Historia de Molina de Aragón

116º El rey de Aragón perdona a quienes atacaron su reino

Para restablecer las relaciones de vecindad y hacer notar el cambio de posición fronteriza necesitaba la rehabilitación y el perdón de los desmanes acaecidos en la guerra recién acabada. Hemos leído que Bartolomé Sánchez así lo pedía al rey: “…Otrossi que dedes carta de perdón en general a todos e qualesquiere vezinos de Molina que por maleficios nin por robos nin por furtos nin por tomas nin por otra cosa alguna que hayan feyto en Aragón e a qualesquiere hombres de vuestro regno hasta aqui que non sean pendrados nin tomados nin demandados ellos nin sus bie­nes, salvo ende por su deudo propio conoscido…”[1]

Define las intromisiones y afrentas realizadas contra los aragoneses: desmanes, robos, rapacerías, explotación y abusos…

Solicitan el perdón y la concordia, reconociendo la posibilidad de que algunas personas resultaran especialmente maltratadas o que no estuvieran de acuerdo con esta unión. Concedió el perdón salvo que algún deudo conocido (persona privada) que algo tuviera que contender o debatir.

Pedro IV el 6 de Junio de 1369 envía esta notificación de perdón: “…por tenor d’aquesta nuestra carta per­donamos a todos e cada unos e singulares vezinos de la dita villa assi que por algu­nos robos o furtos o tomas o otros maleficios o males o otra cosa que vosotros o al­guno de vos hayades feyta fasta aqui en Aragón o contra qualesquiere subditos nuestros…”[2]

Queda por tanto emitido el perdón que desde el poder real suple en de los particulares ofendidos. Pero, por si alguien levantase querella o juicio, continúa: “…non vos pueda seer feta alguna question, petición o demanda ne podades seer pendrados, tomados ne demandados…[3]” Y para que esto no pudiera ni pensarse: “…antes ende seades pora siempre absueltos, antes sobre aquellos hayades a ferlo a que seredes tenidos…”[4]

Con esta carta, -prefiero la exposición en directo que aporta veracidad y credibilidad en lugar de mis palabras que por muy expresivas que fueran nunca alcanzarían tanta relevancia-, queda suficientemente expresado el perdón general otorgado, con esto no tiene razón que ningún aragonés, “sobre aquellos hayades a ferlo” se querelle contra ningún molinés “a que seredes tenido”

Pero al rey Pedro IV le ronda otra duda. Los principales han acudido a él para entregar el Señorío y le han expresado la idea generalizada del concejo, pero su duda va más lejos y quiere saber si todos lo acepten incondicionalmente.

Sospecha o le han dicho y confirmado que hay varios molineses que son revoltosos y podrían originar disturbios según le ha comunicado Bartolomé Sánchez, y los expulsa y prohíbe su retorno durante diez años. Aunque, fue prudente, sólo los llamó revoltosos y no los acusó de adversarios o enemigos al régimen.

No todos estaban tan de acuerdo con el cambio de regencia, sólo se nombra a los más belicosos, digamos a los principales (principales[5] por cargo y poder) que con mayor empeño se oponen, los Vera, los Liñán y los Fúnez. El rey no toma venganza ni represalia, simplemente los destierra[6].

“A supplicacion por part del conceio de la nuestra villa de Molina a nos fecha, e porque segunt havemos entendido Ferrant Gutierrec de Vera e Johan de Vera, Gutier Roic de Vera e Goncalvo Sánchez de Fuenes, Ferrant Ferrandez Gallego, Ferrant Ferrandez filio de Goncalvo e Pasqual Martínez, merca­der, e Johan Roic, campanero, e Pasqual Martínez, melero, su cunyado, son hom­bres boliciosos, e si podian estar e habitar en la dicha villa porian poner bollicio e turbación en aquella, providimos e ordinamos con la present que dentro diec anyos primero avenideros ellos ni algunos d’ellos no pueden entrar en Molina. E nos pro­metemos que non los daremos licencia o faremos alguna cosa porque hi puedan entrar…”[7] Son desterrados por diez años.

