Historia de Molina de Aragón

47º De los jueces (A)

Hemos hablado de los alcaldes y los hemos visto citados junto a los jueces, cosa que volverá a ocurrir en otras actividades en que se ven inmiscuidos por su designio y poder decisorio.

Veamos ahora qué se legisla directamente para los jueces.

“Todos aquellos que cauallos ouieren de veynt maravedíes en la collación et los touieren por vn anno ante y ternán sus casas pobladas en la uilla, echen suerte en el alcaldía et en el judgado et en la cauallería de la sierra…”[1]

Primeramente han de ser caballeros y además vecinos de la villa, ya hemos visto con los alcaldes las características de fechas y tiempos para presentarse, en san Miguel.

“El sennor de Molina o el merino que alguna cosa demandudiera al vezino, dé fiador al juez et aya el uezino juyzio con el fiador et non con su sennor”[2]

Cualquier demanda, denuncia o delito será el juez quien haya de dar solución, no el señor. El juez por tanto es quien tiene el poder de dirimir. Atenderá todas las demandas, aquí trata de las originadas por el señor o el merino contra cualquier vecino.

“Por muerte de omne fagan pesquisa el juez et los alcaldes et si non pudieren pesquerir, atiendan fasta que uenga el conde”[3] En caso de problema insalvable al juzgar un delito de asesinato, en última instancia se recurrirá al conde, es decir al señor de Molina. El juez tiene todo el poder contencioso, sólo en caso de problema imposible, en asesinato, de investigar se esperará a la presencia del señor. No es el rey, en nuestro caso de Molina, es el señor, el conde, quien tiene la última decisión[4].

“Todo omne que omne matare peche dozientos maravedíes et si negare, los parientes del muerto connombren los feridores et los matadores fasta en cinco et parense en az de cinco a uno, et por vno non caya mas de aquel aya su derecho. Et si a tuerto lo connombrare, pierda su derecho et peche el omezilio. Esto sea en pesquisa de los alcaldes et del juez. Maguera sea que pesquerir non lo pudieren, atiendan que uenga el conde et el conde faga la pesquisa”[5]

Primera conclusión, un asesinato se pena con doscientos maravedíes. Y si el acusado lo negare, se investigará.

La segunda conclusión es que: se trata de un asesinato que el acusado niega haberlo cometido, entonces los familiares del muerto acusan incluso a cinco y de entre los cinco saldrá uno como reo, pero si con engaño lo acusan pierden su derecho. Esta es una manera indirecta de presentar testigos, ya que cada uno para defenderse acusará al culpable. Esta investigación y posterior decisión de señalar uno entre los cinco caerá bajo pesquisa de los alcaldes y jueces y si fuese difícil sacar conclusiones, será el conde quien tenga la última palabra.

En estos juicios que dirime el conde como máximo responsable, incluso si es presentado por el concejo, el juez cobrará su dieta: “De aquella cosa que fuere presentada por el conceio al con­de, aya el juez el diezmo”[6] En estos casos señala el diezmo.

Pero cuánto debe cobrar normalmente el juez: “Et destas et de todas las otras calonna, prenda primero el juez su setena parte. Et de lo al fagan quatro partes de las cuales la primera seya del querellos, la segunda del conde, la tercera a los alcaldes, la quarta al conçeio”[7] Y en otro lugar dice: “Todas las calonnas que acaecieren en Molina, por mano del juez seian cogidas et aya el la setena parte”[8] El juez por tanto cobrará una séptima parte antes de dividir el cómputo general. Después se harán las particiones para repartir el resto, aunque ya lo hemos visto anteriormente, llama la atención que también el denunciante reciba una parte.

De esta ley de reparto, tiene excepción lo dicho en la cédula anterior, “…cosa que fuere presentada por el conceio al con­de…”[9] en que el juez recibe una décima parte.

“Yo, el conde Almerich, dó a uos en fuero que uos el conçeio de Molina siempre pongades juez et alcaldes en cada vn anno de cada vna collación conpeçando a la fiesta de Sant Migael fasta vn auno, acabando en aquella misma fiesta”[10]

Un poco complicada esta cédula, después de leerla nos preguntamos si el juez debe tener un conocimiento específico o preparación especial para ejercer como juez, o simplemente es elegido por el concejo indistintamente y esta elección le da el poder judicial para dirimir cuanto se le presente, y nos da contestación con esta otra: “…et ninguno non aya uerguenca de judgar derecho o decir uerdat et fazer justicia segunt su aluedrío et segunt su conseio, nin por dineros, nin por ayuda, nin por comer, nin por beuer, nin por parentesco, nin por vando…”[11] En esta cédula comentan los conocimientos y los principios que avalan al alcalde y del juez: “…facer justicia según su alvedrío y según su conseio…”. Interesante.

Se refuerza la elección de juez sin más preparación que la que su buena voluntad y sus conocimientos experimentales, calificados según criterio del concejo para hacer justicia según su albedrío y consejo.

Parece como si al elegido se le reconociera una rectitud y una capacidad de gestión que ya la hubiera demostrado en sus arbitrajes personales y esta rectitud y justas decisiones en lo privado lo avalaran en lo público. O también que fuera reconocido no por discernimiento sino por riqueza, y por eso exigen que tuviera caballo de un valor determinado desde un año antes y casa poblada en la villa, y por eso entrará en las elecciones, es decir en la “suerte” de ser elegido para juez.

