan porque eran para cinco años, y ya cumplía cinco en que tenía el dominio y comenzaba el sexto. Se encontró también con unos gobernantes no tan capaces como él quería ni tan desprendidos como él mismo demostró.

Pero también fueron sus gobernantes.

Ya contestó en el primer momento que: “Otrossi, senyor, que les atorguedes e les confirmedes fueros, privilegios e mercedes e donadíos e libertades e usos e cos­tumbres… Plaze al senyor rey, ex­ceptado los officios que se retiene pora si…”[3]. Bartolomé Sánchez pide al rey la consevación del modo de vivir y gobernarse los de Molina en al año 1369, y el rey Pedro acepta, aunque se reserve lo que él llama los oficios: “…los officios del judicado, alcaldia, escrivania e los otros officios en fuero contenidos…”[4]

Los oficios que el rey Pedro se retiene y ocupa con personas aragonesas afines a él son puestos que anteriormente siempre ocuparon los caballeros de Molina. El modo de gobierno que les impone es el acostumbrado en Aragón. Cada vez que le piden respetar los fueros, el rey lo acepta y manda a sus oficiales que los guarden. Incluso cada vez que cambia de gobernante los obliga a jurar su respeto y observancia. Pero, eso sí, después de comprometerse a su obediencia y han de acatar y defender los derechos reales.

Los gobernantes y el administrador se muestran celosos por este compromiso de defensa de los derechos reales, aunque a veces confundan entusiasmo y eficacia con aprovechamiento y enriquecimiento personal, hasta tal punto que incluso entre ellos tropiezan: Fernando López de Sese y Jaime Maestre[5]. El hecho fue por esta causa: “en el feyto de los moros e de los judíos e aun de los dreytos reyales que havemos alli, no lo lexavades entremeter, antes lo que pertenecia a ell de fazer como a nuestro procurador reyal faziedes vos o lo faziades fer a otros en nomine vuestro…”[6] López de Sese cobraba él o lo mandaba hacer a otros lo que correspondía recaudar a Jayme Maestre, esto los llevó a insultarse e incluso a que Jayme Maestre abandonara su puesto en Molina.

“Recebiemos vuestras cartas, e entendido lo que en aquellas se contenia, respon­demos vos que es verdat que Jayme Maestre vino aqui querellarse de vos de algunas cosas, e en special que sobre.l feyto de la muestra haviades a ell ditas algunas inju­rias, e aun de feyto l’ovieredes iniurado sino que ell se partió de allí…”[7] Intervino como vemos y obligó a su administrador a que volvirera a ocupar su puesto.

A la muerte de Fernando López de Sese se sigue un rápido cambio de gobernantes, hasta que nombró a Diego García de Vera que muestra rápidamente sus abusos y desmanes, los que el rey intenta solucionar con Francisco de Sant Climent.

La muestra de abusos y arbitrariedades no pasan desapercibidas para los molineses.

Los jueces de Aragón, de Daroca principalmente, actúan en los casos importantes, dejando a los oriundos y a la legislación del país en segundo lugar.

Al rey le interesa sobre todo montar un escudo en los castillos de Molina y mantener unas tierras de frontera ante la posibilidad de un ataque castellano bien para recuperarla o contra Aragón si se recrudecía la contienda. Alejar la frontera castellana de las ciudades de Aragón era una buena estrategia.

A la iglesia ya la hemos visto en su actuación: ya con los pagos de las tercias reales, ya con los judíos, y la respuesta real obligándola a seguir sus instrucciones, incluso desposeyéndola de su derecho a recolectar sus diezmos y primicias.

El otro actor, el rey de Castilla, Enrique II de Trastamara.

¿Qué interés tenía Enrique por conseguir Molina? En principio la entregó como “merced” a su colaborador Bertran Duguesclín aparentemente para liberarse del antiguo compromiso contraído con Pedro IV y poner un parapeto a la exigencia de cumplirlo.

¿Por qué en ningún momento atacó? ¿Pensaba que le caería a las manos en cualquier momento?

Es probable que en esta actitud siguiera pesando el viejo compromiso tomado con Pedro IV en las ocasiones que le pedía ayuda contra su hermanastro el Cruel. De alguna manera tenía que pesarle la falta de lealtad, sobre todo en este momento en que ya no estaba Bertrán Duguesclin para recuperar su ducado[8].

El rey Enrique merodeó amenazante sin presentar batalla. Solo unos aprovechados se lanzaron a robar ganado, uno de los cuales fue detenido. Nada sabemos de sus declaraciones, tal vez nada tuvieran que ver con la situación.

Luego estuvo la traición de Pedro López[9] para quien los agradecimientos del rey de Aragón supusieron un conflicto con los antiguos dueños de las fincas[10], ¿quién nos dice que no fuera también un confidente ante su rey Enrique?

Si el rey de Aragón tenía espías en Castilla, el de Castilla las tendría en Aragón y máxime en Molina donde la iglesia ya había demostrado sus diferencias con Aragón. Sigüenza, capital de la diócesis pertenecía a Castilla. Una fuente de información directa y fidedigna.

Las relaciones comerciales serían otra fuente de información. La Mesta seguía con el comercio de la lana y Molina y sus aldeas eran buenos proveedores.

Así podemos deducir el conocimiento que tendría de cuanto ocurría en Molina y esto le detendría esperando que Molina cayera sin enfrentamientos.

[1] 1375, mayo 20. Lérida. (Folio 142-143).

[2] Jerónimo Zurita en el libro X capítulo V dice así: “…aquella villa -que era de mucha importancia- en su corona real…”

[3] 1369, junio 4, Valencia (Folios 8-9).

[4] 1375, febrero 3 Lerida (Folio 130-131).

[5] 1374, julio 4. Barcelona. (Folios 102-103).

[6] 1373, agosto 17. Barcelona. (Folios 107-108).

[7] 1373, agosto 17. Barcelona. (Folios 107-108).

[8] Dice Jerónimo Zurita, respecto a que Bertrán Duguesclin devolvió Molina al rey Enrique: “Había vendido Beltrán de Claquín al rey don Enrique la ciudad de Soria y Molina; y dióle por ellas gran suma de dinero, porque ya Beltrán de Claquín tenía gran estado en su tierra y era conde de Longavila y condestable de Francia; y por cuarenta mil francos que le restaba debiendo el rey don Enrique le dio en rehenes…”. Y nombra varias personas, supongo que afectas al rey castellano. “Anales de la Corona de Aragón”. Libro X, capítulo 19.

[9] “…fiel nuestro Pero López, viniendo con las companyas d’estranya nación enamigos nuestros…” 1374, noviembre 11. Barcelona. (Folio 128).

[10] 1375, enero, 23. Lérida. (Folio 130). “…Por tanto nos benignamente recibida la petición, y atendiendo a su situación de pobres y miserables…”

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