Por otro lado los castillos de Villel, Algar y Fuentelsaz tampoco están muy de acuerdo en la nueva dependencia y son gobernados como si fueran independientes. A ellos les manda cartas disuasorias para que abandonen su postura y manda a su gobernador para que los convenza, depongan su actitud y acepten el vasallaje al rey. “…que tengan por nos los ditos castie­llos segunt e en la manera que tiene García de Vera las otras fortalezas de Molina, induziendoles d’aquesto con todas aquellas maneras que millor poredes e a vos bien visto será…”[8]

[1] 1369, junio 4. Valencia. (Folio 8-9).

[2] 1369, junio 5. Valencia. (Folio 7).

[3] 1369, junio 5. Valencia. (Folio 7).

[4] 1369, junio 5. Valencia. (Folio 7).

[5] Siempre veremos que los que ostentan cargos son gentes principales, económicamente sobre todo, y que ellos gibiernan, los caballeros ya son pocos y por eso se los enumnera nominalmente. El pueblo, los vecinos, los aldeanos no se pueden nombrar porque no son importantes y tienen que acatar el parecer de los poderosos o principales.

[6] 1369, junio 4. Valencia. (Folio 8-9).

[7] 1369, junio 11. Valencia. (Folio 11-12).

[8] 1369, junio 8. Valencia. (Folio 12).

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Historia de Molina de Aragón

115º La situación en Molina

El destino de Molina con sus aldeas siempre fue de frontera. Desde que se construyó el castillo, la causa de su edificación fue la de separación de reinos. Primeramente distanció la taifa de Toledo y la de Zaragoza. Los historiadores no alcanzan a decidirse por cuál de las dos sería dominante, y en qué épocas por una o por otra taifa. Los oriundos deciden siempre su independencia, incluso revindican el título de taifa por esta razón: la fronteriza. Como si su independencia detuviera la injerencia de un reino con el otro.

De ciudad cabecera ostenta el papel a que estaba destinada. En ella se concentran las instituciones que gobiernan y se responsabilizan de la seguridad de las aldeas, en ella están los jueces que en definitiva han de juzgar, y los pesquisidores, etc. En el proceso organizativo llegamos a la ciudad en que se concentran las normas e instituciones como eje del núcleo de las aldeas.

Con la conquista del rey Alfonso no se perdió esta situación sino que siguió de frontera entre reinos cristianos y separadora de los reinos islámicos: entre Castilla, Aragón y Al-Ándalus.

El conde don Manrique de Lara, aunque titular del reino de Castilla conservaba buenas relaciones con Aragón, mantuvo el estatus divisorio como si creara una circunscripción independiente.

Cuando Molina formó parte de la corona de Castilla, como exigía el condado de Manrique de Lara, continuó como una frontera que no era una línea sino un espacio geográfico.

Siempre hubo tensión por los pastos y la leña, los pequeños hurtos o no tan pequeños que se daban entre las aldeas vecinas de Molina y el reino de Aragón.

En la contienda de los dos Pedros, Pedro el Cruel la usó de trampolín para acercarse a Tarazona y para tener en jaque toda la zona del Jalón y del Jiloca. En esta guerra se manifestó activa y agredida, situación propia de pueblo fronterizo. Se multiplicaron las incursiones desde tierras del Señorío molinés atacando y saqueado las regiones hasta más allá de Calatayud y de Cariñena. Pero las respuestas desde Aragón también se dieron, y con la misma o mayor dureza.

Con su entrega al rey de Aragón se comenzaron a pacificar estas relaciones de vecindad.

Pero en este momento, desde Castilla, Bertrán Duguesclín una vez posesionado de Almazán y las plazas ofertadas por Enrique, se revolvería hacía esta su posesión, Molina. Incluso el rey Enrique, que en agradecimiento por su ayuda le había donado estas ciudades, tampoco se quedaría mano sobre mano.