Así lo dicen: “Todos aquellos que cauallos ouieren de veynt maravedíes en la collación et los touieren por vn anno ante y ternán sus casas pobladas en la uilla, echen suerte en el alcaldía et en el judgado et en la cauallería de la sierra…”[12]

El sentido de la caballerosidad en aquella época señalaba el culmen si no del conocimiento sí de la honorabilidad y por tanto de la ecuanimidad aunque se los nombrara caballeros por poseer un caballo de una determinada valía, o de una determinada riqueza rural, pero, eso sí, con un caballo en su posesión. Como si el montar en caballo fuera certificado de caballerosidad con todas las prendas que las órdenes de caballería ostentaban en la época.

[1] Fueros Capítulo 12 cédula 9ª.

[2] Fueros Capítulo 3 cédula 3ª.

[3] Fueros Capítulo 22 cédula 8ª Se repite en el Capítulo 23 cédula 11ª.

[4] Sancho Izquierdo en “El fuero de Molina…”, nos dice: “Léase el fuero, y díganos después qué casos eran los reservados al Rey, si hasta los más importantes los resuelve el conde…” y en nota de pie de página nos explica que: “Generalmente verán éstos: forzamiento de mujer, latrocinio conocido, alevosía o traición, y quebrantamiento de camino, aunque a veces se sustituía alguno de los últimos por el de homicidio. (página 174) (Sánchez Albornoz. ob. citada V).

[5] Fueros Capítulo 24 encabezamiento.

[6] Fueros Capítulo 5 Cédula 5ª.

[7] Fueros Capítulo 23 cédula 11ª.

[8] Fueros Capítulo 23 cédula 12ª.

[9] Fueros Capítulo 5 Cédula 5ª.

[10] Fueros Capítulo 12 encabezado.

[11] Fueros Capítulo 12 encabezado.

[12] Fueros Capítulo 12 cédula 9ª.

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46º(b) De los alcaldes

 

“Todo alcalde que dineros tomare demientre que en el alcaldía fuere, saluo las calonnas que a él pertenece, por algún juyzio o por alguna querella, si prouadol fuere, salga ende por aleuoso et por prejurio, de más, peche cient maravedíes.”[1] Otra cédula contra los alcaldes que aprovechan económicamente de su posición, se le tendrá por alevoso o perjuro, además de pagar la multa señalada.

Pero si ha cumplido bien: “Ningún alcalde, después que saliere de su portiello, non responda por justicia que aya fecho nin por juyzio que aya juzgado.”[2] Queda claro que no deben pedir responsabilidad de sus actos al alcalde que ha cumplido y ha terminado su mandato.

Pero, como otros cargos, sí debe responder por los embargos y los pagos que no realizó: “Todo aportellado de conceio después que salliere del portiello fasta vn anno responda por la pendra[3] que pendrare et aún por el pecho.”[4]

Portiello es igual a cargo, aunque llamen oficio a la alcaldía y al juzgado, son indudablemente cargos. Los caballeros veremos que son los que tienen la característica idónea para ocupar los portiellos o cargos…

También se les reconoce un punto de inmunidad: “Quien al alcalde dixiere mal ondel sea desonra por guardar prouecho del conceio peche sesenta sueldos; si negare jure con seys”[5]. Quien hablare mal del alcalde para deshonrarle y sacar provecho del concejo pague de multa sesenta sueldos.

“El cauallero que non touiere casa poblada con su muger en la villa desde Sant Migael fasta a Sant Iohan non aya part en los portiellos”[6] Don Alfonso y doña Blanca en las mejoras de los fueros sugeridas por el concejo de Molina amplía esta exigencia a todos los cargos, no solo a los alcaldes, sino a todos incumbe la ciudadanía, habitar en Molina de san Miguel hasta san Juan. El año lo reduce al tiempo en que los trabajos son menos exigentes, ya que de san Juan a san Miguel (julio, agosto, septiembre) son las faenas de la recolección, y si son caballeros de las aldeas durante este tiempo deben estar muy ocupados en los trabajos del estío: Siega, acarreo, trilla, aventado y almacenamiento de los granos. En cambio de san Miguel a san Juan es el resto del año y los trabajos de arada, bina y sementera resultan menos acaparadores de tiempo. Es decir reducen el año exigido, a sólo los meses de la recolección agrícola.

Caballero que no cumpla con el domicilio no puede ejercer ningún cargo en Molina.

” Juez que saliere non aya cauallería nin alcaldía fasta tres annos nin aya judgado fasta cinco annos. Qui demandare judgado o alcaldía demándela día de domingo ante la fiesta Sant Migael depués de missa et quien en otro día la demandudiere, nol vala”[7]

Las solicitudes para el oficio de alcalde o de juez debían hacerse el domingo anterior a san Miguel, después de misa, y no otro día cualquiera. En la primera parte de la cédula se habla de que el juez no tenga caballería ni pueda ser alcalde hasta tres años después de ejercerlo y no repetiría de juez hasta cinco años después.

“Todos aquellos que cauallos ouieren de veynt maravedíes en la collación et los touieren por vn anno ante y ternán sus casas pobladas en la uilla echen suerte en el alcaldía et en el judgado et en la cauallería de la sierra. Et aquel que fuere alcalde vn anno, non sea alcalde nin cauallero de la sierra fasta tres annos, como quier que se mude a otra collación. Esso mismo qui diere cauallero de la sierra non aya la cauallería nin sea alcalde fasta tres annos, commo quiere que se mude a otra collación”[8]

En esta cédula se especifican las posesiones: un caballo de 20 maravedíes y durante un año antes y casa propia, y la situación de casa poblada: con mujer e hijos, y en la villa: es decir que sean vecinos. Éstos son quienes pueden optar a los oficios de alcalde y juez, y también a los caballeros de la sierra. Después expone algunas condiciones de tiempo para permanecer y volver a presentarse. También la incompatibilidad entre unos y otros oficios. Pero hay unas excepciones, y es cuando se cambia de collación, entiendo que de distrito, de sesma o de aldea.

