Historia de Molina de Aragón

77º Agricultores y ganaderos

Los ganaderos y los agricultores siempre tuvieron problemas entre sí. Los pastores, aunque se preocupaban de que el morro de las ovejas, libre y desconocedor de propiedades, no mordiese hierba de sembrado, no siempre podían evitarlo. Y los labradores, aun siendo también ganaderos, no aceptaban que los rebaños comiesen sus sembrados.

Para evitar esta situación, lo primero era poder identificar a las ovejas. Por eso: “Todos los pastores de Molina den a sus sennores las pelleias con sennal de fierro et el que non lo fiziere peche sesenta sueldos. Esso mismo el sennor que recibiere pelleios sin sennal de fierro peche sesenta sueldos”[1] Quien no marcaba a sus ovejas, incluso si las compraba sin señal, por ambas cosas eran multados. Con estas marcas todos los ganaderos sabían a quién pertenecía el ganado. En nuestras tierras esta herramienta usada para señalar al ganado la llamábamos “almera”, y el engrudo caliente en que se untaba el símbolo de la almera era la pez[2]. Se apunta a los pastores la obligación de almerar a las ovejas, y que los hierros con el signo pertenecieran a los ganaderos.

Se confirma en esta cédula el pago de impuestos y de rentas: “… den a sus sennores las pelleias con sennal de fierro…” Incluso al dueño que ecaptaba las rentas si la aceptaba sin señal sería multado. La Mesta y sus leyes de marcaje para saber de quién eran las reses en caso de mezclarse aparecen bien claras.

Los daños causados por los ganados se habían de valorar y vemos cómo distinguían según estuvieran de crecidos los sembrados: “Todo danno de mies que fuere fecho fasta en março, diez oueias pechen almut. Buey et puerco et qualquiere otra bestia, peche quartiella. De março arriba, cinco oueias pechen almud. Buey o puer­co o otra bestia, peche almud. Et fasta a la fiesta de Sant Cibrián, sean cogidas estas calonnas et dende adelante non respondan”[3] El catorce de septiembre es san Cebrián y queda libre el pasto en los campos hasta marzo que comienzan a tomar fuerza las sementeras. Según el número de cabezas se pagará una multa distinta: un almud de cada diez; y según la época se dobla la multa: un almud de cada cinco; o desaparece: después de la recolección.

No solo había rebaños de ovejas, según los prados y dehesas también de bueyes y piaras de puercos, incluso de otras bestias: de burros y mulos, no hemos de olvidar el traslado de mercancías a lomos de mulos o de asnos, o de otros materiales, por ejemplo de construcción: recuas de mulos conducidas por recueros y burreros con burros.

Pero aún se especifica más la multa: “Passados nueue días de la fiesta de Sant Iohan, qui fa­llare ganado en su término entre las miesses, tome cinco carne­ros de la grey et fasta en diez tome vno; et quien lo mamparare, dóblelos”[4] En san Juan comienzan a madurar y el destrozo es mayor, por eso se aumentan las multas y si los metiera y dejara (mamparare) dentro de la finca pague el doble.

Los pastores, buscando justificación, se quejaban de que no sabían cuándo los campos estaban sembrados y cuándo no, y por eso se legisla: “Quien prado touiere, téngalo cerrado a fuero de Molina; los vezinos de la uilla con moiones; los omnes de las aldeas, de palo seto o de valladar o de tapia. Et el que así fuere cerrado, sea uedado por todo el anno et aya calonia de trigo conmo dicho es”[5] Los prados que se quieran hacer respetar serán cerrados con vallas de palos o de piedra, para distinguirlos de los señalados con mojones. En las aldeas se señalan de una de de estas maneras: con ramaje[6], vallas o palos entrecruzados, con cualquier cosa que impida el paso o con paredes. Recordad las fincas o pedazos (piazos) convertidos en cerradas, éstas se daban en el monte cuando quedaban aisladas de otros sembrados, porque la peligrosidad era mayor…

¿Desde cuándo los pueblos están rodeados de pequeños huertos? Podría ser que los antiguos pobladores ya los trabajaran, pero ahora al legislar, tomamos realidad de su existencia: “Quien ouiere huerto o uiña o prado o alguna heredat en la frontera del exido de la villa o del aldea et non los cerrare de tapia o de valladar o de seto que aya cinco palmos en alto, non aya calonnia”[7] Entiendo que los ganaderos se quejaran de los propietarios que tenían huerto a la salida de la villa o de la aldea, y pidieran que no los multaran ya que los tenían abiertamente expuestos y era desidia de los dueños. Era la entrada obligada a las parideras del pueblo. Por eso se estipuló que para una adecuada defensa se vallaran con paredes o palos de cinco palmos de altura.

Aún así, sobre todo las cabras que brincaban por las paredes, entraban a comer el lechuguino o lo que tuvieran sembrado, y legisló el fuero: “Quien entrare en huerto ageno, peche cinco sueldos. Si entrare por paret o por valadar o abriere la puerta peche se­senta sueldos; si non pudiere firmar, jure con cinco”[8]

Aunque lo acomodo también a los pastores, esta cédula se centra más en las personas que invaden la propiedad ajena y las multas que conlleva, dado el deseo de apropiarse de lo ajeno.

“Ninguna bestia sarnosa non pazca en la defesa et si paciendo la fallaren peche sesenta sueldos”[9] La sanidad del ganado estaba exigida.

“Quien matare paloma agena, peche cinco sueldos, si non fuere en su sembrada o en su huerto, et que la mate con su mano o con fonda”[10] Pienso en los palomares que abundaban en nuestros pueblos, incluso en parajes que detentan estos nombres, y veo que la colombofilia y la cría de palomas formaba parte de la mensajería y de la alimentación entonces y después.

[1] Fueros Capítulo 28 encabezamiento y cédula 1ª.

[2] DRAE. Pez en segunda acepción: Sustancia resinosa, sólida, lustrosa, quebradiza y de color pardo amarillento, que se obtiene echando en agua fría el residuo que deja la trementina al acabar de sacarle el aguarrás.

[3] Fueros Capítulo 29 cédula 2ª.

[4] Fueros Capítulo 28 cédula 13ª.

[5] Fueros Capítulo 28 cédula 3ª.

[6] Los piazos sembrados fuera de pago o añada (en las tierras que se dejaban de descanso), se indicaban colocando ramas de sabina o encina a distancias prudenciales para que los pastores las vieran.

[7] Fueros Capítulo 28 cédula 4ª.

[8] Fueros Capítulo 28 cédula 6ª.

[9] Fueros Capítulo 28 cédula 10ª.

[10] Fueros Capítulo 26 cédula 10ª.

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Histotia de Molina de Aragón

76º Denunciantes y testigos

“En Molina non responda ningún omne por ninguna cosa sin querelloso”[1]

Nadie será llevado a juicio, ni será tenido por malhechor si no hay quien lo denuncie. Lo que las lenguas hablan no entra en litigio, sí cuando alguien las que delata.

“Quien se allamare a la carta sea judgado por la carta, et si non fuere en carta, judguen aquello los alcaldes con arbitrio de omnes buenos del conceio”[2]

Las normas por las que han de regirse en todo juicio serán las de la “carta”: el fuero; no solo el que  denuncie sino cualquiera otro ha de concocer la “carta” y a ella supeditarse, y si el delito no estuviese recogido en la leyes, una vez formalizada la acusación, será juzgado por los alcaldes según criterio de los hombres buenos del concejo, aquí no especifica número. Ya dije que se entendía que la rectitud de la persona aparecería en sus juicios, me refiero a los alcaldes y hombres buenos, la ecuanimidad en sus juicios y la integridad en sus decisiones.