Por eso lo primero a realizar por el rey de Aragón era refrendar unas buenas relaciones con los de Molina y crear unas buenas defensas.

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Historia de Molina de Aragón

114º Actuación de Pedro IV

Pedro IV, el Ceremonioso, recibió a la delegación de Molina y se sintió satisfecho, uno de los territorios que exigía a Enrique por su ayuda, se presentaba espontáneamente y se entregaba a su Corona. Los homenajeó, escuchó sus peticiones y se dio por satisfecho, es más les concedió cuantas mercedes le pidieron.

Pero ocurrió algo más, el rey Pedro los vio como súbditos de su enemigo Pedro I de Castilla y ahora de Enrique II al que daban la espalda se entregaban a él. Cierto que aducían razones poderosas emanadas de sus fueros, donde decía que ellos tenían poder para elegir o al menos para dar el visto bueno al Señor que mandase en sus personas y tierras. Y añadían que portaban el consentimiento de todos los molineses.

El rey Pedro tomó una actitud inteligente y perspicaz.

“Otrossi, senyor, que les atorguedes e les confirmedes fueros, privilegios e mercedes e donadíos e libertades e usos e cos­tumbres que han e hovieron de los reyes passados, assi a la villa como al cinto e al cabildo de los clérigos e de los vallesteros e de la dita villa. Plaze al senyor rey, ex­ceptado los officios que se retiene pora si.”[1] Así expresaba Bartolomé Sánchez su petición para que les permitiera continuar con sus fueros, privilegios, etc., y el rey contesta que de acuerdo, pero exceptuando los oficios que se retiene para él. En capítulos anteriores hablé de la gobernación, alcaldía, juzgado, etc., nombrándolos como oficios y lo hice pensando en esta contestación: “…ex­ceptado los officios que se retiene pora si”.

Inmediatamente colocó como gobernador a García López de Sesse, “Fuit missa Garsie Luppo de Sesse, regente oficium gubernationis Aragonum…”[2] Y como administrador real a Samuel Abolafia y cuando éste murió (en enero de 1372 lo señala como difunto “…por part de los herederos de Samuel Abolafia, quondam[3], judio de la dita villa…”[4]), nombra a Jaime Maestre que en 1371 ya era escribano de ración[5] y encargado de la revisión del mantenimiento y cuidado de los caballos.

Al ejército, los caballeros y ballesteros los acogió bajo su mando como un ejército profesional con paga señalada y aportada por él.

Además de estos cambios en los cargos principales, exigió avales para confiar en la palabra de los molineses.

Al máximo responsable de la decisión, a García de Vera le pidió como avales a personas de su familia: “Bien sabedes los tractos que son entre nos e García de Vera e el conceio de la villa nuestra de Molina, entre los quales tractos finco assentado entre nos e los mandaderos del dito García e de la dita villa que.l dito García nos diesse por rehe­nas, por las fortalezas que ell tiene por nos, Johan de Vera, su hermano, e Alvira Roic e María Garzez e Caterina Gutiérrez, sus hermanas…”[6] Por tanto es aceptada la palabra de García de Vera por los avales que entrega y serán rehenes ante el rey.

También el concejo, “…E el dito conceio que nos diesse rehenas de las quales fuessemos seguros e de las que nos quissiessemos…”[7], acepta entregar como avales, rehenes, a quienes el rey quisiese para darle la seguridad de su palabra.

Resumiendo: “…Por que vos dezimos e mandamos que del dito Garcia tomedes las ditas rehenas e del conceio e aliamas de judios e de moros que tomedes las que.l dito García e Samuel Abolafia vos dirán, que hombres son que aman nuestro servicio e vos dirán todo lo que cumple a nuestro servicio sobre las ditas rehenas…”[8]

Todos aportan avales, o sea rehenes, y serán señalados por García de Vera y Samuel Abolafia, los dos máximos responsables del cambio de reino.