[1] Fueros. Capítulo 12, cédula 7ª.

[2] Fueros Capítulo 12, cédula 13ª.

[3] Pendrar -1. tr. Dar o dejar algo en prenda. -2. tr. ant. Retener judicialmente algo a alguien para que responda del juicio. Embargar (retener la autoridad una cosa de alguien) (pendrar, por tanto, era una manera de tomarse la justicia por su mano, cosa que solo le pertenece a la autoridad)

[4] Fueros Capítulo 12 cédula 14ª.

[5] Fueros Capítulo 12 cédula 15ª.

[6] Fueros de doña Banca y don Alfonso Cédula 14ª.

[7] Fueros Capítulo 12 cédula 11ª.

[8] Fueros Capítulo 12 cédula 9ª.

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46º(a) De los alcaldes

Hemos hablado con frecuencia de los alcaldes y los jueces, veamos qué dicen los fueros y qué les exige.

Es interesante saber que en San Miguel se renuevan los cargos administrativos, que éstos durarán sólo un año, con esto evitará que el cargo de alcalde se prolongue y se personalice, y que se nombren en cada colación. Habla de la honra y rectitud que debe acompañar a los alcaldes y jueces, y, sobre todo, que no se venderán. Vamos a leer, ya que se entienden por sí solos sin explicaciones

“Yo, el conde Almerich, do a uos en fuero que uos el conçeio de Molina siempre pongades juez et alcaldes en cada vn anno de cada vna collación conpeçando a la fiesta de Sant Migael fasta vn anno, acabando en aquella misma fiesta. Et estos alcaldes sean a onrra et a prouecho de toda Molina, assí a los menores commo a los mayores, et sean buenos et firmes et derecheros, ayudando a ellos el comde Almerich et todo el conceio de Molina, et ninguno non aya uerguença de judgar derecho o decir uerdat et fazer justicia segunt su aluedrío et segunt su conseio. Nin por dineros, nin por ayuda, nin por comer, nin por beuer, nin por parentesco, nin por vando; mas todos digan verda, assí por los menores commo por los mayores. Et aquellos que esto fizieren en su vida, de Dios sean bendichos, et fasta en la fin en buenas obras pesseueren, et después ayan uida perdurable, amén”[1]

Así acaba la cédula: la bendición de Dios y la gloria futura para el buen alcalde.

Esta cédula es como una recomendación oracional, donde tras señalar el tiempo de ser elegidos, de comprometer la manera de obrar, de renunciar a todo lo que pudiera subvertirlos o corromperlos, se entregan a Dios por su bien obrar y comportamiento, como merecedores de la vida eterna. ¡Amén!

Describe unas cualidades que debe mantener todo alcalde: “…sean buenos et firmes et derecheros…” Es como si dijera que el hombre bueno sabe lo que es ser bueno y puede ejercer como tal, asimismo el hombre firme o templado e inflexible será imparcial y el que es justo (derechero) sabe lo que es ser justo, es decir conoce la justicia y actuará justamente. Así podrán proceder beneficiando a Molina y a sus aldeas.

Se comienza estableciendo días para elegir y tiempo de ejercer el oficio de jueces y alcaldes.

Lo que sigue después es sólo para los alcaldes o ¿deberíamos acomodarlo también a los jueces? Algún comentarista de la elaboración de los fueros dice que este párrafo fue añadido con posterioridad y en bloque, por la terminación de alabanza y gloria: “et después ayan uida perdurable, amén”

Y que la condena, que se lee en esta otra cédula, también iría unida a este párrafo-oracional porque no pueden quedar sin reprobación los que no sean honrados y cabales, es decir que o se es merecedor o se es reo.

“Et aquellos que non quisieren conplir esta escriptión et la querrán corronper sean mintrosos et en el profundo de los Infiernos et en el conceio de los demonios con Judas el traydor ayan ración. Et cada vno de los dichos alcaldes reçiban por sol­dada quarenta mencales et parte de las callonnas del conceio et por aquello siruan al conceio en todos sus negocios et ninguna otra cosa del conceio non reciban”[2]

Esta cédula tiene dos partes, la primera es para condenar al mal alcalde a los infiernos y llamarlo traidor como Judas que vendió a su señor por unas míseras monedas.

Y la segunda parte habla del sueldo que recibirán, cuarenta mencales, además de la parte que le corresponda de las multas, pero ningún otro ingreso más.

“Si algún alcalde por dineros o por amor o por otra mane­ra falso juyzio diere o femintroso fuere dende adelante non sea alcalde et peche cient maravedíes”[3]

El alcalde que falte a la honradez por cualquier inclinación indebida, deje de ser alcalde y pague de multa cien maravedíes. Y aún más condena:

“Todo omne que dineros diere por el alcaldía peche cient maravedíes et derríbenle sus casas. Non sea alcalde si non fuere vezino postero et que aya mujer…”[4]

Doble mandato también, primero no se puede dar dinero para ser elegido alcalde, es decir no se puede comprar la alcaldía, multa de cien maravedíes y nunca más podrá ser elegido, además se le hundirá la casa, o sea dejará de ser vecino. Y segundo para ser alcalde se requieren dos condiciones: ser vecino que cumpla con sus obligaciones, “postero” que pague sus impuestos, y que esté casado.

