Historia de Molina de Aragón

72º De los portazgos

Al hablar de mercado, llegamos al pago de aduanas o portazgos para entrar a Molina en los días señalados y también al territorio molinés.

El portazgo era el pago que se realizaba por cruzar la frontera entre reinos, señoríos, monasterios, ciudades, etc.; en lenguaje moderno aduanas. Este pago tenía doble sentido, el de impuestos y el de protección en la circulación por el territorio afecto al portazgo. Con ello se conseguía que los productos territoriales no sufrieran una confrontación con los que venían de fuera y pudieran venderse a precios menos rentables. Esta protección al producto interno justificaba el cobro de portazgo, pero aún había otra razón, quizás la más convincente, alimentar los ingresos del señor, de las autoridades o de la ciudad, y por eso el capítulo primero de los fueros esté dedicado a los portazgos.

“El mercador que uiniere a Molina peche portatgo: por troxiello[1], un maravedí; por carga de cera et de olio, dos mancales[2] et por carga de cordouán et de guadamacín, vn maravedí et por toda otra cosa que carga fuere, dos mancales. Por cauallo et mulo, vn mencal; por yegua, medio mencal; por buey et asno, ocho dineros; por puerco et carnero et oueia et cabra, dos dineros”[3]

En este primer capítulo del fuero se indican los precios a pagar según la mercancía, al parecer para entrar a la ciudad de Molina en tiempos de feria. Lo significativo es la enumeración de lo que entra en Molina y allí se vende, o si se quiere, lo que se necesita y se vende en una feria: troxiello carga de grano, trigo, centeno o cebada; aceite[4] y cera, alumbrado; cordobán pieles curtidas; guadamecí cuero trabajado con repujados; luego se generaliza a otros materiales más comunes, “por toda otra cosa que carga fuere” y finalmente enumera los animales: el caballo, elemento esencial de los caballeros, mulo[5] animal de carga, yeguas para cría, bueyes y asnos para la labranza, etc. El orden y precio de impuesto indica la importancia de estos animales.

“Todo mercador que a Molina viniere et del camino non saliere et non ouiere dado portatgo et en pos del uinieren, do lo fallaren, peche su portatgo sin calonnia. Et si fuera del camino saliere, de el portatgo doblado et non aya otra calonnia. Si dixieren que fuera de la carrera lo fallaron y el negare, jure que non lo fallaron fuera carrera et non aya calonnia”[6]

Esta norma me crea una dificultad si es sólo para los que entran a Molina con mercancías, no así si es para toda la comarca, ya que habla de caminos y no de calles.

Por tanto en lo que se refiere a la ciudad la entenderé como lugar adonde se dirigen, y toda la acción ocurriría en el camino.

Por tanto deduzco que habría unos lugares determinados por los que se entraba al condado con derecho y obligación de pagar el portazgo y a quienes controlaban la entrada correspondía impedir cualquier incumplimiento. Si alguien no pagaba y seguía su camino la obligación de cobrar estaba en manos de quien lo dejaba pasar, éste debía alcanzarlo y cobrarle, si pagara sin poner objeciones no se le impone multa. Es decir si alguien entra por su buen camino y pasa de largo “sin salirse del” no es culpable, sino quien no está al tanto y no cobra; si, en cambio, camina por veredas ocultas no se puede acoger a este fuero del camino abierto y pagará doble, pero si testificase que pasó por donde debía y no lo habían cogido fuera del camino y lo jurase (convincentemente) se ahorraría la multa.

Ésta sería una manera de evitar el contrabando. Por tanto, éste se daba.

“Qui troxiello[7] tirare peche mili maravedíes et sean quemadas sus casas et la meatat de los maravedíes sean del sennor de la uilla et la otra meatat sea del conceio et de los alcaldes, et metan apellido a las aldeas et préndanlo; et el aldea que oyere el apellido et non salliere en pues del, peche el aldea lo que se perdiere. Et si el mercador dixiere que non salieron en pues del, jure el aldea con cinco”[8]

Esta norma da continuidad a la anterior y es referida a los que acuden al mercado y cometen desorden, tiren “el troxiello”[9], y además que sean conocidos[10]. Y digo esto interpretando lo que a continuación se dice: “sean quemadas sus casas”, si fuera forastero difícilmente se podría cumplir esta parte del fuero. Pero si el portazgo es un impuesto que afecta sólo a los aldeanos por entrar mercancías en la ciudad entonces sí comprendemos esta orden: “sean quemadas sus casas”. En tiempos más modernos este impuesto por entrar mercancías a las ciudades se llamó “abastos” de abastecer y se pagaba un impuesto en el llamado “fielato”[11].

Se intuye una mala voluntad en el acto de tirar que equivale a destruir, derramando por el suelo la carga, sea de grano o de líquido. Y esta postura de los habitantes de las aldeas, pequeños comerciantes o digamos mejor campesinos que acuden a vender su producto y se ven obligados a pagar portazgo mientras que el mercader molinés no lo paga… Posible consecuencia del enfado.

Hay una segunda orden en la que se ordena perseguirlo, que se mande su nombre y apellido a las aldeas y lo prendan. En caso de saber su nombre y desconocer la procedencia, todo el señorío debe saber lo ocurrido y donde esté o la aldea de donde es oriundo debe prenderlo. Las consecuencias y multas a pagar quedan claras en la cédula.

De lo expuesto podemos inferir que entre Molina y las aldeas no hay una relación excesivamente amigable, ya que se da por hecho que algunas aldeas no quieran cumplir la orden de detención del encausado. Por eso se castiga a la aldea que callare con pagar lo desparramado.

Nos encontramos con una manera de obligar, si no lo denuncias o no lo buscas, pagas.

Si el mercader se escusa del pago alegando que no lo persiguieron y lo dejaron en paz, necesita cinco testigos de la misma aldea para justificar la exoneración.

El dinero de la multa se reparte entre el señor de la villa que se lleva la mitad, y la otra mitad se divide entre el Concejo y el Alcalde.

No puedo pasar por alto que ya en aquellos momentos estaban perfectamente signados: ya tenían nombre y apellidos. La localización no creaba dificultad: “…envíen su nombre y apellido a las aldeas…”

Las aldeas conocen el privilegio de los hombres de Molina por el que no pagarán portazgo. A esto me refería cuando hablaba de la enemistad de las aldeas con Molina, éstos eran unos privilegiados en los portazgos además de haber sido exonerados de todo pago de impuestos.