Y además se obliga a tomar juramento de fidelidad a García de Vera por todos los castillos: “Otrossi tomat pleyto e homenatge del dito García segund fuero d’Espanya por el alcacer e por el castiello de la judería de Molina e por la torre d’Aragón e por el castiello d’Athcienga[9] . E si por ventura el dito García de Vera non quería entregar el castiello de Çafra a Paschal Martínez Cotiello, tomat pleyto del dito García assi como por los otros castiellos…”[10] Habla ya de alguna dificultad con el castillo de Zafra, porque ya le había jurado fidelidad Pascual Martínez Cotiello.

Y para terminar nos dice quién lo asesora en todas estas cosas: “…E queremos que tingades secreto lo que vos dirá el dito Samuel sobre el fecho de las ditas rehenas…”[11]

Como vemos el rey Pedro muestra su conocimiento y cómo se asegura de que cuanto le llega de Molina es verdad y es también seria y legítima la presencia de los delegados de Molina y la entrega es probada. A partir de aquí ya puede conceder las mercedes y cuanto le pidieron los responsables de este traspaso de reino a reino. Mercedes que ya hemos comprobado anterioemente.

[1] 1369, junio 4. Valencia (Folios 8-9).

[2]1369, junio 13. Valencia. (Folio 13). “Fue enviada a García López de Sese regente oficial del gobierno de Aragón”

[3] “quondam”  en otro tiempo, anteriormente…

[4] 1372, enero 4. Alcañiz. (Folio 45).

[5] 1371, diciembre 30. Alcañiz. (Folio 43).

[6] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[7] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[8] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[9] Tagüenza.

[10] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

[11] 1369, junio 13. Valencia. (Folio 13).

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Historia de Molina de Aragón

113º Otras donaciones

Hemos visto que García de Vera, además de exponer algunas deficiencias en Molina y el castillo, no tiene empacho en pedir algo para él y le es concedido. Samuel Abolafia habla de la judería y los problemas en que vive, todo le es otorgado exceptuando la liberación de la Inquisición, tampoco tiene ningún miramiento en pedir unos favores para él y su familia que también le son concedidos.

Pero Bartolomé Sánchez nada pide para él, y los otros, Pascual Martínez Cotiello, Ferrant Gonçalvez de Cueva y Johan García de Córdova, ni siquiera escriben al rey aun sabiendo que le gusta esta relación personal escrita.

Cómo fue la contestación a Bartolomé incluso cuando hablaba de la morería.

No es desagradecido el rey y concede a Bartolomé Sánchez: “Nos don Pedro etc. Esguardados los muytos e agradables servicios que vos, Bartholome Sánchez, alcalde de la villa de Molina nos havedes feytos en tractar e pro­curar que la dita villa, aldeas e términos de aquella e encara otros lugares se hurassen, assi como fizieron, a la nuestra senyoria e queriendo aquellos servicios a vos remunerar, por tenor de la present carta nuestra damos e atorgamos a vos de toda vuestra vida quingentos moravadis censuales en cada un anyo, los quales sobre las tercias que a nos pertanescen en el pontifical del ovispo e del cabildo de Siguenca en la dita villa de Molina e en sus aldeas vos assignamos…”[1]

Le entrega 500 moraventinos (maravedíes) anuales mientras viviera, que se retirarán de las tercias que recibe del obispado de Sigüenza. Si hablé anteriormente de los diezmos y primicias y de los tercios reales que el obispado entrega al rey, aquí tenemos la confirmación y a quién va destinada una parte de ellos.

El trabajo realizado por Bartolomé Sánchez para merecer esta donación está muy bien explicado, el esfuerzo para convencer a sus conciudadanos para que “hurassen” jurasen aceptar al rey Pedro.