[1] Fueros Capítulo 12 encabezamiento.

[2] Fueros Capítulo 12 cédula 1ª.

[3] Fueros Capítulo 12 cédula 1ª.

[4] Fueros Capítulo 12 Cédula 4ª.

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Historia de Molina de Aragón

45º Del reparto de otros impuestos

Ya vimos que los impuestos eran para el conde, pero los otros, los originados por las multas, etc: “Todo vezino de Molina vaya a qual collación quisiere mas por quantos fueren en cada collación por tantos pechen en todo seruicio del conde y en todo otro pecho…”[1]

“…et la meatat de los maravedíes sean del sennor de la uilla et la otra meatat sea del conceio et de los alcaldes…”[2]

El reparto del dinero conseguido por los pagos pecuniarios o por multas se hará teniendo en cuenta siempre y ante todo al señor de la villa, al conde, y después al concejo como vimos en los portazgos y montazgos, pero aquí el del concejo se divide en dos partes, concejo y alcaldes.

Hay algo más que me parece importante porque favorece a que se denuncien los delitos:

“…Et el juez et los alcaldes coxgan aquella calonna et el querelloso aya la quarta parta…”[3] En este caso se trata del reparto de la pena monetaria impuesta en los juicios: conde, juez, alcalde y denunciante, a éste le corresponde la cuarta parte.

Se puede preguntar, ¿quién no estará dispuesto a denunciar al vecino, si sabe que recibirá una cuarta parte de la cantidad penalizada? Además, lo difícil es demostrar la inocencia –atención: la inocencia- una vez que alguien ha sido acusado. La acusación es más fiable siempre que la defensa.

Ya hemos apuntado más arriba que lo que importa es el delito, no la persona a quien se imputa. Por eso enseguida es culpable y castigado con multa o con algo peor, según se establezca en la acusación.

De esto también se legisla en los capítulos 20 y 24, donde se trata de robos, asesinatos, insultos y riñas con heridas corporales. Hay varios apartados en que se relata el papel de los defensores, si son familiares o no, si es uno o varios. Incluso se llega a exigir un número de testigos defensores para ser liberado de la acusación.

Hablando de la posesión de las fincas por quienes llegan, atendiendo a la llamada del conde:

“Todo omne que heredat touiere por anno et día et non gela demandudieren en este spacio, firme con cinco omes buenos que fue possessidor por anno et día sin arte et sin engeno (engaño) et que non sean reptados los dichos cinco omnes buenos. Et si firmare con dos buenos omes sean reptados et reptados et respondan, si non respondieren non cunplan. Et si destos cinco fueren los dos muertos, los tres biuos firmen que si aquellos dos biuos fuessen et la uerdat quisiessen decir esto otorgaríen et cunpla et non sean reptados, et en juyzio diga si firmó con cinco o con dos…”[4]

En otro caso también son necesarios al menos el juramento con cinco testigos.

Hablaba de la dificultad y los problemas para llegar, pisar y asentarse sobre una parcela y poseerla, aquí nos señalan esta dificultad pero la solucionan con que “…Todo omne que heredat touiere por anno et día…”, éste es el espacio, tiempo límite, para confirmar la posesión de una propiedad. Pero puede surgir un problema que “…gela demandudieren en este spacio…” Entonces con cinco hombres buenos debe confirmar su propiedad durante el año y día, demostrando ser “…possessidor por anno et día sin arte et sin engeno…” -sin trampa ni engaño- y todo quedará solucionado. La desconfianza que la denuncia presenta debe ser eliminada, y no quedará duda de su tenencia. La propiedad queda defendida y atendida. Da otras dos posibilidades, que presente sólo a dos testigos y cuando sean llamados a declarar, por dos veces “reptados” y no respondieren o no quisieren, no sirven. Y si de aquellos cinco testigos dos murieran los tres vivos confirmarán que los difuntos declararían lo que ellos presentan, entonces valdrá y perderá el denunciante.

“…et si el enquisidor fiziere suya la heredat et después uenciere, sea en voluntat del tenedor de darle el precio o la heredat…”[5] Si el denunciante ganase e hiciese suya la finca, queda en la voluntad de quien la trabaja entregarle la finca a un precio estipulado.

Veamos los casos en que hubo delito de sangre o lesión corporal. Estamos en un entorno de pastores y campesinos que acaban de tomar posesión de unas tierras; por eso me atrevo a aventurar que la mayoría de las peleas o riñas fueron originadas por robos de fincas, lindes de campos, herencias, posesión de terrenos, etc.

La legislación de ovejas cae más bien en la legislación de la Mesta[6], aunque tampoco sea óbice para cualquier altercado por pastar en campos sembrados.

En cédulas anteriores de este capítulo se habla de riñas en que han herido con quemaduras, con sangre y pérdida de algún miembro, ojos, pie, mano, dientes, etc.

“Et por estos sobredichos miembros si firmar non lo pudie­ren jure con doze o faga lit en canpo. Et esto sea en uoluntat del querelloso. Et desta et de todas las otras calonnas recebida primeramente la séptima parte para el juez, et fagan de lo al quatro partes, et de las quatro partes, la primera den al conde; la segunda al querelloso; la tercera a los alcaldes; la quarta al conceio.”[7]

El reparto de la pena pecuniaria es un tanto típica, la séptima parte para el juez y de lo restante dividido en cuatro partes: conde, denunciante, alcaldes y concejo. Quien denuncia tiene siempre las de ganar y en estos casos recibe la segunda de las cuatro partes en que se divide la caloña o multa. Incluso se podría dirimir el entuerto si para defenderse, el acusado, no reúne los testigos. Y aún hay otra posibilidad de defensa, hacer lucha en el campo, pero claro esto siempre si quiere el denunciante. El desafío debe ser aceptado por él.