“Si algunos mataren pariente et non dieren querella fasta vn anno, después de vn anno nol respondan”[3] Incluso en caso de asesinato, se habla de la familia de ese “pariente”; bien sea que por guardar el duelo o por otra causa, si se retrasasen en la denuncia hasta que pasase un año no sería válida la acusación: “nol respondan”

“Todo omne que querella ouiere en Molina, uno de otro, et non quisiere dar o recibir derecho sobre aquella querella fasta nueue días et otra vegada fasta otros nueue días, sea en coto de mille maravedíes, et después de nueue días, salga de Molina por encar­tado[4] del conceio et por enemigo daquel de quien non quiso dar derecho nin recebir et de sus parientes; sobre esto, peche cient maravedíes en coto, et los parientes del encartado saluden en conceio a los querellosos por los quales salió el encartado et el que non quisiere saludar, esso mismo salga por encartado”[5]

Cuando el denunciado no admite la denuncia ni acepta el juicio con defensor (recibir derecho), si persiste durante nueve días y de nuevo lo rechaza en otros nueve días, pague una tasa de mil maravedíes. Y, tras otros nueve días de prórroga para aceptar el juicio, se le expulsará de Molina como encausado y culpable, y quedará como enemigo de quien lo acusó, de sus parientes y de quienes no quiso recibir derecho, es decir defensa.

“….sobre esto, peche cient maravedíes en coto…” Además de ser expulsado ha de pagar otra multa de cien maravedíes.

El acusador, entonces, queda libre de toda sospecha y por tanto los familiares del acusado no le deben guardar rencor y deben ponerse a bien con él, y si no quisieren saludarlo, es decir si guardasen rencor al denunciante, ellos también deben abandonar e irse de la ciudad con el mismo baldón: encausados.

“Qualquiere de Molina o de su término matare aquel en­cartado, non peche por ello calonnia nin salga por ello enemigo, et los parientes del muerto saluden en conceio al que mató al encartado; et qui non lo quisiere saludar, esso mismo salga de Molina por encartado”[6]

El asesino de aquell reo (encartado), (esta cédula continúa a la anterior) queda sin penalizar. Los familiares del muerto (del encartado) deben saludar al asesino sin rencor, y si los familiares del muerto no les dirigieren la palabra se les destierra.

“Todo omne a quien fiador de saluo[7] demandudieren et non lo quisieren dar salga por encartado, et si fiador de saluo diere, tal sea que aya en valías cient maravedíes, et si se quisiere sallir de aquella fiaduría, aquél que dio el fiador métanlo en la prisión en casa del juez fasta que de otro fiador”[8]

Para librarse de las penas debían buscar a alguien que respondiese por ellos y que pagase la fianza, éste para salir fiador debería poseer al menos cien maravedíes. Si no encontraba fiador o nadie quería ser su aval o valido, es decir que respondiera por él, seguiría como reo y lo recluirían hasta que encontrara a quien respondiese por él.

“El que testimoniare al encartado de aquellos que agora son encartados o fueron en ante con dos alcaldes o con dos pes­quisidores, aquel en la qual casa fuere testimoniado, peche cient maravedíes”[9]

Quien da testimonio a favor de un recalcitrante -bien que repitiera el delito o que ya fuese encartado ante dos alcaldes o dos pesquisidores- por dar testimonio en su propia casa, se multará con cien maravedíes. (Es como si dentro de la casa se diese testimonio para ocultarlo)

“Quien mentira jurare o falso testimoniare, peche doblado al querelloso todo aquello porque juró o testimonió et trenta mencales al muro”[10]

También pueden ser testigos mentirosos o falsos, se les multa doblando el castigo y además con treinta mencales.

“Qui saliere de Molina por enemigo o ya ante auie salido por muerte de omne, si fuere testimoniado o prouado en casa de alguno, así conmo de suso dicho es, peche cient maravedíes aquel en la casa del qual fuere testimoniado. Et si aquel sennor et si aquel sennor (sic) de la casa do fue testimuniado que era el encartado o enemigo dixiere que él non sabíe que era en su casa, non aya por ello pena; después jure con dos uezinos de­recheros que non era sabidor que en su casa fuesse, non peche por ello ninguna calonna”[11]

En esta cédula se aclara lo del testimonio en la casa. Se trata de quien esconde al delincuente en su casa, o simplemente le dé refugio, el dueño de la casa que lo acoja debe pagar una multa. Si demuestra desconocimiento de que se ocultó queda absuelto de la multa pero debe jurar, apoyado por diez vecinos, su ignorancia.

Y si se opusiera a que buscaran en la casa, debe pagar multa: “El que non quisiere dar sus casas a escodrinnar a estos omnes de suso escriptos por los encartados o por los enemigos, peche en coto peche (sic) cient maravedíes…”[12]

En estas cédulas siguen presentando detalles que nada digno de mención añaden ni lo varían.

“Quien bozero fuere de juyzio que fuere sobre diez mencales et testigos diere, jure el abogado que uerdaderos son et passen; si non jurare, non passen”[13]

Por fin oímos hablar expresamente con la palabra abogado (bocero). Los testigos que presente para la defensa, el mismo abogado los debe presentar como buenos y además bajo juramento, de otra manera no serían aceptados. Además se da un valor al delito, de diez mencales para arriba, si no quedarían sin abogado o no necesitaría testigos o no le harían jurar. Es un poco extraño ya que deberían ser los testigos quienes deberían jurar que dirían verdad, según nuestra mentalidad, pero entonces el vocero debía jurar por la honradez de los testigos.

“Vezino de Molina non tenga boz si non la suya propria o de orane que comiere su pan. El juez et los alcaldes den vn omne bueno ad aquel que non sopiere tener su boz a la puerta del juez o en la cámara”[14]

Él mismo se debe defender, o alguien de su cercanía. Y si no tuviese abogado ni su propia voz ni la de alguien que vive en su casa, o no sabrían valerse, le pondrán un abogado que lo defienda.

El reparto de las multas o caloñas.

“…Et el juez et los alcaldes coxgan aquella calonna et el querelloso aya la quarta parta”[15]

Quien denuncia tiene su recompensa. Tal vez para evitar policías, se incentiva a las gentes para que entre ellos se vigilen y anden prestos a denunciarse. Da la impresión de que vivían como en un estado de desconfianza mutua, en cuanto salían de la familia o de la etnia estaban expuestos a todo. Hemos visto que se habla de fiadores, avales y testigos, pero los denunciantes son los únicos que se lucran. Concretamente con la cuarta parte de la multa impuesta.

“Quien mentira jurare o falso testimoniare, peche doblado al querelloso todo aquello porque juró o testimonió et trenta mencales al muro. Et quien pesquisas ouiere, delas ante que reciba las juras”[16]

Seguimos viendo que el denunciante siempre recibe un beneficio por su denuncia, incluso cuando el denunciado miente, es a él a quien aprovecha.

“Et destas et de todas las otras calonnas recebida primeramente la séptima parte para el juez, et fagan de lo al quatro partes, et de las quatro partes, la primera den al conde; la segunda al querelloso; la tercera a los alcaldes; la quarta al conceio”[17]

En esta cédula se hace una distribución distinta a aquélla que hemos visto anteriormente, tal vez por ser ya en juicios generalizados entran más a repartir. Primero al juez corresponden la séptima parte, y del resto al denunciante le correspondo lo mismo que al conde, al concejo y a los alcaldes.