Al año siguiente 1371, confirma y aumenta el capital: “…por tenor d’esta present carta nuestra da­mos, atorgamos e assignamos a vos dito Bartholome Sánchez, tanto como nos plazera e querremos, por cavalleria mil moravedis censales cada un anyo por vos recebidores d’aquellos dos mil moravedis que Pascal Martínez, quondam, cavallero, por concession nuestra recebia cada un anyo en e sobre las tercias que a nos pertanescen en el pontifical del vispo del cabildo de Siguenca en la dita villa de Molina e en sus aldeas…”[2] En esta ocasión el dinero con que amplía su sueldo tiene un origen, el de Pascual Martínez, ya difunto, quondam[3], que éste recibía mientras vivió y que también salía del capital de las tercias reales del obispado.

Lo reconoce como caballero y por tener una caballería para acudir a su servicio le asigna un dinero.

A Pascual Martínez Cotiello, difunto ya como hemos dicho: “Nos Petrus etc. Querientes que la favor la qual Pascal Martínez Cotiello, cavallero, quondam, de nos merecía haver por los buenos e agradables servicios que nos fizo en su vida, sea derivada e caya en vos, Maria Sánchez, quondam muyer, e here­dera suya universal…”[4]

El rey quiere que su mujer María Sánchez goce de los favores y las concesiones que hizo a Pascual Martínez, por tanto recibirá los otros mil maravedíes que quedan por el reparto con Bartolomé Sánchez.

Le entrega también: “…todo aquell lugar clama­do de la Ferreria que yes aldea de la dita villa,…, entro nume­ro de trenta casadas o fuegos e no mas que, según dizen, son en el dito lugar e al­dea,…”[5] En la misma carta le hace entrega de Herrería y recomienda a todos los que en Herrería habiten que la tengan como dueña y señora y la obedezcan y sirvan como lo habrían hecho con Pascual Martínez su marido. Por tanto ella cobrará los impuestos que los de Herrería debían entregar al rey.

Le hace entrega de los impuestos de treinta fuegos, o treinta casas, y no más. En estos momentos han dicho al rey que sólo hay treinta casas que coticen, pero si hubiera alguna más no se las concede y quedarían dependiendo del rey.

A Gonzálvez de la Cueva le concede por las mismas razones que a los anteriores, en 1369: “Esguardando los muytos e agradables servicios que vos, Ferran Gonçalvez de Cueva, escudero e habitant en la villa de Molina, nos havedes feytos en tractar e procurar que la dita villa, aldeas e términos d’aquella e encara otros lugares se liurassen, assin como fizieron, a la nuestra senyoria, e queriendo aquellos servicios a vos remunerar…”[6] Primero reconoce los buenos servicios prestados y después hace la concesión de: “…mil moravedis censales en cada un anyo, los quales sobre las tercias que a nos pertanescen sobre en el pontifical del ovispo e del cabildo de Siguenca en la dita villa e en sus aldeas vos assignamos…”[7]

Alguien criticó duramente a Gonzálvez de la Cueva y al año siguiente el rey, haciendo caso omiso a estas censuras, confirma la donación.

De García de Córdova no aparece nada en los escritos “Graciarum”, ni en otros, aparte de lo ya dicho, por lo que pensamos que haya muerto y que fuera soltero o viudo. Debemos recordar que aún estamos en la época en que la peste aparece a intervalos.

Todos son caballeros, aunque no hable de caballos, excepto con Bartolomé Sánchez, cuando se dirige a ellos.

El fuero sigue confirmándose ya que los cargos están en manos de caballeros: gentes con caballo.

[1] 1369, junio 5. Valencia. (Folio 6).

[2] 1371, agosto 11. Valencia. (Folio 33-34).

[3] En otros tiempos, anteriormente.

[4] 1371, agosto 11. Valencia. 44 (Folio 34-36).

[5] 1371, agosto, 11. Valencia. 44 (Folio 34-36).

[6] 1371, agosto 9. Valencia. (Folio 31-32).

[7] 1371, agosto 9. Valencia. (Folio 31-32).