Pero a su vez podemos comprobar el sentido de aldea al no querer denunciar a un vecino aldeano.

Aunque ya vimos estas cédulas las recuerdo de pasada: “Todo omne de Molina que ganado o otra cosa comprare de qualquiere tierra lo traya a Molina, non peche portatgo”[12] “Si alguno viniere a Molina con pan o vino o ollas, non peche portatgo.”[13]

Entendemos que la vigilancia de las puertas sería especialmente rigurosa en épocas de feria y mercado.

Otros impuestos nombrados, el de montazgo, impuesto que pagan los ganaderos por aprovechar los pastos y los leñadores para cortar leña, estos importes pasan mitad al Palacio y mitad al concejo de Molina. Todo queda a beneficio del concejo de Molina, y nada al concejo de los aldeanos ni de los sesmeros.

“Montatgo de todo término de Molina sea la meatat de pa­lacio et la otra meatat del conceio de Molina”[14]

[1] No he encontrado interpretación de esta palabra, y deduciendo que puede provenir de nuestro decir de siempre; troje (María Moliner, troj, troje “Lugar rodeado de paredes done se almacenan frutos, especialmente cereales” y la palabra “trox” la asimila a troj) en el Drae “Entrojar Guardar en la troj frutos, y especialmente cereales.” De ello, porque el pan es necesario y en otros capítulos se nombre quiero deducir que troxiello sea carga de cereal o de cualquier otro fruto del campo que se acarrea, aunque también pudiera ser talega o saco. Tengo el atrevimiento de proponer una etimología a troxiello, y es hacerlo derivar del verbo latino “trahere” = traer, en su conjugación el pretérito imperfecto hace “traxi” = traje, y en otras formas de la conjugación usa la raíz “trax-“, en las maneras idiomáticas erróneas de conjugar este tiempo, en mis pueblos, escuché en la primera persona “truje” y en la tercera “trujo” con frecuencia o casi siempre, por eso podría deducir “toxiello” como transporte o como carga para transporte. En el diccionario Etimológico, “Etimologías de chile.net, comenta que: “La palabra “traheré” viene de la raíz indoeuropea “tragh-“(tirar, arrastrar)…”

[2] Al no conocer el valor de mencal con respecto al maravedí, tampoco puedo hacer otras deducciones, como sería comparar precios para deducir las preferencias en el mercado.

[3] Fueros Capítulo 1 encabezamiento.

[4] El aceite era un lujo. No se utilizaba para cocinar sino para alumbrar. Si alguien cocinaba con él era por capricho. Las grasas animales eran las que se usaban para freir y para guisar.

[5] Hablé de los bueyes como animales de labranza y señalados en los fueros para indicar la riqueza de los campesinos que habían de acudir a formar parte del ejército del conde. Aquí nos habla de mulo unido al caballo, es probable que los soldados se hicieran acompañar de mulos para ir a la guerra, animales de carga, pensemos en los recueros. Después habla de buey y de asno, como si estos fueran los dedicados a las labores del campo. Las recuas de burros para el transporte por su menor altura y facilidad de carga: ladrillo, piedras, arena en serones…

[6] Fueros Capítulo 1 cédula 1ª.

[7] Volvemos por el troxiello, si por tirarlo se castiga es por el desprecio que supone al impuesto, además del desperdicio. El castigo es muy alto, lo que indica que aun siendo pequeño el impuesto, es muy grande el castigo, ello me hace volver a pensar en el cereal o en el vino, productos necesarios y por tanto privilegiados “pan, vino y ollas no peche portatgo”. Aunque no es una interpretación segura.

[8] Fueros Capítulo 1 cédula 2ª.

[9] He conocido a quien a las puertas de Molina derramó un cántaro de vino para evitar el pago del fielato. Algunos dicen que se lo bebió.

[10] Ya he usado esta cédula para indicar el compromiso amistoso de los aldeanos.

[11] Fielato era el nombre popular que recibían en España las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías, aunque su nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su función recaudatoria servían para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en las ciudades. El término fielato procede del fiel o balanza que se usaba para el peaje. (de Wiquipedia).

[12] Fueros Capítulo 2 encabezamiento.

[13] Fueros Capítulo 2 Cédula 1ª.

[14] Fueros Capítulo 4 cédula 2ª.

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Historia de Molina de Aragón

71º El comercio

En la introducción hablaba del comercio como una manera de vivir más libre, y como si las normas que regían a la sociedad de alguna manera les afectara menos. Sus residencias no siempre eran de permanencia en el mismo sitio, eran viajeros y portadores de mercancías unas sobrantes de las aldeas y otras compradas en otras regiones o reinos, por eso fue necesario controlarlos con los portazgos y pontazgos. Los precios quedaban a su arbitrio, ellos sabían lo que podían y lo que querían ganar y conforme a ello tasaban. En caso de guerra ellos siempre estaban fuera del terreno bélico pero con los alimentos y el armamento dispuestos para vender y comprar.

Considerando los productos sobrantes de la tierra, vimos como aparecía el comercio: intercambio y después compraventa.

Ya hemos hablado de la ganadería como fuente de ingresos. Sus lanas y sus pieles más que su carne entraron en la lista de mercancías. La pertenencia a la Mesta daba salida a la producción de lana fina[1] y extrafina, pero la de las ovejas zurcas que usaban para los colchones, y que los pelaires y cardadores convertían en hilo para las mantas y colchas que tejían en los telares[2] caseros, y los jerséis y pedugos[3] que confeccionaban con las agujas de tejer, necesitaban una salida más pormenorizada.

Las pieles, ellos mismos las curtían, bien sin pelar para hermosear pies de camas y suavizar albardas de montar o las convenientemente peladas las convertían en zamarras o en calzado. En el vestir también las pieles curtidas con el pelo hacia el interior se consideraron buenas prendas para ataviarse, el abrigo que propiciaban era muy estimado.

Las caballerías, ganados, cerdos, gallinas… Todos los animales eran objeto de compra venta, siempre que sobraran tras el mantenimiento de la familia.