No es fácil liberarse de las multas: “Todas calonnas que por juyzio fueren vencidas sean cogi­das según su poderío ayudando a ellos el conceio con ayuda del conde et non sean perdonadas. Et quien dixiere en conceio sean perdonadas o perdonémolas peche sesenta sueldos”[8]

Siempre caen en última instancia a manos del conde los enjuiciamientos problemáticos, “…con ayuda del conde…”, para que no sean perdonadas, aunque expiraran. Claro que esto será según su poderío, es decir según su cuantía. Si alguien se opusiese a esta última sentencia pague sesenta sueldos…

[1] Fueros. Capítulo 6º.

[2] Fueros. Capítulo 1º Cédula 2ª.

[3] Fueros. Capítulo 5º cédula 3ª.

[4] Fueros. Capítulo 11º cédula 10ª.

[5] Fueros. Capítulo 11º cédula 10ª.

[6] La Mesta, ya hemos visto era una costumbrista manera de solventar sus problemas los pastores, que después los reyes elevaron a rango nacional, Alfonso X.

[7] Fueros. Capítulo 23, cédula 10ª.

[8] Fueros. Capítulo 12 cédula 1ª.

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44º El pago de impuestos

Hemos dicho que quienes poblaron las tierras tenían obligación de pagar al conde unos impuestos, o digamos que, agradecidos de su largueza al concederles ocupar la tierra que quisieran, aceptaban aportar unos intereses.

Por la liberación del pago de impuestos a los de la ciudad de Molina, no podemos deducir que a los demás les grabara más para compensar, aunque sí pudiera ocurrir en el futuro.

“Todo omne que en aldea morare et vna yunta de bueyes ouiere dé un cafiz de décima, fueras tirada tenpestat de fuego et de piedra el qui más ouiere, dé más”[1]

Los pagos serán un cahiz de décima (de cada diez), el diez por ciento.

Habla de un tipo de poseedores, quien tengan una yunta de bueyes, pague, no se descarta que quienes no tuvieran una yunta no pagaran la décima, también podríamos suponer, (no está claro) que quien produjera menos de diez fanegas se vería libre de pago. Sí, en cambio, se exonera a los de Molina ciudad, porque expresamente dice “que en aldea morare”, por lo tanto deducimos que sólo a los aldeanos, recuérdese los privilegios otorgados a Molina y cómo cada grupo debería compensarlos.

El privilegio de liberarse de impuestos atañe también a los que poblaren castillos, el de Zafra y los otros no pagarán impuestos:

“Quien en Çafra poblare o en otros castiellos de Molina a fuero de Molina pueble et peche según los otros vezinos de Molina pecharen”[2] Dice concretamente que se atendrán al fuero de Molina, es decir que peche como los vecinos de Molina, solamente en el mantenimiento de los muros. Seguimos comprobando el empeño de la defensa. Señalar lugares que rápidamente se pueblen y con soldados, así el señorío está protegido y dominado.

Hay también impuestos que se imponen a los comerciantes y a otros, y se recaudan por portazgo (lindes), por pontazgo (puentes), etc., que cobrará el encargado, normalmente el justicia de la aldea de paso desde otros territorios, o el que ostentare el derecho de pontazgo (el más próximo al puerto (paso de mercancías en la divisoria) o al puente usado).

El impuesto al mercader que viniere a Molina, parece referirse a las ferias que en Molina existían. Por tanto no son los impuestos que se cobrarían en la entrada al señorío. Los precios a pagar serían de la mercancía y animales para la venta. En la cédula siguiente se habla de portazgo: de la entrada a Molina.

“El mercador que uiniere a Molina peche portatgo: por troxiello[3], un maravedí; por carga de cera et de olio, dos mencales et por carga de cordouan et de guadamacin, vn maravedi et por toda otra cosa que carga fuere, dos mencales. Por cauallo et mulo, vn mencal; por yegua, medio mencal; por buey et asno, ocho dineros; por puerco et carnero et oueia et cabra, dos dineros.”[4]

Casi todas las mercancías están reflejadas aquí con su valor impositivo. No hace falta comentario ya que todos conocemos cada elemento o animal expresado.

Los dineros cobrados por portazgo y por montazgo se repartirán entre el conde y el concejo de la ciudad a mitades iguales: “Montatgo de todo término de Molina sea la meatat de pa­lacio et la otra meatat del conceio de Molina”[5]

Otras aldeas también gozaron de portazgo: Milmarcos y Mochales entre otras, y compartirían sus cobros con el Conde, aunque nombre al palacio como su representante. Otros caminos que llegaban a Molina, de Daroca, Monreal, Albarracín o de Cuenca no tengo visión ni noticia.

Otros impuestos a pagar son los debidos a los caballeros de la sierra, por cuidar de los montes, pastos y maderas:

“Los caualleros de la sierra ayan por soldada de cada grey vna borra de ciento arriba.”[6]

Por vigilar y cuidar que no pastaran forasteros en las sierras, se les pagaba una borrega de cada cien.

Podemos deducir que los ganados estaban en la mente del Conde al escribir los fueros, ya que se preocupa por ellos y de las incursiones de otros ganados que no pertenecían a su señorío.