“El que fiziere fuerça en casa agena echenle las suyas en tierra et si non ouiere casas, el que la fuerça fizo, peche el doblo al querelloso, tanto quanto las casas del forçado ualen…”[18]

Esta cédula se entiende por sí misma. Sólo apuntar que todo el que hiciere fuerza para refugiarse, forzare dentro de casa ajena, pague el doble en compensación o pena.

[1] Fueros Capítulo 22 encabezamiento.

[2] Fueros Capítulo 22 cédua 6ª.

[3] Fueros Capítulo 22 cédula 3ª.

[4] Procesado, encausado. Drae: Sujeto a un proceso, especialmente penal.

[5] Fueros Capítulo 18 encabezamiento.

[6] Fueros Capítulo 18 cédua 1ª.

[7] RAE. Fiador de salvo = m. Antiguamente, el que se daban los que tenían enemistad o estaban desafiados; y esta fianza producía el mismo efecto que la tregua.

[8] Fueros Capítulo 17 encabezamiento.

[9] Fueros Capítulo 18 cédula 2ª.

[10] Fueros Capítulo 28 cédula 12ª.

[11] Fueros Capítulo 18 cédula 3ª.

[12] Fueros Capítulo 18 cédula 5ª.

[13] Fueros capítulo 21 cédula 6ª.

[14] Fueros Capítulo 11 cédula 29ª.

[15] Fueros Capítulo 3 cédula 3ª.

[16] Fueros Capítulo 28 cédula 22ª.

[17] Fueros capítulo 23 cédula 10ª.

[18] Fueros Capítulo 11 cédula 13ª .

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Historia de Molina de Aragón

75º Grupos enemistados

“Todo omne que fiziere en Molina corral por vando[1] contra otro vando peche dozientos maravedíes; et si negare, jure con doze. Por muerte de omne, nin por ferida, nin por lancada, non salgan con armas; el que lo fiziere, peche cient maravedíes”[2]

De cuántos lugares procederían los pobladores que ocuparon nuestras tierras ni cómo ocuparían los barrios de Molina o las aldeas, no lo sabemos, pero por esta cédula se desprende que formarían grupos por familias, por barrios o por aldeas (corral) con enfrentamientos y que se pelearían (vando contra vando). No sé si cabe hacer parangón de aquellos grupos enemistados (corral) entre barrios o pueblos, (situación que conocimos en el siglo pasado cuando estaban habitados) pero bueno por lo que se desprende sí que ocurría y había que evitarlo poniendo multas. Esto señala las enemistades por procedencia (etnias o familias), por posesión de tierras o por denuncias de los ganados que aprovechaban el herbaje del término vecino (entre aldeas). Podríamos deducir también las enemistades de unas aldeas con otras por territorios más extensos o más productivos. Y también por ideas…

Queda prohibido ser cabecilla y arroparse de gentes que a su mando se enfrentan contra otro grupo pague la milta de 200 maravedís. Y si se negase busque doce fiadores ante quienes jure.

En la misma cédula, para prevenir consecuencias de estos enfrentamientos se prohíbe llevar armas porque así no habría muertes ni heridos, y si alguno la llevase, (principalmente se denuncia la lanza), pague una multa de cien maravedíes.

“Quien viniere en bando e hiriere doble todas las calonnas. Si negare jure con veinticuatro”[3] Otra disposición para quien en bandería o pandilla, escudándose en ella, hiriere a otro pagará el doble de multa es decir doscientos maravedíes. Y para probar su inocencia tiene que jurar por veinticuatro o que veinticuatro personas salgan fiadoras de él. Esto indica la dificultad de que alcance ese número de personas, como fiadoras, aunque pertenezcan a  una banda.

“Por buelta[4] sabida onde puede crecer mal en la villa los alcaldes tomen de cada parte quatro parientes, et de aquellos, den sobreleuadores de coto[5]; et de aquella parte que non los qui­sieren dar, sean en coto de mille maravedíes et pechen la calonna que fizieron”[6]

Y seguimos con estos posibles enfrentamientos, se recomienda a los alcaldes que citen a los parientes, a cuatro, y ellos se ocupen de evitarlo y se comprometan a pagar las tasas correspondientes si no lo evitan. Y si no quisieren comprometerse aumenten las tasas a mil maravedíes además de la caloña, es decir además de la multa prevista, los mil maravedíes. La más cara multa.

“Quien sobreleuador de coto fuere en el conceio se salga seyendo amas las partes en conceio manifiestas”[7]

El que se responsabilice que acuda al concejo y apure hasta conseguir que ambas partes se aclaren y por tanto desaparezca la pugna.

“En buelta que aquaeciere en la villa, otorguen dos alcaldes jurados o juez et alcalde”[8] La riña que suceda dentro de Molina (la villa) la solucionen o juzguen dos alcaldes, es de suponer que uno por cada parte y si no el juez y el alcalde.

Los pobladores que acudieron en esta época provenían de distintos lugares de la península. Unos de los reinos del norte, incluso de allende los pirineos y otros que se reintegraron de la zona árabe, aquéllos con su afán bélico y de ocupación, mientras éstos con el deseo de reencontrar el pequeño idilio cristiano que en su mente albergaban. El choque de unos y otros es fácil de detectar y también que procuraran reunirse en zonas del señorío o en barrios de la ciudad. Esta colonización pido crear un ambiente de enemistades con el vecino, con el habitante de aldea o de barrio y crear grupos y bandos rivales.

Más difícil es interpretar estos grupos como formados por judíos o por moros para defenderse de los cristianos.

[1] Drae. Bando. (Quizá del gót. bandwō ‘signo, bandera’). m. Facción, partido, parcialidad.

[2] Fueros Capítulo 16 encabezamiento.

[3] Fueros Capítulo 22 cédula 13ª.

[4] Drae. Acepción 29, f. ant. Riña, alboroto.

[5] Drae. (Del lat. cautus, defendido). 1. m. Terreno acotado. 2. m. Mojón que se pone para señalar la división de los términos o de las heredades, y especialmente el de piedra sin labrar. 3. m. Población de una o más parroquias sitas en territorio de señorío. 4. m. Término, límite. 5. m. ant. Mandato, precepto. Y también (Del lat. quotus). 1. m. Postura, tasa.

[6] Fueros Capítulo 16 cédula 1ª.

[7] Fueros Capítulo 16 cédula 2ª.

[8] Fueros Capítulo 16 cédula 3ª.

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Historia de Molina de Aragón

74º Sobre las penas y castigos

Tres cosas importantes a tener en cuenta: Primera, la ley era la ley de la iglesia, o sea los mandamientos, y después los fueros, incluso se predicaba como si emanasen de la enseñanza divina y por tanto su incumplimiento se consideraba también pecado.[1]

Segunda, los castigos y las penas son básicamente vindicativos, la persona y el delito se confunden[2]. Un poco abusando de esta explicación, ya que no se dieron en Molina, está la quema de herejes, cuanto más sufría el cuerpo más se reparaba el pecado. Por eso digo que la venganza y la infracción estaban íntimamente ligadas con la persona. Ley del Talión. No solamente se penalizan los delitos, sino que también se juzga a las personas en función de ese delito que se mezcla con la culpa, la culpa siempre es inherente a la persona.