Las sogas, los lienzos finos y otros más gruesos, llamados lenzones, mantas para que las caballerías no se rozaran con los arreos, eran sacadas del cáñamo trabajado y tejido, y el lino también era elaborado finamente para vestir, se producía en las riberas de los ríos Mesa y Gallo[4]. No quiero decir que los telares para fino y para basto estuvieran en los mismos sitios donde se produce la lana o el cáñamo, pero no descarto la posibilidad[5], sino que la avalo basado en aquello de que en los pueblos todos saben usar y sacar provecho de lo que crían y producen. ¿Quién puede decir que las abuelas no sabían hacer calceta ni hilar la cera, o que los abuelos no conocían el arte de trenzar el cáñamo después de trabajarlo hasta convertirlo en madejas?

La ropa de vestir con mayor o menor esmero salía de sus conocimientos de curtir las pieles, de tejer la lana, el lino y el cáñamo. Si artistas había en la pintura, en la escultura y en la joyería, artesanos igualmente capacitados los hubo en estas actividades.

Los oficios de los menestrales en Molina, orfebres y otros, eran conocidos en el señorío y tenían su clientela. Las ferias eran el mejor lugar para exponer las mercancías. No dudo que estos molineses e incluso desde Sigüenza los artesanos expertos, sobre todo en imaginería para los templos en construcción también se dejarían ver, y no solo en las ferias, sino como vendedores ambulantes o como artistas para obrar donde fueran requeridos.

El exceso de producción agrícola sobre todo de las huertas del Gallo y del Mesa necesitaba dar salida a sus productos y acudirían a las ferias de Molina.

En Molina había una feria anual en San Miguel “…sinon vn día en el anno, es a saber, el primero mercado despues de la fiesta de Sant Migael y aquel dia en el qual todos se allegaren et non contradixiere alguno, aquello vala…[6]

Inmediatamente después de san Miguel hay un mercado general: ferias.

Fecha muy importante. Esta feria coincide con el fin y principio de temporada para convenir o renovar contratos de pastores para la trashumancia ya que habrían cumplido los del año anterior. En pocos días saldrán camino del extremo[7]. En el mundo rural el año comenzaba en san Miguel y en él acababa.

Los padres acudían con sus hijos en edad de comenzar a trabajar para buscarles amo como criados o pastores, o como aprendices para el oficial que lo necesitara. También presentaban a las hijas para que encontraran casa donde servir.

Se habla de “el primero mercado”, primer mercado, por tanto habrá otros a lo largo del año. No sabemos, no lo dice, pero habría otro al menos en fechas próximas a las labores veraniegas en que volverán los padres con hijos e hijas para buscarles contratación ya que la proximidad de las faenas de recolección necesita más mano de obra. Cuando digo esto pienso en los siervos y criados que necesitan un lugar de trabajo.

“Todo omne de Molina que ganado o otra cosa comprare de qualquiere tierra lo traya a Molina, non peche portatgo”[8] Lo que quiero señalar con esta cita es la existencia de comerciantes en tierras de Molina y que si además son de la ciudad de Molina no pagarán portazgo en su ciudad. Si compran en el exterior, es lógico que también lleven allí y vendan productos de su tierra. No solo por la ley de la permuta tan extendida, sino también por la escasez de moneda. La historia[9] nos señala la existencia de arrieros, recueros, buhoneros, etc., en estos tiempos tampoco faltarían.

“Si alguno viniere a Molina con pan o vino o ollas non peche portatgo”[10]. Este es otro fuero que libera del portazgo, para no encarecer los precios en algo tan estimado como necesario: el pan, el vino y las ollas.

Es interesante saber que en San Miguel también se renuevan los cargos administrativos y de jueces. “Qui demandare judgado o alcaldía, demándela día de domingo ante la fiesta Sant Migael depués de missa, et quien en otro día la demandudiere, nol vala”[11]

Todo por dar categoría a la festividad y a la feria.

Como ya hemos visto la vida gira en torno a san Miguel, 29 de septiembre. He hablado de  ferias y mercanías más que de mercaderes, pero todo va considerado.

[1] Lana de las ovejas que caminaban mucho, la hebra de lana era fina y no perdía el poder de adherirse a otra hebra por su tendencia a rizarse. La extrafina era la de borregas o corderas, siempre de ovejas camineras, o sea las trashumantes. Las que no caminaban y permanecían en los pastos próximos al pueblo su lana era más gruesa y, en consecuencia paños menos finos.

[2] En algunos pueblos, también los paños finos salieron de sus telares y se vendieron en las ferias. Pero este cardado e hilado era más entretenido, y en la venta de lana mejor pagada.

[3] Calcetines gruesos.

[4] Con estas aportaciones, tal vez abuse porque la información es muy tardía, de la época del catastro del marqués de la Ensenada, año 1750, pero considerando lo poco que variaban las situaciones hago referencia a ello, no como una cosa de grandes realidades, sino como una posible manera de sobrevivir con los materiales que tenían entre las manos.

[5] En1750, en las declaraciones de Mochales en el catastro de la Ensenada, denuncian varios telares, dos de paños y seis tejedores de lienzos, además de dos batanes en el río (respuestas 32 y 33). Las ventas las hacían conjuntamente enviado a dos responsables con las telas confeccionadas en la temporada a las ferias. Si esta época posterior se trabajaba así, no encuentro dificultad para que ya en aquellos tiempos tuvieran telares más o menos apropiados para confeccionar los paños en sus casas.

[6] Fueros Capítulo 5 cédula 3ª.

[7] Palabra que aún se seguía usando el siglo pasado para indicar el lugar lejano, próximo a los límites del pueblo donde colocaban el hato, fuera para pasar dos o varios días como requiriera el trabajo del campo o el pastoreo.

[8] Fueros Capítulo 2 encabezamiento.

[9] En el Catastro de la Ensenada (1750) nos cuentan que entre otros ingresos que entraban en las familias, contaban los que conseguían con sus viajes a la capital a la venta corderos o etc. Por ejemplo Hinojosa, Milmarcos…

[10] Fueros Capítulo 2 cédula 1ª.

[11] Fueros Capítulo 12 cédula 11ª.

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70º Las gentes de Molina, las religiones

Las tres religiones, en las aldeas pequeñas, no se notaban. Las relaciones entre ellos eran de igual a igual, originadas por los trabajos del campo y el cuidado de los ganados. Si el trabajo era el mismo no se diferenciarían unos de otros en atuendos ni costumbres ni siquiera se apuntarían con el dedo por las distintas creencias. La colaboración en sus necesidades anulaba las rivalidades. Solo en la soledad de sus casas rezarían distinto.

La obligación de seguir al Conde en las campañas les exigía estar siempre disponibles. He de decir que estas contiendas eran frecuentes y según con qué señores, fueron continuas.