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Historia de Molina de Aragón

112º Juan García de Córdova

Corto y rápido el agradecimiento del rey a este otro representante de Molina: Lo nombra adalid.

“…que nos, attientos a los méritos y proezas por Juan García de Córdova en muytos e diversos feytos d´armes comprobados, el dito Johan, assin como aquel qui a esto e muyto mas comple, por tenor de la present creamos, fazemos e constituimos en adalill[1] nuestro segunt forma e condición que antigament es seyda e ordenada e acostumbrada fazer. Querentes e a cada uno mandantes expressament e de certa scincia, qui.el dito Johan e todos quantos d`aquello son salidos e qui d`aqui adelante salran, aquell e los suyos tractedes e mantiengades honradament e a ell e a los suyos servedes todos liberdades e inmunidades, honores, favores e gracias según que los otros adalillos y su posteridad han acostumbrado e d`esto son millor usados.”[2]

Faltaba comprobar el corazón agradecido del rey con el cuarto representante o delegado de Molina. Y tenemos que a éste lo nombra adalid. ¿Pero qué ventajas tiene el ser adalid según las antiguas costumbres, porque no le hace entrega de dinero ni de posesiones? Pero sí que “mantiengades” honradamente, y tendrán todas las libertades e inmunidades, honores, etc. él y los suyos.

Ya habéis comprobado mi afición a presentar trozos de escritos, anteriormente de fueros, para ratificar lo que digo. Pero también lo hago porque la literatura empleada es digna de apreciar.

Así, ahora no es necesario ampliar ni resumir porque está muy bien dicho en este tracto de la carta.

Hemos visto que el rey no ha olvidado a ninguno de los que se le acercaron para hacerle entrega de Molina. A todos los premia y agradece su atención, el que le llevaran la sumisión de los molineses.

[1] Caudillo de gente de guerra.

[2] 1370, diciembre 13. Montblanch (Folio 28).

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Historia de Molina de Aragón

111º Concesiones a García de Vera

A García de Vera, (delegado para entregar Molina al rey Pedro), alcalde del castillo y fortaleza de Molina, “que tenedes por nos el castillo e la fortaleza de la villa de Molina” le concede las aldeas de Castilnuevo, Checa, Teroleja y Valhermoso, “…las cuales aldeas con hombres e mujeres, rentas, derechos, términos e pertinencias d`aquellas e con la jurisdicción civil…”[1], casi una total posesión de las aldeas. Se las concede con el mismo poder y utilización que tuviera él.

La expresión “…que tenedes por nos…” la leeremos otras veces. No son propiedades perdidas del rey sino que las deja poseer, por tanto sigue siendo el dueño y las ha de devolver cuando el rey o sus sucesores las necesiten o las pidan. Esto lo veremos al hablar de otros castillos, el de Zafra, Mesa y Villel en los que, al parecer, sus alcaldes actuaban como si fueran propietarios y olvidaran que los tienen concedidos temporalmente por voluntad del rey.

Ocurre lo mismo con las aldeas mencionadas ya que a continuación exhorta a los habitantes, hombres y mujeres, a que acepten a García de Vera como su dueño. “Man­dantes con esta misma carta a todos e sengles hombres e mugeres de las dichas al­deas e cada una d’aquellas que d’aqui adelant vos hayan por senyor suyo e vos fa­gan jura e homenatge e a vos e a los vuestros successores e a quin queredes, e no a nos ni a otri alguno responden de todas rendas, drechos e esdevenimientos e de la dicha jurisdicción civil e de todas otras cosas que a nos como senyor de la dicha vi­lla son o eran tenidos, exceptado la otra jurisdicción que a nos retenemos”[2]

García de Vera se convierte en un casi todopoderoso sobre las personas, animales y cosas de estas aldeas, la jurisdicción civil que tendría que seguir dependiendo de Molina como ocurría en todas las demás, pasa a manos de García de Vera y sus sucesores. Solamente se reserva aquellas situaciones o delitos que quedan fuera o superan lo que la ley ordena. (Vimos en los fueros que esas situaciones quedaban en manos del Señor de Molina)