Tercera: el derecho va unido al desarrollo de la sociedad, es decir que cuando aparecen los delitos se crean las leyes para atajarlos. En la sociedad que acaba de comenzar con las repoblaciones y la captación de bienes, desde el robo al asesinato por conseguir pisesiones o proteger darán un amplio repertorio de normas. Por eso el cúmulo de penas por sospechas, desconfianzas, injurias, apropiaciones, heridas, etc., también deben tener cabida en la legislación penal.

El fuero, no es solamente norma, sino que ha de responder a la realidad. Ha de recoger y mencionar cuantos delitos surjan en esa sociedad y poner el remedio o la forma de evitarlos. Esta última es una idea moderna, la de evitarlos, entonces el castigo había de ser duro y terrible por el sentido vindicativo y por convertir la persona en su delito. Tal vez el miedo a este descarnado castigo retrajera de cometerlo.

“Todo omne que omne matare peche dozientos maravedíes…”[3] Después de todo el fuero no es tan fiero, con doscientos maravedíes de penalización solventa los asesinatos.

“Todo omne que omne matare peche dozientos maravedíes et si negare, los parientes del muerto con nombren los feridores et los matadores fasta en cinco et párense en az de cinco a uno, et por vno non caya más de aquel aya su derecho. Et si a tuerto lo connombrare pierda su derecho et peche el omezilio. Esto sea en pesquisa de los alcaldes et del juez. Maguera sea que pesquerir non lo pudieren, atiendan que uenga el conde et el conde faga la pesquisa”[4] Amplía la situación y establece la manera de saber quién cometió el asesinato en caso de desconocimiento y de que el homicida negare la autoría. Nombrarán hasta cinco posibles autores y se enumerarán las causas por las que se cometió y si ni aún así se aclaran, entran el juez, los alcaldes y los pesquisidores y si ni aún con esto, sea el conde quien decida.

“Si alguno mataren pariente et non dieren querella fasta vn anno después de vn anno nol respondan”[5] El límite de tiempo para la denuncia del asesinato queda establecida en un año. Es decir prescribe el asesinato al año si no ha habido acusación. Se puede entender un asesinato entre parientes y por so se retarda la acusación. Pero entre líneas puede verse el problema de las herencias, por qué otra causa si no se matarían entre hermanos.

“Todo omne que colgado o muerto fuere por justicia o por culpa que fizo peche todas las calonnas.”[6] Pagará por todo. El castigo de morir no le evita pagar todo otro tipo de sanciones.

“Todo vezino de Molina que matare omne et fuere preso et non ouiere donde peche sus calonnas, préndale et métanle en el cepo[7] fasta tres nueue días et después tírenle el pan et el uino et dende adelante siquiere muera siquiere biua”[8] Aún peor que la muerte, éste dejar morir lentamente, por no tener dinero con el que pagar las multas. En otra cédula se indica los mismo, “…métanlo en el cepo de conceio[9] et non salga dende fasta que muera o peche los cient maravedíes”[10]

“Todo omne que non fuere de Molina et a omne de Molina matare o firiere con armas et fuere preso en villa o en aldeas ninguno nol defienda nin aún la Yglesia, mas sea justiciado”[11]

El mismo caso de asesinato, pero esta vez el asesino es extranjero, no es de tierras de Molina, será ajusticiado.

Hasta ahora hemos leído que se condenan a pagar multas. En caso de que no tengan con qué pagar se les somete al castigo ya dicho. Pero no a muerte. La pena de muerte casi ni se contempla. ¿Por qué? tal vez por la necesidad de gente que viva y que procree.

La iglesia se toma como un valor defensivo privilegiado en los enjuiciamientos, por eso se impide su protección, y tal vez al legislar esta prohibición se esté confirmando la existencia del derecho de asilo en alguna de ellas. Pero si el muerto es de Molina no se respetara ese derecho de asilo.

¿Pero y el conde o señor de Molina? En última instancia se debía recurrir a él y él tendría la última palabra. “Queremos que los omnes de la uilla non ayan poderío de mandar nin de dar a ningún omne fueras al conde o al señor”[12] Aparte del conde nadie más tiene poder de mandar si no es por delegación del Conde o del Señor que en ese momento posea el Señorío. También acabamos de leer: “…atiendan que uenga el conde et el conde faga la pesquisa”[13] Esperen la llegada del conde para que él decida.

“Todas calonnas que por juyzio fueren vencidas, sean cogi­das según su poderío, ayudando a ellos el conceio con ayuda del conde et non sean perdonadas. Et quien dixiere en conceio sean perdonadas o perdonémollas, peche sesenta sueldos”[14] Las multas que se impongan en un juicio serán tomadas como emitidas por el concejo y por el Conde y no se perdonarán.

“Qui se alçare al conde, si el juycio fuere sobre diez mencales, vaya al conde; de diez mencales ayuso, non uayan, mas reciban juyzio de Molina”[15] Según el alcance económico del juicio sólo el conde puede determinar la sentencia, es decir liberar al reo si acude a él o decidir en última instancia. Se limita la posibilidad de recurrir al conde. No es al rey a quien se debe acudir sino al Conde.

Con estos artículos basta para explicar la postura ante los asesinos y los condenados a muerte…

Después están todas las anomalías que acompañan a esta ley: sobre los testigos, los familiares, quienes se hacen fiadores, si ocurrió entre mojones, si alguien oculta al culpable, etc.

Incluso se legisla que si una bestia matare a un hombre quede exculpada. “Si alguna bestia matare a omne, nin casa, nin molino, nin pozo, nin agua, nin paret, non aya omezilio nin pague calonna”[16]

“El ladrón que por furto fuere preso, sea condempnado”[17] Del ladrón se dice esto, después se hablará de testigos, etc.

Y de quienes se preparan y portan arma para cometer un delito esto otro: “Quien sacare cuchiello o espada o porra o azcona o piedra o fuste o alguna arma uedada por ferir, peche veynt maravedíes; et si non ouiere donde los peche, córtenle el punno[18]; et si negare et non gelo pudieren firmar, jure con doze”[19]

Se legisla sobre el valor, compensación, de determinadas heridas recibidas en las riñas: “Todo omne que desquilare a otro por fuerça, peche cinquenta maravedíes.

“El que quemare a otro en la fruent, peche cient maravedíes.

“El que taiare las narices[20] a otro, peche dozientos maravedíes.

“El que rostros algunos taiare, peche dozientos maravedíes.

“Quien las oreias a alguno taiare, por cada vna oreia peche cient maravedíes.

“Quien el oio o el pie o la mano de alguno tirare ol tirare, ol quebrare, peche dozientos maravedíes.

“El que taiare ol tirare los coiones a alguno, peche dozientos maravedíes.

“Por el pulgar, cient maravedíes.

“Por qualquiere de los otros dedos, cient [maravedíes].

“El que quebrare vno de los quatro dientes principales, peche cient mencales. Et por qualquiere de los otros dientes, peche cinquenta maravedíes”[21]

Además están también las palabras insultantes: “Estas son las palauras que por fuero et por derecho son uedadas, es a saber que son éstas que se siguen: Gafo, Cornudo, hombre de sodomítico, que quiere dezir herege, Tornadizo, Puta. Et de todos estos nonbres si negare el que fuere acusado que lo dixo, jure con doze o peche diez maravedíes.”[22]

Con esto basta para entender cómo estaban de advertidos aquellos hombres que empezaban a recomponer sus posesiones, casas y aldeas en la repoblación. La convivencia negativa y la delineación de mojones quedan así expresadas.