Estos mesnaderos traían de sus campañas, no solo bienes materiales sino también algún prisionero que les servía de siervo y según sus aptitudes actuarían de artesano, de pastor o de labriego o de todo a la vez. En las casas de grandes posesiones se habría de buscar administrador y siervos, y en estos casos se señalaría al administrador sobre los siervos, pero estos siervos, como he dicho, no se diferenciarían demasiado de los otros campesinos o pastores de la aldea.

Es en la ciudad, en Molina, y en aldeas grandes donde esta realidad de las tres religiones se apreciaba. En ella existía la judería, donde vivían administradores y menestrales. Éstos tenían que pagar un impuesto especial por ser judíos. “…mando a vos el cabildo de los clérigos de Molina, mil maravedíes por cada año para aniversarios et vos los mando dar por el día de San Miguel de Setiembre del pecho de los judíos de Molina…”[1] En otra fecha leemos que, al retrasarse en el pago de estos impuestos, los clérigos de Molina que habían de cobrarlos se quejan y doña María ordena que “…prenda a los judíos y los encierre y no les den de comer ni de beber hasta que os den estos mil maravedíes. En estas Cortes también dispone Doña María que se cobren los tributos que paga la aljama molinesa.”[2]

Aunque estamos hablando de la época de los fueros 1154, este hecho narrado ocurrió en 1297, pero ilustra que aunque convivían sin problemas la exigencia era muy severa.

Respecto a que pagaban un canon o impuesto especial nos lo aclara diciendo que este dinero para aniversarios saldría de los pechos de los judíos.

Este tema lo veremos cuando la aljama judía de Molina pida al rey de Aragón algunos privilegios, entre estos privilegios no piden liberarse del impuesto, sino que lo dan por hecho y lo aceptan, aunque piden que ese dinero no vaya a parar al convento de san Francisco, sino a las arcas reales o adonde el rey considere[3]. De esto podemos deducir que el trato no era igual para las tres religiones. Además la crudeza con que se exige el pago es inhumana, “sin comer ni beber hasta que os den estos mil maravedíes”[4]

Como los demás molineses, los de Molina ciudad, estarían exentos del impuesto del señor Conde, pero tenían éste otro, digamos que para sus actividades religiosas, y que era aleatorio y a gusto del Conde, además de proveer para el mantenimiento de las murallas como todo vecino de Molina. Los cristianos también tenían su impuesto directo para la iglesia, los diezmos: impuesto religioso.

De la aljama mora diremos que estaba compuesta de los moros prisioneros que de alguna manera encontraban una pequeña libertad o reconocimiento o tal vez porque no cabían en la casa de quienes los habían conseguido y dejaban que vivieran en un barrio propio desde el que acudirían diariamente a cumplir sus trabajos.

Los trabajos de los moros son más serviles que los de los judíos. Realizan las tareas más duras: huertos, labores en fincas, pastoreo y las necesarias dentro de las casas, limpiezas, cocina, lavar, etc. Lo que, en otros tiempos, fue el trabajo de los llamados criados y criadas.

Con el tiempo algunos fueron creando su autonomía aunque otros continuaran bajo el dominio de los amos, con trabajos y sueldo, cuando lo había y pagaba el dueño, o si no mendigando, es decir sobreviviendo como buenamente podían, la edad los llevaba a esta situación.

Las tres religiones vivieron juntas pero no revueltas ni igual tratadas.

Como vemos, privilegiada la cristiana, sometida la judía y servil la mora.

Los señores y amos, caballeros, se dedicaban a otros asuntos, disponibilidad para la guerra, justicias, alcaldes de los castillos, administradores, sacerdotes, clérigos, religiosos y religiosas, soldados, etc.

La proximidad de Aragón obligaba a tener a punto unas defensas en los límites de reinos, la sierra necesitaba una específica protección, con Albarracín hubo especiales rencillas, aunque la tierra de la Sesma del Campo no quedaba fuera de ataques, estaba defendida por castillos. La sierra, por los pastos y por el arbolado (leña), tuvo más atracos o invasiones de ganados, por lo que se deduce de la orden escrita en el fuero: “Los caualleros de la sierra ayan por soldada de cada grey vna borra de ciento arriba.”[5]

Para vigilar estas zonas se establecieron defensas permanentes. Éstos fueron los llamados caballeros de la Sierra, que tuvieron un sueldo determinado, una borrega de cada cien ovejas.

[1] En Castilla, en este año (1297) a D.a María le comunican que los partidarios de Alfonso de la Cerda, que habían tomado Almazán, habían labrado moneda falsa. La reina celebra Cortes en Valladolid. Allí escucha toda clase reclamaciones. Los del Señorío de Molina, que mandaron a sus representantes, reclaman a través de sus clérigos, quienes son escuchados con máxima atención. La reina accede a la justa petición y otorga una carta declarando que, “como yo fallé por el testamento de doña Blanca, su hermana, que Dios perdone, que mandó a vos el cabildo de los clérigos de Molina, mil maravedíes por cada año para aniversarios et vos los mando dar por el día de San Miguel de Setiembre del pecho de los judíos de Molina tengo por bien de cumplir su testamento et voluntad et mando que ayedes estos mil maravedíes sobredichos”. Al mismo tiempo ordena a su representante en Molina, D. Alfonso Ruiz Carrillo medidas coercitivas como “…o a otro cualquier que tuviere por mi el alcázar de Molina, que prenda a los judíos et los encierret et les non den á comer nin a beber hasta que vos den estos mil maravedíes”. En estas Cortes también dispone Dª María se cobren los tributos que paga la aljama molinesa”. (Pedro Pérez Fuertes. “Molina reino Taifa. Condado…”

[2] Misma cita anterior de Pedro Pérez Fuertes.

[3] Ver apartado: Agradecimientos y concesiones a Samuel Abolafia.

[4] Ver misma cita de Pedro Pérez Fuertes.

[5] Fueros. Capítulo 12 cédula 5ª

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69º Los andadores

Para hacer llegar a las aldeas las normas y órdenes que se fraguaban en Molina, y lo que el conde y sus descendientes proponían, se creó un personaje con poderes y atribuciones: el andador.