Además le concede 15.000 sueldos jaqueses anualmente, 10.000 para que mantenga a 20 hombres a caballo y 5.000 sueldos para su propio mantenimiento. “… damos e atorgamos a vos, dito Gar­cia de Vera, de vuestra vida, quinze mil sueldos jaqueses en cada un anyo, es a sa­ber, diec mil sueldos por mantenimiento de viente de cavallo con los quales nos servades según fuero d’Aragon e segund otros que de nos tienen dineros en Ara­gón ne deven servir, e los romenentes cincho mil sueldos hayades de gracia por mantenimiento vuestro; los cuales quinze mil sueldos vos assignamos en o sobre los dineros de los nuestros cofres havedores e recibidores por vos en cada un anyo de vuestra vida por tres tercias o pagues, es a saber, en cada tercia o paga cincho mil sueldos…”[3]

Dos cosas, primero: mantendrá 20 hombres a caballo según el fuero de Aragón siempre dispuestos y preparados para cualquier evento, debido al peligro permanente con que amenaza Bertrán Duguesclín para recuperar sus dominios, o a que el rey de Castilla quiera castigar a sus traidores y desleales súbditos.

Recordemos cómo se formaban las huestes de don Manrique de Lara. Los caballeros eran los que poseían una cantidad de bienes, fueran tierras o ganados. Después vinieron las normas de doña Blanca para los caballeros de Molina, con su fuero cambia la circunstancia y pasa a institucionalizarlos. “Otro si do a vos en fuero que todos los que tubieren caballos e armas de fuste o fierro en Molina que ayades el diezmo de todos los pechos que pecha­ren en Molina según que los han en Cuenca e también en termino de Molina”[4] Dejan de ser hombres que dependen de sus bienes y pasan a recibir ayudas y subvenciones para una mayor disponibilidad. Esta situación cambiante ahora se especifica literalmente: “…con los quales nos servades según fuero d’Aragon e segund otros que de nos tienen dineros en Ara­gón ne deven servir…” [5]

Con esta concesión dada por el rey de Aragón los caballeros de Molina cambian de observancia, forman una nueva relación o dependencia; se institucionalizan con sueldo e instrucción. Los retienen en el castillo dependiendo de su alcaide, con obligaciones apropiadas y siempre en orden de alerta.

Y segundo. “…e los romenentes cincho mil sueldos hayades de gracia por mantenimiento vuestro…” Él pasa a quedar bajo sueldo en las mismas condiciones de vasallaje que se encuentran los caballeros de Aragón.

Estas pagas se harán en tres veces al año cada una de 5.000 sueldos. Se formó un grupo de militares profesionales. No son caballeros y alcaldes salidos de la tierra promocionados por una economía concreta, sino asalariados, con una asignación anual. Esto mismo ocurrirá con los otros castillos del señorío.

A este mismo García de Vera le concede la explotación de las salinas de Molina y de su término, “que pora manteni­miento del estament suyo le quiere dar e atorgar a ell e a los suyos perpetuamente las salinas de la villa de Molina e de su termino”[6]

De este García de Vera se hablará después.

[1] 1369, 5 de Junio. Valencia (Folio 4).

[2] Mismo documento.

[3] 1369, 5 de Junio. Valencia (Folio 5).

[4] Fueros de doña Blanca.

[5] 1369, 5 de Junio. Valencia (Folio 5).

[6] Mismo documento.

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Historia de Molina de Aragön

110º El mercader

Hablábamos en capítulos anteriores de los comerciantes por su libertad para desplazarse por los territorios sin más control que el pago de portazgos y montazgos. Incluso enumerábamos en un comentario a los fueros, qué pago se les imponía según la mercancía que transportaban. “El mercador que uiniere a Molina, peche portatgo…”[1]

Básicamente parecía que se trataba de un intercambio de productos por las personas que ejercían este comercio. Al parecer eran aldeanos que acudían a las ferias para solucionarse el problema de los excedentes en grano, lana y ganadería, y comprar lo que no producían. Hasta aquí sin mayores problemas.