El reparto de las multas queda establecido como sigue:

“Et destas et de todas las otras calonnas, recebida primeramente la séptima parte para el juez, et fagan de lo al quatro partes, et de las quatro partes, la primera den al conde; la segunda al querelloso; la tercera a los alcaldes; la quarta al conceio”[23]

No necesita explicación ni interpretación, queda claro que incluso el denunciante es recompensado.

[1] Hoy, nuestros obispos, consideran pecado elegir nacionalidad, por ejemplo. Y siguen considerando que su doctrina está por encima de la legislación, obligando a esa doctrina a todos los ciudadanos sin distinción, y estableciéndose como jueces de cualquier acto legal o ilegal si es contra sus principios.

[2] Como en la iglesia, el pecado y la persona son la misma cosa, perdonado el pecado la persona queda libre de toda culpa; solo le queda cumplir la penitencia.

[3] Fueros Capítulo 24 encabezamiento.

[4] Fueros Capítulo 24 encabezamiento.

[5] Fueros Capítulo 22 cédula 3ª.

[6] Fueros Capítulo 21 cédula 1ª.

[7] Sancho Izquierdo “La pena de prisión también aparece establecida en el Fuero de Molina; pero más que como tal pena, como correctivo para que cumpla el reo aquella que se le impuso… Nunca admite el Fuero la computación de los días de prisión como abono, en equivalente de otra pena pecuniaria. Y así se establece, generalmente el plazo de las tres novenas pasado el cual, hay que deshacerse del preso <tírenle el pan et el vino el dende adelante si quiere muera siquiere viva>” (pág 253).

[8] Fueros Capítulo 24 cédula 3ª.

[9] Aquí se especifica con más exactitud dónde está el calabozo o quién lo atiende, y es el concejo.

[10] Fueros Capítulo 18 cédula 4ª. Vease capítulo 78º De la pena de muerte.

[11] Fueros Capítulo 24 cédula 4ª.

[12] Fueron Capítulo 5 cédula 2ª.

[13] Fueros Capítulo 24 encabezamiento.

[14] Fueros Capítulo 12 cédula 2ª.

[15] Fueros Capítulo 21 cédula 3ª.

[16] Fueros Capítulo 24 cédula 5ª.

[17] Fueros Capítulo 21 encabezado.

[18] Sancho Izquierdo “… (No) muestra gran prolijidad en ciertas mutilaciones que, en concepto de pena, se ejecutaban, cortando determinados miembros. Sólo un caso hay en éste de Molina” Caso que como vemos es éste de cortar el puño.

[19] Fueros Capítulo 22 cédula 11ª.

[20] Un acto humillante, de máxima gravedad era el cortar la nariz. Era frecuenrte qye en  las incursiones a pueblos enemigos una vez conseguida la vistoria desnarigasen a los superviventes vencidos.

[21] Fueros Capítulo 23 del encabezamiento a la cédula 9ª.

[22] Fueros Capítulo 20 encabezamiento. Vease 77º Desafíos, palabras prohibidas y robos.

[23] Fueros Capítulo 23 cédula 10ª.

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73º Las sesmas

Ya han sido varias las veces que he hecho referencia a las sesmas, unas al hablar de las colaciones y otras al hablar de los andadores, es por tanto el momento de dedicarles unas palabras[1].

Hemos visto que las inscripciones de posesión de nuevas tierras y cualquier otra anomalía como ventas, cambios o herencias, se hacían en las colaciones. Aunque el lugar de la inscripción era libre, las colaciones respondían a las distintas circunscripciones (distritos para el lenguaje actual) o parroquias de Molina. De ello es fácil deducir que los pobladores de las aldeas, por cercanía a las distintas entradas a la ciudad, acudirían a una u otra para inscribir sus fincas, o a cobrarlas y robrarlas (rubricarlas) en caso de transacciones. ¿Nacerían de aquí las sesmas según los lugares de procedencia para notificar las fincas?

Es fácil que ocurriera así. Como hemos visto, cuando hablo de colaciones las entiendo como distritos o sesmas.

Vimos en los fueros, que los caballeros y vecinos de Molina y los caballeros aldeanos que se instalaran en Molina no pagaban impuestos. Hablando de portazgos los vecinos de Molina estaban libres de pagarlos. Los aldeanos sí sufrían estos gravámenes[2].

Como hemos visto en el fuero de pago de portazgos, algunos tiraban las mercancías, pero las aldeas se abstenían de denunciarlos, y aparecieron vecinos que proclamaban que el mercader no huyó sino que no lo detuvieron los responsables, y juraban con cinco (hombres buenos o responsables): “…et el aldea que oyere el apellido et non salliere en pues del, peche el aldea lo que se perdiere. Et si el mercador dixiere que non salieron en pues del, jure el aldea con cinco”[3]

Hemos visto también que el montazgo se repartía entre el palacio y el concejo de Molina. Esto, claro, es otra actuación del concejo queriendo apoderarse del uso de los montes, aunque fuera privilegio concedido para ellos. “Montatgo de todo término de Molina sea la meatat de pa­lacio et la otra meatat del conceio de Molina”[4]

La privilegiada Molina era dueña de las tierras de pastos y leña que quedaban fuera de su circunscripción y esto amplió el que se sintieran capital y centro de toda actividad jurisdiccional del Señorío.

La unión de aldeas ante este abuso de exenciones se dio rápidamente.

Las aldeas se defendieron, hicieron valer que el concejo de Molina quedase fuera de esta posesión, y que fuese administrada por el concejo de las sesmas. El pastoreo y la leña pasaron a ser controlados por los sesmeros. Estos sesmeros son distintos de aquéllos que en el fuero se determinan como andadores que tenían una actividad acorde con los recaderos de leyes y acompañantes de cargos oficiales.

Los temas principales a tratar por los sesmeros eran el reparto de impuestos que correspondería a cada aldea, y la administración de las posesiones comunales usadas como pastos y leña, (de donde nació, posteriormente, la denominación de “Común de tierras” o “Tierras del común”).

Las exenciones de la villa de Molina quedaban demasiado a la vista para los aldeanos, más aún gozando del privilegio de sal.

Las aldeas además se quedaban sin las personas que más impuestos deberían pagar porque se domiciliaban en Molina para gozar de las ventajas del vecino molinés.

Esto hizo que las aldeas ya definidas por las inscripciones de las fincas en las distintas colaciones buscaran la manera de reunirse en sus colaciones. Se agruparon en cuatro demarcaciones llamadas sesmas[5], se reunían en un lugar determinado una vez al año y nombraban una persona que las representase ante el concejo de Molina.

Las ampliaciones hechas por don Alfonso y doña Blanca habla de ellos: “Los seysineros ayan por soldada en cada quenta, cada vno diez maravedíes”[6] He aquí a los sesmeros con sueldo para relacionar las sesmas entre sí y con el concejo de Molina.

Las reuniones se hacían en lugares determinados. (Ésta es una relación de los lugares modernos, no quiere decir que entonces también se reunieran en estos lugares.) Los de la sesma del campo en la ermita de la Concepción de Cillas. Los del Pedregal en La Malva de Anquela la Seca, los de la sierra debajo de un roble en la dehesa del Campillo y los del Sabinar en la ermita de la Hoz de Ventosa[7].