Cien años aproximadamente después de los fueros del Conde Manrique, en las ampliaciones de don Alfonso y doña Blanca dice “Los seysineros ayan por soldada en cada quenta, cada vno diez maravedíes”[1] Este personaje permaneció a lo largo de los tiempos, de tal manera que en el año 1750, en algunos pueblos lo mantenían todavía, dicen en el Catastro de la Ensenada los de Mochales: “al sesmero por traer las órdenes de la superioridad veinte reales…”[2] En este documento se llama sesmero, pero cumple la obligación del andador. Podríamos pensar que se trata de un sustituto del alcalde en los compromisos anuales de las Sesmas, pero no es así, se trata de una especie de correo que acude a Molina a recibir órdenes y de paso recoger las cartas o misivas, también haría los recados que le encargaran.

El fuero que estamos examinando presenta al “andador”, diferenciando solo por el nombre al  “seysinero”.

“El conceio de Molina ayan seys andadores[3] et cada vno dellos ayan por soldada treynta mencales et non mas. Andador vieio non sea. Andador de conceio de sobreleuador[4] et casa con pennos si­quier sea vezino o non. Aquel que el demandador de conceio demostrare plazo et non uerná ad aquel plazo, peche vn maravedí. Si el plazo demostrare el andador o pendrare[5] et el tiraren los pen­nos ol negaren el plazo, otorgue con vn uezino derechero que el plazo le demostró o pendra le tomó, peche su calonna[6]

El número de andadores será de seis. Parece que las obligaciones de los andadores son las de recorrer el territorio vigilando y valorando daños: pendrar[7], tirar pennos[8], cobrar plazos[9], así explica las actividades que debe realizar por orden del concejo, por eso no debe ser viejo.

Se dice que sean seis, dos más del número de sesmas, ¿se consideraron seis las colaciones entonces, o la problemática necesitó de seis andadores para tener siempre alguno a disposición? Las aldeas formaron cuatro colaciones, distritos o sesmas.

Si es sobrelevador y tiene la casa en arriendo, estas dos situaciones prohibían tener domicilio en Molina, pero a ellos no se le exige, por tanto podrían ser vecinos de Molina o ser aldeanos.

Su obligación era llevar las instrucciones a las aldeas.

También se les señala un salario, a la vez que se imponen unos criterios: Ha de ser joven. Y será vecino, no caballero.

Para realizar sus tareas el demandador del concejo le impone unos tiempos que debe cumplir para presentarse; pero si al realizar la orden del concejo no le aceptasen el embargo, o se negasen a pagar los plazos, lo debe demostrar con un vecino de rectitud. De otra manera pagará la multa señalada. De lo que nos dice podemos deducir que no sólo está a las órdenes del concejo, también de los jueces y del jurado, ya que lleva recado de embargos, de cobros a plazos…

Entre las atribuciones del andador, además de comunicar las decisiones de gobierno, tanto legales como económicas a los sesmeros, aparece otra, la de apoyar a la justicia. Su presencia acompañando al administrador de fincas o juez para delimitarlas o dirimir problemas de propiedad, el andador daba aval y categoría de veracidad. El andador era conocido por todos, pero el merino[10] deducimos que no siempre.

“Todo omne que fuere a aldea a pendrar con el merino peche cient maravedis et aquellas pendras sean dobladas. Et si ma­taren al merino, non pechen omecilio nin calonna. El merino, si fuere pendrar, vaya con el andador et que pendre; et si aquel que fuere pendrado diere sobreleuador, recibanle, et si non lo quisieren coger, tornenle sus pennos.”[11]

Nos describen los problemas que aparecieron con el dominio de las tierras[12] y la frontera o límites de cada aldea. El merino daba razón y señal de los límites de cada finca y de cada término, por eso se exponía si no llevaba justificante de autenticidad, al andador, ante los ataques de los habitantes de los lugares a los que acudía. Con esto reconocemos que se darían suplantación del merino o abuso de autoridad de éste que se castigaba e incluso, hemos visto que se disculpaba su asesinato, por eso el andador lo debía acompañar.

Duro y expuesto papel el del merino sin andador, e incluso con andador…

[1] Ampliación de los fueros por d Alfonso y doña Blanca.

[2] Catastro de la ensenada. Mochales, contestación a la pregunta 25.

[3] Dice Herrera Casado en “Molina de Aragón: veinte siglos de historia”: “Seis andadores como emisarios o correos” (pág. 48).

[4] Palabra de difícil interpretación, por separado “sobre llevador”, sería lo correcto, persona que lleva, que transporta sobre sí. Fiador.

[5] Pendrar 1. tr. Dar o dejar algo en prenda. 2. tr. ant. Retener judicialmente algo a alguien para que responda del juicio. Embargar (retener la autoridad una cosa de alguien) (pendrar, por tanto, era una manera de tomarse la justicia por su mano, cosa que solo le pertenece a la autoridad).

[6] Fueros Capítulo 13 cédula única.

[7] Embargar.

[8] Empeñar o desempeñar según se signifique tirar.

[9] Cobrar plazos, aquí entra todo tipo económico, desde multas hasta impuestos. Dice Sancho Izquierdo en la obra citada: “Estas disposiciones las completa el fuero de Zorita donde se establecen sus funciones (en nota al pie las explica) <358, QUE LOS ANDADORES DEBEN SER AL MANDADO DEL JUEZ E DE LOS ALCALDES> (y continua la nota a pie de página) También habla de ello el Fuero de Brihuega. <Por andadores que han de pendrar, según el cual están al servicio, no solo del juez y de los alcaldes, sino también de los jurados>” (Página 189)

[10] El merino era un cargo administrativo existente en las Coronas de Castilla y de Aragón y en el reino de Navarra durante las edades Media y Moderna. El merino era la figura encargada de resolver conflictos en sus territorios, cumpliendo funciones que en la actualidad son asignadas a los jueces. Además administraba el patrimonio real y tenía alguna función militar. Se encargaba de las cosechas, arrendamientos del suelo y caloñas (multas que se imponían por ciertos delitos o faltas). (Wikipedia) – Rae: Juez que tenía jurisdicción en un territorio determinado.

[11] Fueros de Molina de Aragón.

[12] En el litigio entre el conde don Pedro y el Abad del Monasterio de Huerta don Martín para la señalización de límites se habla de “magna rixa” (gran altercado) entre el abad y los hombres de Molina, lo que requiere la presencia de ambos contendientes. En el mismo documento se señala el disgusto del Abad al señalar algunos límites. Año 1169. (Molina. Reino Taifa… Pedro Pérez Fuertes. 1989. Apéndice documental).