Ya hemos hablado de los ganaderos que aprovechaban los pastos de los reinos vecinos.

[1] Fueros. Capítulo 11, cédula 5ª. Creo significativo para mejor entendimiento del llamado diezmo lo que referido a la iglesia dicen en 1750 (Catastro de la Ensenada) los de Olmeda de Cobeta en contestación a la pregunta nº 15 “Qué derechos se hallan impuestos sobre las tierras del término, como diezmo, primicia, tercio-diezmo u otros..”, la interpretación: “…y el del diezmo, por el que se paga de cada diez una de todos los frutos y lo mismo de la lana, y de los corderos en pasando de cinco, aunque no llegues al diezmo y de cinco medio…”. Tal vez sea una queja o tal vez la denuncia de un abuso nacido de la interpretación al pie de la letra.

[2] Encabezamiento del documento de los Fueros 10ª cédula.

[3] Esta cédula se estudiará en el capítulo 71, De los portazgos.

[4] Fueros capítulo 2º Encabezado.

[5] Fueros. Capítulo 4º, Cédula 2ª.

[6] Fueros. Capítulo 12 cédula 5ª.

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43º Riqueza de los señores, posesiones, impuestos…

Para hablar de las posesiones agrícolas del conde, sólo tenemos los datos que aparecen en los fueros.

El conde Don Manrique quiere. Entendamos la palabra en el sentido que él la dice: “quiere”, como un acto de su voluntad, la de quien dispone de algo que le pertenece es decir “pretende” y por esta voluntad el quiero se convierte en un hecho eficaz. Este “quiero”, o pretensión, equivaldría a “mando”, “ordeno”, “impongo” desde mi voluntad y con el estigma de que se cumpla. Su quiero no puede tener vuelta de hoja, se cumplirá.

El conde no depende de la voluntad del rey, actúa como el poseedor de las tierras y de cuanto en ellas hay. Como si él fuera el conquistador. Él actuaba y “quería” sin ningún consejo ni influencia[1].

Para confirmar el valor de su deseo e independencia presento la última parte del documento de los fueros, cuando para darles validez y confirmación pide a unas personalidades que los firmen y rubriquen como testigos de la autenticidad y vigencia de su autoridad. Y allí entre ellos está también el nombre del rey, como testigo, no como autor ni como quien otorga el poder de crearlos.

“Yo el conde Almerrich con mi muger Don Ermesenda que esta carta mandamos fazer et robramos et confirma­mos. Regnando Don Alfonso emperador en toda Espanna asi sobre paganos como sobre xpistianos confirmo. Don Sancho, rey de Castiella confir­mo. D. Ferrando rey de León confirmo. Don Pedro obispo de Sigüença confirmo. E yo Don Almerrich, Conde de Molina, con mi muger Don Ermesenda, esta carta firma­mos et firmar mandamos. Don Alfonso benigno emperador de Espanna esta ro­bra confirmamos et confirmar mandamos. Don Sancho, Rey, esta robra confirmamos. Don Fernando, Rey, confirmo. El robramiento[2] desta carta fué fecho en Aurelia, delante Don Alfonso piadoso emperador et de su fijo don Sancho Rey de Castiella, Onze calendas de Mayo. Miercoles feria cuar­ta, Luna quinta. Quando don Pedro en Tolosa fino. Testi­gos son desta robra don Garci Gomez, et Gutier Peret de Rinosa, et Diago Ferrandez, et Pero Cruciado, et Gutier Rodiz Mudarra, et don Pardo, et Martin Lopez de Estella, et Valdouin sennor de Almaria et Guillen Aramon sennescal et Sancho de Benayas et al-guazil Julian et Esteuan Hullan de Atiença”[3]

Si leemos con detenimiento el conde manda firmar y rubricar a “Alfonso benigno emperador de Espanna”.

En fin, los fueros o carta, propiamente hablando, no fue él quien cédula a cédula los confeccionó, sino que los mandó hacer y ahora los firma y rubrica. Busca testigos y los reúne en Aurelia para que testimoniaran que él es quien los sanciona y da valor. Los demás son meros testigos[4], el rey incluido.

Los fueros son un ejercicio de voluntad revestida de eficacia para que se conviertan en normas reales, auténticas e indiscutibles.

“Quiero que los omnes que ý poblaren que la ayan en heredat a ellos et a fijos de ellos con todo su término yermo et poblado con sus montes et con aguas et con molinos”[5]

Al entregar los territorios para que los ocupen otras personas, da a entender que son suyos propios y que tiene la voluntad generosa de que se conviertan en propiedad de quienes los poblaren. Anteriormente vimos cómo se le adjudicó, con el beneplácito de los reyes de Castilla y Aragón, el territorio de Molina y con qué derechos de posesión y dominio. Ahora él cede, de beneplácito, estas posesiones, porque él es el dueño y señor de todo, incluso de las personas que allí moraban cuando las recibió.

¿Tan desprendido es el señor que “quiere” que los tengan en heredad a cambio de nada?

La respuesta la tenemos inmediatamente, “Do a uos en fuero que el uezino que en Molina casa poblada dentro en Molina touiere sea escusado de pecho et non peche sinon en la lauor de los muros”[6] Aunque con una fórmula negativa deducimos que no los cede sin más, sino que pide unos gravámenes a quienes habitaran los territorios que quiere poblar. De momento hace distinción entre los caballeros, los vecinos de Molina y los aldeanos.