Aldeas que formaban las sesmas:

Sesma del campo: Algar de Mesa, Amayas, Anchuela del Campo, Campillo de Dueñas, Chilluentes, Cillas, Concha, Cubillejo de la Sierra, Cubillejo del Sitio, Embid, Establés, Fuentelsaz, Hinojosa, Labros, Milmarcos, Mochales, Pardos, Rueda de la Sierra, Tartanedo, Torrubia, Tortuera , Villel de Mesa y La Yunta. Lugar de las asambleas, la ermita de la Ascensión en el término de Cillas

Sesma del Pedregal; Aldehuela, Anchuela del Pedregal, Anquela del Pedregal, Castellar de la Muela, Castilnuevo, Chera, El Pobo de Dueñas, Hombrados, Morenilla, Novella, Otilla, El Pedregal, Pradilla, Prados Redondos, Setiles, Tordellego, Tordelpalo, Tordesilos, Torrecuadrada de Molina y Torremochuela. Lugar de asambleas en La Malva de Anquela la Seca.

Sesma del Sabinar: Aragoncillo, Baños de Tajo, Buenafuente del Sistal, Canales de Molina, Castellote, Cobeta[8], Corduente, Cuevas Labradas, Cuevas Minadas, Escalera, Fuembellida, Herrería, Lebrancón, Olmeda de Cobeta, Rillo de Gallo, Selas, Taravilla, Teroleja, Torete, Torrecilla del Pinar, Torremocha del Pinar, Valhermoso, Valsalobre, Ventosa y Villar de Cobeta. Lugar de asambleas ermita de la Virgen de la Hoz de Ventosa.

Sesma de la Sierra: Adobes, Alcoroches, Alustante, Checa, Chequilla, Megina, Motos, Orea, Peralejos de las Truchas, Pinilla de Molina, Piqueras, Terzaga, Terzaguilla, Traíd y Villanueva de las Tres Fuentes. Lugar de asambleas bajo un roble en dehesa del Campillo.

[1] Véase “La comunidad de la tierra de Molina: Claves históricas de una institución rural” Diego Sanz Martínez y Juan Carlos Esteban Lorente, Guadalajara, 2003. Y también la tesis doctoral: “Articulación adicional y estructural socioeconómica en la comarca de Molina de Aragón a lo largo de la baja edad media” María Elena Cortés Ruiz. Universidad Complutense de Madrid. Junio 2000.

[2] Sánchez Portocarrero lo expresa así: “…como los vecinos de Molina tenían esención de pechos, se quejaba el Común que los aldeanos por esa esención se hacían vecinos de Molina en la ceremonia teniendo en la villa sus mujeres e hijos, estando ellos con su haciendas y granjerías en las aldeas, gozaban de esencia en perjuicio del Común…” “Historia del… Señorío de Molina”.

[3] Fueros Capítulo 1 Cedula 2ª.

[4] Fueros Capítulo 4 Cédula 2ª.

[5] Herrera Casado, “Molina de Aragón: veinte siglos de historia”; como otros autores, hacen un estudio detallado de sesmas, quiñones etc.

[6] Fueros Ampliación de d. Alfonso y dª. Blanca, cédula 5ª.

[7] Es muy interesante lo que Diego Sánchez Portocarrero (1603-1666) escribió en su tiempo de las sesmas: “Diuidese todo el Señorio en quatro partes que llaman Sexmas nombre que parece insinuan que en su introducion se diuidia en seis, mas con la minoracion de los terminos debieron de penderse las otras dos, y ya en tiempo de Marineo Siculo no hauia mas que las quatro de oy que se nombran Campo, Sabinar, Sierra, Pedregal. Cada una destas nombra cada año un Diputado y un sexmero por votos de los Regidores de los Pueblos, y por turno de las Sexmas nombran tambien un Receptor de Propios del Comun de todos los pueblos del Señorio y otros oficios. Aunque los lugares como diximos tienen sus Regidores an(u)ales para el gouierno particular dellos, el general de todos toca al Comun que le representan los Diputados y Oficiales del, y tienen sus Juntas particulares, y una general que celebran en San Francisco el Real de Molina, donde tienen su Archiuo” Nos habla de cómo se regían y cómo y quiénes acudían a las reuniones.

[8] Aunque he encontrado Cobeta, Olmeda de Cobeta y Villar de Cobeta en esta relación de la sexma del sabinar, durante mucho tiempo formaron casa o señorío propio muy relacionado con Molina pero ajeno a la sexma del sabinar.

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72º De los portazgos

Al hablar de mercado, llegamos al pago de aduanas o portazgos para entrar a Molina en los días señalados y también al territorio molinés.

El portazgo era el pago que se realizaba por cruzar la frontera entre reinos, señoríos, monasterios, ciudades, etc.; en lenguaje moderno aduanas. Este pago tenía doble sentido, el de impuestos y el de protección en la circulación por el territorio afecto al portazgo. Con ello se conseguía que los productos territoriales no sufrieran una confrontación con los que venían de fuera y pudieran venderse a precios menos rentables. Esta protección al producto interno justificaba el cobro de portazgo, pero aún había otra razón, quizás la más convincente, alimentar los ingresos del señor, de las autoridades o de la ciudad, y por eso el capítulo primero de los fueros esté dedicado a los portazgos.

“El mercador que uiniere a Molina peche portatgo: por troxiello[1], un maravedí; por carga de cera et de olio, dos mancales[2] et por carga de cordouán et de guadamacín, vn maravedí et por toda otra cosa que carga fuere, dos mancales. Por cauallo et mulo, vn mencal; por yegua, medio mencal; por buey et asno, ocho dineros; por puerco et carnero et oueia et cabra, dos dineros”[3]

En este primer capítulo del fuero se indican los precios a pagar según la mercancía, al parecer para entrar a la ciudad de Molina en tiempos de feria. Lo significativo es la enumeración de lo que entra en Molina y allí se vende, o si se quiere, lo que se necesita y se vende en una feria: troxiello carga de grano, trigo, centeno o cebada; aceite[4] y cera, alumbrado; cordobán pieles curtidas; guadamecí cuero trabajado con repujados; luego se generaliza a otros materiales más comunes, “por toda otra cosa que carga fuere” y finalmente enumera los animales: el caballo, elemento esencial de los caballeros, mulo[5] animal de carga, yeguas para cría, bueyes y asnos para la labranza, etc. El orden y precio de impuesto indica la importancia de estos animales.

“Todo mercador que a Molina viniere et del camino non saliere et non ouiere dado portatgo et en pos del uinieren, do lo fallaren, peche su portatgo sin calonnia. Et si fuera del camino saliere, de el portatgo doblado et non aya otra calonnia. Si dixieren que fuera de la carrera lo fallaron y el negare, jure que non lo fallaron fuera carrera et non aya calonnia”[6]

Esta norma me crea una dificultad si es sólo para los que entran a Molina con mercancías, no así si es para toda la comarca, ya que habla de caminos y no de calles.

Por tanto en lo que se refiere a la ciudad la entenderé como lugar adonde se dirigen, y toda la acción ocurriría en el camino.

Por tanto deduzco que habría unos lugares determinados por los que se entraba al condado con derecho y obligación de pagar el portazgo y a quienes controlaban la entrada correspondía impedir cualquier incumplimiento. Si alguien no pagaba y seguía su camino la obligación de cobrar estaba en manos de quien lo dejaba pasar, éste debía alcanzarlo y cobrarle, si pagara sin poner objeciones no se le impone multa. Es decir si alguien entra por su buen camino y pasa de largo “sin salirse del” no es culpable, sino quien no está al tanto y no cobra; si, en cambio, camina por veredas ocultas no se puede acoger a este fuero del camino abierto y pagará doble, pero si testificase que pasó por donde debía y no lo habían cogido fuera del camino y lo jurase (convincentemente) se ahorraría la multa.

Ésta sería una manera de evitar el contrabando. Por tanto, éste se daba.