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68º Más sobre capiteles

Hablando del pórtico de Labros he indicado que la enseñanza se debía adaptar a la mentalidad, a los trabajos y a las necesidades de la época, y sugerir con las imágenes las normas y preceptos a conocer y vivir. Si se hiciera de otra forma, estarían tan desasistidos en la interpretación como nosotros.

Otra cosa que no debemos pasar por alto es que allí, a las puertas del templo, se reunía el concejo y la asamblea de la aldea. La puerta era más importante que en nuestros tiempos, era la separación de lo que ocurría fuera y lo que dentro se predicaba y oraba.

Santa Catalina, en el término de Hinojosa, se conserva tal y como se edificó, restaurados los porches que en otros tiempos estuvieron cegados y habilitados, con chimenea, para cobijo de peregrinos, mendigos y de los que acudieran en rogativas el día de su fiesta.

El románico que contemplamos en su pórtico y columnas es diferente al de Labros, me atrevo a decir que no fueron los mismos canteros. Son de adornos vegetales, por tanto sólo pretenden decorar, no enseñar. La aldea se llamaba Torralbilla, un topónimo de torre y de blanca, alba. Una aldea importante si rearamos en el pórtico como lugar de reuniones.

Pero sí queremos señalar su importancia por los adornos de los canecillos de los aleros del ábside. Allí se presentan imágenes que pueden interpretarse como actos comunes, el cubilete del agua, el barril del vino, el acto marital (volvemos a la escasez de habitantes), las caras mostrencas, el sol con rostro, los roleos de adorno, las aves sirenas o trasgos de los que no se definen los rostro. Los canecillos se ven con menos detalle por la distancia y la altura.

Los capiteles interiores de santa Catalina, obra del cantero Petrus, es un bestiario alado que nos presenta en la cara central a dos trasgos y en la cara que mira al ábside una sirena pájaro y por donde mira hacia los fieles unas hojas hinchadas. Una característica casi única es que aparezca en el interior. El otro es un floreado dignísimo. Son de especial atractivo por lo bien conservados que se encuentran.

Una joya, ya desaparecido el pueblo de Torralbilla, entre sabinas. Aunque Milmarcos la requiriera Hinojosa la hizo suya.

El pórtico de Tartanedo, también merece tenerse en consideración, sobre todo por el capitel de la izquierda donde aparece una cabeza mostrenca con la boca forzadamente abierta, enseñando los dientes, la lengua fuera, unos ojos saltones y unas orejas puntiagudas. Es como si en una carcajada extraña quisiera burlarse de quienes pretendieran entrar… Qué susto, qué miedo, querrían expresar con esta extraña figura, el pavor al infierno que esperaba a quienes entraran con malas intenciones como si sólo al exterior del templo estuviera el mal. Por eso está mirando a quienes acudieran para que se abstuvieran de entrar si no cumplían como buenos cristianos.

Una boca enorme con dientes de gula, una lengua larga de insolencia, unos ojos saltones por la visión inmunda, unas orejas puntiagudas de oír lo no debido y una sonrisa de ironía y sarcasmo. Casi los pecados de los sentidos… ¿Qué mejor imagen del enemigo?

Los demás capiteles son vegetales.

El abocinamiento de los pórticos les da la categoría más atractiva, acogiendo con brazos abiertos y protectores centrando hacia la puerta; el arco de medio punto con arquivoltas se apoya en columnillas que van retrotrayéndose hasta indicar el objetivo, la entrada. Para los que acceden presenta la grandiosidad del lugar cuyo acceso presiden y la limpieza espiritual de quienes se acercan. Mirando desde dentro, los que salen ven las paredes lisas y sin adornos, afuera está el mundo normal, corriente, de enfermedades y trabajos, no necesita predisponer a nadie para salir. Todos lo conocen porque viven en él.

En Torrubia en el pórtico sencillo sin abocinar, hay una muestra de románico en un capitel encastrado en la pared. En Rueda el románico de su portada presenta los capiteles vegetales terminados en volutas como algunos de la galería de Santa Catalina.

Por ser de estilo y por poderse datar de la misma época es por lo que les he dedicado estas palabras.

En los demás pueblos indudablemente también se iniciaría la construcción de los templos.

Los canteros como después los artistas, escultores, pintores, etc., son personas itinerantes en busca de trabajo. Aunque en la capital de la diócesis hubiese canteros y todo tipo de artesanos necesarios para estos menesteres, estaban muy comprometidos en la construcción de la catedral, aunque en las épocas de penuria económica en que quedaran sin trabajo en la catedral, aprovecharían para trabajar donde pudieran.

Por eso pienso que en un espacio tan reducido, sobre todo Santa Catalina, Labros, Tartanedo y Rueda, sin olvidar el capitel de Torrubia, podrían beneficiarse de los mismos canteros y albañiles en la construcción de estos sus primeros templos.

¿No es llamativa esta secuencia de templos como si indicaran un camino hacia alguna parte? Rueda, Torrubia, Tartanedo, Labros, Santa Catalina… ¿Peregrinos de levante a Santiago? ¿Camino de Molina a Santa María de Huerta y al Monasterio de Piedra?[1] ¿O tal vez el centro del triángulo de Buenafuente, Santa María y el monasterio de Piedra?

[1] La relación de los condes de Molina y el Monasterio de Huerta aparece en varios documentos en que estos reciben donaciones de los Condes. El Monasterio de Piedra también se encuentra entre los favorecidos del Conde dispensándolo de portazgo. (Molina. Reino Taifa… Pedro Pérez Fuertes. 1989. Apéndice Documental).

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67º Algo más sobre los templos

Ahora prescindo de los templos de Molina, de sus monasterios y santuarios, y me ocupo sólo de las aldeas.

La primera incursión de Alfonso llegó a Milmarcos, Guisema, Anchuela[1] que formaron parte de Calatayud. Quizás los límites fueran Tortuera, Torrubia y Turmiel, siguiendo la normativa toponímica, y por el otro lado en río Mesa, formando un pico de lanza que comprendería Milmarcos, Fuentelsaz, Guisema, Labros, Hinojosa , Concha (Tartanedo queda un poco desplazado, pero podría estar también dentro) y Anchuela,  por lo que pertenecieron a la villa de Calatayud al menos hasta que el conde Manrique los poseyera, instituyendo el señorío de Molina en sus dimensiones con el beneplácito de los reyes de Castilla y Aragón[2].