Del dinero sólo se habla como impuesto a pagar, no se habla en ningún momento de él como mercancía, lo que quiere decir que la libre circulación del dinero estaba consentida.

No todo se compraba y vendía por intercambio. Había cosas que se compraban con dinero y, como hemos visto, también se vendía el dinero de esa manera peculiar que llamamos préstamo. Un préstamo en definitiva no es sino la venta de una cantidad de dinero por un precio convenido a pagar en una época determinada mediante un sobrevalor a convenir entre el comprador y el vendedor. “…y en razón que los cristianos viejos no sean agravados de los judíos, que pretendían cobrar usuras de los empréstitos que les habían fecho…”[2]

Lo que nos importa en este apartado es que el mercader del dinero no tenía ningún impuesto a pagar por transportarlo.

En momentos posteriores veremos que la iglesia de Molina exige a los judíos que paguen las misas ordenadas por doña Blanca en dinero castellano, no quieren dinero aragonés, lo que significa el traslado de monedas de un reino a otro, y esto se hacía sin impuesto ninguno.

Las personas pueden “´…yr dende quisieren…”[3] dice el fuero. Y a las peticiones de Bartolomé Sánchez de circular libremente por las ciudades y tierras del reino de Aragón el rey respode que sí: “…Otrossi que sean franchos todos los vezinos de Molina e de sus términos, christianos, judios e moros, en todos vuestros regnos de peatge e de leudas e de la generalidat….”[4]

Sólo podríamos presentar como dato significativo que los judíos de Molina pedirán expresamente a Pedro IV permisos para ir a las distintas ciudades aragonesas libremente. “Primerament que yo e mis hermanos e don Jucef Abolafia, fiyo de don Mahir, e don Mosse el nieto, mi sobrino, e rabi Jucef, que seamos quitios e franchos de todas pechas, sisas e pedidos, e esta franqueza que sea en Molina e en to­dos vuestros regnos e todos los que vinieren de mas pora ensiempre jamas, segunt que lo han otros judios de vuestros regnos por servicio que vos havemos fecho, e que podamos dar a logro segunt el coto d’Aragon. Plaze al senyor rey quanto al di­to don Samuel ávida d’ell e d’uno su filio; quanto de los otros, plaze el senyor rey de lur vida…”[5]

Los mercaderes de dinero tienen libertad de transporte de dinero sin ninguna exigencia de impuestos. Sólo el miedo a ser atracados podría disuadirles de lanzarse por los caminos.

“…e encara las ditas quantias de dineros que serán ordenadas e imposadas sobre las mercaderías e otras cosas sobreditas, las quales personas (…) sean tenidas de aque­llas responder al dito justicia…”[6] Está claro que el dinero con que se compran las mercancías no pagan impuestos pero sí estas mercancías que se compraron y que además pagan en moneda, de esta moneda se cobrarán los impuestos de las mercancías. Pero nada se dice de la moneda que entró a la feria para comprar y después salió, de ella no se pide ningún costo.

En resumen el dinero es la única mercancía libre de impuestos que acudía a las ferias y circulaba libremente de ciudad en ciudad y de reino en reino.

[1] Fueros Capítulo 1 encabezamiento. Léase De los portazgos.

[2] Pedro Pérez Fuertes, “Molina. Reino Taifa. Condado. Real Señorío” Pág. 233, citando a Jerónimo Zurita.

[3] Fueros de Molina, 4ª cédula.

[4] Documento de Bartolomé Sánchez al rey Pedro IV. 1369, junio 4. Valencia (Folio 8-9).

[5] 1369, mayo 22. San Mateo. 18 (Folio 10-11).

[6] 1370, agosto 23. Barcelona. (Folio 27-28).

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