“Qui troxiello[7] tirare peche mili maravedíes et sean quemadas sus casas et la meatat de los maravedíes sean del sennor de la uilla et la otra meatat sea del conceio et de los alcaldes, et metan apellido a las aldeas et préndanlo; et el aldea que oyere el apellido et non salliere en pues del, peche el aldea lo que se perdiere. Et si el mercador dixiere que non salieron en pues del, jure el aldea con cinco”[8]

Esta norma da continuidad a la anterior y es referida a los que acuden al mercado y cometen desorden, tiren “el troxiello”[9], y además que sean conocidos[10]. Y digo esto interpretando lo que a continuación se dice: “sean quemadas sus casas”, si fuera forastero difícilmente se podría cumplir esta parte del fuero. Pero si el portazgo es un impuesto que afecta sólo a los aldeanos por entrar mercancías en la ciudad entonces sí comprendemos esta orden: “sean quemadas sus casas”. En tiempos más modernos este impuesto por entrar mercancías a las ciudades se llamó “abastos” de abastecer y se pagaba un impuesto en el llamado “fielato”[11].

Se intuye una mala voluntad en el acto de tirar que equivale a destruir, derramando por el suelo la carga, sea de grano o de líquido. Y esta postura de los habitantes de las aldeas, pequeños comerciantes o digamos mejor campesinos que acuden a vender su producto y se ven obligados a pagar portazgo mientras que el mercader molinés no lo paga… Posible consecuencia del enfado.

Hay una segunda orden en la que se ordena perseguirlo, que se mande su nombre y apellido a las aldeas y lo prendan. En caso de saber su nombre y desconocer la procedencia, todo el señorío debe saber lo ocurrido y donde esté o la aldea de donde es oriundo debe prenderlo. Las consecuencias y multas a pagar quedan claras en la cédula.

De lo expuesto podemos inferir que entre Molina y las aldeas no hay una relación excesivamente amigable, ya que se da por hecho que algunas aldeas no quieran cumplir la orden de detención del encausado. Por eso se castiga a la aldea que callare con pagar lo desparramado.

Nos encontramos con una manera de obligar, si no lo denuncias o no lo buscas, pagas.

Si el mercader se escusa del pago alegando que no lo persiguieron y lo dejaron en paz, necesita cinco testigos de la misma aldea para justificar la exoneración.

El dinero de la multa se reparte entre el señor de la villa que se lleva la mitad, y la otra mitad se divide entre el Concejo y el Alcalde.

No puedo pasar por alto que ya en aquellos momentos estaban perfectamente signados: ya tenían nombre y apellidos. La localización no creaba dificultad: “…envíen su nombre y apellido a las aldeas…”

Las aldeas conocen el privilegio de los hombres de Molina por el que no pagarán portazgo. A esto me refería cuando hablaba de la enemistad de las aldeas con Molina, éstos eran unos privilegiados en los portazgos además de haber sido exonerados de todo pago de impuestos.

Pero a su vez podemos comprobar el sentido de aldea al no querer denunciar a un vecino aldeano.

Aunque ya vimos estas cédulas las recuerdo de pasada: “Todo omne de Molina que ganado o otra cosa comprare de qualquiere tierra lo traya a Molina, non peche portatgo”[12] “Si alguno viniere a Molina con pan o vino o ollas, non peche portatgo.”[13]

Entendemos que la vigilancia de las puertas sería especialmente rigurosa en épocas de feria y mercado.

Otros impuestos nombrados, el de montazgo, impuesto que pagan los ganaderos por aprovechar los pastos y los leñadores para cortar leña, estos importes pasan mitad al Palacio y mitad al concejo de Molina. Todo queda a beneficio del concejo de Molina, y nada al concejo de los aldeanos ni de los sesmeros.

“Montatgo de todo término de Molina sea la meatat de pa­lacio et la otra meatat del conceio de Molina”[14]

[1] No he encontrado interpretación de esta palabra, y deduciendo que puede provenir de nuestro decir de siempre; troje (María Moliner, troj, troje “Lugar rodeado de paredes done se almacenan frutos, especialmente cereales” y la palabra “trox” la asimila a troj) en el Drae “Entrojar Guardar en la troj frutos, y especialmente cereales.” De ello, porque el pan es necesario y en otros capítulos se nombre quiero deducir que troxiello sea carga de cereal o de cualquier otro fruto del campo que se acarrea, aunque también pudiera ser talega o saco. Tengo el atrevimiento de proponer una etimología a troxiello, y es hacerlo derivar del verbo latino “trahere” = traer, en su conjugación el pretérito imperfecto hace “traxi” = traje, y en otras formas de la conjugación usa la raíz “trax-“, en las maneras idiomáticas erróneas de conjugar este tiempo, en mis pueblos, escuché en la primera persona “truje” y en la tercera “trujo” con frecuencia o casi siempre, por eso podría deducir “toxiello” como transporte o como carga para transporte. En el diccionario Etimológico, “Etimologías de chile.net, comenta que: “La palabra “traheré” viene de la raíz indoeuropea “tragh-“(tirar, arrastrar)…”

[2] Al no conocer el valor de mencal con respecto al maravedí, tampoco puedo hacer otras deducciones, como sería comparar precios para deducir las preferencias en el mercado.

[3] Fueros Capítulo 1 encabezamiento.

[4] El aceite era un lujo. No se utilizaba para cocinar sino para alumbrar. Si alguien cocinaba con él era por capricho. Las grasas animales eran las que se usaban para freir y para guisar.

[5] Hablé de los bueyes como animales de labranza y señalados en los fueros para indicar la riqueza de los campesinos que habían de acudir a formar parte del ejército del conde. Aquí nos habla de mulo unido al caballo, es probable que los soldados se hicieran acompañar de mulos para ir a la guerra, animales de carga, pensemos en los recueros. Después habla de buey y de asno, como si estos fueran los dedicados a las labores del campo. Las recuas de burros para el transporte por su menor altura y facilidad de carga: ladrillo, piedras, arena en serones…

[6] Fueros Capítulo 1 cédula 1ª.

[7] Volvemos por el troxiello, si por tirarlo se castiga es por el desprecio que supone al impuesto, además del desperdicio. El castigo es muy alto, lo que indica que aun siendo pequeño el impuesto, es muy grande el castigo, ello me hace volver a pensar en el cereal o en el vino, productos necesarios y por tanto privilegiados “pan, vino y ollas no peche portatgo”. Aunque no es una interpretación segura.

[8] Fueros Capítulo 1 cédula 2ª.

[9] He conocido a quien a las puertas de Molina derramó un cántaro de vino para evitar el pago del fielato. Algunos dicen que se lo bebió.

[10] Ya he usado esta cédula para indicar el compromiso amistoso de los aldeanos.

[11] Fielato era el nombre popular que recibían en España las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías, aunque su nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su función recaudatoria servían para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en las ciudades. El término fielato procede del fiel o balanza que se usaba para el peaje. (de Wiquipedia).

[12] Fueros Capítulo 2 encabezamiento.

[13] Fueros Capítulo 2 Cédula 1ª.

[14] Fueros Capítulo 4 cédula 2ª.

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71º El comercio

En la introducción hablaba del comercio como una manera de vivir más libre, y como si las normas que regían a la sociedad de alguna manera les afectara menos. Sus residencias no siempre eran de permanencia en el mismo sitio, eran viajeros y portadores de mercancías unas sobrantes de las aldeas y otras compradas en otras regiones o reinos, por eso fue necesario controlarlos con los portazgos y pontazgos. Los precios quedaban a su arbitrio, ellos sabían lo que podían y lo que querían ganar y conforme a ello tasaban. En caso de guerra ellos siempre estaban fuera del terreno bélico pero con los alimentos y el armamento dispuestos para vender y comprar.