A quienes residan en Molina los libera de todo impuesto. No olvidemos que poblada la ciudad y armada, el territorio está dominado y defendido. Incluso a los de dentro de la ciudad los divide en dos estamentos, los caballeros que están exentos de todo, y los vecinos que aún exentos de sus impuestos deben mantener los muros, entre estos últimos también se encuentran los judíos.

Los que ocuparen “su término yermo et poblado con sus montes y con aguas y con molinos”[7], es decir los aldeanos, sí pagarán impuestos.

¿Cuánto debe pagar? “Todo omne que en aldea morare et vna yunta de bueyes ouiere de un cafiz de décima, fueras tirada tenpestat de fuego et de piedra el qui más ouiere, dé más[8]” Aldeano con yunta de bueyes, dé un cahiz de cada diez. De quienes no tienen esta riqueza nada dice. Pagarán siempre que no sean pasto del fuego o del pedrisco. Y lógicamente si de cada diez se da uno, quien más recoja más pagará.

Quienes vivían en los pueblos y tenían ingresos, para evitar el impuesto, se harían casa en Molina. Ese intento fue numeroso porque enseguida lo denuncia y concreta para evitar abusos “Et el aldeano que poblare en la villa por casa que tenga en pennos[9] nin por alquile non sea escusado mas por su casa propria et primero sea en la villa morador con muger et con fijos por hun anno et aquel anno peche, et dende adelante sea escusado conmo vezino de Molina”[10].

No sirve tener casa en Molina sin más, sino que no debe tenerla empeñada o alquilada.

Otra manera no directa de afirmar que mantenía su posesión por encima de quienes la poblaren, aparece en otro fuero de herencia que ya revisamos: “Despues de los mis dias qui Molina touiere aya Çafra et todos los otros castiellos poblados et yermos que en su termino son et non fagan partición los mis fijos nin nietos nin otros parientes mios de los castiellos de Molina”[11]. Podemos entender que sus hijos son copropietarios de todo y por tanto herederos, pero les prohíbe repartir el señorío entre ellos, y ni siquiera los castillos.

“Queremos que otro palacio non aya en Molina sinon el del conde”[12]. En Molina no habrá más palacio que el suyo, de momento prohíbe toda vivienda que sobresaliera por encima de las demás en volumen, grandeza y ornato. Sólo un palacio y además fuera del castillo. Es la voluntad del Conde. Este palacio estaba considerado especialmente:

“Todo omne que en Molina poblare tal fuero et tal calonna aya conmo vezino de Molina si non fuere el conde o sus fijos et su palacio”[13]. El conde, sus hijos y su palacio están por encima de los fueros, de los impuestos y de las sanciones.

Además de la vivienda lujosa, ¿Cuántas fincas pudo guardarse para él? No aparecen descritas, por tanto señalar alguna sería pura especulación.

“Todas las heredades del palacio ayan tal callonnia conmo las de los vezinos si non conmo dicho es, aquel palacio del conde.

Si ganado de los omnes de Molina se boluiere al ganado de palacio apartenlo sin calonna”[14]. De esto deducimos que poseía varias fincas, incluso ganados, y que se regían como el palacio del conde, lo que quiere decir sin callonnia, en este momento callonnia, caloña, significa impuestos o sanciones.

Ganados también tenía y su pastoreo se regía como el de cualquiera de los ganaderos de Molina. Admite que si las ovejas se mezclaran, se separan y todo solucionado. Hablaremos de la Mesta y sus leyes. Debemos recordar cuanto hemos comentado sobre el pastoreo en tierras de la extremadura o en tierras de nadie, y la facilidad de revolverse en las urgidas retiradas para esconderlas…

[1] Miguel Sancho Izquierdo, misma obra: “…Sánchez Albornoz, en sus recientes Estudios de Alta Edad Media. Allí afirma, terminantemente, que los señores poseían potestad legislativa, la que ejercían con el auxilio y consejo de su convento los abades, (…) de la curia los señores que la tenían y sin consejo de nadie, la mayoría de los magnates que por lo reducido de sus dominios, carecían de ella. Estas disposiciones eran, generalmente fueros dados a una población; pero, a veces, tenían carácter más general y eran a manera de leyes de aplicación común a todo el señorío. Tal parece sucedía en Molina con el fuero dado por Don Manrique” (página 171-172).

[2] Rúbrica.

[3] Fueros Última página donde se recoge la firma de testigos.

[4] “El fuero de Molina de Aragón” 1916 Madrid. Miguel Sancho Izquierdo:”…la firma del rey al final del Fuero de Molina, le da mayor fuerza y autoridad, pero no validez, porque ésta ya la tenía en virtud al derecho a legislar en el territorio de su behetría, que, como Señor del mismo, tenía don Manrique” (Página 172) Y dice unas líneas después en la página siguiente: “Aquí el Rey tiene el concepto jurídico de <tercero>.” (Página 173).

[5] Fueros 2ª cédula.

[6] Fueros 4ª cédula.

[7] Fueros 2ª cédula.

[8] Fueros. Capítulo 11, cédula 5ª.

[9] En prenda.

[10] Fueros 5ª cédula.

[11] Fueros de Molina.

[12] Fueros. Capítulo 3º, encabezamiento.

[13] Fueros. Capítulo 3º, 1ª cédula.

[14] Fueros. Capítulo 4º, encabezado y cédula 1ª.

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Historia de Molina de Aragón

42º El gobierno de Molina y señorío

Seguir paso a paso los fueros es como descubrir la edificación de Molina primero y del señorío después. Cómo aparecieron y fueron habitando la ciudad y las aldeas. Cómo se fueron creando los estamentos que conformaron distintos grupos de población y cómo aparecieron los gobernantes.