Me llama la atención que en este entorno se encuentren las tres portadas románicas más significativas. No quiero apuntar a la influencia del Monasterio de Piedra, al que según los fueros se le dio un trato especial favoreciéndolo con la eliminación de portazgo, ni señalar desde éste monasterio el camino de acceso a Molina o a Buenafuente. Ni he encontrado documento que acredite el camino al monasterio de Huerta. Pero me sorprenden el pórtico de Labros y la construcción de Santa Catalina, así como el pórtico de Tartanedo.

Exceptuando el de Santa Catalina que se conserva en las mismas dimensiones, los otros dos nos prestan un testimonio muy apreciable, ya que posteriormente fueron ampliados, e incluso fue alterada la orientación de su nave.

Hablando de los capiteles de Labros, lo primero a tener en cuenta es cuál sería la fantasía y cual la realidad del picapedrero. En la concepción de la vida, qué interpretación darían a los elementos que los adornan o qué sentido y significado querrían mostrar. Los animales desconocidos, hasta dónde les impresionarían y qué valor fabuloso o mítico despertarían en los que los contemplasen. Si pudiéramos contestar a esto habríamos corrido un gran camino. Pero vayamos por partes:

Los capiteles con figuras: el primero de la izquierda que podría ser una implicación caballeresca en la guerra contra el infiel estamos en la época de las cruzadas a tierra santa: la lectura más popular fue esta del caballero, en 1149 estaba en plena predicación o convocatoria de expansión del cristianismo y conquista de territorio. En la segunda lectura se ve a un león en lucha con un personaje, e implica la fortaleza de Sansón para vencer al león[3], la iglesia -Sansón- vence al enemigo –león-. Pues bien la fortaleza como virtud estaba involucrada en los cabellos y barba de Sansón, de tal manera que, en aquellas épocas, para adquirir la virtud de la fortaleza se hacían promesas de dejarse crecer barba y cabello como hacía él. Esta imagen se ve en la cara que mira al exterior. En la otra cara del mismo capitel, orientada a la puerta de entrada, aparece una arpía o una sirena con forma de pájaro. En el mismo capitel aparecen dos escenas.

El capitel de cestería, interior de la izquierda, despierta una magnífica visión no solo por ser de tres mimbres los que se trenzan sino por la defectuosa acomodación a la piedra en que fue labrada, por eso podemos deducir como picapedrero a un cantero novato pero con dominio del cincel, algunos quieren leer la obra de un árabe o de un judío -no imagen, sólo símbolo-. No me extiendo en los significados que una cesta podría representar.

Al otro lado, nuestro derecho al entrar, el capitel más próximo a la entrada presenta un bestiario alado con cuatro arpías o sirenas pájaro con rostros humanos, implican lo que habría que dejar fuera del templo: el canto diabólico con sus inclinaciones y atractivos. Se presentan cuatro, la interpretación puede variar, llamando trasgos a los que aparecen en segundo término y como adosados a la espalda de las primeras arpías, duendes, brujas o encantadoras; era admitido como un dolor el castigo del infierno donde estos seres fantásticos dominaban y agredían a las almas de los condenados. Acostumbrados a ver pájaros y escuchar sus trinos, a saber que los buitres despedazaban a sus animales muertos y las águilas amenazantes merodeando a sus ganados, ¿qué despertarían en ellos esos animales exóticos y extraños? Ellos no conocían la mitología ni habían visto los dibujos de animales extravagantes que aparecían en los animalia, ni las interpretaciones que los santos padres hacían de estos seres inexistentes pero posibles. ¿Sería miedo, sueños de terror? ¿Animales infernales que los atacarían sin piedad en la otra vida, o animales cantores cuya atracción los ensimismaría y por ello olvidarían la vida de oración? Era costumbre obligada la de enterrar a sus muertos para que los animales y aves no los despedazaran.

Cualquiera de estas inclinaciones significaba que todo comportamiento no acorde con la doctrina de la iglesia, había que abandonarlo. La oración era la única manera de superar estas posibles situaciones. Y sólo la seriedad lo conseguía.

El capitel robado, podría implicar la prohibición de entrar al templo a quienes estuvieran atacados por el pecado o dominados por él[4], la figura que aparecía en primer y principal término era la de un varón es postura similar a la que aparece en los tres canecillos de Albalate[5], donde se representa a tres personas masturbándose, en éste de Labros las manos que llegarían al bajo vientre habían sido rotas, por lo que la actuación de las manos queda sin finalidad. Los animales que se le adosan a derecha e izquierda son representación de animales, el de la izquierda perro o similar, que nos indicaría la zoofilia y por el otro una serpiente o similar como símbolo de la homosexualidad. Los tres pecados reservados al obispo. (A lo largo de la Baja Edad Media se produjo una cierta tolerancia sexual, exceptuando los actos llamados entonces contra natura por perder su finalidad que era la procreación, es decir la zoofilia, la masturbación y la homosexualidad que eran pecados reservados al obispo)

Se encuentran en el pórtico a plena vista, manifestándose a los que entran. Adornando la puerta a cuyo exterior se debe renunciar al demonio, a sus pompas y sus obras, para pasar esta puerta a recibir el bautismo. El mismo lugar donde las parejas, antes de entrar se comprometen a guardarse fidelidad y convivencia, después pasan adentro. Donde las mujeres a los cuarenta días de haber dado a luz recibían la bendición del sacerdote y sólo después podían acceder al interior del templo; la necesidad de nacimientos para repoblar, no evita el pensamiento de la iglesia de purificar a la mujer después del parto. Como una recuperación o pago de una deuda contraída por las palabras del paraíso, parirás con dolor.

Con este pensamiento contemplarían los adornos que engalanaban la puerta de entrada a la iglesia. Era una puerta muy distinta y lejana a la de cada casa vecinal. La entrada a la casa de Dios, era única y distinta, era la entrada a la salvación, y por tanto grandiosa y espectacular. Y este acceso manifestaba e imponía a los que se acercaban el acatamiento a la ley de Dios y la limpieza del pecado.

Primer capitel: Sabedores de la guerra que se estaba librando contra el infiel, tienen que ser conocedores de que ellos mismos debían pelear para redimirse del mal que estaba en su misma vida, y para ello allegar la fortaleza necesaria..

Segundo capitel: Que la cestilla o arca de la iglesia se debía llenar.

Tercer capitel: Que el infierno estaba amenazante y cercano con el canto de los pájaros convertidos en sirenas. Y que el mal del infierno como aves de rapiña despedaza a los condenados.