Considerando los productos sobrantes de la tierra, vimos como aparecía el comercio: intercambio y después compraventa.

Ya hemos hablado de la ganadería como fuente de ingresos. Sus lanas y sus pieles más que su carne entraron en la lista de mercancías. La pertenencia a la Mesta daba salida a la producción de lana fina[1] y extrafina, pero la de las ovejas zurcas que usaban para los colchones, y que los pelaires y cardadores convertían en hilo para las mantas y colchas que tejían en los telares[2] caseros, y los jerséis y pedugos[3] que confeccionaban con las agujas de tejer, necesitaban una salida más pormenorizada.

Las pieles, ellos mismos las curtían, bien sin pelar para hermosear pies de camas y suavizar albardas de montar o las convenientemente peladas las convertían en zamarras o en calzado. En el vestir también las pieles curtidas con el pelo hacia el interior se consideraron buenas prendas para ataviarse, el abrigo que propiciaban era muy estimado.

Las caballerías, ganados, cerdos, gallinas… Todos los animales eran objeto de compra venta, siempre que sobraran tras el mantenimiento de la familia.

Las sogas, los lienzos finos y otros más gruesos, llamados lenzones, mantas para que las caballerías no se rozaran con los arreos, eran sacadas del cáñamo trabajado y tejido, y el lino también era elaborado finamente para vestir, se producía en las riberas de los ríos Mesa y Gallo[4]. No quiero decir que los telares para fino y para basto estuvieran en los mismos sitios donde se produce la lana o el cáñamo, pero no descarto la posibilidad[5], sino que la avalo basado en aquello de que en los pueblos todos saben usar y sacar provecho de lo que crían y producen. ¿Quién puede decir que las abuelas no sabían hacer calceta ni hilar la cera, o que los abuelos no conocían el arte de trenzar el cáñamo después de trabajarlo hasta convertirlo en madejas?

La ropa de vestir con mayor o menor esmero salía de sus conocimientos de curtir las pieles, de tejer la lana, el lino y el cáñamo. Si artistas había en la pintura, en la escultura y en la joyería, artesanos igualmente capacitados los hubo en estas actividades.

Los oficios de los menestrales en Molina, orfebres y otros, eran conocidos en el señorío y tenían su clientela. Las ferias eran el mejor lugar para exponer las mercancías. No dudo que estos molineses e incluso desde Sigüenza los artesanos expertos, sobre todo en imaginería para los templos en construcción también se dejarían ver, y no solo en las ferias, sino como vendedores ambulantes o como artistas para obrar donde fueran requeridos.

El exceso de producción agrícola sobre todo de las huertas del Gallo y del Mesa necesitaba dar salida a sus productos y acudirían a las ferias de Molina.

En Molina había una feria anual en San Miguel “…sinon vn día en el anno, es a saber, el primero mercado despues de la fiesta de Sant Migael y aquel dia en el qual todos se allegaren et non contradixiere alguno, aquello vala…[6]

Inmediatamente después de san Miguel hay un mercado general: ferias.

Fecha muy importante. Esta feria coincide con el fin y principio de temporada para convenir o renovar contratos de pastores para la trashumancia ya que habrían cumplido los del año anterior. En pocos días saldrán camino del extremo[7]. En el mundo rural el año comenzaba en san Miguel y en él acababa.

Los padres acudían con sus hijos en edad de comenzar a trabajar para buscarles amo como criados o pastores, o como aprendices para el oficial que lo necesitara. También presentaban a las hijas para que encontraran casa donde servir.

Se habla de “el primero mercado”, primer mercado, por tanto habrá otros a lo largo del año. No sabemos, no lo dice, pero habría otro al menos en fechas próximas a las labores veraniegas en que volverán los padres con hijos e hijas para buscarles contratación ya que la proximidad de las faenas de recolección necesita más mano de obra. Cuando digo esto pienso en los siervos y criados que necesitan un lugar de trabajo.

“Todo omne de Molina que ganado o otra cosa comprare de qualquiere tierra lo traya a Molina, non peche portatgo”[8] Lo que quiero señalar con esta cita es la existencia de comerciantes en tierras de Molina y que si además son de la ciudad de Molina no pagarán portazgo en su ciudad. Si compran en el exterior, es lógico que también lleven allí y vendan productos de su tierra. No solo por la ley de la permuta tan extendida, sino también por la escasez de moneda. La historia[9] nos señala la existencia de arrieros, recueros, buhoneros, etc., en estos tiempos tampoco faltarían.

“Si alguno viniere a Molina con pan o vino o ollas non peche portatgo”[10]. Este es otro fuero que libera del portazgo, para no encarecer los precios en algo tan estimado como necesario: el pan, el vino y las ollas.

Es interesante saber que en San Miguel también se renuevan los cargos administrativos y de jueces. “Qui demandare judgado o alcaldía, demándela día de domingo ante la fiesta Sant Migael depués de missa, et quien en otro día la demandudiere, nol vala”[11]

Todo por dar categoría a la festividad y a la feria.

Como ya hemos visto la vida gira en torno a san Miguel, 29 de septiembre. He hablado de  ferias y mercanías más que de mercaderes, pero todo va considerado.

[1] Lana de las ovejas que caminaban mucho, la hebra de lana era fina y no perdía el poder de adherirse a otra hebra por su tendencia a rizarse. La extrafina era la de borregas o corderas, siempre de ovejas camineras, o sea las trashumantes. Las que no caminaban y permanecían en los pastos próximos al pueblo su lana era más gruesa y, en consecuencia paños menos finos.

[2] En algunos pueblos, también los paños finos salieron de sus telares y se vendieron en las ferias. Pero este cardado e hilado era más entretenido, y en la venta de lana mejor pagada.

[3] Calcetines gruesos.

[4] Con estas aportaciones, tal vez abuse porque la información es muy tardía, de la época del catastro del marqués de la Ensenada, año 1750, pero considerando lo poco que variaban las situaciones hago referencia a ello, no como una cosa de grandes realidades, sino como una posible manera de sobrevivir con los materiales que tenían entre las manos.

[5] En1750, en las declaraciones de Mochales en el catastro de la Ensenada, denuncian varios telares, dos de paños y seis tejedores de lienzos, además de dos batanes en el río (respuestas 32 y 33). Las ventas las hacían conjuntamente enviado a dos responsables con las telas confeccionadas en la temporada a las ferias. Si esta época posterior se trabajaba así, no encuentro dificultad para que ya en aquellos tiempos tuvieran telares más o menos apropiados para confeccionar los paños en sus casas.

[6] Fueros Capítulo 5 cédula 3ª.

[7] Palabra que aún se seguía usando el siglo pasado para indicar el lugar lejano, próximo a los límites del pueblo donde colocaban el hato, fuera para pasar dos o varios días como requiriera el trabajo del campo o el pastoreo.

[8] Fueros Capítulo 2 encabezamiento.

[9] En el Catastro de la Ensenada (1750) nos cuentan que entre otros ingresos que entraban en las familias, contaban los que conseguían con sus viajes a la capital a la venta corderos o etc. Por ejemplo Hinojosa, Milmarcos…

[10] Fueros Capítulo 2 cédula 1ª.

[11] Fueros Capítulo 12 cédula 11ª.

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