Hago distinción entre Molina y el Señorío, entre la ciudad y las aldeas no porque las aldeas dependieran de Molina, que ya veremos este punto, sino porque en la mente del Conde don Manrique de Lara estaba el concepto de que teniendo la ciudad bien poblada y organizada podría mantener sin peligro sus posesiones en todo el territorio.

El castillo o alcazaba de Molina era el fundamento y base de defensa para todo su condado, por tanto, sus fueros de población son principalmente para los que acudan a poblar la ciudad. A ella concede privilegios y da facilidades para que se establezcan en ella. La primera en poblar y afianzar.

En ella radica su gobierno, edifica su palacio, es decir instala su sede. Algún estudioso dice que el palacio es el mismo castillo. Él dice en el fuero:

“Queremos que otro palacio non aya en Molina sinon el del conde”[1] y “Si algun omne el su palacio ronpiere o derribare peche quinientos sueldos”[2]. De estas cédulas podríamos deducir que es un edificio distinto al castillo del que se hablará en otros capítulos para señalar alcalde e incluso para diferenciarlo del de Zafra y de los demás castillos.

“Después de los mis días qui Molina touiere aya Çafra et todos los otros castiellos poblados et yermos que en su termino son et non fagan partición los mis fijos nin nietos nin otros parientes míos de los castiellos de Molina”[3] El gobierno de Molina implica el gobierno de todos los castillos del Señorío.

Las colaciones de Molina también suponen una preponderancia sobre las aldeas, ya que en ellas se han de declarar las posesiones y los contratos de compraventa. Y en la fiesta de san Miguel también se celebran ferias, las contratas de pastores, etc.

El asentamiento del poder en Molina se señala como base defensiva y militar.

Conceptuábamos el Señorío de Molina como lugar de frontera y más concretamente en esta época frente a los reinos de Taifas de Al-Ándalus y por tanto una buena política es la de asegurarlo. En Molina se reunirán las tropas en caso de cabalgada o de acudir a una empresa guerrera y en ella residirán la mayoría de los caballeros.

La construcción social de la ciudad también merece un pequeño apunte. Queda constituida en varios estamentos o clases. Los fueros hasta ahora leídos nos hablan básicamente de cinco: Los caballeros, los clérigos, los vecinos de Molina, los judíos y los aldeanos.

Entre los caballeros deberíamos incluir a los que teniendo sus posesiones en las aldeas, posean caballo y cumplan los requisitos que más adelante veremos. Incluso alguno de los llamados vecinos podrían ser también aldeanos, por tener casa y residir en ella.

En los fueros se habla de los judíos. “Dó a uos en fuero para siempre que todos los vezinos de Molina caualleros et clerigos y jodios[4] rreciban sendos cafiçes de sal cada anno et den en precio destos cafizes sendos mancales”[5] En este fuero parece que se unifican a todos los molineses y se llaman vecinos.

Otro grupo a señalar era el de los moros, no solo los que pudieron permanecer, sino los que fueron capturados y traídos como prisioneros. “Todo omne de Molina que traxiere moros de otra tierra de guerra et aquellos en su aldea poblare suyos sean a mandar”[6] Y, como leímos, los tornadizos también, que se diferencian de los moros, en que éstos vienen huidos de territorio andalusí y se asientan espontáneamente en Molina, o son conversos.

Cada estamento o clase tiene unos privilegios y unas actividades señaladas por el fuero que los establece por orden: Caballeros, exentos de tributos, pagan diezmos a la iglesia y están destinados a gobernar. Clérigos exentos de impuestos y sólo pagan un tercio de diezmos. Vecinos[7] de Molina exentos de impuestos pero cuidarán del mantenimiento de Molina y sus murallas, también pagan diezmos a la iglesia. Judíos pagan impuestos y otros tributos por ser y mantener sus creencias y normas, viven en su aljama. Moros son los criados y servidores, “suyos sean a mandar”. Los tornadizos al parecer son renteros o colonos y pagan diezmos a la iglesia.

El gobierno de la ciudad estaba en manos de los caballeros: “Queremos et mandamos que todos los portiellos de Molina sean de los caualleros de las collaciones. Primeramente el alcaidía et el judgado; la cauallería, la escriuanía, la jurería[8], los quatro, las robdas[9][10]. Los cargos están en manos de los caballeros, se enumeran los cargos que deben ocupar: la alcaldía y el juzgado. Los escribanos, los jurados, los quatro[11], y la vigilancia del castillo, las robdas.

La fórmula de gobierno es el concejo, presidido por dos alcaldes y un juez.

[1] Fueros. Capítulo 3 encabezamiento.

[2] Fueros. Capítulo 3, cédula 2ª.

[3] Encabezamiento del documento de los Fueros 2ª cédula 10ª.

[4] Fueros Encabezamiento cédula VII.

[5] Fueros para mejorar los del conde, creados por don Alfonso y doña Blanca.

[6] Fueron Capítulo 11 cédula 11.

[7] Vecino se considera a quien reside, es propietario y cumple con la obligación de pagar impuestos o, en este caso que está exento, acude al mantenimiento de la ciudad.

[8] El jurado.

[9] RAE. -1. f. ant. Impuesto que se pagaba por el paso de ganados. -2. f. ant. Grupo de jinetes que vigilaban fuera del castillo o del real para avisar al ejército de la inminencia del peligro.

[10] Fueros Capítulo 12 cédula 16.

[11] Pido disculpas, no sé a qué puede referirse con los quatro, si no fuera como diré las cuatro sesmas.

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