Cuarto capitel: Que la población era escasa y no se debía desperdiciar la semilla en ninguna de las posibilidades lascivas que presentaba la vida.

Ésta sería, me atrevo a decir, resumiendo, la interpretación que harían deduciéndola de la situación que vivían y de las predicaciones y obligaciones que les imponían.

Falta algo y es la solidez con que se edificaron estos templos. Nos dan idea de perdurabilidad como la vida eterna de la que se hacían merecedores con la oración en y la fe que se predicaba.

[1] Jerónimo Zurita: la conquista de Calatayud y sus tierras fueron conquistadas en 1120, en que puso un gran empeño en poblarlas, en 1131 dio el fuero a Calatayud y nombra como pertenecientes a sus tierras a Guisema, Milmarcos y Anchuela. Anales de Aragón, Jerónimo Zurita, Libro I, capítulo 45 “…Anchol (que agora se llama Anchuel y está en el reino de Castilla y es de la tierra de Molina), y Milmarcos, Guisema,…”

[2] Recuérdense los capítulos 27 y 28 de esta misma historia.

[3] Más bien correspondería a la fortaleza de los poderosos, reyes avasalladores, que se adornaban con su larga pelambrera, la crin como los caballos y leones para indicar su poderío, es decir como Sansón con su cabello que, al perderlo, se convertía en persona normal, sin la virtud de la fortaleza.

[4] Al parecer haciendo lectura un poco atrevida diría que implican los tres pecados reservados al obispo: sodomía, masturbación y bestialismo. Así lo presento y explico.

[5] Ermita románica de Nuestra Señora de Cubillas en Albalate de Zorita, Guadalajara.

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66º Los templo y su edificación

Los sacerdotes y por supuesto las gentes deseaban tener un lugar de reunión para hacer la oración como ya ocurría en los lugares de donde procedían los repobladores, la España en manos de cristianos, y porque no habían de ser menos que los árabes con sus mezquitas y los judíos con sus sinagogas.

Pero la construcción de estos templos, ¿la pagaron ellos o habría aportación del obispado?

El primer obispo de la diócesis de Sigüenza en la conquista fue don Bernardo de Agen[1] consagrado obispo en 1121, entró en la ciudad en 1124 donde residió hasta su muerte en 1152. Dice el historiador Toribio Minguella[2] que inmediatamente comenzó a edificar la catedral[3]. Recibió ayudas de los distintos reyes castellanos bien en moneda, bien en cesión de impuestos de salinas, molinos, etc., y también utilizó los diezmos recibidos de las parroquias.

El obispo Bernardo de Agen, franco de procedencia, traería de allí sus conocimientos y su concepción del templo, y comenzando por la catedral y los que fue edificando en Sigüenza daría normas y estas normas correrían por la diócesis. Además de él, los acompañantes del Conde que procedían de tierras de allende los pirineos, como doña Ermesenda, o de tierras del norte cristiano portarían los mismos conocimientos y experiencias.

Dice don Antonio Herrera Casado[4] que los acompañantes de don Manrique de Lara traerían sus afanes culturales, y tiene razón porque los monjes y clérigos que le acompañaban portarían su acerbo cultural.

Pero lo más importante era la manera de construir que habían optado, el tipo de arquitectura entonces más extendida y que hoy llamamos románico, con piedra y adornos de cantería.

Visto todo esto entendemos que el obispo dedicaría todos sus ingresos en la Catedral y que escatimaría todo lo que pudiera en ayudas a los templos de las aldeas, además en Molina también se estaban edificando algunos templos. No olvidemos que según los fueros el clero era un tanto independiente.

Por lo cual me siento obligado a deducir que las aldeas tendrían que apañarse con sus respetivos párrocos, bien con mano de obra en peonadas o con ayudas económicas para pagar a los albañiles y picapedreros.

No olvidemos las donaciones de quienes volvían de la guerra. ¿Recordáis aquella obligación de retirar la quinta parte antes de cumplir las promesas incluso religiosas: “…y si alguna cosa dieren por amor de Dios, non den dende quinto…”[5]? Entendamos que antes de acudir a filas algunos pudieron hacer promesas a Dios…, y después, al volver, se sentirían obligados a responder con sus limosnas. Cada uno comprometió la advocación del santo de su aldea y el templo en que se va a venerar, por eso y para eso ofreció sufragios si volvía con bien…, así podemos entender que una parte del botín lo destinarían a ese templo.

Pero tampoco hemos de olvidar que los monasterios y la capital de la diócesis prestaban la sabiduría de sus obras, arquitectura y trabajos, ya que eran el centro de los oficios y profesiones necesarias para la edificación de la catedral.

Los peregrinos y mendicantes de aquella época también llevaban y traían leyendas y costumbres. Los albañiles y picapedreros formaban parte de estas comitivas itinerantes en busca de trabajo.

Cuando expongamos la relación de las parroquias que podían mantener a un sacerdote -año 1353- aparecerá de nuevo esta problemática de la edificación.

[1] Pueblo de la Aquitania que entonces pertenecía al reino de Aragón.

[2] “Historia de la diócesis de Sigüenza” Madrid 1910.

[3] Catedral tiene la misma raíz latina que cátedra y se edificaba para que en ella el obispo predicara, en definitiva enseñara. Por eso en ella se comenzaron las escuelas de teología. Además se pensaban como edificios duraderos, eternos casi, como el Dios de quien se predicaba.

[4] Antonio Herrera Casado: “Molina de Aragón: veinte siglos de historia” “…Por parte de estas gentes, que llegaron a Castilla acompañados de su corte, sus sabios y sus clérigos, entró en nuestra tierra un soplo cultural de nuevo corte que cuajaría aquí en formas varias. El arte románico seguntino y molinés, de clara ascendencia gala; fundaciones de monasterios, de cabildos, etc. Así los cuatro primeros obispos de Sigüenza fueron franceses, aquitanos y narboneses por más señas. Y francos los canónigos regulares de San Agustín que se establecieron en Buenafuente, en el Campillo de Zaorejas, en la Hoz de Corduente, en Sigüenza, en Atienza y en Albendiego. Murió don Manrique en 1164, haciendo la campaña de Huete: junto a Garcí-Naharro, en un cruel enfrentamiento con su secular enemigo, el jefe de la familia de los Castro” (Pág 52).

[5] Fueros Capítulo 11 cédula 19ª.

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